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Introducción a la disfunción cerebral

Por Juebin Huang, MD, PhD, The University of Mississippi Medical Center

El daño cerebral puede causar muchos tipos de disfunción, desde una pérdida completa de la consciencia (como ocurre en el coma, ver Estupor y coma), pasando por desorientación e incapacidad para prestar atención (como en la confusión mental, ver Delirio), hasta el deterioro de una o varias de las muchas funciones específicas que contribuyen a la experiencia consciente. El tipo y la gravedad de la disfunción cerebral dependen de la extensión de la lesión, de la localización del daño y de la rapidez con que progresa la enfermedad causante.

La disfunción cerebral puede estar limitada a un área específica (localizada) o ser generalizada (difusa).

La disfunción cerebral localizada está causada por trastornos que ocurren en una zona específica del cerebro, entre los cuales se incluyen:

  • Tumores y abscesos cerebrales

  • Trastornos que disminuyen el flujo de sangre (y por lo tanto el aporte de oxígeno) hacia un área específica del cerebro, como ocurre en el accidente cerebrovascular (ictus)

  • Traumatismos penetrantes en la cabeza

  • Ciertos tipos de trastornos convulsivos

La disfunción cerebral difusa está causada por trastornos que afectan a grandes áreas del cerebro, entre ellos:

  • Trastornos que causan anomalías metabólicas, como niveles bajos de azúcar en sangre (hipoglucemia) o niveles bajos de oxígeno en sangre (normalmente debido a trastornos pulmonares o cardíacos)

  • Infecciones, como la meningitis y la encefalitis

  • Presión arterial muy alta o muy baja

La disfunción cerebral difusa también puede ser resultado de trastornos que ocurren en un área específica del cerebro y causan inflamación o ejercen presión sobre una gran superficie. Estos trastornos incluyen:

  • Abscesos cerebrales

  • Tumores cerebrales grandes

  • Traumatismos craneales cerrados o graves

El cáncer que se ha propagado por varias áreas cerebrales también puede causar una disfunción cerebral difusa. Ciertos fármacos, como los opiáceos (narcóticos), algunos sedantes (barbitúricos y benzodiazepinas) y los antidepresivos causan disfunción cerebral difusa, particularmente en personas sensibles a sus efectos (ancianos) o cuando la concentración del fármaco en sangre es demasiado alta.

Cuando se dañan áreas cerebrales específicas

Las diferentes áreas del cerebro controlan funciones específicas. Por consiguiente, en función del área dañada se determina qué función se ha perdido.

El daño difuso tiende a afectar la consciencia, haciendo que la persona esté somnolienta, dificultando el despertar (estupor) o imposibilitándolo (coma). El daño localizado tiende a afectar funciones específicas. Sin embargo, la gravedad de la disfunción cerebral depende de la extensión y de su localización. Cuando la corteza cerebral (la capa más externa del cerebro, la región más grande del encéfalo) se lesiona, el grado de disfunción a menudo es proporcional a la extensión de la lesión. Cuanto más extenso es el daño, más probable es que la disfunción sea grave. Sin embargo, incluso si el área dañada es pequeña, dependiendo de la zona puede causar una disfunción grave. Cuando se daña el tronco del encéfalo (que regula importantes funciones corporales y el nivel de consciencia), lesiones relativamente pequeñas pueden causar coma e incluso la muerte.

Los trastornos que progresan con rapidez tienen mayor probabilidad de causar síntomas evidentes de disfunción cerebral que los de evolución lenta. Por ejemplo, el sangrado que se produce rápidamente (hemorragia) es más probable que cause síntomas evidentes que un tumor de crecimiento lento. El cerebro compensa las alteraciones graduales con más facilidad que las que se producen con rapidez. Por lo tanto, cuando el daño difuso se desarrolla lentamente, puede no afectar a la consciencia.

El cerebro tiene tres características que lo ayudan a compensar y recuperarse de las lesiones:

  • Redundancia: más de un área realiza la misma función.

  • Plasticidad: las células nerviosas de ciertas áreas pueden cambiar y pasar a realizar una función nueva.

  • Adaptación: las zonas con superposición de funciones a veces compensan las funciones perdidas.

Por lo tanto, en ocasiones las áreas del cerebro no lesionadas reemplazan en sus funciones a las áreas dañadas, contribuyendo así a la recuperación. Sin embargo, al envejecer, el cerebro pierde la habilidad de desplazar funciones de un área a otra. Algunas funciones, como la visión, no pueden ser realizadas por otras áreas del cerebro. El daño directo en las zonas que controlan estas funciones puede tener efectos permanentes.

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