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Hiperémesis gravídica

Por Antonette T. Dulay, MD, The Ohio State University College of Medicine

La hiperémesis gravídica se caracteriza por la aparición de náuseas muy intensas y vómitos excesivos durante el embarazo.

La hiperémesis gravídica se diferencia de las náuseas matutinas ordinarias. Si las mujeres vomitan a menudo y tienen náuseas hasta el punto de perder peso y llegar a deshidratarse, están sufriendo de hiperémesis gravídica. Si se vomita de forma ocasional pero ganan peso y no se deshidratan, no se padece hiperemesis gravídica. No se conoce la causa del trastorno.

La glándula tiroidea puede volverse ligeramente hiperactiva (hipertiroidismo) de forma temporal.

En raras ocasiones, la hiperémesis gravídica continúa después de las 16 a 18 semanas del embarazo. En este caso puede dañar seriamente el hígado, causando ictericia y degeneración del tejido hepático. Si la hiperémesis del embarazo daña gravemente el hígado o causa deshidratación intensa, puede provocar también confusión mental en las mujeres afectadas.

Diagnóstico

Los médicos realizan análisis de sangre y orina para determinar si existe deshidratación y comprobar si se dan las anomalías en los electrólitos que la deshidratación puede provocar.

La ecografía se realiza para determinar si las mujeres tienen una mola hidatiforme (un trastorno que al principio parece un embarazo, ver Mola hidatiforme) o más de un feto (parto múltiple). Cualquiera de estas afecciones favorece los vómitos. Pueden hacerse más pruebas para descartar otras posibles causas de los vómitos.

Tratamiento

Si se confirma la hiperémesis del embarazo, al principio no se permite a la mujer tomar nada por vía oral; en su lugar, se le administran líquidos por vía intravenosa. Dichos líquidos por lo general contienen azúcar (glucosa), electrólitos o vitaminas, según sea necesario. Si el vómito es intenso y persiste, se hospitaliza a la mujer y se le continúan administrando líquidos que contengan cualquier suplemento que sea necesario. También se le dan medicamentos para aliviar las náuseas (antieméticos).

Cuando la mujer ha sido debidamente rehidratada y los vómitos han cesado, se le dan a beber líquidos. Si tolera los líquidos, puede comenzar a comer pequeñas y frecuentes porciones de alimentos suaves. Se aumenta la cantidad de las porciones si puede tolerar cantidades mayores cantidades de alimento.

Si los síntomas recurren, se repite el tratamiento. En raras ocasiones, si la pérdida de peso continúa y los síntomas persisten a pesar del tratamiento, la mujer es alimentada, durante el tiempo que sea necesario, por medio de una sonda que se introduce por la nariz, pasa por la garganta y llega hasta el intestino delgado.

Si el vómito continúa a pesar del tratamiento y causa pérdida de peso continua, ictericia y ritmo cardíaco anómalo, puede considerarse la interrupción del embarazo. Las mujeres pueden discutir esta opción con su médico.