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Síntomas de cáncer

Por Bruce A. Chabner, MD, Harvard Medical School;Massachusetts General Hospital Cancer Center ; Elizabeth Chabner Thompson, MD, MPH, New York Group for Plastic Surgery

Al principio, cuando el cáncer es una pequeña masa de células, no provoca ningún síntoma, pero, al crecer, su presencia física afecta a los tejidos adyacentes. Además, algunos tipos de tumor segregan ciertas sustancias o desencadenan reacciones inmunitarias que originan síntomas en otras partes del organismo que no están próximas al tumor (síndromes paraneoplásicos, ver ver Síndromes paraneoplásicos).

A veces, el primer signo es un resultado anómalo en un análisis realizado por otro motivo (por ejemplo, una anemia secundaria a un cáncer de colon que se detecta en un hemograma completo de rutina).

El tumor afecta a los tejidos cercanos creciendo en su interior o presionándolos, lo que origina irritación o compresión de los mismos. Por lo general, la irritación origina dolor. La compresión puede impedir que los tejidos funcionen con normalidad. Por ejemplo, un cáncer de vejiga o un ganglio linfático maligno en el abdomen puede comprimir el conducto (uréter) que conecta el riñón con la vejiga y bloquear así el flujo de orina. Un cáncer de pulmón puede bloquear el flujo de aire a través de un segmento del pulmón, lo que provoca un colapso pulmonar parcial y predispone a la infección. Cuando el tumor crece en una zona con mucho espacio, como en la pared del intestino grueso o en el pulmón, puede que no provoque ningún síntoma hasta que sea ya muy grande. Por el contrario, un tumor que crece en un espacio más restringido, como en una cuerda vocal, puede provocar síntomas (como la ronquera) pese a ser relativamente pequeño. Si el cáncer se extiende (metastatiza) a otras partes del cuerpo, se terminan produciendo los mismos efectos locales de irritación y de compresión, pero en la nueva ubicación, por lo que los síntomas serán muy distintos. Los tipos de cáncer que afectan a la membrana que recubre los pulmones (pleura) o a la estructura en forma de bolsa que rodea el corazón (pericardio), suelen supurar líquidos, que se acumulan alrededor de estos órganos; si esta acumulación es grande, puede interferir en la respiración o en el bombeo del corazón.

Algunas complicaciones del cáncer

Complicación

Descripción

Taponamiento cardíaco

El líquido se acumula en una estructura en forma de bolsa que rodea el corazón (pericardio o saco pericárdico). Este líquido comprime el corazón e interfiere en su capacidad para bombear la sangre. La acumulación de líquido puede ser consecuencia de la presencia de un tumor maligno que invade el pericardio y lo irrita.

Derrame pleural

El líquido se acumula en la estructura en forma de bolsa que rodea los pulmones (cavidad pleural), lo que provoca dificultad respiratoria.

Síndrome de la vena cava superior

El cáncer bloquea en parte o por completo la vena (vena cava superior) que lleva la sangre desde la parte superior del cuerpo al corazón. Este bloqueo causa la dilatación de las venas de la parte superior del tórax y del cuello, lo que provoca hinchazón de la cara, del cuello y de la parte superior del tórax.

Compresión de la médula espinal

El tumor comprime la médula espinal o sus nervios, lo que causa dolor y pérdida de la capacidad funcional (como la incontinencia urinaria o fecal). Cuanto más tiempo persista la compresión de la médula espinal o de sus nervios, menos probabilidades hay de que el nervio vuelva a funcionar con normalidad después de aliviar la compresión.

Disfunción cerebral

El cerebro funciona de modo anómalo debido a un tumor que crece en su interior, bien sea un cáncer cerebral primario o, con más frecuencia, la metástasis de un cáncer de otra parte del organismo. Pueden manifestarse muchos síntomas diferentes, entre los que se incluyen confusión, somnolencia, agitación, cefaleas, alteración visual, sensaciones alteradas, debilidad, náuseas, vómitos y convulsiones.

Hemorragia

La hemorragia es consecuencia de la invasión y de la muerte tanto de los tejidos normales como de los vasos sanguíneos, o del crecimiento de los vasos sanguíneos frágiles y anómalos dentro de un tumor.

Dolor

Es característico que muchos tipos de cáncer sean indoloros al principio, aunque en ocasiones el dolor es un síntoma precoz de algunos tumores, como los tumores cerebrales que cursan con cefalea y los cánceres de cabeza y cuello y de esófago, que provocan dolor al tragar. Según crece, el primer síntoma de cáncer suele ser un malestar leve, que empeora de forma gradual, a medida que el cáncer avanza, hasta provocar un dolor intenso. El dolor es consecuencia de la compresión o de la destrucción de los nervios o de otras estructuras. Pero no todos los tipos de cáncer cursan con dolor intenso. De modo similar, la falta de dolor no garantiza que el tumor no crezca ni se disemine.

Hemorragia

Al principio, el tumor puede sangrar ligeramente debido a la fragilidad de sus vasos sanguíneos. Posteriormente, cuando aumenta de tamaño e invade los tejidos circundantes, crece hacia un vaso sanguíneo cercano, lo que da lugar a una hemorragia. Esta hemorragia puede ser leve y pasar inadvertida o ser detectada solo en los análisis. Este suele ser el caso en la fase inicial del cáncer de colon. O, sobre todo cuando el cáncer ya ha avanzado, la hemorragia es más intensa, incluso masiva y potencialmente mortal.

La zona afectada por el cáncer determina el lugar de la hemorragia. Un tumor maligno en cualquier parte del tubo digestivo se manifiesta como sangre en las heces. Un tumor en cualquier parte de las vías urinarias cursa con sangre en la orina. Otros tipos de tumor pueden sangrar en áreas internas del cuerpo. La hemorragia pulmonar provoca tos y expectoración de sangre.

Trombos

Ciertos tipos de cáncer producen sustancias que dan lugar a una coagulación excesiva, sobre todo, en las venas de las piernas. Los trombos que se forman en las venas de las piernas a veces se desprenden y se desplazan hasta el pulmón (embolia pulmonar), lo que puede ser mortal. La coagulación excesiva es habitual cuando se tienen tumores de páncreas, de pulmón y de otros órganos o tumores cerebrales.

Adelgazamiento y fatiga

Por lo general, cuando se padece cáncer, se adelgaza y se siente fatiga, síntomas que pueden empeorar a medida que el cáncer avanza. En ocasiones, se adelgaza a pesar de tener mucho apetito. En otros casos, se pierde el apetito e incluso puede que la comida produzca náuseas o que haya dificultad para tragar. Se puede llegar a adelgazar mucho. Si el cáncer se encuentra en una fase avanzada, a menudo se siente mucho cansancio. Si aparece anemia, puede sentirse cansancio o dificultad para respirar incluso al realizar una actividad leve.

Hinchazón de los ganglios linfáticos

Cuando un cáncer comienza a extenderse por el organismo, puede que primero se propague a los ganglios linfáticos cercanos, que se hinchan. Los ganglios linfáticos hinchados suelen ser indoloros, pero se notan duros o gomosos al tocarlos. Se pueden desplazar con holgura o, si el cáncer está más avanzado, se adhieren a la piel que los cubre, a las capas más profundas del tejido subyacente o entre sí.

Síntomas neurológicos y musculares

El cáncer puede proliferar dentro de los nervios o de la médula espinal o comprimirlos, lo que causa varios síntomas neurológicos y musculares, entre los que se incluyen el dolor, la debilidad o los cambios en la sensibilidad (como la sensación de hormigueo). Cuando se trata de un cáncer cerebral, puede ser difícil determinar los síntomas, aunque incluyen confusión, mareo, cefalea, náuseas, alteraciones visuales y convulsiones. Los síntomas neurológicos también pueden formar parte de un síndrome paraneoplásico.

Síntomas respiratorios

El cáncer puede comprimir u obstruir estructuras como las vías respiratorias en los pulmones, lo que da lugar a dificultad respiratoria, tos o neumonía. La dificultad respiratoria también aparece cuando el cáncer provoca un derrame pleural extenso, hemorragia pulmonar o anemia.

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