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Introducción a los accidentes cerebrovasculares

Por Elias A. Giraldo, MD, MS, Professor of Neurology and Director, Neurology Residency Program, Department of Neurology, University of Central Florida College of Medicine

El accidente cerebrovascular (ictus) ocurre cuando una arteria que va al cerebro se obstruye o se rompe, produciendo la muerte de un área del tejido cerebral provocada por la pérdida de irrigación sanguínea (infarto cerebral) y causando síntomas repentinos.

  • La mayoría de los accidentes cerebrovasculares son isquémicos (generalmente debido a la obstrucción de una arteria), pero algunos son hemorrágicos (debido a la ruptura de una arteria).

  • Los accidentes isquémicos transitorios se asemejan a los accidentes cerebrovasculares isquémicos, excepto en que no existe daño cerebral permanente y los síntomas suelen desaparecer en una hora como máximo.

  • Los síntomas se producen repentinamente e incluyen debilidad muscular, parálisis, pérdida o alteración en la sensibilidad de un lado del cuerpo, dificultad para hablar, confusión, problemas relacionados con la visión, mareos, pérdida de equilibrio y coordinación y, en un tipo concreto, dolor de cabeza repentino e intenso.

  • El diagnóstico se basa principalmente en los síntomas, pero también se realizan pruebas de diagnóstico por imagen y análisis de sangre.

  • La recuperación de un accidente cerebrovascular depende de muchos factores, tales como la localización y la magnitud del daño, la edad de la persona y la presencia de otros trastornos.

  • El control de la hipertensión, la reducción de los niveles elevados de colesterol, el control de los niveles altos de glucosa en sangre y dejar de fumar son medidas para evitar los accidentes cerebrovasculares.

  • El tratamiento incluye medicamentos para hacer la sangre menos propensa a coagularse o para disolver los coágulos y, a veces, puede consistir en cirugía o una angioplastia.

Un accidente cerebrovascular recibe este nombre porque afecta al cerebro y a los vasos sanguíneos (vascular).

Irrigación cerebral

La sangre irriga el cerebro a través de dos pares de grandes arterias:

  • Las arterias carótidas internas, que transportan la sangre desde el corazón a lo largo de la parte anterior del cuello

  • Las arterias vertebrales, que transportan la sangre desde el corazón a lo largo de la parte posterior del cuello

En el cráneo, las arterias vertebrales se unen para formar la arteria basilar (en la parte posterior de la cabeza). Las arterias carótidas internas y la arteria basilar se dividen en varias ramas, entre las que se encuentra la arteria cerebral. Algunas de estas ramas arteriales se unen a su vez para formar un polígono (el polígono de Willis) que conecta las arterias vertebrales y las arterias carótidas internas. Desde el polígono de Willis emergen otras arterias como si se tratara de los caminos que salen de una rotonda. Estas ramas transportan la sangre a todas las zonas del cerebro.

Cuando las grandes arterias que irrigan el cerebro se obstruyen, algunas personas no presentan síntomas o sufren solo un pequeño accidente cerebrovascular. Pero otras personas con el mismo tipo de obstrucción arterial sufren en cambio un accidente cerebrovascular isquémico masivo. ¿Por qué? Parte de la explicación se encuentra en las arterias colaterales. Las arterias colaterales discurren entre otras arterias y proporcionan conexiones adicionales. Estas arterias incluyen el polígono de Willis y las conexiones entre las arterias que se ramifican desde el polígono. Algunas personas nacen con arterias colaterales grandes, que pueden protegerlas de los accidentes cerebrovasculares. En estos casos, cuando una arteria se bloquea, el flujo sanguíneo continúa a través de una arteria colateral, lo que impide que se produzca el accidente cerebrovascular. Otras personas, en cambio, nacen con arterias colaterales pequeñas. Estas arterias pueden ser incapaces de transportar suficiente sangre a la zona afectada, por lo que se produce un accidente cerebrovascular.

El organismo también puede protegerse contra los accidentes cerebrovasculares mediante el crecimiento de nuevas arterias. Cuando la obstrucción arterial evoluciona de forma lenta y gradual (como ocurre en la ateroesclerosis), con el tiempo pueden llegar a crecer nuevas arterias que irrigan el área del cerebro afectada y por lo tanto impiden que se produzca un accidente cerebrovascular. Si este ya se ha producido, el crecimiento de nuevas arterias puede ayudar a prevenir un segundo accidente (pero no puede revertir el daño que haya producido el primero).

En los países occidentales, los accidentes cerebrovasculares son la cuarta causa de muerte más frecuente y la causa más común de lesión neurológica incapacitante en adultos. En Estados Unidos, la prevalencia anual de accidentes cerebrovasculares es de 795 000 casos, y alrededor de 130 000 personas mueren a causa de un accidente cerebrovascular cada año. Los accidentes cerebrovasculares son mucho más frecuentes entre las personas mayores que entre los adultos jóvenes, debido a que los trastornos que provocan un accidente cerebrovascular aumentan con la edad. Más de dos tercios de todos los accidentes cerebrovasculares se presentan en personas de más de 65 años. Algo más del 50% de todos los accidentes cerebrovasculares afectan a hombres, pero más del 60% de las muertes debidas a este trastorno corresponden a mujeres, posiblemente porque cuando se produce el accidente cerebrovascular el promedio de edad de las mujeres es mayor. Las personas de ascendencia africana tienen más probabilidades de sufrir un accidente cerebrovascular y morir a causa de este que las personas de otras ascendencias.

Tipos

Existen dos tipos de accidentes cerebrovasculares:

Alrededor del 80% de los accidentes cerebrovasculares son isquémicos, por lo general debido a la obstrucción de una arteria, a menudo a causa de la presencia de un coágulo de sangre. Las neuronas, privadas de irrigación, no reciben suficiente oxígeno y glucosa, que son transportados por la sangre. El daño resultante depende del tiempo que las neuronas se ven privadas de irrigación. Si la privación es solo durante un breve periodo de tiempo, las neuronas sufren daños, pero pueden recuperarse. Si las células del cerebro se ven privadas por más tiempo, se produce su muerte pudiendo perderse algunas funciones, a veces de forma permanente. El tiempo trascurrido hasta que se produce la muerte de las células cerebrales después de verse privadas de sangre varía. En algunas áreas del cerebro mueren después de sólo algunos minutos, pero en otras áreas no se produce la muerte hasta pasados 30 minutos o más. En algunos casos, cuando las neuronas mueren, un área diferente del cerebro puede aprender a llevar a cabo las funciones que previamente realizaba el área dañada.

Un accidente isquémico transitorio (AIT, ver Accidentes isquémicos transitorios), también llamado miniaccidente cerebrovascular, es frecuentemente una señal de alarma precoz de un accidente cerebrovascular isquémico inminente. Los accidentes isquémicos transitorios tienen su origen en una breve interrupción de la irrigación de una parte del cerebro. Dado que la irrigación se restablece de forma rápida, el tejido cerebral no muere, como sí ocurre en un accidente cerebrovascular, y la función cerebral se recupera con rapidez.

El 20% restante corresponde a accidentes cerebrovasculares hemorrágicos, cuyo origen es una hemorragia en el cerebro o en su proximidad. En este tipo de accidentes cerebrovasculares se rompe un vaso sanguíneo, lo que afecta a la irrigación normal y permite que la sangre se filtre hacia el tejido cerebral o hacia el tejido situado a su alrededor. La sangre que entra en contacto directo con el tejido cerebral irrita el tejido y, a lo largo de un periodo prolongado, puede conllevar la formación de tejido cicatricial en el cerebro, lo que posteriormente puede provocar convulsiones.

Factores de riesgo

Los principales factores de riesgo para ambos tipos de accidente cerebrovascular son los siguientes:

  • Ateroesclerosis (estrechamiento u obstrucción de las arterias por placas de depósito de material graso en sus paredes)

  • Niveles altos de colesterol

  • Hipertensión arterial

  • Diabetes

  • Tabaquismo

La ateroesclerosis es el principal factor de riesgo para un accidente cerebrovascular isquémico, mientras que la hipertensión arterial lo es del accidente cerebrovascular hemorrágico. Estos factores de riesgo se pueden controlar hasta cierto punto.

Otros factores de riesgo incluyen:

  • Tener familiares que han sufrido un accidente cerebrovascular

  • El consumo excesivo de alcohol

  • El consumo de cocaína o anfetaminas

  • Tener un ritmo cardíaco anómalo llamado fibrilación auricular

  • Padecer otro trastorno cardíaco, como un infarto o una endocarditis infecciosa (infección del revestimiento del corazón)

  • Tener inflamación de los vasos sanguíneos (vasculitis)

  • El sobrepeso, particularmente si el exceso de peso se localiza alrededor del abdomen

  • No realizar suficiente actividad física

  • Una dieta poco saludable (como por ejemplo una dita rica en grasas saturadas, grasas trans y calorías)

  • Sufrir un trastorno de la coagulación sanguínea

En el accidente cerebrovascular hemorrágico (derrame cerebral o ictus hemorrágico), los factores de riesgo incluyen también el uso de anticoagulantes (fármacos que inhiben la coagulación sanguínea), el consumo de cocaína o anfetaminas y la presencia de una dilatación (aneurisma) en las arterias o una conexión anómala entre las arterias y las venas situadas en el interior del cráneo (malformación arteriovenosa).

La incidencia de accidentes cerebrovasculares ha disminuido durante las últimas décadas a causa de la mayor concienciación social acerca de la importancia del control de la hipertensión arterial y los valores elevados de colesterol. El control de estos factores disminuye el riesgo de ateroesclerosis (un factor de riesgo para el accidente cerebrovascular). Otros factores de riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular no pueden controlarse. Incluyen tener una edad avanzada, ser varón, haber sufrido un accidente cerebrovascular, y tener familiares que hayan sufrido un accidente cerebrovascular.

Síntomas

Los síntomas de un accidente cerebrovascular o los de un accidente isquémico transitorio ocurren de repente. Dichos síntomas pueden variar en función de la localización exacta de la obstrucción o de la hemorragia cerebral (ver Disfunción cerebral según su localización y Cuando se dañan áreas cerebrales específicas). Cada zona del cerebro es irrigada por arterias específicas. Por ejemplo, si una arteria que irriga la zona del cerebro que controla los movimientos musculares de la pierna izquierda está obstruida, la pierna se debilita o se paraliza. Si se lesiona la zona del cerebro que percibe el tacto en el brazo derecho, se pierde la sensibilidad en dicha extremidad.

Por qué los accidentes cerebrovasculares afectan solo a un lado del cuerpo

Los accidentes cerebrovasculares suelen dañar solo un lado del cerebro. Como los nervios cerebrales cruzan hacia el otro lado del cuerpo, los síntomas aparecen en el lado opuesto al lado dañado del cerebro.

Síntomas de alarma

Dado que el tratamiento precoz ayuda en caso de una pérdida de la capacidad funcional y de la sensibilidad, es importante conocer los primeros síntomas de un accidente cerebrovascular. Las personas que presentan alguno de los siguientes síntomas deben acudir al médico de inmediato, incluso si el síntoma desaparece rápidamente:

  • Debilidad repentina o parálisis en un lado del cuerpo (por ejemplo, la mitad de la cara, un brazo o una pierna, o la totalidad de un lado)

  • Pérdida repentina de la sensibilidad o sensaciones anómalas en un lado del cuerpo

  • Dificultad repentina para hablar, incluyendo dificultad para encontrar las palabras, y a veces lenguaje poco claro

  • Confusión repentina, con dificultad para comprender el lenguaje hablado

  • Oscurecimiento súbito de la visión, vista borrosa o pérdida de la visión, particularmente en un solo ojo

  • Mareo súbito o pérdida de equilibrio y coordinación, seguida de una caída

Uno o más de estos síntomas están típicamente presentes tanto en los accidentes cerebrovasculares hemorrágicos como en los isquémicos. Los síntomas de un accidente isquémico transitorio son semejantes, pero por lo general desaparecen en pocos minutos y rara vez duran más de 1 hora.

Entre los síntomas de un accidente cerebrovascular hemorrágico (derrame cerebral o ictus hemorrágico) se encuentran los siguientes:

  • Dolor de cabeza intenso y repentino

  • Náuseas y vómitos

  • Pérdida de consciencia temporal o persistente

  • Presión arterial muy elevada

Otros síntomas

Otros síntomas que ocurren al principio consisten en trastornos de la memoria, el pensamiento, la atención o el aprendizaje. Las personas afectadas pueden ser incapaces de reconocer partes de su propio cuerpo y no son conscientes de los efectos del accidente cerebrovascular. Se reduce a veces el campo de visión periférica y se pierde parcialmente la audición. Se puede desarrollar dificultad para tragar, mareos y vértigo.

Los sujetos pueden tener dificultad para controlar las deposiciones o la vejiga, síntomas estos que pueden aparecer unos días o más después de haber ocurrido el accidente cerebrovascular. La pérdida de control puede ser permanente.

Los síntomas posteriores también pueden incluir rigidez y espasmos musculares involuntarios (espasticidad), así como la incapacidad de controlar las emociones. Muchas personas se deprimen como consecuencia del accidente cerebrovascular.

En la mayoría de las personas que han tenido un accidente cerebrovascular isquémico, la pérdida de la capacidad funcional suele llegar a su punto máximo inmediatamente después de producirse el accidente cerebrovascular. Sin embargo, aproximadamente entre el 15 y el 20% de los casos, el accidente cerebrovascular es progresivo, de manera que causa la máxima pérdida de la capacidad funcional al cabo de 1 o 2 días. Este tipo de accidente cerebrovascular se denomina accidente cerebrovascular en evolución. En las personas que han tenido un accidente cerebrovascular hemorrágico, la pérdida de la capacidad funcional suele producirse de forma progresiva durante minutos u horas.

En el curso de días o meses, habitualmente se recupera parte de la función, pues aunque algunas neuronas mueren, otras solo están lesionadas y se recuperan. Además, ciertas zonas del cerebro compensan en ocasiones las funciones que desempeñaba anteriormente la zona lesionada, una característica que se denomina plasticidad. Sin embargo, los efectos iniciales de un accidente cerebrovascular, incluida la parálisis, pueden convertirse en permanentes. Algunos músculos que no se suelen utilizar se vuelven a veces permanentemente espásticos y rígidos y presentan espasmos dolorosos. La dificultad para caminar, deglutir, articular las palabras con claridad y realizar las actividades cotidianas es persistente. También continúan los trastornos de la memoria, el pensamiento, la atención, el aprendizaje o el control de las emociones. La depresión, las deficiencias visuales o auditivas o el vértigo son problemas continuos. La pérdida de control de las funciones intestinales o de la vejiga puede ser permanente.

Complicaciones

Cuando un accidente cerebrovascular es grave, el cerebro se inflama y aumenta la presión intracraneal. El aumento de la presión puede dañar el cerebro directa o indirectamente al forzar el descenso del cerebro en el cráneo. El cerebro es empujado a través de las estructuras rígidas que lo separan en compartimentos y se produce así un problema grave denominado hernia (ver figura Hernia: el encéfalo bajo presión). La presión afecta a las áreas que controlan la consciencia y la respiración en la zona inferior del encéfalo (tronco del encéfalo) y puede provocar respiración irregular, pérdida de consciencia, estado de coma y muerte.

Los síntomas causados por un accidente cerebrovascular llevan a otros problemas. Si la deglución es difícil, las personas afectadas pueden inhalar alimentos, líquidos o saliva procedentes de la boca. Esta inhalación (denominada aspiración) causa neumonía por aspiración, que es un trastorno grave. La dificultad para deglutir también perjudica a la alimentación, dando como resultado la desnutrición y la deshidratación. Las personas afectadas pueden tener dificultad para respirar. Con el tiempo, si la persona no es capaz de moverse se producen úlceras por presión, pérdida de masa muscular, acortamiento permanente de los músculos (contracturas) y formación de coágulos de sangre en las venas profundas de las piernas y de la ingle (trombosis venosa profunda). Los coágulos se pueden desprender, viajar a través del torrente sanguíneo y bloquear una arteria de un pulmón (embolia pulmonar). Si resulta afectado el control de la vejiga, aumenta la propensión a padecer infecciones urinarias.

Diagnóstico

Los síntomas sugieren el diagnóstico, pero se necesitan pruebas para ayudar a los médicos a determinar lo siguiente:

  • Si se ha producido un accidente cerebrovascular

  • Si es isquémico o hemorrágico

  • Si se requiere tratamiento inmediato

  • Cuál es la mejor manera de prevenir el accidente cerebrovascular

  • Si es necesario el tratamiento rehabilitador, y qué debe incluir

Se lleva a cabo una tomografía computarizada (TC, ver Tomografía computarizada (TC)) o bien una resonancia magnética nuclear (RMN, ver Resonancia magnética nuclear (RMN)) del cerebro. Estas pruebas detectan la mayoría de los accidentes cerebrovasculares hemorrágicos, a excepción de algunas hemorragias subaracnoideas. Estos exámenes también detectan muchos accidentes cerebrovasculares isquémicos, pero a veces no antes de que hayan pasado varias horas desde la aparición de los síntomas. En caso de que sea necesario confirmar el diagnóstico, un tipo especial de RM que se denomina RM ponderada por difusión, puede mostrar las áreas de tejido cerebral que están privadas de sangre. Esta prueba puede por lo tanto ayudar a los médicos a diagnosticar un accidente cerebrovascular isquémico o un accidente isquémico transitorio. Sin embargo, las pruebas de imagen ponderadas por difusión no siempre están disponibles.

El nivel de glucosa en sangre se mide inmediatamente, debido a que un nivel bajo (hipoglucemia) causa síntomas similares a los de un accidente cerebrovascular.

Los médicos evalúan a las personas que han sufrido un accidente cerebrovascular en busca de problemas causantes de un accidente cerebrovascular o contribuyentes a este, como infección, nivel bajo de oxígeno en sangre y deshidratación. Las pruebas se realizan según sea necesario. Se investiga la posibilidad de depresión, que suele ser frecuente después de un accidente cerebrovascular. La capacidad de deglutir se evalúa, a veces con radiografías después de la ingestión de un contraste radiopaco, como el bario. Dependiendo del tipo de accidente cerebrovascular, se realizan más pruebas para identificar la causa.

Los médicos a menudo utilizan un conjunto estandarizado de criterios para determinar la gravedad de los accidentes cerebrovasculares y cuáles son las posibilidades de recuperación. Incluyen la valoración del nivel de conciencia, la capacidad de responder a preguntas, la capacidad de obedecer órdenes simples, la visión, la función de brazos y piernas, y el habla.

Pronóstico

Ciertos factores indican la probabilidad de mal pronóstico en un accidente cerebrovascular. Los accidentes cerebrovasculares que alteran la conciencia o que afectan a una zona extensa del lado izquierdo del cerebro (que es responsable del lenguaje) son particularmente graves.

Por lo general, cuanto más rápidamente mejore el afectado durante los días después del accidente cerebrovascular, mayor será la mejoría final alcanzada. La mejoría suele continuar durante los 6 meses después del accidente cerebrovascular. En los adultos que han tenido un accidente cerebrovascular isquémico, es probable que cualquier déficit neurológico que persista durante más de 12 meses sea permanente, aunque los niños continúan mejorando lentamente durante muchos meses. El pronóstico en las personas mayores es peor que en las más jóvenes. En las personas que ya tienen otros trastornos graves (como demencia), la recuperación es más limitada.

Si un accidente cerebrovascular hemorrágico (derrame cerebral o ictus hemorrágico) no es masivo y la presión intracerebral no es muy elevada, el pronóstico será probablemente mejor que el de un accidente cerebrovascular isquémico con síntomas similares. La sangre (en un accidente cerebrovascular hemorrágico) no lesiona el tejido cerebral tanto como una aportación insuficiente de oxígeno (como sucede en un accidente cerebrovascular isquémico).

Prevención

Es preferible evitar los accidentes cerebrovasculares que tener que tratarlos. La estrategia principal para prevenir un primer accidente cerebrovascular es la gestión de los principales factores de riesgo. Si se ha tenido un accidente cerebrovascular, por lo general son necesarias medidas preventivas adicionales.

Control de los factores de riesgo

Deben controlarse la hipertensión arterial (ver Hipertensión arterial : Tratamiento) y la diabetes (ver Diabetes mellitus : Tratamiento). Se deben medir los niveles de colesterol y, si son elevados, bajarlos para reducir el riesgo de ateroesclerosis (ver Dislipidemia (dislipemia) : Tratamiento). Se debe dejar de fumar y, si es el caso, de consumir anfetaminas o cocaína, y el alcohol debe limitarse a no más de 2 copas al día. Hacer ejercicio con regularidad y perder peso en caso de que sea necesario, ayuda a controlar la hipertensión arterial, la diabetes y los niveles altos de colesterol.

Los chequeos periódicos permiten al médico identificar factores de riesgo del accidente cerebrovascular para corregirlos rápidamente.

Antiagregantes plaquetarios

Los pacientes que han sufrido un accidente cerebrovascular isquémico reducen el riesgo de que se repita tomando un antiagregante plaquetario. Estos fármacos reducen la probabilidad de formación de coágulos plaquetarios, una causa frecuente de accidente cerebrovascular isquémico. (Las plaquetas son unas pequeñas partículas parecidas a células que se encuentran en la sangre y que contribuyen a la coagulación como respuesta a la lesión de los vasos sanguíneos.) Generalmente se prescribe aspirina (ácido acetilsalicílico), uno de los fármacos antiagregantes plaquetarios más eficaces. Se toma diariamente un comprimido para adultos o un comprimido para niños (que es aproximadamente un cuarto de la dosis de una aspirina para adultos). Ambas dosis parecen prevenir con igual eficacia los accidentes cerebrovasculares. Tomar un comprimido que contiene una combinación de dosis baja de aspirina (ácido acetilsalicílico) y dipiridamol (un antiagregante plaquetario) es ligeramente más eficaz que la aspirina sola.

Se administra clopidogrel, otro antiagregante plaquetario, cuando no se tolera la aspirina (ácido acetilsalicílico). En ocasiones el tratamiento con clopidogrel más aspirina durante un tiempo corto después de un accidente cerebrovascular parece reducir el riesgo de que se produzcan accidentes cerebrovasculares futuros más que si se toma únicamente aspirina. Sin embargo, el tratamiento con clopidogrel más aspirina aumenta el riesgo de sangrado.

Algunas personas son alérgicas a los fármacos antiagregantes plaquetarios o medicamentos similares y no pueden tomarlos. Además, las personas que tienen hemorragia gastrointestinal no deben tomar antiagregantes plaquetarios.

Anticoagulantes

Si un accidente cerebrovascular isquémico o un ataque isquémico transitorio se debe a coágulos de sangre procedentes del corazón, se admistra warfarina, un anticoagulante, para inhibir la coagulación de la sangre. Dado que la toma de warfarina y un fármaco antiagregante plaquetario aumenta en gran medida el riesgo de hemorragia, estos fármacos rara vez se prescriben conjuntamente para la prevención del accidente cerebrovascular.

El dabigatrán, el apixaban y el rivaroxaban son nuevos anticoagulantes que a veces se utilizan en lugar de la warfarina.

Tratamiento

Cualquier persona con síntomas de accidente cerebrovascular debe buscar atención médica de inmediato.

Prevención y tratamiento de los problemas que aparecen tras un accidente cerebrovascular

Problema

Medidas

Trombos en las piernas

Para prevenir los trombos, el médico prescribe anticoagulantes (como la heparina o la heparina de bajo peso molecular) o aplica medias elásticas o botas neumáticas en las piernas de la persona afectada para mejorar la circulación sanguínea. También pueden prescribirse ambas medidas, anticoagulantes y medias.

También puede ayudar hacer movimientos con las piernas, lo que mejora el flujo sanguíneo. Se anima a la persona afectada a que, si es posible, camine o simplemente mueva las piernas (por ejemplo, extendiendo y flexionando los tobillos). Si la persona no puede mover las piernas por sí misma, se las moverá un fisioterapeuta u otro miembro del equipo sanitario (ejercicios pasivos).

Úlceras por presión

Los miembros del personal de enfermería, otros miembros del equipo sanitario o bien los cuidadores deben girar o cambiar de posición frecuentemente a la persona confinada en una cama o en una silla de ruedas. Las zonas propensas a desarrollar úlceras por presión deben inspeccionarse todos los días.

Acortamiento permanente de los músculos que limita el movimiento (contracturas)

Mover las extremidades puede prevenir las contracturas. Se anima a la persona afectada a que cambie de postura de forma regular, si puede. Un fisioterapeuta u otro miembro del personal puede mover las extremidades de la persona afectada y asegurarse de colocarlas en una posición de descanso adecuada. A veces se utilizan férulas para mantener la posición de los miembros.

Dificultad para deglutir

Se valora la dificultad para deglutir. Si existe esa dificultad, se toman las medidas necesarias para proporcionar a la persona afectada suficientes líquidos y nutrientes. Algunas veces el hecho de aprender técnicas simples (por ejemplo, cómo colocar la cabeza o cómo respirar mientras se traga) puede mejorar la seguridad al deglutir. La nutrición por sonda suele ser necesaria hasta que se recupera la capacidad de deglutir.

Dificultad respiratoria

Si la persona fuma, se le anima a que lo deje. El terapeuta también enseña a hacer ejercicios de respiración profunda y a toser para limpiar las vías respiratorias. El terapeuta suministra un aparato respiratorio manual. Si fuera necesario, se suministra oxígeno a través de una mascarilla o un tubo que se inserta en la nariz o en la boca.

Infecciones urinarias

Se debe evitar el uso de un catéter urinario, ya que suele producir infección. Si el catéter resulta necesario, se retira tan pronto como sea posible.

Falta de motivación y depresión

El médico expone los efectos del accidente cerebrovascular a la persona afectada, a los familiares y a otros cuidadores. La información incluye el tipo de recuperación que se puede esperar y las formas de tratar las limitaciones funcionales. Se pone en contacto a la persona afectada y a sus cuidadores con grupos de apoyo para personas que han sufrido accidentes cerebrovasculares. Puede ser necesario asesoramiento profesional o fármacos para tratar la depresión.

El equipo médico comprueba las constantes vitales, como la frecuencia cardíaca, la respiración, la temperatura y la presión arterial, para asegurarse de que son las adecuadas. Si no es así, toman las medidas para corregirlas de forma inmediata. Por ejemplo, si el paciente está en coma o no responde (a consecuencia, por ejemplo, de una hernia cerebral), se necesita ventilación mecánica (introduciendo un tubo para respirar por la boca o la nariz) para ayudarle a respirar. Si los síntomas sugieren que la presión intracraneal es alta se administran medicamentos para disminuir la inflamación en el cerebro y se implanta un sensor para medir periódicamente la presión cerebral.

Según el tipo de accidente cerebrovascular se utilizan otros tratamientos durante las primeras horas después de producirse. Estos tratamientos consisten en medicamentos (como antiagregantes, anticoagulantes, fármacos para disolver los coágulos y medicamentos para controlar la hipertensión) y también cirugía para extraer la sangre acumulada.

Los tratamientos posteriores y en curso se centran en la prevención de accidentes cerebrovasculares subsiguientes, el tratamiento y la prevención de los problemas que causan los accidentes cerebrovasculares, y la ayuda para recuperar la mayor funcionalidad posible (rehabilitación).

Rehabilitación

La rehabilitación intensiva ayuda a muchas personas a superar discapacidades después de un accidente cerebrovascular (ver Rehabilitación después de una lesión cerebral). Los ejercicios y el entrenamiento que se siguen en la rehabilitación estimulan las áreas no afectadas del cerebro para aprender a realizar funciones que dependían del área dañada. Además, a los pacientes se les enseñan nuevas formas de utilizar los músculos no afectados por el accidente cerebrovascular para compensar las pérdidas funcionales.

Los objetivos de la rehabilitación son los siguientes:

  • Recuperar la funcionalidad normal tanto como sea posible

  • Mantener y mejorar la forma física

  • Ayudar a volver a aprender antiguas destrezas y a adquirir nuevas técnicas

El éxito depende de la zona del cerebro que está lesionada y de la condición física general del individuo, sus capacidades cognoscitivas y funcionales antes del accidente cerebrovascular, su situación social, su capacidad de aprendizaje y su actitud. La paciencia y la perseverancia son fundamentales. La participación activa en un programa de rehabilitación ayuda a las personas afectadas a evitar o reducir la depresión.

La rehabilitación se inicia en el hospital tan pronto como la persona tenga la capacidad física para hacerlo, por lo general al día siguiente o 2 días después del ingreso. Después de la salida del hospital, se continúa la rehabilitación de manera ambulatoria en una residencia, un centro de rehabilitación o a domicilio. Los fisioterapeutas y los terapeutas ocupacionales sugerirán formas de comportamiento y actitudes con la finalidad de que la vida y la seguridad en el hogar resulten más fáciles para la persona discapacitada.

Los familiares y amigos contribuirán a la rehabilitación si tienen presentes los efectos que produce un accidente cerebrovascular, porque así comprenderán a la persona afectada y podrán apoyarla mejor. Los grupos de apoyo proporcionan orientación práctica y motivación a las personas que han tenido un accidente cerebrovascular y a quienes les cuidan.

Situaciones terminales

Para algunas personas que han tenido un accidente cerebrovascular, es probable que la calidad de vida sea muy mala a pesar del tratamiento. En estos casos, la atención se centra en el control del dolor, en tomar las medidas necesarias para la comodidad de la persona enferma y en el suministro de líquidos y nutrientes.

Las personas que han sufrido un accidente cerebrovascular deben establecer voluntades anticipadas (ver Voluntades anticipadas) tan pronto como sea posible debido a que la recurrencia y la progresión de los accidentes cerebrovasculares son impredecibles. Las voluntades anticipadas ayudarán al médico a determinar el tipo de atención médica que desea el paciente en caso de que, llegado el momento de tomar tales decisiones, no esté en condiciones de hacerlo.

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