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Efectividad y seguridad de un fármaco

Por Daniel A. Hussar, PhD, Remington Professor of Pharmacy, Philadelphia College of Pharmacy, University of the Sciences, Philadelphia

La efectividad y la seguridad son los dos principales objetivos en el desarrollo de fármacos. El concepto de seguridad es relativo, porque todo fármaco puede ser tan perjudicial como beneficioso. Se conoce como margen de seguridad la diferencia entre la dosis eficaz habitual y la dosis que causa reacciones adversas graves o de riesgo mortal. Es deseable un margen amplio de seguridad, pero cuando se trata de una enfermedad grave o peligrosa, o cuando no hay otras opciones, debe aceptarse un margen de seguridad más estrecho. En caso de que la dosis eficaz habitual sea también tóxica, los médicos no utilizarán el fármaco a menos que la situación sea grave y no haya una alternativa más segura.

Los fármacos más útiles son eficaces y en general seguros. La penicilina es un medicamento de este tipo: está prácticamente exenta de toxicidad incluso en dosis altas, excepto en las personas con alergia a ella. En cambio, los barbitúricos, que en otros tiempos fueron utilizados a menudo como somníferos, pueden interferir en la respiración, disminuir peligrosamente la presión arterial e incluso causar la muerte si se toman en exceso. Los somníferos más recientes, como el temazepam y el zolpidem, tienen un margen de seguridad mayor que el de los barbitúricos.

Pero no siempre es posible lograr que los fármacos eficaces tengan un amplio margen de seguridad y pocos efectos secundarios. Por lo tanto, algunos fármacos deben ser utilizados aun teniendo un margen de seguridad muy estrecho. Por ejemplo, la warfarina, administrada para prevenir la coagulación sanguínea, puede causar hemorragia, pero se utiliza en casos en que es tan necesario su uso que hay que asumir el riesgo. Las personas que toman warfarina deben someterse a controles frecuentes para determinar si el fármaco está dando lugar a una coagulación sanguínea excesiva, baja o adecuada.

Otro ejemplo es la clozapina. Este fármaco suele ser beneficioso en las personas con esquizofrenia cuando todos los demás fármacos administrados han sido ineficaces. Pero la clozapina tiene un efecto secundario grave: puede disminuir la producción de glóbulos blancos (leucocitos), necesarios para la protección frente a las infecciones. Debido a este riesgo, las personas que toman clozapina tienen que someterse a frecuentes análisis de sangre.

Para que el plan terapéutico sea lo más seguro y eficaz posible, las personas deben informar bien a los profesionales de la salud acerca de su historial clínico, de la medicación que estén tomando (incluidos los fármacos de venta sin receta) y de los complementos dietéticos que utilicen (incluidas las hierbas medicinales, ver ver Hierbas medicinales y productos nutritivos medicinales (nutracéuticos)), así como cualquier otra información médica relevante. Además, no deben dudar en pedir al médico, al enfermero o al farmacéutico que les explique los objetivos del tratamiento, las reacciones adversas u otros problemas posibles, y en qué medida ellos pueden participar en el tratamiento para obtener el mejor resultado.

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