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Enfermedad de Alzheimer

(enfermedad de Alzheimer)

Por Juebin Huang, MD, PhD, The University of Mississippi Medical Center

La enfermedad de Alzheimer es una afección progresiva, con una pérdida inexorable de la función mental, caracterizada por la degeneración del tejido cerebral, la acumulación de una proteína anómala denominada beta-amiloide y el desarrollo de ovillos (marañas) neurofibrilares.

  • El olvido de acontecimientos recientes es un signo precoz, seguido de confusión creciente, deterioro de otras funciones cognitivas y problemas para usar y comprender el lenguaje y realizar las actividades cotidianas.

  • Los síntomas avanzan de manera que la persona no es capaz de valerse por sí mismo y se vuelve totalmente dependiente de los demás.

  • El diagnóstico se basa en los síntomas y en los resultados de una exploración física, pruebas del estado mental, análisis de sangre y pruebas de diagnóstico por la imagen.

  • El tratamiento engloba estrategias para prolongar tanto como sea posible el funcionamiento personal, e incluye fármacos para retrasar la progresión de la enfermedad.

  • No se puede predecir la esperanza de vida, pero la muerte se produce, por término medio, unos 7 años después del diagnóstico de la enfermedad.

La causa más frecuente de demencia es la enfermedad de Alzheimer (ver Demencia). En el 60 al 80% de las personas mayores con demencia, la enfermedad de Alzheimer es la causa. Es muy poco frecuente por debajo de los 65 años, y se vuelve más habitual a medida que se envejece. Alrededor del 13% de los mayores de 65 años y cerca del 45% de los mayores de 85 años tienen enfermedad de Alzheimer. Afecta más a las mujeres que a los hombres, en parte porque las mujeres viven más años. En el año 2012, se calcula que en Estados Unidos hay 5,4 millones de personas con enfermedad de Alzheimer. Se espera que el número de personas con enfermedad de Alzheimer aumente a medida que crece la proporción de ancianos.

Se desconoce la causa de la enfermedad de Alzheimer, pero los factores genéticos desempeñan un papel importante: entre el 5 y el 15% de los casos son hereditarios. Intervienen varias anomalías en unos genes específicos. Algunas de estas anomalías son heredadas aunque solo uno de los progenitores tenga el gen anómalo. Esto pasa si el gen anómalo es dominante. Un progenitor afectado tiene un 50% de probabilidad de transmitir el gen anómalo a cada descendiente. Aproximadamente la mitad la descendencia desarrolla la enfermedad de Alzheimer antes de los 65 años de edad.

¿Sabías que...?

  • Con la edad, siempre se desarrollan algunas alteraciones cerebrales características de la enfermedad de Alzheimer.

Una anomalía genética afecta a la apolipoproteína E (apo E), la fracción proteica de ciertas lipoproteínas que transportan el colesterol en la sangre. Hay tres tipos de apolipoproteínas E (ε2, ε3 y ε4). En los que poseen el tipo ε4, la enfermedad de Alzheimer aparece con más frecuencia y en una edad más temprana. Por el contrario, los que poseen el tipo ε2 parecen protegidos contra la enfermedad. Los portadores de la apolipoproteína ε3 no están protegidos, pero tampoco tienen más probabilidades de desarrollar la enfermedad. Estas asociaciones se han estudiado sobre todo en personas de ascendencia caucásica, y quizás no puedan aplicarse a otros grupos étnicos. Sin embargo, las pruebas genéticas para la apolipoproteína E no determinan si se desarrollará la enfermedad de Alzheimer. Por lo tanto, no se recomienda realizarlas sistemáticamente.

En la enfermedad de Alzheimer se degeneran partes del cerebro, se destruyen células nerviosas y se reduce la respuesta de las restantes a los transmisores químicos que transmiten señales entre las neuronas en el cerebro (neurotransmisores). El nivel de acetilcolina (un neurotransmisor implicado en la memoria, el aprendizaje y la concentración) es bajo.

La enfermedad de Alzheimer provoca la aparición de las siguientes anomalías en el tejido cerebral:

  • Depósitos de beta-amiloide: acumulación de beta-amiloide (proteína anormal insoluble), que se forma porque las células no pueden procesarla y retirarla

  • Placas seniles o neuríticas: grupos de células nerviosas muertas alrededor de un núcleo de beta-amiloide

  • Ovillos neurofibrilares: filamentos torcidos de proteínas insolubles en las células nerviosas

  • Niveles elevados de tau: proteína anómala, un componente de los ovillos neurofibrilares y de los beta-amiloides.

Estas anomalías aparecen en cierto grado al envejecer, pero son mucho más numerosas entre los afectados por la enfermedad de Alzheimer. No se está seguro de la causa de la enfermedad de Alzheimer, si es provocada por las anomalías en el tejido cerebral o si es el resultado de algún otro problema, que también puede causar la demencia y las anormalidades en el tejido cerebral.

Síntomas

Los síntomas de la enfermedad de Alzheimer son similares a los de otras demencias, con etapas inicial, intermedia y avanzada (ver Demencia : Síntomas). Incluyen pérdida de memoria, cambios en la personalidad, problemas al usar el lenguaje y realizar actividades cotidianas, desorientación y comportamiento perjudicial. Los síntomas se desarrollan gradualmente, así que durante un tiempo se continúa disfrutando de lo que se solía disfrutar antes de desarrollar la enfermedad de Alzheimer.

Los síntomas suelen aparecer sutilmente. Si la enfermedad aparece antes de la jubilación, es posible que no se trabaje tan bien como antes. En los jubilados y las personas poco activas, los trastornos a veces pasan desapercibidos.

El primer síntoma y más destacable es olvidar ciertos acontecimientos recientes, ya que es difícil la formación de nuevos recuerdos. Sin embargo, la enfermedad a veces comienza con cambios de personalidad. Se deja de responder emocionalmente y la persona parece deprimida, miedosa o ansiosa.

Al principio de la enfermedad se pierden el sentido común y el pensamiento abstracto. Los patrones del habla cambian ligeramente. Se usan palabras simples, una palabra general o muchas palabras en vez de una específica, o se usan incorrectamente. A veces se es incapaz de encontrar la palabra adecuada.

También se tienen dificultades para interpretar pistas visuales y auditivas, por lo que estas personas se pueden desorientar y confundir. La desorientación dificulta la conducción de vehículos. Se extravían en itinerarios habituales, por ejemplo al ir a la compra. Se es capaz de mantener vida social, pero se produce un comportamiento extraño. Por ejemplo, se olvida el nombre de una visita reciente, y las emociones cambian de manera rápida e impredecible.

Muchos afectados por la enfermedad de Alzheimer padecen insomnio frecuente. Tienen dificultad para conciliar el sueño o permanecer dormidos. Se confunden el día y la noche.

En algún momento, muchos de los afectados de Alzheimer desarrollan psicosis (alucinaciones, delirios o paranoia).

A medida que progresa la enfermedad de Alzheimer, aumenta la dificultad para recordar los acontecimientos del pasado. Se necesita ayuda para comer, vestirse, lavarse e ir al baño. Son frecuentes los comportamientos conflictivos o inapropiados, como deambulación, agitación, irritabilidad, hostilidad y agresividad física. Se pierde todo el sentido del tiempo y del espacio: los afectados se pierden incluso al ir al baño en su propia casa. Su creciente confusión los hace más propensos a las caídas.

Finalmente, los afectados por la enfermedad de Alzheimer no pueden andar ni atender sus necesidades personales. Se vuelven incontinentes e incapaces de tragar, comer o hablar. Estos cambios favorecen la desnutrición, la neumonía y las úlceras por presión (úlceras de decúbito). Se pierde totalmente la memoria. En última instancia se producen el coma y la muerte, a menudo por infecciones.

El progreso de la enfermedad es impredecible. La supervivencia media desde el momento del diagnóstico es de 7 años. La mayoría de las personas que ya no caminan no viven más de 6 meses. Sin embargo, las expectativas de vida varían ampliamente entre los casos.

Diagnóstico

El diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer es similar al de otras demencias

y por lo general se basa en:

  • Los síntomas, que se identifican mediante preguntas al afectado y sus familiares u otros cuidadores

  • Los resultados de una exploración física

  • Los resultados de pruebas sobre el estado mental

  • Los resultados de pruebas complementarias, como análisis de sangre, tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética nuclear (RMN)

La enfermedad de Alzheimer a menudo se distingue de otras demencias porque, por lo general, su síntoma más evidente, en especial al principio, es olvidarse de acontecimientos recientes o no ser capaz de formar nuevos recuerdos.

Si la demencia se diagnostica en personas mayores cuya memoria se ha deteriorado gradualmente, se considera la enfermedad de Alzheimer como la causa más probable.

La información de las pruebas complementarias ayuda a descartar otros tipos y causas de demencia.

El diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer solo puede confirmarse extirpando una muestra de tejido cerebral (después de la muerte, durante la autopsia) para examinarla al microscopio. Entonces se hacen evidentes la pérdida característica de neuronas, los ovillos neurofibrilares y las placas seniles con beta-amiloide en el cerebro, sobre todo en el área del lóbulo temporal encargada de la formación de nuevos recuerdos.

Se están a empezando a utilizar el análisis del líquido cefalorraquídeo (LCR) y la tomografía por emisión de positrones (PET, ver Otras pruebas para la valoración de trastornos cardiovasculares: : Tomografía por emisión de positrones) para ayudar a diagnosticar la enfermedad de Alzheimer. Si el análisis del LCR detecta un nivel bajo de beta-amiloide y si las imágenes de PET muestran depósitos de amiloide, lo más probable es que se diagnostique enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, de momento, estas pruebas se han utilizado principalmente en investigación.

Tratamiento

El tratamiento incluye medidas generales para proporcionar seguridad y apoyo, como en todas las demencias (ver Demencia : Tratamiento).

Los inhibidores de la colinesterasa, como el donepezilo, la galantamina y la rivastigmina, aumentan el nivel del neurotransmisor acetilcolina en el cerebro. El nivel de acetilcolina a veces es bajo. Estos fármacos mejoran temporalmente la función cognitiva, incluida la memoria, pero no retrasan la progresión de la enfermedad. Solo algunas personas con enfermedad de Alzheimer se benefician del tratamiento con estos fármacos. En estos casos, los fármacos pueden hacer que la enfermedad retroceda de manera efectiva de 6 a 9 meses. Son más eficaces en las personas con una enfermedad de leve a moderada. Los efectos secundarios más frecuentes son náuseas, vómitos, pérdida de peso y dolor o calambres abdominales.

La administración de memantina parece retrasar la progresión de la enfermedad de Alzheimer, y este fármaco puede utilizarse con un inhibidor de la colinesterasa.

Se continúan estudiando los fármacos que previenen o retrasan la progresión de la enfermedad, por ejemplo sustancias que reducen la cantidad de amiloide depositado. Se están estudiando la terapia estrogénica para las mujeres, los fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE, como ibuprofeno o naproxeno) y el Ginkgo biloba. No obstante, ninguno ha demostrado una eficacia constante. Por otra parte, los estrógenos parecen ser más perjudiciales que beneficiosos.

La vitamina E es un antioxidante que en teoría puede ayudar a proteger las neuronas del daño o hacer que funcionen mejor, pero su utilidad aún no está clara. Antes de utilizar cualquier suplemento dietético, deben evaluarse con el médico los riesgos y beneficios.

Prevención

Algunos estudios sugieren ciertas medidas que ayudan a prevenir la enfermedad de Alzheimer:

  • Controlar los niveles de colesterol: existen indicios que sugieren que los niveles elevados de colesterol están relacionados con el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer. Por lo tanto, es posible beneficiarse de una dieta baja en grasas saturadas y, si es necesario, fármacos para reducir el colesterol y otras grasas (como las estatinas).

  • Controlar la hipertensión arterial: la hipertensión arterial daña los vasos sanguíneos que llevan la sangre al cerebro y reduce así el suministro de oxígeno al cerebro, lo que afecta posiblemente a las conexiones entre neuronas.

  • Realizar ejercicio: realizar ejercicio ayuda al corazón a funcionar mejor y, por razones poco conocidas, ayuda al cerebro a funcionar mejor.

  • Mantenerse mentalmente activo: se anima a continuar haciendo actividades que supongan un reto para la mente, como aprender nuevas habilidades, hacer crucigramas y leer el periódico. Estas actividades estimulan el crecimiento de nuevas conexiones (sinapsis) entre neuronas y, por lo tanto, contribuyen a retrasar la demencia.

  • Consumir alcohol en cantidades moderadas: en cantidades moderadas (no más de tres bebidas al día), el alcohol ayuda a reducir el colesterol y a mantener el flujo de sangre. El alcohol incluso ayuda al pensamiento y a la memoria al estimular la liberación de acetilcolina y causar otros cambios en las neuronas del cerebro. Sin embargo, no hay pruebas convincentes de que los que no beben alcohol deban empezar a hacerlo para prevenir la enfermedad de Alzheimer. Tras la aparición de la demencia, se recomienda no tomar alcohol, ya que puede hacer que empeoren los síntomas de la demencia.

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