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Gravedad de las reacciones adversas a los fármacos

Por Joan B. Tarloff, PhD, University of the Sciences in Philadelphia

No existe una escala universal para describir o medir la gravedad de una reacción adversa a un fármaco. La evaluación es, en gran medida, subjetiva, y las reacciones suelen describirse como leves, moderadas, graves o mortales.

Las reacciones leves o de menor importancia incluyen trastornos digestivos, cefaleas, cansancio, dolores musculares imprecisos, malestar (sensación general de enfermedad o incomodidad) y alteraciones en los patrones del sueño. Sin embargo, estas reacciones pueden resultar muy angustiosas para quienes las experimentan. En consecuencia, la gente estará menos dispuesta a tomar el fármaco de acuerdo con las indicaciones, y por lo tanto es posible que no se alcancen los objetivos del tratamiento.

Las reacciones descritas como leves se consideran moderadas si la persona que las experimenta las encuentra claramente molestas, angustiosas o intolerables. Otras reacciones moderadas incluyen erupciones (en especial si son extensas y persistentes), molestias visuales (sobre todo en las personas que usan lentillas graduadas), temblor muscular, dificultad para orinar (un efecto frecuente de muchos fármacos en varones de edad avanzada), cualquier variación perceptible del estado de ánimo o de la función mental, y ciertos cambios en los componentes de la sangre, como una disminución transitoria y reversible en el número de glóbulos blancos (leucocitos) o en los niveles sanguíneos de ciertas sustancias, como la glucosa.

La aparición de reacciones adversas leves o moderadas no significa necesariamente que deba suspenderse un medicamento, sobre todo si no se dispone de una alternativa. No obstante, el médico suele reconsiderar la dosis, la frecuencia de utilización (número de dosis diarias) y el horario de las dosis (por ejemplo, antes o después de las comidas, al levantarse o al acostarse). También pueden utilizarse otros medicamentos para controlar la reacción adversa al fármaco (por ejemplo, un laxante para aliviar el estreñimiento).

Entre las reacciones graves se encuentran las que pueden ser mortales (como el fallo hepático, la arritmia cardíaca y ciertos tipos de reacciones alérgicas), las que dan lugar a una discapacidad persistente o importante, o bien a un ingreso hospitalario, y las que causan algún defecto de nacimiento. Las reacciones graves son relativamente raras. Es habitual que las personas que experimentan una reacción grave tengan que suspender la toma del fármaco y deban ser tratadas. No obstante, en ocasiones los médicos continúan administrando fármacos de alto riesgo (por ejemplo, quimioterapia para el cáncer o fármacos inmunosupresores en receptores de trasplantes de órganos). En estos casos se utilizan todos los medios posibles para controlar las reacciones adversas graves.

Las reacciones mortales son aquellas en las que una reacción a un fármaco causa, de manera directa o indirecta, la muerte. Estas reacciones suelen ser reacciones graves que no fueron detectadas a tiempo o que no respondieron al tratamiento. Las reacciones mortales pueden ser la causa de que algunos medicamentos hayan sido retirados del mercado (como la troglitazona y la terfenadina).