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Transcurso de la agonía

Por Elizabeth L. Cobbs, MD, George Washington University;Washington DC Veterans Administration Medical Center ; Karen Blackstone, MD, George Washington University;Washington DC Veterans Administration Medical Center ; Joanne Lynn, MD, MA, MS

El pronóstico es una predicción de la evolución y del probable desenlace de una enfermedad o de la probabilidad de recuperarse de esta. Se suele pensar que el médico sabe y puede predecir cuánto tiempo vivirá una persona enferma pero que se reserva esta información y no la comparte con los afectados. La verdad es que, en general, nadie sabe cuándo morirá exactamente un enfermo. Los familiares no deben exigir predicciones exactas ni confiar ciegamente en ellas, en caso de que alguien las haga. Las predicciones que intentan ser exactas suelen ser erróneas, porque el tiempo que una persona puede vivir con una enfermedad es muy variable. Algunas veces, una persona muy enferma vive aún meses o años, mucho más de lo que parecía posible. Sin embargo, otra persona en la misma situación puede morir rápidamente. Si el enfermo quiere estar acompañado por alguien en particular en el momento de la muerte, habrá que hacer las previsiones necesarias para acomodarse a ese deseo pensando en un tiempo indefinido. Pese a todo, a veces es inevitable tener que hacer un pronóstico sobre el fallecimiento de alguien a causa de una enfermedad. Por ejemplo, al tramitar el ingreso del paciente en un centro de cuidados paliativos, suele pedirse un pronóstico médico inferior a seis meses de vida.

En vez de preguntar al médico «¿cuánto tiempo me queda?» o «¿puedo morir en un plazo de seis meses?», debería preguntarse al médico sobre el promedio de supervivencia, es decir, la cantidad de tiempo máxima y mínima que se espera que viva una persona con una enfermedad similar. Para predecir cuándo es probable que se produzca la muerte, siendo la enfermedad en cuestión grave y con expectativas de empeoramiento, los médicos se basan en si el afectado se encuentra lo suficientemente enfermo como para que no fuera sorprendente que la muerte se produjera en menos de un año. Si es así, la muerte puede ocurrir pronto. En tal caso, el afectado puede comenzar a prepararse para la posibilidad de un empeoramiento de salud e incluso la muerte, de modo que pueda planificar el tiempo de vida que le queda de la manera más plena y confortable posible.

¿Sabías que...?

  • Generalmente, los médicos no pueden predecir con exactitud cuánto tiempo vivirá una persona enferma.

  • Los médicos pueden ayudar más si dan unos límites razonables de la expectativa de vida en el mejor y el peor de los casos, de modo que se eviten las sorpresas dentro de lo posible.

A veces, los médicos dan esperanzas describiendo recuperaciones extraordinarias sin mencionar al mismo tiempo la altísima probabilidad de que la mayoría de las personas que padecen estas enfermedades graves mueran mucho antes. Las personas gravemente enfermas y sus familiares acaban considerando que esta «esperanza» les ha resultado desorientadora y desalentadora. En lugar de esto, las personas enfermas y sus familiares tienen derecho a recibir la información más completa disponible y el pronóstico más realista posible. No obstante, tal vez tengan que manifestar claramente su preferencia por una información de este tipo en lugar de una versión o un informe excesivamente optimista.

Los síntomas evolucionan de modo distinto en enfermedades distintas. En el caso de un afectado por un cáncer terminal, la energía, el funcionamiento y el bienestar disminuyen de modo significativo, por lo general, uno o dos meses antes de la muerte. Durante este último periodo, el afectado está visiblemente desmejorado y la proximidad de la muerte es evidente para todos. Otras enfermedades, como la enfermedad de Alzheimer, la insuficiencia hepática y la insuficiencia renal pueden llevar a un proceso más gradual de desmejoramiento desde el principio, pero a veces con un ritmo impredecible. La cardiopatía grave y las enfermedades pulmonares obstructivas crónicas causan también un desmejoramiento continuo, pero con episodios de grave empeoramiento. A estos episodios les suele seguir alguna mejoría, pero la muerte suele producirse tras un empeoramiento que se desarrolla al cabo de pocos días de permanecer estable.

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