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Radioterapia

Por Bruce A. Chabner, MD, Harvard Medical School;Massachusetts General Hospital Cancer Center ; Elizabeth Chabner Thompson, MD, MPH, New York Group for Plastic Surgery

La radiación es un tipo de energía intensa generada por una sustancia radiactiva, como el cobalto, o por equipos especializados, como un acelerador (lineal) de partículas atómicas.

La radiación destruye con preferencia las células que se dividen con rapidez y las que tienen dificultad para reparar su ADN (material nuclear). Las células cancerosas se dividen más deprisa que las normales y a menudo no pueden reparar el daño que les causa la radiación. Por eso, las células cancerosas son más sensibles a la radiación que la mayoría de las células sanas. Pero las células cancerosas difieren en la facilidad con que la radiación las destruye; algunas son muy resistentes, por lo que la radiación no resulta eficaz.

Tipos de radioterapia

El tipo más habitual consiste en un haz externo de radiación gamma generado por un acelerador lineal. Con menos frecuencia, se emplea radiación con haces de electrones o de protones. La radiación de haz de protones, que puede centrarse en un área muy específica, trata eficazmente ciertos tipos de cáncer en zonas en las que es especialmente importante no dañar el tejido sano, como los ojos, el cerebro o la médula espinal. Todos los tipos de radiación con haces externos se centran en el área o en el órgano del cuerpo que contiene el cáncer. Para evitar la sobreexposición de los tejidos sanos, se emplean haces con varias trayectorias y los tejidos circundantes se protegen tanto como sea posible.

Existen varios métodos recientes de radioterapia con haces externos. Estas técnicas permiten administrar dosis de radiación más altas y dirigirlas con más precisión a las células cancerosas al tiempo que se protegen las células sanas frente a la radiación. Algunas de estas nuevas tecnologías son la radioterapia de intensidad modulada, la radioterapia conformal tridimensional (RT3D), la radiocirugía estereotáctica, la radioterapia estereotáctica, la radioterapia guiada por imágenes y la terapia con colimador dinámico de hojas múltiples. En estas técnicas se utilizan las pruebas de diagnóstico por la imagen (tomografía computarizada, resonancia magnética nuclear y ecografía) para poder localizar con precisión los tumores y conformar los haces de radiación que se dirigen a los tumores. La elección de la técnica depende de la localización del tumor.

La radioterapia con haces externos se administra en series de dosis iguales a lo largo de un periodo prolongado. Este método aumenta los efectos mortales de la radiación sobre las células cancerosas y disminuye los efectos tóxicos en las células sanas. Estos efectos tóxicos son menores debido a que las células sanas pueden repararse con rapidez en el intervalo entre las dosis, mientras que las cancerosas no pueden hacerlo. Por lo general, se administran dosis diarias de radiación durante un periodo de 6 a 8 semanas. Para asegurarse de que siempre se trata la misma zona, se coloca a la persona con precisión empleando moldes de espuma u otros dispositivos.

En otras técnicas de radioterapia, puede inyectarse una sustancia radiactiva en una vena para llegar hasta el cáncer (por ejemplo, el yodo radiactivo, que se utiliza para tratar el cáncer de tiroides). En otra técnica, llamada braquiterapia, se utilizan pequeños comprimidos («semillas») de material radiactivo que se colocan directamente en el tumor (por ejemplo, el paladio radiactivo que se usa para tratar el cáncer de próstata). Estos implantes irradian el tumor con mucha intensidad, pero apenas afectan a los tejidos adyacentes. Los implantes contienen sustancias radiactivas de corta duración que dejan de irradiar tras un tiempo.

Más recientemente, las sustancias radiactivas se han unido a proteínas llamadas anticuerpos monoclonales, que buscan las células cancerosas y se adhieren a ellas. El material radiactivo unido al anticuerpo se concentra en las células cancerosas y las destruye.

Usos

La radioterapia desempeña un papel principal en la curación de muchos tipos de cáncer, incluidos el linfoma de Hodgkin, el linfoma no hodgkiniano incipiente, el cáncer espinocelular de cabeza y cuello, el seminoma (un cáncer testicular), el cáncer de próstata, el cáncer de mama incipiente, algunos tipos de carcinoma pulmonar no microcítico y el meduloblastoma (un tumor del cerebro o de la médula espinal). En los estadios iniciales del cáncer de tráquea (laringe) y de próstata, el porcentaje de curación es prácticamente el mismo con radioterapia que con cirugía. En algunos casos, la radioterapia se combina con otras formas de tratamiento. Ciertos tipos de fármacos antineoplásicos, como la cisplatina, mejoran la efectividad de la radioterapia, por lo que pueden administrarse junto con ella.

La radioterapia reduce los síntomas cuando no existe posibilidad de curación, como al tratar la metástasis ósea en el mieloma múltiple y los tumores dolorosos en pacientes con cáncer avanzado de pulmón, de esófago, de cabeza y cuello y de estómago. Puesto que la radioterapia reduce temporalmente el volumen de los tumores, alivia los síntomas causados por la diseminación del cáncer a los huesos o al cerebro.

Efectos secundarios

Desafortunadamente, la radiación puede dañar los tejidos sanos situados cerca del tumor. Los efectos secundarios dependen de la extensión del área a tratar, de la dosis que se administra y de la distancia entre el tumor y los tejidos sensibles. Son tejidos sensibles aquellos en los que las células se dividen con rapidez, como la piel, la médula ósea, los folículos pilosos y el revestimiento de la boca, del esófago y del intestino. La radiación también puede dañar los ovarios o los testículos. Se intenta dirigir la radiación con precisión para evitar que las células sanas resulten muy dañadas.

Los síntomas dependen del área que recibe la radiación y pueden incluir fatiga, llagas en la boca, problemas de la piel (como enrojecimiento, prurito y descamación), dolor al tragar, inflamación pulmonar (neumonitis), hepatitis, problemas gastrointestinales (como náuseas, inapetencia, vómitos y diarrea) y afecciones urinarias (como una mayor frecuencia y ardor al orinar). También puede observarse un número bajo de células sanguíneas, lo que provoca anemia (que causa fatiga y debilidad), fácil aparición de hematomas o sangrado, así como riesgo de infecciones. La radiación de tumores de cabeza y cuello suele causar daño en la piel que los recubre, así como en el revestimiento de la boca y de la garganta. Se intenta detectar y tratar estos síntomas lo antes posible para que la persona se sienta bien y pueda continuar el tratamiento. Por ejemplo, varios medicamentos disminuyen la diarrea causada por la aplicación de radioterapia en el abdomen.

La radioterapia aumenta el riesgo de padecer otros tipos de cáncer años después de tratar el cáncer inicial. El riesgo depende de la edad de la persona en el momento del tratamiento y de la parte del cuerpo que recibe la radiación.

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