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Enfermedad inflamatoria pélvica (EIP)

Por David E. Soper, MD, Medical University of South Carolina

La enfermedad inflamatoria pélvica es una infección de los órganos reproductores femeninos superiores (el útero, las trompas de Falopio y los ovarios).

  • La infección suele transmitirse por mantener relaciones sexuales con una pareja infectada.

  • Por lo general, se presenta dolor en la parte inferior del abdomen, secreción vaginal y sangrado vaginal irregular.

  • El diagnóstico se establece según los síntomas, el análisis de las secreciones del cuello uterino y de la vagina, y a veces la ecografía.

  • Mantener relaciones sexuales con una sola pareja y el uso de anticonceptivos de barrera (como preservativos) con espermicidas disminuye el riesgo de infección.

  • El tratamiento antibiótico puede eliminar la infección.

La enfermedad inflamatoria pélvica puede ser una infección de:

  • El recubrimiento del útero (endometritis)

  • Las trompas de Falopio (salpingitis)

  • Ambas

Si la infección es grave, se puede:

  • Extender a los ovarios (ooforitis)

  • Producir una acumulación de pus en las trompas de Falopio (absceso tubo-ovárico).

En Estados Unidos, la enfermedad inflamatoria pélvica es la causa de infertilidad evitable más frecuente. Se observa infertilidad en una de cada cinco mujeres con enfermedad inflamatoria pélvica.

Alrededor de un tercio de as mujeres con enfermedad inflamatoria pélvica desarrolla de nuevo la infección.

La enfermedad inflamatoria pélvica suele aparecer en mujeres sexualmente activas. Rara vez afecta a niñas antes de su primera menstruación (menarquia) y a mujeres durante el embarazo o después de la menopausia. El riesgo es mayor en los siguientes casos:

  • Mujeres sexualmente activas y menores de 35 años.

  • Mujeres que no usan un anticonceptivo de barrera (como preservativo o diafragma).

  • Quienes tengan muchas (o nuevas) parejas sexuales

  • Mujeres con una enfermedad de transmisión sexual o una vaginosis bacteriana.

  • Mujeres que han tenido una enfermedad inflamatoria pélvica con anterioridad.

  • Mujeres de clase socioeconómica baja (que generalmente tienen menos acceso a los recursos sanitarios).

Causas

La enfermedad inflamatoria pélvica suele estar causada por bacterias procedentes de la vagina. Con más frecuencia, las bacterias se transmiten durante las relaciones sexuales con una pareja que tiene una enfermedad de transmisión sexual. Las bacterias que se transmiten más frecuentemente por vía sexual son:

Estas bacterias normalmente se extienden desde la vagina hasta el cuello del útero (la parte inferior del útero que se abre hacia el interior de la vagina), donde provocan infección (cervicitis). Estas infecciones pueden permanecer en el cuello uterino o propagarse ascendentemente y causar una enfermedad inflamatoria pélvica.

La enfermedad inflamatoria pélvica también aparece con frecuencia en mujeres con vaginosis bacteriana. Las bacterias que causan vaginosis bacteriana residen habitualmente en la vagina, pero solo producen síntomas y se extienden a otros órganos si su número aumenta (proliferación excesiva). Se desconoce si la vaginosis bacteriana se transmite sexualmente.

Con menos frecuencia las infecciones se producen durante un parto vaginal, un aborto o un procedimiento médico, como una dilatación y legrado (D y L), o una intervención quirúrgica ginecológica, cuando las bacterias se introducen en la vagina o cuando las bacterias de la vagina se desplazan al interior del útero.

No está demostrado que las duchas vaginales aumenten el riesgo de infección.

¿Sabías que...?

  • Tomar antibióticos aumenta el riesgo de aparición de infecciones por levaduras.

Síntomas

Los síntomas se presentan habitualmente hacia el final del periodo menstrual o pocos días después. En muchos casos, el primer síntoma es un dolor de leve a moderado (a menudo constante) en la parte inferior del abdomen, que puede ser peor en uno de los lados. Otros síntomas son sangrado vaginal irregular y secreción, a veces maloliente.

A medida que la infección se extiende, el dolor en la parte inferior del abdomen llega a ser muy intenso y puede acompañarse de fiebre baja (generalmente por debajo de 38,9 °C), náuseas o vómitos. Más adelante la fiebre aumenta y la secreción a menudo se torna purulenta y de color amarillo verdoso. Se puede notar dolor durante el coito o la micción.

La infección puede ser grave, pero producir pocos o ningún síntoma. Los síntomas debidos a una gonorrea tienden a ser más graves que los de una infección por clamidias o una infección por Mycoplasma genitalium, la cual puede no producir secreción ni otros síntomas perceptibles.

Complicaciones

La enfermedad inflamatoria pélvica puede causar otros problemas, como los siguientes:

  • Bloqueo en las trompas de Falopio

  • Peritonitis (infección abdominal grave)

  • Síndrome de Fitz-Hugh-Curtis (una infección grave de los tejidos alrededor del hígado)

  • Un absceso

  • Adherencias (bandas de tejido cicatricial)

  • Un embarazo tubárico

A veces se obstruyen las trompas de Falopio debido a la infección. Las trompas así obstruidas pueden distenderse al acumular líquido. Se suele sentir presión o dolor crónico en la parte inferior del abdomen.

Se desarrolla peritonitis si la infección se disemina a la membrana (peritoneo) que tapiza la cavidad abdominal y recubre sus órganos. La peritonitis causa un dolor intenso repentino o gradual en todo el abdomen.

El síndrome de Fitz-Hugh-Curtis se desarrolla si la infección de las trompas de Falopio se debe a la gonorrea o a una infección por clamidias y se extiende a los tejidos de alrededor del hígado. Esta infección causa dolor en la región superior derecha del abdomen. El dolor es similar al producido por un trastorno de la vesícula biliar o por cálculos biliares.

En aproximadamente el 15% de las mujeres con infección de las trompas de Falopio se forma un absceso en estas o en los ovarios, sobre todo si la infección se tiene durante mucho tiempo. Algunas veces el absceso se rompe y el pus se derrama en la cavidad pélvica y causa una peritonitis. Esta rotura produce un dolor muy intenso en la parte inferior del abdomen, rápidamente seguido de náuseas, vómitos e hipotensión arterial extrema (choque o shock). La infección puede extenderse hasta el torrente sanguíneo (septicemia) y resultar mortal.

Las adherencias son bandas anómalas de tejido cicatricial. Se pueden desarrollar cuando la enfermedad inflamatoria pélvica produce un fluido parecido al pus. Este fluido irrita los tejidos y provoca la aparición de bandas anómalas de tejido cicatricial en los órganos reproductores o entre los órganos abdominales. Como consecuencia, pueden aparecer infertilidad y dolor pélvico crónico. Cuanto más prolongada y grave sea la inflamación pélvica y mayor la frecuencia con que se repite, más riesgo hay de infertilidad y de otras complicaciones. El riesgo aumenta cada vez que se desarrolla la infección.

El embarazo tubárico (un tipo de embarazo ectópico) es entre 6 y 10 veces más probable en mujeres que han sufrido enfermedad inflamatoria pélvica. En un embarazo tubárico, el feto crece en una trompa de Falopio en lugar de crecer en el útero. Este tipo de embarazo puede resultar mortal para la mujer, y el feto no puede sobrevivir.

Diagnóstico

  • Evaluación por un médico

  • Análisis de una muestra tomada del cuello uterino

  • Prueba de embarazo

  • En ocasiones, ecografía o laparoscopia

Se sospecha la enfermedad si una mujer siente dolor en la parte inferior del abdomen o presenta una secreción vaginal inexplicable, sobre todo si está en edad fértil. Se realiza una exploración física que incluye una exploración ginecológica. La aparición de dolor en la zona pélvica durante la exploración apoya el diagnóstico.

Generalmente se toma una muestra del cuello uterino con un hisopo y se analiza para determinar si la mujer tiene gonorrea o una infección por clamidia. Se realiza una prueba de embarazo para determinar la existencia de un embarazo ectópico, que podría ser la causa de los síntomas. Otros síntomas y los resultados de las pruebas de laboratorio ayudan a confirmar el diagnóstico.

Si el dolor impide una exploración física adecuada, o si se necesita más información, se realiza una ecografía de la pelvis. Esta prueba puede detectar abscesos en las trompas de Falopio o en los ovarios, así como un embarazo ectópico.

Si el diagnóstico todavía es incierto, o si no hay respuesta al tratamiento, puede insertarse un tubo de observación (laparoscopio) a través de una pequeña incisión cerca del ombligo para ver el interior de la cavidad abdominal y obtener una muestra de fluidos para analizarlos.

Prevención

La prevención de la enfermedad inflamatoria pélvica es esencial para la salud y la fertilidad de la mujer. La única medida para evitar completamente la infección es la abstinencia sexual. Sin embargo, si se tienen relaciones sexuales con una sola pareja, el riesgo de contraerla es muy bajo, siempre y cuando ninguno de los dos esté infectado por bacterias que causan enfermedades de transmisión sexual.

Los métodos de barrera para el control de la natalidad (como los preservativos), y los espermicidas (como las espumas vaginales) usados junto con un método de barrera, pueden ayudar a evitar la enfermedad inflamatoria pélvica. Los métodos de barrera deben usarse correctamente para que sean eficaces. Si un anticonceptivo de barrera se deja en la vagina demasiado tiempo, puede aumentar el riesgo de infección.

Tratamiento

  • Antibióticos

  • Si es necesario, drenaje de un absceso

Para tratar la infección por gonorrea y clamidia suelen administrarse antibióticos por vía oral o en inyección intramuscular tan pronto como sea posible. Si es necesario, los antibióticos se cambian cuando se dispone de los resultados de las pruebas.

La mayoría de las mujeres se tratan en su casa, pero suele la hospitalización suele ser necesaria en las siguientes situaciones:

  • Infección que no cede en un plazo de 48 horas.

  • Presencia de síntomas graves o fiebre alta.

  • Posibilidad de embarazo.

  • Sospecha de absceso.

  • Vómitos que impiden tomar antibióticos por vía oral en casa.

  • Imposibilidad de confirmar el diagnóstico de enfermedad inflamatoria pélvica e imposibilidad de descartar como posibles causas trastornos que requieren cirugía (como una apendicitis).

En el hospital se administran antibióticos por vía intravenosa.

Los abscesos que persisten a pesar del tratamiento antibiótico pueden drenarse, para lo cual suele utilizarse una aguja que se inserta a través de una pequeña incisión en la piel, a la vez que se emplea una prueba de diagnóstico por la imagen, como la ecografía o la tomografía computarizada (TC), para guiar la aguja hacia el absceso. Un absceso roto siempre requiere cirugía urgente.

Las mujeres deben abstenerse de mantener relaciones sexuales hasta que finalice el tratamiento antibiótico y se confirme que la infección se ha eliminado por completo, aunque los síntomas ya hayan desaparecido. Todas las parejas sexuales recientes tienen que someterse a pruebas para detectar una posible infección por gonorrea y clamidia, y en caso de presentarla deberán ser tratadas. Hay más probabilidades de una completa recuperación si la enfermedad inflamatoria pélvica se diagnostica y trata con prontitud.

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