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Actinomicosis

Por Larry M. Bush, MD, Affiliated Associate Professor of Medicine;Affiliated Professor of Biomedical Sciences, University of Miami-Miller School of Medicine;Charles E. Schmidt College of Medicine, Florida Atlantic University

La actinomicosis es una infección crónica causada principalmente por Actinomyces israelii, una bacteria anaerobia presente en el esmalte dental, las encías, las amígdalas y las membranas que revisten los intestinos y la vagina.

  • La infección solo se produce cuando el tejido se rompe, permitiendo a las bacterias entrar en los tejidos más profundos.

  • Los abscesos formados en diversas áreas, tales como el intestino o la cara, provocan dolor, fiebre y otros síntomas.

  • Los síntomas sugieren el diagnóstico, y los médicos lo confirman mediante la identificación de las bacterias en una muestra de tejido infectado.

  • Se vacían y limpian los abcesos y se administran antibióticos.

  • Con un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado, la mayoría de las personas se recuperan completamente.

Estas bacterias causan una infección solo cuando se rompe la superficie del tejido en el que residen, lo que les permite penetrar en los tejidos más profundos, que no tienen defensas contra ellas. A medida que la infección se disemina, se van formando tejido cicatricial y canales anómalos (llamados fístulas o tractos). Después de meses o años, las fístulas pueden finalmente llegar a la piel y permitir de esta forma drenar el pus. Las acumulaciones de pus (abscesos) se pueden desarrollar en el pecho, el abdomen, la cara o el cuello.

Afecta más a varones adultos, pero la actinomicosis a veces aparece en las mujeres que usan un dispositivo intrauterino (DIU).

Síntomas de la actinomicosis

La actinomicosis tiene distintas formas, y todas causan abscesos.

Abdominal

La bacteria infecta el intestino, por lo general la zona más próxima al apéndice, y el revestimiento de la cavidad abdominal (peritoneo). Los síntomas más frecuentes son dolor abdominal crónico, fiebre, vómitos, diarrea o estreñimiento y pérdida grave de peso. Se forman fístulas desde el interior del abdomen hasta la piel que lo recubre, y entre el intestino y otros órganos.

Pélvico

La bacteria se propaga al útero, generalmente desde un DIU implantado años atrás. Se forman abscesos y tejido cicatricial en las trompas de Falopio, los ovarios y otros órganos cercanos, como la vejiga y los uréteres; pueden formarse fístulas entre estos órganos.

Los síntomas incluyen dolor abdominal o pélvico crónico, fiebre, pérdida de peso y hemorragia y secreción vaginales.

Cervicofacial

Por lo general, se desarrollan unas inflamaciones pequeñas y duras, a veces dolorosas, en la boca y en la cara, en el cuello o en la piel debajo de la mandíbula (mandíbula abultada). Estas inflamaciones pueden ablandarse y secretar pus, que contiene pequeños gránulos, de forma redonda y de color amarillento. La infección puede extenderse a las mejillas, la lengua, la garganta, las glándulas salivales, el cráneo, las vértebras cervicales y los huesos faciales, el encéfalo y el espacio dentro de los tejidos que lo recubren (meninges).

Torácica

Esta forma afecta el pecho (tórax). Los afectados tienen dolor torácico crónico y fiebre; pierden peso, tienen tos, y a veces generan esputo. Las personas probablemente se infectan al inhalar sus propios fluidos bucales, que contienen bacterias.

Se forman abscesos en los pulmones y finalmente se extienden a la membrana existente entre los pulmones y la pared torácica (pleura). Allí, la irritación causa abscesos (pleuritis) y acumulaciones de líquido infectado (llamadas empiema). Se pueden formar fístulas, lo que permite que la infección se propague a las costillas, la piel del tórax y la columna vertebral.

Generalizadas

En raras ocasiones, las bacterias son transportadas por el torrente sanguíneo infectando otros órganos, como el cerebro, la columna vertebral, los pulmones, el hígado, los riñones y las válvulas del corazón. En las mujeres, los órganos reproductores pueden estar infectados.

Los síntomas varían en función de los órganos afectados. Por ejemplo, pueden consistir en dolor de cabeza (cefalea), dolor de espalda o dolor abdominal.

Diagnóstico de la actinomicosis

  • Examen y cultivo de una muestra de esputo, pus o tejido

  • A veces, pruebas de diagnóstico por la imagen

Los médicos sospechan la existencia de esta infección en personas que tienen los síntomas característicos. En esos casos, se toman muestras de pus o de tejidos para analizarlos y comprobar la presencia de Actinomyces israelii. A menudo, se inserta una aguja a través de la piel para tomar una muestra de un absceso o tejido infectado. A veces, se usan la tomografía computarizada (TC) o la ecografía para ayudar a los médicos a introducir la aguja en la zona infectada. En algunos casos es necesaria cirugía para extraer una muestra. La muestra se examina al microscopio y se envía al laboratorio, donde puede realizarse (en caso de que las bacterias estén presentes) un cultivo bacteriano.

La identificación de las bacterias en la muestra de esputo, pus o tejido confirma el diagnóstico.

A veces se llevan a cabo pruebas de diagnóstico por la imagen (radiografía o TAC) para determinar el número, tamaño y ubicación exacta de los abscesos.

Tratamiento de la actinomicosis

  • Vaciado de los abscesos

  • Antibióticos

El tratamiento consiste en:

  • Vaciar los abscesos con una aguja (generalmente introducida a través de la piel) o mediante cirugía.

  • Administración de dosis elevadas de antibióticos.

Los antibióticos como la penicilina o la tetraciclina se deben tomar por lo menos durante 2 meses y pueden ser necesarios durante más de 12 meses.

Se puede utilizar la tomografía computarizada (TC) o la resonancia magnética nuclear (RMN) para determinar si los abscesos van desapareciendo. Puede ser necesaria la cirugía, sobre todo si la infección afecta áreas críticas, como la columna vertebral.

Si la actinomicosis se diagnostica de modo precoz y se trata adecuadamente, la mayoría de las personas se recuperan por completo. La recuperación está relacionada con las partes del cuerpo que se ven afectadas. La recuperación es mejor cuando sólo se ven afectados la cara y el cuello y peor cuando la infección se generaliza, especialmente si afecta al encéfalo.