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Introducción a los fármacos

Por Daniel A. Hussar, PhD, Remington Professor of Pharmacy, Philadelphia College of Pharmacy, University of the Sciences, Philadelphia

Un fármaco se define por la legislación americana como cualquier sustancia (diferente de un alimento o de un dispositivo) que se utiliza para el diagnóstico, el tratamiento, la curación o la prevención de una enfermedad, o para tratar afecciones que repercutan en la estructura o el funcionamiento del organismo. (Los anticonceptivos orales son un ejemplo de fármacos que influyen en la función del organismo más que en el curso de una enfermedad.) Esta definición exhaustiva de un fármaco, aunque importante desde el punto de vista legal, es más bien compleja para su uso cotidiano. Una definición más simple, pero práctica, sería describir un fármaco como cualquier producto químico o biológico que afecta al organismo y su funcionamiento.

En el lenguaje común, la palabra droga suele referirse a las sustancias adictivas usadas sin finalidad terapéutica. El abuso de drogas y fármacos –el uso excesivo y persistente de sustancias que alteran la mente o la conducta sin necesidad médica– se ha producido paralelamente al uso terapéutico de los medicamentos a lo largo de la historia. Algunas sustancias con un consumo adictivo potencial pueden tener también un uso médico legítimo como fármacos, y otras no (ver Introducción al abuso de drogas).

Con o sin prescripción médica

Desde el punto de vista legal existen dos categorías de fármacos: los que requieren prescripción médica y los que no la requieren. Los fármacos de prescripción (los considerados seguros estrictamente para el uso bajo control médico) solo se pueden vender con una prescripción (receta) extendida por un profesional autorizado con reconocimiento estatal para esta actividad (por ejemplo, médicos, odontólogos, podólogos, profesionales de enfermería, asistentes médicos o veterinarios). Los fármacos de venta libre (los considerados seguros para su uso sin supervisión médica, como la aspirina o ácido acetilsalicílico) están disponibles sin necesidad de prescripción médica (ver Superposición de fármacos). En los distintos países hay organismos competentes (la FDA en Estados Unidos) que deciden qué medicamentos o fármacos requieren prescripción médica y cuáles son de libre disposición.

Los suplementos dietéticos (por ejemplo, hierbas medicinales y alimentos nutracéuticos, ver Introducción a las hierbas medicinales y a los productos nutritivos medicinales (nutracéuticos)) son productos destinados a complementar la dieta. Estos productos pueden contener vitaminas, aminoácidos, minerales y hierbas u otros compuestos derivados de plantas (botánicos). Dado que los suplementos dietéticos no suelen requerir la aprobación de los organismos competentes, como ocurre en EE.UU., donde no es necesaria la aprobación de la FDA (US Food and Drug Administration), no están obligados a cumplir los protocolos de seguridad y eficacia de los fármacos (ver Acción de los fármacos: Potencia, eficacia y efectividad). Aunque dichos productos no están considerados como fármacos o medicamentos, pueden actuar sobre el organismo de un modo similar y ser causa de problemas de salud si no se usan correctamente o si se toman en grandes cantidades. Por el hecho de no estar sometidos a los protocolos de seguridad y eficacia a que están obligados legalmente los medicamentos, no pueden presentarse a los consumidores como tratamiento de patologías médicas específicas.

Nombres de los fármacos

Entender cómo se establecen los nombres de los fármacos facilita a las personas sin conocimientos específicos sobre la materia la comprensión de las etiquetas de los productos farmacéuticos. Cada fármaco tiene como mínimo tres nombres: un nombre químico, un nombre genérico (sin patente u oficial) y un nombre comercial (patentado o registrado, ver ¿Qué hay en un nombre?).

El nombre químico describe la estructura atómica o molecular del fármaco, por lo que suele ser demasiado complejo e incómodo para el uso general. Por ello, un organismo oficial asigna a cada fármaco un nombre genérico. Los nombres genéricos asignados a los fármacos de una categoría especial (clase) suelen tener la misma terminación. Por ejemplo, los nombres de todos los betabloqueantes que se utilizan para el tratamiento de trastornos tales como la hipertensión arterial terminan en «lol» (como metoprolol y propranolol).

El nombre comercial es seleccionado por la compañía farmacéutica que elabora y distribuye el fármaco. Los fármacos patentados suelen venderse bajo ese nombre comercial. Las versiones genéricas de un fármaco con nombre comercial pueden venderse con el nombre genérico después de que la patente de la compañía farmacéutica haya expirado (por ejemplo, ibuprofeno), o con el del fabricante, es decir, su propio nombre comercial (por ejemplo, Advil en Estados Unidos).

Grupos de fármacos

También resulta útil saber a qué grupo pertenece un fármaco. De manera general, los fármacos se clasifican en grupos terapéuticos, es decir, según la enfermedad o los síntomas para cuyo tratamiento se utilizan. Por ejemplo, los fármacos utilizados en el tratamiento de la hipertensión arterial se llaman antihipertensores o antihipertensivos (la hipertensión es el término médico para definir la presión arterial alta), y los fármacos utilizados para tratar las náuseas se llaman antieméticos (emesis es el término médico para referirse al vómito). Dentro de cada grupo terapéutico, los fármacos están clasificados en distintas clases. Algunas clases se establecen en función de la acción del fármaco en el organismo para lograr su efecto. Por ejemplo, los bloqueantes de los canales de calcio, los betabloqueantes y los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (IECA) son antihipertensores que actúan de distinta manera.