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Sistemas orgánicos

Por Alexandra Villa-Forte, MD, MPH, Cleveland Clinic

Aunque cada órgano del cuerpo (ver Tejidos y órganos) realiza sus funciones específicas, los órganos también funcionan juntos por grupos, a los que se denomina sistemas orgánicos (ver Principales sistemas orgánicos). Los médicos clasifican las enfermedades y sus propias especialidades médicas de acuerdo a los diferentes sistemas orgánicos, y este libro también se estructura en gran medida basándose en este concepto.

Algunos ejemplos de sistemas orgánicos y sus funciones incluyen:

El aparato digestivo (o gastrointestinal) (ver Introducción al aparato digestivo), que se extiende desde la boca hasta el ano, se encarga de recibir los alimentos, digerirlos y eliminar los residuos en las heces. El aparato digestivo no solo está formado por el estómago, el intestino delgado y el intestino grueso, que mueven y absorben los alimentos, sino que incluye también órganos asociados, como el páncreas, el hígado y la vesícula biliar, los cuales producen enzimas digestivas, eliminan las toxinas y almacenan las sustancias necesarias para la digestión.

El aparato cardiovascular o sistema cardiovascular (ver Corazón) incluye el corazón (cardio) y los vasos sanguíneos (vascular). Este sistema es el encargado del bombeo y de la circulación de la sangre.

El sistema musculoesquelético (ver Introducción a la biología del sistema musculoesquelético) está formado por los huesos, los músculos, los ligamentos, los tendones y las articulaciones, que sostienen el cuerpo y permiten su movilidad.

Principales sistemas orgánicos

Sistema

Órganos

Algunas funciones principales del sistema

Aparato cardiovascular

  • Corazón

  • Vasos sanguíneos (arterias, capilares, venas)

Bombea la sangre de forma que circula por todo el cuerpo

Respiratorio

  • Nariz

  • Boca

  • Faringe

  • Laringe

  • Tráquea

  • Bronquios

  • Pulmones

Añade oxígeno a la sangre (y elimina el dióxido de carbono de la sangre)

Nervioso

  • Cerebro

  • Médula espinal

  • Nervios (tanto los que transportan impulsos hacia el cerebro como los que transportan impulsos desde el cerebro a los músculos y órganos)

Dirige las acciones corporales voluntarias (y muchas de las acciones automáticas)

Permite el pensamiento, la conciencia de sí mismo, y las emociones

Piel

  • Piel (la superficie que generalmente se considera como piel y las estructuras subyacentes de tejido conjuntivo: grasa, glándulas y vasos sanguíneos)

Proporciona una barrera de protección entre el interior corporal y el ambiente externo

Musculoesquelético

  • Músculos

  • Tendones y ligamentos

  • Huesos

  • Articulaciones

Proporciona la estructura y permite el movimiento del cuerpo

Sangre

  • Glóbulos rojos (eritrocitos), glóbulos blancos (leucocitos) y plaquetas

  • Plasma (parte líquida de la sangre)

  • Médula ósea (donde se producen las células sanguíneas)

  • Bazo

  • Timo

Transporta el oxígeno y los nutrientes a todas las células del cuerpo (y elimina el dióxido de carbono y los productos de desecho)

Digestivo

  • Boca

  • Esófago

  • Estómago

  • Intestino delgado

  • Intestino grueso

  • Recto

  • Ano

  • Hígado

  • Vesícula biliar

  • Páncreas (la parte que produce las enzimas)

  • Apéndice

Extrae los nutrientes de los alimentos

Excreta los productos de desecho fuera del cuerpo

Endocrino

  • Glándula tiroidea

  • Glándula paratiroidea

  • Glándulas suprarrenales

  • Hipófisis

  • Páncreas (la parte que produce la insulina y otras hormonas)

  • Estómago (las células que producen gastrina)

  • Glándula pineal

  • Ovarios

  • Testículos

Produce mensajeros químicos que se transportan en la sangre y dirigen las actividades de los diferentes órganos y sistemas

Urinario

  • Riñón

  • Uréter

  • Vejiga

  • Uretra

Filtra los productos de desecho de la sangre

Reproductor masculino

  • Pene

  • Próstata

  • Vesículas seminales

  • Vasos deferentes

  • Testículos

Permite la reproducción

Reproductor femenino

  • Vagina

  • Cuello uterino

  • Útero

  • Trompas de Falopio

  • Ovarios

Permite la reproducción

Sistemas orgánicos que trabajan juntos

Los sistemas orgánicos a menudo trabajan juntos para realizar tareas complicadas. Por ejemplo, después de una comida copiosa, varios sistemas orgánicos trabajan de forma conjunta para ayudar al sistema digestivo a obtener más sangre para realizar sus funciones. El sistema digestivo recurre a la ayuda del sistema cardiovascular y del sistema nervioso (ver Introducción al sistema nervioso). En este caso, los vasos sanguíneos del aparato digestivo se dilatan para transportar más sangre. Se envían impulsos nerviosos al cerebro indicándole que la actividad digestiva ha aumentado. Es más, el aparato digestivo estimula de forma directa el corazón mediante impulsos nerviosos y sustancias químicas liberadas en el torrente sanguíneo. El corazón responde con una mayor irrigación sanguínea. El cerebro responde al percibir menos hambre, más plenitud, y menos interés en la actividad física vigorosa (sistema músculo-esquelético), lo que conserva más sangre para que sea utilizada por el sistema digestivo en lugar de por los músculos esqueléticos.

La comunicación entre órganos y sistemas es fundamental, ya que permite regular el funcionamiento de cada órgano de acuerdo con las necesidades generales del organismo. En el ejemplo anterior, el corazón tiene que saber cuando los órganos digestivos necesitan más sangre para que pueda bombear más. Cuando el corazón sabe que el cuerpo está en reposo, puede bombear menos. Los riñones (ver Riñones) deben recibir la información necesaria para saber cuándo existe un exceso de líquido en el organismo, para producir más orina, o cuándo el organismo está deshidratado, para que puedan retener el agua.

Homeostasis es el término utilizado para describir cómo el cuerpo mantiene su composición y funciones normales. Dado que los sistemas de órganos se comunican entre sí, el cuerpo es capaz de mantener estables la composición de los fluidos y las sustancias internas. Además, los órganos no trabajan ni en exceso ni en defecto y cada uno facilita las funciones de los demás.

La comunicación necesaria para mantener la homeostasis tiene lugar a través del sistema nervioso autónomo y del sistema endocrino. La transmisión se lleva a cabo mediante productos químicos especiales llamados transmisores.

El sistema nervioso autónomo (ver Introducción al sistema nervioso autónomo) controla en gran parte la compleja red de comunicación que regula las funciones corporales. Esta parte del sistema nervioso funciona sin que la persona tenga conciencia de ello y sin que se perciba una señal evidente de que está trabajando. Los transmisores denominados neurotransmisores conducen mensajes entre diferentes partes del sistema nervioso, y entre el sistema nervioso y otros órganos.

El sistema endocrino (ver Glándulas endocrinas) consta de varias glándulas que producen transmisores llamados hormonas. Las hormonas viajan a otros órganos a través del torrente sanguíneo y regulan la función de esos órganos. Por ejemplo, la glándula tiroidea produce la hormona tiroidea, que controla el ritmo metabólico (la velocidad a la cual se llevan a cabo los procesos químicos del organismo). El páncreas produce la insulina, que controla la utilización del azúcar.

Uno de los transmisores más conocidos es la hormona epinefrina (adrenalina). Cuando alguien se encuentra de repente ante una situación de estrés o de miedo, el cerebro envía de inmediato un mensaje a las glándulas suprarrenales para que liberen rápidamente la adrenalina. En determinados momentos, esta sustancia química pone al organismo en estado de alerta, una respuesta que suele conocerse como respuesta de lucha o huida. El corazón late más rápido e intensamente, las pupilas se dilatan para recibir más luz, la respiración se acelera y la actividad del aparato digestivo disminuye para que llegue más sangre a los músculos. Este efecto tiene lugar de manera rápida e intensa.

Otras comunicaciones químicas son menos espectaculares pero igualmente eficaces. A modo de ejemplo, cuando el cuerpo se deshidrata necesita más agua, se reduce el volumen de sangre que circula por el sistema cardiovascular. Esta disminución del volumen sanguíneo la perciben los receptores de las arterias del cuello, que responden enviando impulsos a través de los nervios hacia la hipófisis (glándula pituitaria), una glándula situada en la base del cerebro que, en ese caso, produce la hormona antidiurética. Esta hormona estimula a su vez los riñones, para que estos disminuyan la producción de orina y retengan más agua. Simultáneamente, el cerebro percibe la sensación de sed y estimula a la persona para que ingiera líquidos.

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