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Antibióticos

Por Matthew E. Levison, MD, Adjunct Professor of Medicine;Professor School of Public Health, Drexel University College of Medicine;Drexel University

  • Aunque los médicos intentan utilizar antibióticos para infecciones bacterianas específicas, a veces empiezan el tratamiento antibiótico sin esperar a tener los resultados de las pruebas que permitan identificar la bacteria específica.

  • Las bacterias pueden desarrollar resistencia a los efectos de los antibióticos.

  • Para curar la infección y para evitar el desarrollo de resistencia en la bacteria causante es esencial seguir el tratamiento antibiótico de acuerdo con la prescripción médica, incluso después de la desaparición de los síntomas.

  • Los antibióticos pueden tener efectos secundarios, tales como malestar estomacal, diarrea y, en las mujeres, candidiasis vaginal.

  • Algunas personas son alérgicas a determinados antibióticos.

Los antibióticos (antibacterianos) son fármacos derivados, por completo o en parte, de bacterias o mohos, y se utilizan para tratar infecciones bacterianas. Son ineficaces contra las infecciones víricas y las micosis. Los antibióticos acaban con los microorganismos o detienen su reproducción, facilitando su eliminación por parte de las defensas naturales del organismo.

Elección de un antibiótico

Cada antibiótico es eficaz solo frente a determinadas bacterias: en el proceso de selección del antibiótico para el tratamiento de una infección, el médico debe determinar cuál es la bacteria responsable del proceso. Por ejemplo, algunas infecciones solo pueden estar producidas por ciertos tipos de bacterias. Si existe un antibiótico con eficacia probable frente a todas esas bacterias, no es necesario realizar más pruebas. En las infecciones causadas por diferentes tipos de bacterias, o por bacterias en las que la acción de los antibióticos no sea predecible, deben solicitarse pruebas de laboratorio para identificarlas en muestras de sangre, de orina o de tejido obtenidos de la persona afectada por la infección (ver Diagnóstico de las enfermedades infecciosas). Se realizan pruebas con las bacterias infecciosas para determinar su sensibilidad a diversos antibióticos; dado que tales pruebas suelen tardar 1 día o 2 en proporcionar resultados, no sirven para orientar la elección inicial del antibiótico.

Los antibióticos eficaces en el laboratorio no necesariamente funcionan en el organismo de una persona infectada. La efectividad del tratamiento depende de la calidad de la absorción del fármaco en el torrente sanguíneo, la cantidad de fármaco que alcanza los puntos de infección en el organismo y la velocidad de eliminación del medicamento. Estos factores varían en cada individuo, según los otros fármacos que esté tomando, otras enfermedades que padezca y la edad. En el proceso de selección del antibiótico, el médico también considera la naturaleza y la gravedad de la infección, las posibles reacciones adversas, la posibilidad de que aparezcan alergias u otras reacciones graves al fármaco y el coste del tratamiento.

A veces se requiere utilizar combinaciones de antibióticos para tratar las siguientes afecciones:

  • Infecciones graves, en especial durante los primeros días, cuando aún se desconoce la sensibilidad de la bacteria a los antibióticos

  • Ciertas infecciones en las que la bacteria ofrece rápidamente resistencia a un solo antibiótico

  • Las infecciones causadas por más de un tipo de bacteria, cuando cada bacteria es sensible a un antibiótico distinto

Antibióticos

Fármaco

Indicaciones frecuentes

Algunos efectos secundarios

Aminoglucósidos

Amikacina

Gentamicina

Kanamicina

Neomicina

Netilmicina

Estreptomicina

Tobramicina

Infecciones causadas por bacterias gramnegativas, como las especies Escherichia coli y Klebsiella

Pérdida de audición

Mareos

Lesión renal

Fármacos carbapenémicos

Ertapenem

Doripenem

Imipenem-cilastatina

Meropenem

Gangrena, septicemia, neumonía, dolor abdominal e infecciones urinarias,

infecciones debidas a bacterias vulnerables resistentes a otros antibióticos, y (excepto para ertapenem) infecciones por Pseudomonas

Convulsiones (especialmente con imipenem)

Confusión

Cefalosporinas de 1ª generación

Cefadroxilo

Cefazolina

Cefalexina

Principalmente infecciones cutáneas y de tejidos blandos

Molestias gastrointestinales y diarrea

Náuseas

Reacciones alérgicas

Cefalosporinas de 2ª generación

Cefaclor

Cefoxitina

Cefprozilo

Cefuroxima

Loracarbef

Algunas infecciones respiratorias y, en cuanto a la cefoxitina, infecciones abdominales

Molestias gastrointestinales y diarrea

Náuseas

Reacciones alérgicas

Cefalosporinas de 3ª generación

Cefdinir

Cefditoren

Cefixima

Cefoperazona

Cefotaxima

Cefpodoxima

Ceftazidima

Ceftibuteno

Ceftizoxima

Ceftriaxona

Administradas por vía oral: amplia cobertura de una gran cantidad de bacterias, para personas con infección de leve a moderada, incluidas las infecciones cutáneas y de tejidos blandos

Administrada como inyección: infecciones graves (como la meningitis o las infecciones intrahospitalarias)

Molestias gastrointestinales y diarrea

Náuseas

Reacciones alérgicas

Cefalosporinas de 4ª generación

Cefepima

Infecciones graves (incluidas las infecciones por Pseudomonas), en especial en personas con el sistema inmunitario debilitado e infecciones causadas por bacterias vulnerables que sean resistentes a otros antibióticos

Molestias gastrointestinales y diarrea

Náuseas

Reacciones alérgicas

Cefalosporinas de 5ª generación

Ceftobiprol

Infecciones de la piel con complicaciones (incluyendo las infecciones del pie diabético) causadas por bacterias vulnerables, como Escherichia coli, Pseudomonas aeruginosa y Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (SARM)

Fluoroquinolonas

Ciprofloxacino

Levofloxacino

Lomefloxacino

Moxifloxacino

Norfloxacino

Ofloxacino

Trovafloxacino

Septicemia, infecciones de las vías urinarias, prostatitis bacteriana, diarrea bacteriana y gonorrea

Náuseas (poco frecuentes)

Nerviosismo, temblores, convulsiones

Entumecimiento y hormigueo en manos y pies (neuropatía periférica)

Inflamación o rotura de tendones

Ritmos cardíacos anómalos (arritmias)

Diarrea e inflamación del colon (colitis) asociadas al antibiótico

Con trovafloxacino, en algún caso lesión hepática potencialmente mortal

Glicilciclina

Tigeciclina

Infecciones abdominales y de la piel con complicaciones, causadas por bacterias vulnerables, como Escherichia coli, Staphylococcus aureus (incluso las resistentes a la meticilina) y anaerobias

Malestar gastrointestinal

Sensibilidad a la luz solar

Manchas dentales permanentes en el feto si se usa en el embarazo avanzado o en niños menores de 8 años

Macrólidos

Azitromicina

Claritromicina

Diritromicina

Eritromicina

Troleandomicina

Infecciones estreptocócicas, sífilis, infecciones respiratorias, infecciones por micoplasmas, enfermedad de Lyme

Náuseas, vómitos, y diarrea (especialmente a dosis altas)

Ictericia

Arritmias cardíacas

Monobactam

Aztreonam

Infecciones causadas por bacterias gram negativas

Reacciones alérgicas

Puede usarse en pacientes alérgicos a antibióticos como penicilinas, cefalosporinas y fármacos carbapenémicos

Penicilinas

Amoxicilina

Ampicilina

Carbenicilina

Cloxacilina

Dicloxacilina

Nafcilina

Oxacilina

Penicilina G

Penicilina V

Piperacilina

Ticarcilina

Amplia variedad de infecciones, incluidas las estreptocócicas, la sífilis y la enfermedad de Lyme

Náuseas, vómitos y diarrea

Alergia con reacciones anafilácticas graves

Lesión cerebral y renal (poco frecuentes)

Polipéptidos*

Bacitracina

Colistina

Polimixina B

Infecciones de oídos, ojos, piel o vejiga

Por lo general se aplican directamente a la piel y, en raras ocasiones, mediante inyección

Lesión renal y nerviosa (cuando se aplican en inyectable)

Sulfamidas

Mafenida

Sulfacetamida

Sulfametizol

Sulfasalazina

Sulfisoxazol

Trimetoprima-sulfametoxazol

Infecciones de las vías urinarias (excepto sulfasalazina, sulfacetamida y mafenida)

En cuanto a la mafenida, uso exclusivamente tópico para quemaduras

Náuseas, vómitos y diarrea

Alergia (incluidas erupciones cutáneas)

Cristales en la orina (poco frecuente)

Disminución del número de glóbulos blancos (leucocitos) y plaquetas (trombocitos)

Sensibilidad a la luz solar

Si se usa con warfarina, posible augmento de la propensión hemorrágica

Tetraciclinas

Demeclociclina

Doxiciclina

Minociclina

Oxitetraciclina

Tetraciclina

Sífilis, infecciones por clamidia, enfermedad de Lyme, infecciones por micoplasma, infecciones por rickettsias (rickettsiosis)

Malestar gastrointestinal

Sensibilidad a la luz solar

Manchas dentales permanentes en el feto si se usa en el embarazo avanzado o en niños menores de 8 años

Antibióticos varios

Cloranfenicol

Fiebre tifoidea, otras infecciones por salmonela y meningitis

Disminución grave de la cantidad de glóbulos blancos (poco frecuente)

Clindamicina

Infecciones estreptocócicas y estafilocócicas, infecciones respiratorias, absceso pulmonar

Diarrea e inflamación del colon (colitis) asociadas al antibiótico

Daptomicina

Infecciones de la piel (dermatitis) con complicaciones, infecciones del torrente sanguíneo y ciertas infecciones de válvulas cardíacas (endocarditis), incluso las causadas por Staphylococcus aureus resistentes a la meticilina

No se utiliza si la infección afecta a los pulmones

Malestar gastrointestinal

Dolor muscular y debilidad

Etambutol

Tuberculosis

Trastornos de la visión

Fosfomicina

Infecciones de la vejiga

Diarrea

Isoniazida

Tuberculosis

Náuseas y vómitos

Ictericia

Linezolida

Infecciones graves causadas por bacterias grampositivas resistentes a otros muchos antibióticos

Náuseas

Cefaleas

Diarrea

Anemia y baja cantidad de glóbulos blancos (leucocitos) y plaquetas (trombocitos)

Entumecimiento y hormigueo en manos y pies (neuropatía periférica)

Alteraciones visuales

Confusión, agitación, temblores o coma en algunas personas que también utilizan inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina

Metronidazol

Vaginitis causada por Trichomonas o Gardnerella, e infecciones pélvicas y abdominales

Náuseas

Cefalea (especialmente si el fármaco se toma con alcohol)

Sabor metálico

Entumecimiento y hormigueo en manos y pies (neuropatía periférica)

Coluria (orina turbia)

Nitrofurantoína

Infecciones de las vías urinarias

Náuseas y vómitos

Alergia

Pirazinamida

Tuberculosis

Disfunción hepática

Gota (esporádicamente)

Quinupristina-dalfopristina

Infecciones graves causadas por bacterias grampositivas resistentes a otros antibióticos

Dolor en los músculos y articulaciones

Rifampicina

Tuberculosis y lepra

Erupción

Disfunción hepática

Coloración rojo-naranja de la saliva, el sudor, las lágrimas y la orina

Espectinomicina

Gonorrea

Alergia

Fiebre

Telitromicina

Neumonía adquirida en la comunidad, de leve a moderada

Alteraciones visuales

Lesión hepática (potencialmente mortal)

Empeoramiento de los síntomas en personas con miastenia grave (potencialmente mortal)

Vancomicina

Infecciones graves, especialmente las debidas a SARM, Enterococcus o bacterias resistentes a otros antibióticos

Rubor, prurito

Reacciones alérgicas

Disminución del número de glóbulos blancos (leucocitos) y plaquetas (trombocitos)

*Por lo general, los antibióticos polipeptídicos se aplican directamente en la piel o los ojos, y solo se administran mediante inyección en contadas ocasiones.

Resistencia a los antibióticos

Las bacterias, al igual que el resto de seres vivos, sufren modificaciones a lo largo del tiempo en respuesta a los cambios ambientales. A causa del uso generalizado y abusivo que se ha hecho de los antibióticos, las bacterias están expuestas a dichos fármacos de forma constante, y aunque muchas de ellas mueren tras exponerse a los antibióticos, algunas presentan resistencia a sus efectos farmacológicos (ver Resistencia a los antibióticos). Por ejemplo, hace cincuenta años, Staphylococcus aureus (una causa frecuente de infecciones cutáneas) era muy sensible a la penicilina. Pero con el paso del tiempo, algunas cepas de esta bacteria desarrollaron una enzima capaz de descomponer la penicilina, lo que anula la eficacia del fármaco. Algunos investigadores desarrollaron una nueva forma de penicilina que la enzima no podía descomponer, pero al cabo de pocos años las bacterias se adaptaron y se volvieron resistentes incluso a esta penicilina modificada. Otras bacterias también han desarrollado resistencia a los antibióticos.

La investigación médica continúa trabajando en el desarrollo de fármacos para combatir las bacterias, pero los pacientes y los médicos pueden contribuir a evitar el desarrollo de resistencias en las bacterias. Una de las formas de hacerlo consiste en tomar los antibióticos solo cuando es necesario. Es decir, solo deben tomar antibióticos en caso de infecciones bacterianas, no para las de origen vírico, como el resfriado o la gripe. Para reducir el desarrollo de resistencia también es conveniente tomar los antibióticos durante todo el tiempo prescrito.

Toma de antibióticos

En las infecciones bacterianas graves, los antibióticos suelen administrarse inicialmente mediante inyección (generalmente intravenosa, aunque a veces intramuscular). Una vez controlada la infección, se pueden tomar por vía oral. Las infecciones de menor gravedad se tratan desde el principio con antibióticos por vía oral.

Los antibióticos deben tomarse hasta que las bacterias causantes de la infección hayan sido eliminadas del organismo, lo que puede requerir la continuación del tratamiento durante varios días después de la desaparición de los síntomas; así, se deben tomar los antibióticos durante todo el tiempo prescrito, tanto si los síntomas persisten como si han desaparecido. Es poco frecuente que se suministren antibióticos durante menos de 5 días. (Ciertas infecciones sin complicaciones del tracto urinario son una excepción). Una interrupción demasiado precoz del tratamiento da como resultado una recidiva de la infección o la aparición de bacterias resistentes al antibiótico.

¿Sabías que...?

  • Si la causa de la infección es un virus, tomar antibióticos es inútil y puede contribuir a la aparición de resistencia en las bacterias.

El personal médico, de enfermería o farmacéutico puede explicar cómo se debe tomar el antibiótico prescrito y cuáles son los posibles efectos secundarios. Algunos antibióticos deben tomarse en ayunas; otros pueden tomarse con comida. El metronidazol, un antibiótico de uso habitual, provoca una reacción desagradable si se toma con alcohol. Algunos antibióticos también pueden interaccionar con otros fármacos que la persona esté tomando, posiblemente reduciendo su efectividad o aumentando los efectos secundarios del antibiótico o de los otros fármacos. Algunos antibióticos producen sensibilidad de la piel a la luz solar.

Los antibióticos se utilizan a veces para prevenir infecciones (profilaxis). Por ejemplo, se usan para prevenir la meningitis en las personas que han estado en contacto con alguien que la haya padecido. Algunas personas con válvulas cardíacas anómalas o artificiales deben tomar antibióticos antes de someterse a procedimientos dentales o quirúrgicos para evitar que las bacterias infecten las válvulas dañadas o artificiales (ya que tales intervenciones permiten que la bacteria penetre en el organismo). Las personas que vayan a ser sometidas a cirugía con gran riesgo de introducción de una infección (como la cirugía mayor ortopédica o intestinal) pueden tomar antibióticos inmediatamente antes de la operación. Para que sea eficaz y evitar la aparición de resistencia de la bacteria al antibiótico, la terapia profiláctica se usa solo durante un breve periodo. La profilaxis con antibióticos también se administra a personas con un sistema inmunitario deficiente, como las que padecen leucemia, reciben quimioterapia contra un cáncer o tienen el sida, porque estas personas son particularmente propensas a las infecciones graves. Pueden necesitar tomar antibióticos durante mucho tiempo.

Tratamiento antibiótico a domicilio

Por lo general, los antibióticos se administran por vía oral y la duración del tratamiento no supone ningún problema. Sin embargo, el tratamiento de algunas infecciones, como las que afectan al hueso (osteomielitis) o al corazón (endocarditis) requieren la administración de antibióticos por vía intravenosa durante mucho tiempo, a menudo entre 4 y 6 semanas. Si la persona no padece otros trastornos que requieran hospitalización y se siente relativamente bien, se le puede administrar el antibiótico por vía intravenosa en casa. Cuando los antibióticos deben ser administrados durante largo tiempo, los pequeños catéteres intravenosos (iv) que se introducen en algunas venas del brazo o de la mano (como los que se usan en la mayoría de los procedimientos rutinarios en el hospital) no son adecuados; estos catéteres no duran más de 3 días. En vez de eso, se introduce en una vena central un tipo especial de catéter intravenoso, habitualmente en cuello o en el tórax.

Algunos dispositivos para la infusión de antibióticos son lo bastante sencillos como para que la persona y sus familiares aprendan a manejarlos por sí mismas. En otros casos, será necesario que una enfermera acuda al domicilio del paciente para administrarle cada dosis. En cualquier caso, se requiere una supervisión cuidadosa para garantizar la administración correcta del antibiótico y monitorizar la aparición de posibles complicaciones y efectos secundarios.

Si el antibiótico se administra en el domicilio a través de un catéter intravenoso, aumenta el riesgo de contraer una infección en el punto de inserción del catéter y en el torrente sanguíneo. La aparición de dolor, enrojecimiento y pus en el punto de inserción del catéter, o bien escalofríos y fiebre (incluso si no aparecen problemas en el punto de inserción) son indicios de una posible infección relacionada con el catéter.

Efectos secundarios y reacciones alérgicas

Los efectos secundarios más frecuentes de los antibióticos incluyen molestias gástricas, diarrea y, en las mujeres, candidiasis vaginal. Algunas reacciones adversas son más graves y, dependiendo del antibiótico, alteran la función de los riñones, el hígado, la médula ósea u otros órganos. A veces, para detectar estos efectos en la función renal y de otros órganos se realizan análisis de sangre.

Algunas personas que toman antibióticos, especialmente cefalosporinas, clindamicina y fluoroquinolonas sufren colitis, una inflamación del intestino grueso. Este tipo de colitis aparece como consecuencia de una toxina producida por la bacteria Clostridium difficile, que es resistente a muchos antibióticos y que crece de forma incontrolada en el intestino cuando otras bacterias presentes habitualmente en dicho órgano son destruidas por los antibióticos (ver Colitis por Clostridium difficile).

Los antibióticos también causan reacciones alérgicas. Las reacciones alérgicas leves consisten en la aparición de una erupción con prurito o una ligera sibilancia al respirar. Las reacciones alérgicas graves (anafilaxia) pueden ser mortales y suelen incluir síntomas como inflamación de la garganta, dificultad para respirar y disminución de la presión arterial.

Muchas personas comunican a su médico que son alérgicas a un antibiótico, cuando en realidad tan solo han experimentado algún efecto secundario no relacionado con una alergia. La distinción es importante porque a los pacientes alérgicos a un antibiótico no se les debe administrar dicho fármaco ni ninguno de los estrechamente relacionados con él. Sin embargo, quienes hayan experimentado leves reacciones adversas pueden, por lo general, seguir tomando fármacos relacionados o incluso continuar con el mismo medicamento. El médico determinará la trascendencia de cualquier reacción desagradable producida por un antibiótico.

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