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Cáncer de útero

(Cáncer de endometrio)

Por Pedro T. Ramirez, MD, The University of Texas MD Anderson Cancer Center ; David M. Gershenson, MD, The University of Texas MD Anderson Cancer Center

El cáncer de útero se desarrolla en el revestimiento interno de este órgano (endometrio), por lo que se denomina también cáncer de endometrio.

  • El cáncer de endometrio se desarrolla generalmente después de la menopausia.

  • A veces causa un sangrado vaginal anormal.

  • Para diagnosticar este cáncer, el médico extrae una muestra de tejido del endometrio con el fin de analizarlo (biopsia).

  • Por lo general, se extirpa el útero y las trompas de Falopio y, a menudo, a continuación se administra radioterapia y, a veces, quimioterapia.

La mayoría de los cánceres de útero comienzan en el revestimiento interno de este órgano (endometrio) por lo que se denomina, de forma más precisa como cáncer de endometrio (carcinoma endometrial). Es el tumor maligno ginecológico de mayor frecuencia y el cuarto más frecuente entre las mujeres en Estados Unidos. Una de cada 50 mujeres padece un cáncer de endometrio. Este tumor se desarrolla generalmente después de la menopausia, siendo más habitual en mujeres con edades comprendidas entre 50 y 60 años. Más del 90% de los casos se producen en mujeres mayores de 50 años.

Más del 80% de los cánceres de endometrio son adenocarcinomas, que se desarrollan a partir de células de las glándulas endometriales. Menos del 5% de los tumores malignos de útero son sarcomas. Estos cánceres se desarrollan a partir del tejido conjuntivo y tienden a ser más agresivos.

Hay dos tipos de adenocarcinomas de endometrio:

  • Los tumores de tipo I son más frecuentes, responden a los estrógenos y no son muy agresivos. Tienden a ocurrir en mujeres más jóvenes o con sobrepeso o durante la perimenopausia (los años inmediatamente anteriores y el año después del último periodo menstrual).

  • Los tumores de tipo II son más agresivos y tienden a ocurrir en mujeres más ancianas. Aproximadamente el 10% de todos los cánceres de endometrio son del tipo II.

Causas

El cáncer de endometrio es más frecuente en los países desarrollados, donde la dieta suele ser alta en grasas.

Los factores más importantes que aumentan el riesgo de cáncer de endometrio son:

  • Obesidad

  • Diabetes

  • Presión arterial elevada (hipertensión)

Otros factores aumentan el riesgo porque dan lugar a un alto nivel de estrógenos, pero no de progesterona. Entre ellos se incluyen los siguientes:

  • Inicio precoz de los periodos menstruales (menarquia) y/o llegar a la menopausia después de los 52 años

  • Presentar problemas menstruales relacionados con la ovulación (el desprendimiento del óvulo del ovario, ver Trastornos de la ovulación), por lo general con síntomas como sangrado excesivo durante las reglas, sangrado entre periodos o intervalos largos entre las reglas

  • No haber tenido hijos

  • Padecer o haber padecido un tumor productor de estrógenos

  • Consumo de fármacos que contengan estrógenos, como el tratamiento con estrógenos sin progestágenos (fármacos sintéticos similares a la hormona progesterona), después de la menopausia

Los estrógenos estimulan el crecimiento del tejido y la división rápida de las células del revestimiento del útero (endometrio). La progesterona ayuda a equilibrar los efectos de los estrógenos. Los niveles de estrógenos son altos durante parte del ciclo menstrual. De este modo, tener un mayor número de ciclos menstruales a lo largo de la vida puede aumentar el riesgo de cáncer de endometrio. Asimismo, el tamoxifeno, un fármaco que se utiliza para tratar el cáncer de mama, bloquea los efectos de los estrógenos en la mama, pero tiene los mismos efectos que estos en el útero. Por este motivo, dicho fármaco puede aumentar el riesgo de cáncer de endometrio. Además, la administración de anticonceptivos orales que contengan estrógenos y un progestágeno parece que reduce el riesgo de cáncer de endometrio.

Otros factores de riesgo incluyen:

  • Haber tenido o tener un familiar con cáncer de mama, ovario o, posiblemente, de intestino grueso (colon) o de endometrio

  • Haber recibido radioterapia en la pelvis

  • Uso de tamoxifeno durante más de 5 años

Hasta en un 10% de las mujeres con cáncer de endometrio, la herencia juega un papel importante.

Síntomas

El síntoma inicial más frecuente es el sangrado uterino anormal. El sangrado anormal incluye:

  • Hemorragia después de la menopausia

  • Hemorragia entre periodos menstruales

  • Periodos irregulares, abundantes o más prolongados de lo normal

Una de cada tres mujeres que presentan un sangrado vaginal después de la menopausia tiene cáncer de endometrio. Las mujeres con sangrado vaginal después de la menopausia deben acudir al médico sin demora. Puede presentarse también una secreción acuosa y sanguinolenta. Las mujeres posmenopáusicas pueden tener este tipo de secreción durante varias semanas o meses, y posteriormente presentar una hemorragia vaginal.

Diagnóstico

El médico puede sospechar que existe un cáncer de endometrio si la mujer presenta los síntomas característicos o si los resultados de una citología cervical, realizada como parte de un examen rutinario, son anormales. Si se sospecha un cáncer, se toma una muestra del tejido endometrial (biopsia de endometrio) en la consulta y se envía al laboratorio para su análisis. La biopsia de endometrio detecta de forma precisa el cáncer de endometrio en más del 90% de los casos.

Si el diagnóstico todavía no es seguro, se raspa el revestimiento del útero para su análisis, un procedimiento llamado dilatación y curetaje (D y C), o más comúnmente legrado (ver Procedimientos diagnósticos : Dilatación y legrado). Al mismo tiempo, generalmente se explora el interior del útero mediante la introducción, a través de la vagina y el cuello uterino, de un tubo de visualización delgado y flexible provisto de una cámara, un procedimiento denominado histeroscopia. De forma alternativa, puede introducirse un ecógrafo a través de la vagina hasta el útero (técnica denominada ecografía transvaginal) para evaluar posibles anomalías.

Si se diagnostica cáncer de endometrio, pueden realizarse algunos o todos de los procedimientos siguientes:

  • Análisis de sangre

  • Pruebas de función hepática y renal

  • Radiografía de tórax

  • Electrocardiografía

Si los resultados de la exploración física o de las pruebas sugieren que el cáncer se ha extendido fuera del útero, se realiza una tomografía computarizada (TC). A veces se requieren otros procedimientos. La estadificación se basa en la información obtenida con estas pruebas y la obtenida durante la cirugía realizada para extirpar el cáncer.

Los estadios se definen en función del grado en el que el tumor se ha extendido a otros órganos:

  • Estadio I: el cáncer se localiza únicamente en la parte superior del útero y no afecta a la parte inferior (cuello uterino).

  • Estadio II: el cáncer se ha diseminado al cuello uterino.

  • Estadio III: el cáncer se ha diseminado a los tejidos cercanos, la vagina o los ganglios linfáticos, pero todavía está dentro de la pelvis (que contiene los órganos reproductores internos, la vejiga y el recto).

  • Estadio IV: el cáncer se ha diseminado a la vejiga o al intestino, o a órganos distantes.

Pronóstico

Si un cáncer de endometrio se detecta a tiempo, entre el 70 y el 95% de las mujeres que lo padecen sobreviven al menos 5 años, y la mayoría se curan. El pronóstico es mejor cuando el cáncer no se ha extendido fuera del útero. Si el tumor crece con relativa lentitud, también el pronóstico es mejor. Menos de un tercio de las mujeres que lo padecen mueren por su causa.

Tratamiento

La histerectomía, la extirpación quirúrgica del útero, es la base del tratamiento del cáncer de endometrio. Si este no se ha extendido fuera del útero, la extirpación quirúrgica de este órgano, de las trompas de Falopio y de los ovarios (salpingooforectomía) casi siempre es curativa. A menos que el cáncer esté muy avanzado, la histerectomía mejora el pronóstico. Por lo general, también se extirpan al mismo tiempo los ganglios linfáticos cercanos. Estos tejidos son examinados por el anatomopatólogo para determinar si el cáncer se ha extendido y, si es así, en qué grado se ha propagado. Con esta información, se puede determinar si después de la cirugía es necesario un tratamiento adicional (quimioterapia, radioterapia o progestágenos).

Si el cáncer está muy avanzado, el tratamiento varía, pero por lo general incluye una combinación de cirugía, radioterapia, quimioterapia y, en ocasiones, progestágenos (fármacos sintéticos similares a la hormona progesterona).

La radioterapia se puede administrar después de la cirugía en caso de que queden algunas células cancerosas no detectadas. Si el cáncer se ha diseminado al cuello uterino o más allá del útero, generalmente se recomienda la radioterapia después de la intervención quirúrgica. En algunos casos (como cuando el cáncer se ha diseminado al cuello del útero, a un ovario, o a los ganglios linfáticos), la combinación de cirugía y radioterapia consiguen mejores resultados.

Si el cáncer se ha extendido más allá del útero y del cuello uterino o recidiva, se puede utilizar quimioterapia (con carboplatino, cisplatino, doxorubicina o paclitaxel) en vez de radioterapia o, en ocasiones, junto con esta. Estos fármacos reducen el tamaño del cáncer y controlan su diseminación en más de la mitad de las mujeres tratadas. Sin embargo, son tóxicos y ocasionan muchos efectos secundarios.

A veces se utilizan progestágenos. Estos fármacos son mucho menos tóxicos que los antineoplásicos o quimioterápicos.

Si después de extirpar el útero los síntomas menopáusicos como sofocos y sequedad vaginal se vuelven molestos, se administran hormonas como estrógenos y/o progesterona para aliviarlos. Este tratamiento es seguro y no aumenta el riesgo de desarrollar de nuevo un cáncer.

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