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Absceso epidural intracraneal y empiema subdural

Por John E. Greenlee, MD, Professor and Executive Vice Chair, Department of Neurology, University of Utah School of Medicine

Un absceso epidural intracraneal es una bolsa de pus que se desarrolla entre el cráneo y la capa superior de los tejidos (duramadre) que recubre el encéfalo. Un empiema subdural es una bolsa de pus que se desarrolla entre la duramadre y la capa media de los tejidos (aracnoides) que recubren el encéfalo.

Los abscesos epidurales intracraneales y los empiemas subdurales se desarrollan fuera del propio encéfalo pero dentro del cráneo (intracraneal):

  • Absceso epidural intracraneal: entre la duramadre y el cráneo

  • Empiema subdural: entre la aracnoides y la duramadre

Tejidos que recubren el encéfalo

En el interior del cráneo, el encéfalo está recubierto por tres capas de tejido denominadas meninges:

  • Duramadre (capa externa)

  • Aracnoides (capa media)

  • Piamadre (capa interna)

Un absceso epidural intracraneal se desarrolla entre la duramadre y el cráneo. Un empiema subdural se desarrolla entre la aracnoides y la duramadre.

Causas

Los abscesos epidurales y los empiemas subdurales pueden ser consecuencia de

  • Una infección sinusal (sinusitis)†

  • Una otitis grave

  • Un traumatismo craneal

  • Cualquier cirugía que afecte la cabeza

  • Una infección de la sangre

Los mismos tipos de bacterias que provocan los abscesos cerebrales (por ejemplo Staphylococcus aureus y Bacteroides fragilis) pueden provocar estos trastornos.

En niños menores de 5 años, la causa acostumbra a ser una meningitis. Debido a que la meningitis es ahora poco frecuente en niños, estos trastornos son también poco frecuentes en niños.

Síntomas

Como ocurre en el absceso cerebral, un absceso epidural o un empiema subdural pueden provocar cefalea, somnolencia, vómitos, convulsiones, rigidez de nuca y otros signos de disfunción cerebral.

Estos síntomas pueden evolucionar a lo largo de varios días. Se puede desarrollar meningitis o un absceso cerebral. O se puede formar un coágulo de sangre en las grandes venas (senos venosos) que transportan la sangre desde el cerebro.

Sin tratamiento, los síntomas progresan con rapidez y conducen al coma y a la muerte.

Diagnóstico

  • Resonancia magnética nuclear o tomografía computarizada

Para diagnosticar un absceso epidural o un empiema subdural, se practica una resonancia magnética nuclear (RMN) tras la inyección intravenosa de gadolinio. El gadolinio (un medio de contraste para RMN) facilita la visualización de los abscesos y los empiemas en las resonancias magnéticas nucleares. Cuando la resonancia magnética nuclear (RMN) no se encuentra disponible, se realiza una tomografía computarizada (TC) tras la inyección intravenosa de un contraste radiopaco (que facilita la visualización de los abscesos y los empiemas en las tomografías).

La punción lumbar no es muy útil y resulta peligrosa. La extracción de líquido cefalorraquídeo mediante punción lumbar ante la presencia de un absceso de gran tamaño, un empiema u otra masa grande en el cráneo puede causar un desplazamiento hacia abajo del cerebro y su paso forzado a través de un pequeño orificio natural situado en el tejido que divide el cerebro en dos compartimentos (hernia cerebral). El daño resultante puede ser mortal.

Tratamiento

  • Drenaje del pus

  • Antibióticos y, a veces, otros fármacos

En los lactantes, algunas veces se introduce una aguja directamente en el absceso o el empiema a través de una fontanela (la zona blanda entre los huesos del cráneo) para vaciar el pus, reducir la presión y ayudar a establecer el diagnóstico.

Los abscesos epidurales y los empiemas subdurales deben drenarse quirúrgicamente. Si la infección es debida a una anomalía en los senos paranasales o el oído medio, se debe corregir la anomalía al mismo tiempo.

Además, se administran antibióticos por vía intravenosa. Se pueden requerir anticonvulsivos para controlar las convulsiones y medidas para reducir la presión intracraneal, como por ejemplo el uso de diuréticos, que reducen la cantidad de líquido en el cuerpo, o corticoesteroides, que reducen la inflamación y la hinchazón.

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