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Introducción al dolor

Por John Markman, MD, Associate Professor, Department of Neurosurgery and Neurology , University of Rochester School of Medicine and Dentistry

El dolor es una sensación desagradable que indica un daño real o posible.

El dolor es el motivo más frecuente de consulta al médico.

El dolor puede ser agudo o leve, intermitente o constante, pulsátil o estable. A veces el dolor es muy difícil de describir. Se siente en un solo sitio o sobre un área extensa, y su intensidad varía de leve a insoportable.

La tolerancia al dolor difiere considerablemente en cada persona. Algunas no toleran el dolor de un pequeño corte o golpe, y otras aguantan el causado por un accidente grave o una herida por arma blanca. La capacidad para soportar el dolor varía según el estado de ánimo, la personalidad y las circunstancias de cada uno. Un deportista puede no notar una lesión grave producida durante la competición, pero sí sentirá el dolor después del partido, sobre todo si han derrotado a su equipo.

Las vías del dolor

El dolor producido por una lesión comienza por la estimulación de un receptor del dolor de todos los que hay repartidos por el cuerpo. Estos receptores del dolor transmiten señales como impulsos eléctricos a lo largo de los nervios de la médula espinal y luego hacia arriba hasta el cerebro. En ocasiones, la señal provoca una respuesta refleja (ver figura Arco reflejo: sin pensar). Cuando la señal llega a la médula espinal, se manda otra señal de vuelta a lo largo de los nervios motores hasta el punto donde se originó el dolor, haciendo que los músculos se contraigan sin la participación del cerebro. Esto es lo que sucede cuando al tocar algo muy caliente inadvertidamente, nos apartamos de inmediato de la fuente de calor. Esta reacción refleja es útil para evitar un daño permanente. La señal de dolor también es enviada al cerebro. Solo cuando el cerebro procesa la señal y la interpreta como dolor, la persona toma conciencia de este.

Los receptores del dolor y sus vías nerviosas difieren según las distintas partes del cuerpo. Por este motivo, la sensación de dolor varía según el tipo de lesión y su localización. Por ejemplo, los receptores del dolor de la piel son numerosos y capaces de transmitir una información precisa, incluyendo tanto la localización de la lesión como la causa de la agresión: cortante, como la herida de un cuchillo, o sorda, como presión, calor o frío. En cambio, los receptores del dolor en los órganos internos, como el intestino, son limitados e imprecisos. Así, el intestino se puede pinchar, cortar o quemar sin generar ninguna señal de dolor. Sin embargo, el estiramiento y la presión en el intestino provocan un dolor intenso, incluso por algo tan inocuo como una burbuja de gas atrapada. El cerebro no puede identificar la localización exacta del dolor intestinal, de manera que resulta difícil de localizar y se suele sentir sobre un área extensa.

¿En qué consiste el dolor referido?

Sentir dolor en una zona determinada del organismo no significa siempre que el problema que lo causa esté localizado en dicha zona, ya que el dolor puede ser referido desde otro lugar. Por ejemplo, el dolor debido a un infarto de miocardio se siente como si viniera del brazo, porque la información sensitiva procedente del corazón y la procedente del brazo convergen en las mismas vías nerviosas en la médula espinal.

A veces se siente dolor en una zona del cuerpo que no representa exactamente el sitio del problema, pues se trata de un dolor reflejo desde otra parte del cuerpo. Esto se produce cuando las señales nerviosas procedentes de varias zonas del cuerpo recorren la misma vía nerviosa en la médula espinal y el cerebro. Por ejemplo, el dolor producido por un infarto de miocardio se siente en el cuello, la mandíbula, los brazos o el abdomen. El dolor de un cólico biliar se siente en la parte posterior del hombro.

Dolor agudo frente a dolor crónico

El dolor puede ser agudo o crónico. El dolor agudo comienza repentinamente y no suele durar mucho tiempo (hasta unos 3 meses como mucho). El dolor crónico dura meses o años.

Cuando es intenso, el dolor agudo causa ansiedad, aceleración de la frecuencia cardíaca, aumento de la frecuencia respiratoria, elevación de la presión arterial, sudoración y dilatación de las pupilas. Aunque no suele tener estos efectos, el dolor crónico causa otros problemas como depresión, alteraciones del sueño, disminución de la energía, poco apetito, pérdida de peso, disminución del deseo sexual y pérdida de interés en algunas actividades.

Tipos de dolor

Uno o más componentes pueden contribuir al dolor y a la forma en que es percibido, es decir, si el dolor es agudo o crónico. Estos componentes son:

  • Nociceptivo

  • Neuropático

El dolor nociceptivo es consecuencia de la estimulación de los receptores del dolor. La mayor parte de los dolores, en particular el dolor agudo, son de tipo nociceptivo.

El dolor neuropático es consecuencia del daño o de la disfunción del encéfalo o de la médula espinal (sistema nervioso central), o de los nervios situados fuera del encéfalo y la médula espinal (sistema nervioso periférico).

Los factores psicológicos también pueden contribuir al dolor. Los factores psicológicos afectan a menudo al modo en que la persona siente el dolor y a lo intenso que le parece, pero estos factores rara vez son la única causa del dolor.

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