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Precauciones con los fármacos sin receta médica

Por Daniel A. Hussar, PhD, Remington Professor of Pharmacy, Philadelphia College of Pharmacy, University of the Sciences, Philadelphia

Ciertos grupos de población, como las personas muy jóvenes y las muy mayores, los pacientes muy enfermos y las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, son más vulnerables a los efectos perjudiciales de los fármacos, incluyendo los de venta libre. Cuando se administran fármacos a estas personas es necesario tomar precauciones especiales, que pueden incluir una supervisión médica.

Para evitar interacciones peligrosas entre fármacos es preciso consultar al médico o al farmacéutico antes de tomar al mismo tiempo fármacos de prescripción y de venta sin receta. Las personas con trastornos crónicos también deben consultar al farmacéutico o al médico. Los fármacos de venta sin receta no están preparados para el tratamiento de enfermedades graves y pueden empeorar algunos trastornos. Una reacción inesperada, como una erupción o insomnio, es una señal para dejar de tomar el fármaco de inmediato y solicitar el consejo de un médico.

Niños

El organismo de los niños metaboliza los fármacos y reacciona ante ellos de diferente manera que el de los adultos. Un fármaco puede ser utilizado por mucha gente durante años antes de que se descubran sus riesgos en los niños. Por ejemplo, transcurrieron muchos años antes de que los investigadores confirmaran que el riesgo de síndrome de Reye estaba relacionado con el uso de aspirina (ácido acetilsalicílico) en niños con varicela o gripe. Tanto los médicos como los padres se sorprenden a menudo al saber que la mayoría de los fármacos de venta sin receta, incluso los que incluyen indicaciones específicas de dosificación infantil, no han sido probados a fondo en los niños. La efectividad de algunos remedios contra el resfriado y la tos, especialmente en los niños, aún no ha podido demostrarse, por lo que su administración a los niños puede exponerlos innecesariamente a sus efectos perjudiciales, además de suponer un despilfarro de dinero.

No siempre es fácil administrar a un niño la dosis correcta de un fármaco. Si bien las dosis infantiles suelen expresarse en términos de franjas de edad (por ejemplo, niños de 2 a 6 años de edad, o de 6 a 12 años de edad), la edad no es el mejor criterio. El tamaño de los niños puede variar en gran medida dentro de cualquier intervalo de edad, por lo cual los expertos aconsejan determinar la dosis del fármaco de venta sin receta según el peso del niño.

Si el prospecto no proporciona instrucciones sobre la cantidad de fármaco que debe administrarse a los niños, los padres no deben intentar adivinarla. En caso de duda, deben consultar con el farmacéutico o con el médico. Esta consulta evitará que el niño reciba un fármaco peligroso o una dosis demasiado alta de un fármaco potencialmente útil.

La mayoría de los fármacos para el tratamiento de las enfermedades infantiles tienen una presentación en forma líquida. Aunque el prospecto da normas claras sobre la dosis, los adultos encargados a veces se equivocan porque utilizan una cuchara de uso corriente. Las únicas cucharas de uso culinario con la exactitud suficiente para dosificar fármacos líquidos son las de medición. En el caso de los bebés, es preferible medir la cantidad de fármaco con una jeringa y depositar en la boca del niño la dosis exacta. Debe retirarse siempre el tapón de la punta de una jeringa oral antes de su uso, porque el niño puede ahogarse si se propulsa accidentalmente el tapón dentro de la tráquea. Algunas veces los fármacos usados en pediatría se presentan acompañados de un dosificador. En estos casos, el fármaco debe medirse con ayuda del dosificador proporcionado por el fabricante para obtener la dosis apropiada.

Varios fármacos para niños están disponibles en más de una presentación. Los adultos deben leer cuidadosamente los prospectos cada vez que utilicen un nuevo medicamento infantil.

Personas mayores

El proceso normal de envejecimiento modifica la velocidad y la forma en que el organismo metaboliza los fármacos (ver Fármacos y envejecimiento), y las personas mayores tienden a tener más enfermedades y tomar varios medicamentos a la vez. Por estas razones, las personas mayores suelen ser más propensas que las jóvenes a presentar efectos secundarios o interacciones de fármacos. Son muchos los prospectos de fármacos de prescripción que especifican si las personas mayores requieren dosis diferentes, pero es raro que esta información se incluya en los prospectos de los fármacos de venta sin receta.

Muchos fármacos de venta libre pueden ser peligrosos para las personas mayores. El riesgo aumenta cuando se toma con regularidad la dosis máxima del fármaco. Por ejemplo, una persona mayor que padece artritis puede utilizar con frecuencia un analgésico o un antiinflamatorio que tenga consecuencias potencialmente graves, como una úlcera péptica sangrante. Esta úlcera supone un riesgo mortal para una persona mayor y puede aparecer sin previo aviso.

La mayoría de los antihistamínicos, como la difenhidramina, se designan como «sedantes» antihistamínicos y pueden plantear riesgos especiales en las personas mayores. Muchas de las fórmulas para aliviar el dolor durante la noche, remedios contra el resfriado y la tos, antialérgicos y somníferos contienen antihistamínicos. Estos antihistamínicos pueden causar somnolencia o fatiga, y pueden empeorar algunas enfermedades habituales entre las personas mayores, como el glaucoma de ángulo cerrado y la hipertrofia de próstata. También pueden provocar mareo o inestabilidad, y causar caídas y fracturas de huesos. Los antihistamínicos, en particular en dosis altas o en combinación con otros fármacos, pueden causar visión borrosa, aturdimiento, boca seca, dificultad para orinar, estreñimiento y confusión mental en las personas ancianas. La fexofenadina y la loratadina se consideran antihistamínicos «no sedantes», y es improbable que causen somnolencia u otros efectos secundarios.

Las personas ancianas también son más propensas a las reacciones adversas de los antiácidos. Los que contienen aluminio tienden a producir estreñimiento, y los que contienen magnesio suelen causar diarrea y deshidratación.

Durante la consulta médica, las personas mayores deben mencionar todos los fármacos de venta sin receta que estén tomando, incluyendo las vitaminas, los minerales y las hierbas medicinales. Esta información ayuda al médico a evaluar el régimen farmacológico completo y determinar si un fármaco de venta sin receta puede ser el causante de ciertos síntomas.

Mujeres embarazadas y en periodo de lactancia

Los fármacos pueden pasar de una mujer embarazada al feto, principalmente a través de la placenta (ver Consumo de medicamentos u otras drogas durante el embarazo), o transmitirse al bebé a través de la lactancia. Algunos de estos fármacos pueden afectar o dañar al feto o al lactante, por lo que las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia deben consultar con su médico o farmacéutico antes de tomar fármacos de venta sin receta o plantas medicinales. Deben comprobarse los prospectos de los medicamentos de venta libre, porque advierten sobre los peligros de su utilización durante el embarazo y la lactancia.

Ciertos tipos de fármacos son particularmente problemáticos, entre ellos los antihistamínicos (con frecuencia incluidos en los remedios para el resfriado y la tos, los antialérgicos, los fármacos para los mareos y los somníferos) y los antiinflamatorios no esteroideos (AINE). Los AINE no deben utilizarse durante los últimos 3 meses de embarazo, a menos que lo indique específicamente un médico, ya que pueden causar algunos problemas al feto o complicaciones durante el parto.

Enfermos crónicos

Si se toma un fármaco de venta sin receta de forma inadecuada, pueden agravarse algunas enfermedades crónicas. Debido a que los fármacos de venta libre están destinados al uso ocasional en personas esencialmente sanas, las que padezcan una enfermedad crónica o un trastorno grave, o planeen tomar diariamente un fármaco de venta sin receta, deben consultar antes con un profesional de la salud. En estos casos, el uso de fármacos excede los límites normales de la automedicación y, por lo tanto, es necesario contar con el asesoramiento de un experto.

Trastornos crónicos y fármacos sin receta médica

Trastorno

Fármacos de venta sin receta

Precauciones

Alcoholismo

Remedios para el resfriado

Los alcohólicos que participan en programas de desintoxicación deben evitar aquellos fármacos para el resfriado que contengan alcohol; algunos de estos productos contienen hasta un 25% de alcohol.

Diabetes

Descongestivos

Las personas con diabetes deben consultar al médico antes de tomar antihistamínicos y descongestivos porque pueden agravar la diabetes y tener efectos secundarios peligrosos.

Jarabes para la tos

Los diabéticos pueden necesitar ayuda en la selección de un jarabe para la tos que no contenga azúcar.

Hipertrofia de próstata

Antihistamínicos

Descongestivos

Las personas con hipertrofia de próstata deben consultar al médico o al farmacéutico antes de tomar antihistamínicos y descongestivos porque los efectos secundarios pueden ser peligrosos.

Glaucoma

Antihistamínicos

Tomar un antihistamínico puede complicar ciertos tipos de glaucoma.

Cardiopatía

Antiácidos

Remedios para el resfriado

Las personas con una enfermedad cardíaca deben consultar al médico o farmacéutico para que les ayude a seleccionar un antiácido o un remedio para el resfriado que no presente interacciones con los fármacos de prescripción que estén tomando.

Descongestivos

Las personas con cardiopatías deben consultar al médico o al farmacéutico antes de elegir un descongestivo porque los efectos secundarios pueden ser peligrosos.

Presión arterial elevada (hipertensión)

Analgésicos

Antiácidos

Las personas con hipertensión deben consultar al médico o al farmacéutico antes de seleccionar un analgésico o un antiácido.

Descongestivos

Las personas hipertensas deben consultar al médico o al farmacéutico antes de tomar descongestivos porque los efectos secundarios pueden ser peligrosos.

Hipertiroidismo (actividad aumentada de la glándula tiroidea)

Descongestivos

Las personas con hipertiroidismo deben consultar al médico o al farmacéutico antes de tomar descongestivos porque los efectos secundarios pueden ser peligrosos.

Nefropatías

Antiácidos

Las personas con algún trastorno renal deben consultar al médico o al farmacéutico antes de seleccionar un antiácido.

Fármacos sin receta

Interacciones de fármacos

Mucha gente se olvida de informar a su médico o farmacéutico sobre los medicamentos de venta sin receta que están tomando. Los fármacos que se consumen de manera intermitente, como los que se usan para tratar el resfriado, el estreñimiento o el dolor de cabeza ocasional, se mencionan aún con menos frecuencia. Los profesionales de la salud pueden olvidarse de preguntar sobre el uso de fármacos de venta sin receta o de hierbas medicinales cuando están recetando o dispensando una prescripción. Sin embargo, muchos de estos productos pueden interaccionar de forma adversa o inconveniente con una amplia gama de fármacos (ver Interacciones farmacológicas).

Algunas de estas interacciones pueden ser graves debido a que interfieren con la efectividad de un fármaco o porque causan efectos secundarios. Por ejemplo, tomar aspirina (ácido acetilsalicílico) de forma simultánea con el anticoagulante warfarina aumenta el riesgo de hemorragia. Un antiácido que contenga aluminio o magnesio puede reducir la absorción de la digoxina, utilizada en determinadas cardiopatías. Además, el consumo de suplementos vitamínicos y minerales puede interferir con la acción de algunos fármacos de prescripción médica. Por ejemplo, el antibiótico tetraciclina puede ser ineficaz si se toma con leche o con productos que contengan calcio, magnesio o hierro.

Las interacciones farmacológicas de los medicamentos de venta libre no se han estudiado de forma sistemática. Muchos problemas graves se han descubierto accidentalmente después de comunicarse reacciones adversas o muertes. Pese a que las advertencias sobre las interacciones figuran impresas en el prospecto de los fármacos de venta sin receta, es probable que el lenguaje resulte ininteligible para muchas personas. Por ejemplo, los prospectos de algunos remedios para el resfriado que contienen pseudoefedrina advierten sobre su uso junto con un inhibidor de la monoaminooxidasa (IMAO, fármacos usados con poca frecuencia para la depresión y otros problemas médicos) o durante las 2 semanas siguientes a suspender un IMAO. Esta advertencia tan importante no es útil cuando las personas no saben que el antidepresivo que están tomando es un IMAO (como lo son, por ejemplo, la fenelzina y la tranilcipromina).

La mejor forma de reducir el riesgo de interacciones de fármacos es pedir al farmacéutico que lo compruebe. Además, debe informarse al médico sobre todos los fármacos que se estén tomando, tanto los que necesitan prescripción médica como los de venta libre.

Superposición de fármacos

Otro posible problema es la superposición de fármacos. Los productos de venta libre utilizados para el tratamiento de diferentes problemas pueden contener el mismo principio activo. Por esta razón, si las personas no leen los prospectos de todos los fármacos que toman, procurando detectar esta posible redundancia de un principio activo, existe el riesgo de una sobredosis accidental. Por ejemplo, una persona que toma un somnífero y un remedio para el resfriado, y ambos contienen difenhidramina, puede estar ingiriendo el doble de la dosis que se considera segura. Otro ejemplo es el paracetamol (acetaminofeno), contenido en varios productos. Si se toman de forma simultánea dos productos que contienen paracetamol (acetaminofeno), uno de ellos para el dolor de cabeza y el otro para un trastorno alérgico o una sinusitis, puede excederse la dosis recomendada.

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