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Aborto espontáneo

Por Antonette T. Dulay, MD, The Ohio State University College of Medicine

Un aborto espontáneo es la pérdida de un feto por causas naturales antes de las 20 semanas de embarazo.

  • Los abortos espontáneos se pueden producir por un problema en el feto (como un trastorno genético o un defecto congénito) o en la mujer (como anomalías estructurales de los órganos reproductores, alteraciones cromosómicas, infecciones, el consumo de cocaína o alcohol, tabaquismo o una lesión) pero a menudo la causa es desconocida.

  • Pueden aparecer hemorragia y calambres, especialmente al final del embarazo.

  • Los médicos examinan el cuello uterino y por lo general realizan una ecografía.

  • Si quedan restos embrionarios en el útero después de un aborto espontáneo, se extraen.

Se produce un aborto espontáneo en el 10 o 15% de los embarazos reconocidos. Una cantidad mayor de abortos espontáneos no se reconoce porque tienen lugar antes de que las mujeres sepan que se han quedado embarazadas. Alrededor del 85% de los abortos espontáneos ocurren durante las primeras 12 semanas de gestación y hasta el 25% de los embarazos terminan en abortos espontáneos durante las primeras 12 semanas. Los abortos espontáneos son más frecuentes en embarazos de alto riesgo, sobre todo cuando las mujeres no reciben la atención médica adecuada (ver Embarazo de alto riesgo).

Causas

Se cree que la mayoría de abortos espontáneos que tienen lugar durante las primeras 12 semanas de gestación se producen por algún problema del feto, como un defecto congénito o un trastorno genético.

Si la mujeres tiene un trastorno que provoca que la sangre se coagule con demasiada facilidad (como el síndrome de los anticuerpos antifosfolipídicos), puede tener abortos espontáneos repetidos que se producen después de las 10 semanas de gestación.

El restante 15% de los abortos espontáneos se produce durante las semanas 13 a 20. En muchos de estos abortos no se identifica ninguna causa. El resto son resultado de problemas en la mujer, como las siguientes:

  • Anomalías estructurales de los órganos reproductores, como fibroides, tejido cicatricial, un útero bicorne (doble) o un cuello uterino incompetente que tiende a abrirse (dilatarse) a medida que el útero se agranda

  • Consumo de cocaína, alcohol y tabaco (fumar cigarrillos)

  • Lesiones graves

  • Infecciones como las provocadas por un citomegalovirus o rubéola

  • Una glándula tiroidea hipoactiva (hipotiroidismo) si el trastorno es grave o está mal controlado

  • Una diabetes grave o mal controlada

  • Algunos trastornos, como la enfermedad celíaca, la enfermedad renal crónica, el lupus eritematoso sistémico (lupus) y la hipertensión, si no son tratados y controlados adecuadamente durante el embarazo

Incompatibilidad Rh (cuando una mujer embarazada tiene sangre Rh negativa y el feto Rh positiva) también aumenta el riesgo de aborto espontáneo. El choque emocional súbito (por ejemplo, como resultado de recibir malas noticias) y las lesiones menores (por ejemplo, como resultado de resbalones y caídas) no están relacionados con un aborto espontáneo.

Es más probable que se produzca un aborto espontáneo si la mujer ya ha tenido uno, o si ha tenido un embarazo previo con parto pretérmino. En las mujeres que han sufrido dos o más abortos espontáneos consecutivos, las probabilidades de sufrir otro son aproximadamente del:

  • 24% después de dos pérdidas

  • 30% después de 3 pérdidas

  • 40 a 60% después de 4 pérdidas

Cuantos más abortos espontáneos haya tenido una mujer, mayor será el riesgo de tener otro. Asimismo, el riesgo de tener otro aborto espontáneo también depende de cuál ha sido la causa. Algunas causas, si no se las corrige o trata, tienden a causar abortos espontáneos repetidos. Cuando las mujeres han tenido varios abortos espontáneos, la causa puede ser una alteración en sus cromosomas o en los del padre o el síndrome de los anticuerpos antifosfolipídicos.

Síntomas

Un aborto espontáneo suele ir precedido de manchas de sangre roja brillante o más oscura o de una hemorragia más patente. El útero se contrae causando dolores o calambres. Sin embargo, cerca del 20 al 30% de las mujeres embarazadas tienen algún tipo de hemorragia por lo menos una vez durante las primeras 20 semanas de embarazo. Cerca de la mitad de estos episodios acaba en un aborto espontáneo.

En las primeras fases de un embarazo, la única señal de aborto espontáneo puede ser una pequeña cantidad de hemorragia vaginal. Más adelante, el aborto espontáneo puede causar hemorragia profusa y es posible que la sangre contenga mucosidad o coágulos. Los calambres empeoran hasta que, finalmente, el útero se contrae lo suficiente para expulsar el feto y la placenta.

A veces, el feto muere, pero no se producen los síntomas de aborto espontáneo. En estos casos, el útero no aumenta de tamaño. Muy rara vez los tejidos muertos en el útero se infectan antes, durante o después de un aborto espontáneo. Esta infección (llamada aborto séptico) puede ser grave y ocasiona fiebre, escalofríos y una frecuencia cardíaca acelerada. Las mujeres afectadas pueden llegar a sufrir delirios y su presión arterial pasa a ser peligrosamente baja.

¿Sabías que...?

  • Muchos abortos espontáneos no son reconocidos, dado que se producen antes de que las mujeres sepan que están embarazadas.

  • Entre el 20 y el 30% de las embarazadas experimentan alguna hemorragia, por lo menos una vez durante las primeras 20 semanas de embarazo.

Diagnóstico

Si durante las primeras 20 semanas del embarazo la mujer embarazada tiene hemorragia y dolores abdominales, como calambres o cólicos, el médico la examina para determinar la probabilidad de un aborto espontáneo. El médico examina el cuello uterino para determinar si está dilatando o acortándose (borramiento del cuello uterino). En caso negativo, el embarazo puede continuar. Si está dilatando o se está produciendo un borramiento del cuello uterino, es muy probable que se produzca un aborto espontáneo.

Generalmente también se realiza una ecografía para determinar si ya se ha producido el aborto espontáneo o, en caso contrario, si el feto sigue con vida. Si el aborto espontáneo ya ha tenido lugar, la ecografía puede mostrar si el feto y la placenta han sido expulsados.

Por lo general, los médicos hacen análisis de sangre para medir una hormona producida por la placenta al comienzo del embarazo, denominada gonadotropina coriónica humana (hCG). Los resultados les permiten determinar si una mujer tiene un embarazo en una ubicación errónea (ectópico), que también puede causar hemorragia. Este examen también puede ayudar a determinar si parte del feto o de la placenta siguen en el útero después del aborto espontáneo.

Si la mujer han sufrido varios abortos espontáneos, quizá quiera visitar a un médico antes de intentar quedarse embarazada de nuevo. El médico comprobará si hay anomalías genéticas o estructurales, u otros trastornos que incrementan el riesgo de aborto espontáneo. Por ejemplo, puede realizarse una prueba de diagnóstico por la imagen (como la ecografía, la histeroscopia o histerosalpingografía) para detectar anomalías estructurales, análisis de sangre para descartar el síndrome de los anticuerpos antifosfolipídicos y pruebas genéticas para detectar anomalías cromosómicas. Si se identifican, algunas causas de abortos espontáneos anteriores pueden tratarse, haciendo posible que el embarazo se desarrolle con éxito.

Tratamiento

Si el feto está vivo, algunos médicos aconsejan a las mujeres evitar actividades que requieran esfuerzo y, si es posible, permanecer tumbadas. Sin embargo, no está claro que estas limitaciones sean de ayuda. Tampoco hay pruebas de que la abstención de mantener relaciones sexuales ayude. El aborto espontáneo no se puede prevenir.

Si se produce un aborto espontáneo y se han expulsado completamente el feto y la placenta, no hay necesidad de tratamiento alguno.

Si algún tejido del feto o de la placenta permanecen en el útero después de un aborto espontáneo o si el feto muere y sigue en el útero, los médicos pueden realizar lo siguiente:

  • Si la mujer no tiene fiebre y no parece enferma, vigilarla de cerca a la espera de ver si el útero expulsa su contenido por sí solo

  • Extraer el feto y la placenta quirúrgicamente a través de la vagina (utilizando el legrado por aspiración o dilatación y evacuación [D & E], ver Evacuación quirúrgica), por lo general durante las primeras 23 semanas de embarazo

  • Utilizar un fármaco que puede inducir el parto y así expulsar el contenido del útero, como la oxitocina (que generalmente se usa más adelante en el embarazo) o el misoprostol (normalmente utilizado antes en el embarazo)

Antes de extraer el feto quirúrgicamente, los médicos pueden usar sustancias naturales que absorben los líquidos (tales como tallos de algas marinas) para ayudar a abrir el cuello del útero; o también pueden administrar a la mujer una prostaglandina (un fármaco similar a las hormonas que estimula la contracción del útero), como el misoprostol. Estos tratamientos facilitan la eliminación de los tejidos.

Si se utiliza un fármaco, después puede ser necesario realizar un legrado por aspiración o un aborto quirúrgico para extraer los trozos de placenta. Sin embargo, el aborto quirúrgico puede no estar disponible ya que requiere una preparación especial.

Si una mujer tiene síntomas de un aborto séptico, se elimina el contenido del útero lo antes posible y se le administran antibióticos por vía intravenosa.

Emociones después de un aborto espontáneo

Después de un aborto espontáneo, las mujeres pueden experimentar aflicción, tristeza, ira o ansiedad acerca de embarazos posteriores.

  • Pena: el duelo por una pérdida es una respuesta natural y no debe suprimirse o negarse. Hablar de sus sentimientos con otra persona ayuda a la mujer a sobrellevar sus sentimientos y adquirir perspectiva.

  • Culpabilidad: la mujer pueden pensar que han hecho algo para causar el aborto espontáneo. Por lo general no es así. A veces la mujer se acuerda de haber tomado un medicamento corriente de venta libre al principio del embarazo, haber bebido un vaso de vino antes de saber que estaba embarazada o haber hecho alguna otra cosa cotidiana. Tales cosas casi nunca son la causa de un aborto espontáneo, por lo que las mujeres no deben sentirse culpables acerca de ellas.

  • Ansiedad: Las mujeres que han tenido un aborto espontáneo pueden querer hablar con su médico sobre la probabilidad de repetición de este episodio en los embarazos siguientes y ser examinadas si es necesario. A pesar de que tener un aborto espontáneo aumenta el riesgo de tener otro, la mayoría de estas mujeres pueden quedar embarazadas de nuevo y tener un bebé sano a término.

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