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Amebiasis (amebosis)

(Amebiasis)

Por Richard D. Pearson, MD, Emeritus Professor of Medicine, University of Virginia School of Medicine

La amebiasis es una infección del intestino grueso y algunas veces del hígado y otros órganos, causada por el parásito protozoico unicelular Entamoeba histolytica, una ameba.

  • Las amebas pueden propagarse de persona a persona o a través de los alimentos o del agua.

  • Las personas afectadas pueden no tener síntomas o bien desarrollar diarrea, estreñimiento, dolor abdominal de tipo cólico, dolor al tacto en la parte alta del abdomen y fiebre.

  • Los médicos basan el diagnóstico en el análisis de una muestra de heces y, si es necesario, en otras pruebas, como colonoscopias o ecografías y análisis de sangre.

  • A las personas afectadas se les administra un fármaco que elimina las amebas, y a continuación uno que elimina la forma inactiva (latente) de las amebas en el intestino grueso.

La amebiasis tiende a producirse en zonas donde las condiciones sanitarias son inadecuadas. La mayoría de las infecciones ocurren en algunas zonas de África, el subcontinente indio y partes de América Central y América del Sur. En Estados Unidos, es más probable que aparezca en personas inmigrantes y, con menor frecuencia, en personas que hayan viajado a países en vías de desarrollo.

Entamoeba histolytica existe en dos formas:

  • Un parásito activo (trofozoíto)

  • Un parásito en estado latente (quiste)

Transmisión de la amebiasis

La infección comienza cuando se ingieren los quistes, que eclosionan, liberando así trofozoítos que se multiplican y pueden producir úlceras en el revestimiento mucoso intestinal. En algunos casos, se extienden al hígado u otras partes del organismo. Algunos trofozoítos forman quistes, que son excretados en las heces junto con trofozoítos. Fuera del cuerpo, los trofozoítos, que son frágiles, mueren, pero los quistes son resistentes y sobreviven.

Los quistes pueden transmitirse directamente de persona a persona o de forma indirecta a través de los alimentos o el agua.

En lugares con condiciones sanitarias deficientes, la amebiasis se adquiere por ingestión de alimentos o agua contaminados con material fecal. Las frutas y verduras pueden contaminarse cuando crecen en tierras fertilizadas con material fecal humano, se lavan con agua contaminada o las prepara alguien que está infectado. La amebiasis también puede contraerse y transmitirse en zonas con condiciones sanitarias adecuadas si las personas infectadas sufren incontinencia o si la higiene es deficiente (por ejemplo, guarderías o instituciones mentales). La amebiasis puede transmitirse por contacto sexual (como el sexo oral-anal).

Síntomas de la amebiasis

Muchas personas no tienen síntomas, o muy pocos. Los posibles síntomas de la amebiases consisten en:

  • Aumento de gases (flatulencia)

  • Cólicos abdominales dolorosos

  • Diarrea intermitente, estreñimiento o ambos

En los casos más graves, el abdomen es sensible al tacto y las heces contienen moco y sangre; también puede aparecer fiebre. La diarrea ocasiona deshidratación. En personas con infección crónica suelen darse debilitamiento (demacración) y anemia. A veces se forma un gran bulto (ameboma) que obstruye el intestino.

En algunos casos, los trofozoítos perforan la pared intestinal y entran en la cavidad abdominal, causando dolor intenso y una infección en el peritoneo (peritonitis) que requiere atención médica inmediata.

En algunas personas, las amebas se extienden al hígado, donde provocan abcesos. Los síntomas incluyen fiebre, sudoración, escalofríos, debilidad, náuseas, vómitos, pérdida de peso y dolor o molestia en la parte superior derecha del abdomen, sobre el hígado.

En casos poco frecuentes, las amebas se propagan hacia otros órganos (incluidos los pulmones o el encéfalo). También la piel puede infectarse, sobre todo en torno a las nalgas, los genitales o las heridas causadas por cirugía abdominal o lesión.

Diagnóstico de la amebiasis

  • Análisis de heces

  • Posiblemente, examen de una muestra de tejido procedente del intestino grueso

  • A veces, análisis de sangre para identificar anticuerpos contra las amebas

Para diagnosticar la amebiasis, el médico hace analizar muestras de las heces. El mejor enfoque es analizar las heces para localizar una proteína liberada por las amebas (prueba de antígenos) o bien utilizar la reacción en cadena de la polimerasa (PCR, según sus siglas en inglés) para buscar material genético de la ameba en la muestra fecal. La técnica PCR produce muchas copias del material genético de la ameba y por lo tanto hace que la ameba sea más fácil de identificar. Estas pruebas son más útiles que el examen al microscopio de muestras de heces, que es a menudo poco concluyente. Además, el examen al microscopio puede requerir de 3 a 6 muestras de heces para encontrar amebas, y aun así, incluso cuando se detectan, no pueden distinguirse de otras amebas como la Entamoeba dispar, que, con una apariencia muy similar pero genéticamente diferente, no causa enfermedad.

Se puede utilizar un tubo flexible de visualización (colonoscopio) para observar el interior del intestino grueso y obtener una muestra de tejido si se descubren en su interior úlceras u otros signos de infección.

Cuando las amebas se extienden a lugares fuera del intestino (como el hígado), pueden dejar de aparecer en las heces. La ecografía, la tomografía computarizada (TC) o las imagénes obtenidas por resonancia magnética (RMN) permiten confirmar un absceso en el hígado, pero no indican la causa. Para detectar anticuerpos contra las amebas se realizan análisis de sangre. (Los anticuerpos son proteínas producidas por el sistema inmunitario para ayudar al organismo a defenderse de un ataque en concreto, incluyendo los ataques realizados por parásitos). Algunas veces, cuando el médico sospecha que las amebas son la causa de un absceso en el hígado, directamente inicia un tratamiento con un fármaco que destruye las amebas (un amebicida). Si la persona mejora, el diagnóstico es probablemente amebiasis.

Prevención de la amebiasis

Para prevenir la amebiasis es crucial prevenir la contaminación con heces humanas del agua y de los alimentos. La mejora de los sistemas de saneamiento en las zonas donde la infección es común puede ayudar.

Al viajar a áreas donde la infección es frecuente, se debe evitar el consumo de alimentos crudos, incluyendo ensaladas y verduras, así como el consumo de agua y hielo potencialmente contaminados. Hervir el agua mata los quistes. Puede ser útil filtrar el agua a través de un filtro con las características "absoluto 1 micra o menos" y/o utilizar una disolución de yodo o cloro en el agua. Sin embargo, la efectividad del yodo o del cloro depende de muchos factores, tales como el contenido de barro o lodos que tenga el agua (su turbiedad) y su temperatura.

Tratamiento de la amebiasis

  • Un amebicida y/o un fármaco para matar los quistes

Se utiliza un amebicida (un fármaco que destruye las amebas), ya sea metronidazol o tinidazol, si se sospecha de amebiasis y la persona tiene síntomas. El metronidazol se debe tomar durante varios días. Por lo general, el tinidazol se administra en forma de una única dosis elevada. El tinidazol tiene menos efectos secundarios que el metronidazol. No debe tomarse alcohol mientras se esté consumiendo alguno de estos fármacos, ni durante unos días después de finalizar el tratamiento, ya que el consumo de alcohol en estas circunstancias causa náuseas, vómitos, sofocos y dolores de cabeza. El metronidazol y el tinidazol no suelen administrarse a mujeres embarazadas.

Ni el metronidazol ni el tinidazol eliminan siempre los quistes alojados en el intestino grueso; se utiliza un segundo fármaco (como la paromomicina, el iodoquinol o la diloxanida) para eliminar estos quistes y así evitar la recaída. Puede utilizarse alguno de estos fármacos de forma individual para el tratamiento de personas asintomáticas en cuyas heces se detecten amebas.

Se administran líquidos a los afectados que sufran deshidratación.