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Introducción a los trastornos de la mama

Por Mary Ann Kosir, MD, Professor of Surgery and Oncology, Wayne State University School of Medicine, Karmanos Cancer Center

Los trastornos de la mama pueden ser benignos (no cancerosos) o malignos (cancerosos). La mayoría son benignos y no ponen en peligro la vida de la mujer. A menudo no necesitan tratamiento. Por el contrario, el cáncer de mama puede significar la pérdida de la mama o incluso de la vida. Por este motivo, para muchas mujeres el cáncer de mama es su peor temor. Sin embargo, cuando la mujer se autoexplora regularmente las mamas, es examinada periódicamente por su médico y se hace las mamografías según las recomendaciones de su médico, muchos problemas potenciales pueden detectarse en sus primeras fases. La detección precoz del cáncer de mama es fundamental para el éxito del tratamiento.

Síntomas

Los síntomas originados en la mama son comunes. Son motivo de más de 15 millones de visitas al médico cada año. Estos síntomas incluyen dolor en la mama (ver Dolor mamario (mastalgia)), presencia de nódulos (ver Bultos en la mama) y secreción por el pezón (ver Secreción por el pezón). Además, la piel de la mama se puede retraer, arrugar, enrojecer, engrosar o presentar hoyuelos.

Estructura de la mama

La mama femenina está formada por glándulas productoras de leche (lóbulos) rodeadas por tejido graso y tejido conjuntivo. La leche secretada por las glándulas fluye a través de conductos hacia el pezón. Alrededor del pezón existe una zona de piel pigmentada llamada areola.

Estos síntomas no significan necesariamente que una mujer tenga cáncer de mama u otra enfermedad grave. Por ejemplo, la sensibilidad mamaria mensual antes de la menstruación que se relaciona con los cambios hormonales no indica la presencia de un trastorno grave. Sin embargo, la mujer debe examinar sus senos una vez al mes (ver figura Cómo realizar una autoexploración mamaria) y si detecta cualquiera de los siguientes síntomas debe consultar con su médico:

  • Un bulto que, al tacto, se diferencia claramente del resto del tejido mamario

  • Un bulto adherido a la piel o a la pared torácica

  • Un bulto que no desaparece

  • Una tumefacción que no desaparece

  • Pequeñas hendiduras, retracciones, enrojecimientos, engrosamientos u hoyuelos en la piel de la mama

  • Piel escamosa alrededor del pezón

  • Cambios en la forma de la mama

  • Cambios en el pezón, por ejemplo, que quede hundido

  • Secreción a través del pezón, especialmente si es con sangre y/o se produce de forma espontánea (es decir, sin que sea exprimido o estimulado por otros medios)

Síntomas mamarios frecuentes

Síntoma

Causas

Comentarios

dolor en la mama

Los cambios hormonales relacionados con la menstruación, el embarazo o el uso de medicamentos hormonales

Quistes

Infecciones mamarias *

Cambios fibroquísticos

Mamas de gran tamaño que tiran de los tejidos de soporte

Muy raramente, cáncer de mama

El dolor que se produce en ambas mamas está causado en general por cambios hormonales relacionados con los períodos menstruales.

Bultos en la mama

Infecciones de la mama, incluyendo abscesos*

Quistes

Fibroadenomas

Cambios fibroquísticos

Galactocele (un conducto de leche obstruido)

Tejido fibroso que se desarrolla después de un traumatismo

Cáncer de mama

Los bultos en las mamas son relativamente frecuentes y, por lo general, no son cancerosos.

Dado que durante la exploración física es difícil diferenciar un tumor maligno de uno benigno generalmente se realizan pruebas complementarias.

Secreción por el pezón

Lo más frecuente, tumores benignos de los conductos galactóforos (papiloma intraductal)

Cáncer de mama

Infecciones de la mama, incluyendo abscesos*

Cambios fibroquísticos

Otros trastornos, como los trastornos de la hipófisis, del encéfalo o de la glándula tiroidea

La secreción de los pezones es normal en algunas ocasiones, por ejemplo en la producción de leche después del parto.

Estas secreciones varían de aspecto según la causa que las origina.

*Las infecciones mamarias son muy poco frecuentes, excepto durante las primeras semanas después del parto.

Valoración

El médico interroga a la mujer sobre los síntomas que presenta y otros datos relacionados con las posibles causas, incluyendo:

  • Cuáles son los síntomas

  • Durante cuánto tiempo ha sufrido los síntomas la mujer en cuestión

  • Si los síntomas se producen en determinados momentos del mes (relacionados con el ciclo menstrual)

  • Si está embarazada

  • Qué medicamentos está tomando

  • Si ella o un miembro de la familia ha padecido cáncer de mama

  • Cuándo se hizo la última mamografía y cuáles fueron los resultados

Se realiza una exploración mamaria. En posición sentada o recostada, se exploran las mamas en busca de irregularidades en la forma, un pezón girado hacia adentro (pezón invertido) y bultos. El médico también comprueba si hay hoyuelos, engrosamiento, enrojecimiento o endurecimiento de la piel sobre la mama. Los pezones se aprietan para comprobar si hay secreción. Se exploran las axilas en busca de ganglios linfáticos aumentados de tamaño.

El médico puede explorar la mama y las axilas con la mujer en diferentes posiciones. Por ejemplo, mientras se está sentada, se le puede pedir que presione sus palmas juntas delante de la frente. Esta posición provoca que la musculatura del pecho se contraiga y contribuye a evidenciar ciertos cambios sutiles en el seno.

El médico puede revisar con la mujer la técnica de autoexploración mamaria durante la exploración física. Las técnicas utilizadas en la exploración médica y las de la autoexploración son similares (ver Cómo realizar una autoexploración mamaria).

Pruebas complementarias

Las pruebas de diagnóstico por la imagen se utilizan para detectar anomalías antes de que se noten (cribado) y para valorar las anomalías que ya se han identificado (ver Cáncer de mama : Cribado).

La mamografía comporta tomar radiografías de ambas mamas. Se utiliza una dosis de radiación muy baja. Solo cerca del 10-15% de las alteraciones detectadas mediante una mamografía son consecuencia de un cáncer. La mamografía es más precisa en las mujeres mayores porque, cuando la mujer envejece, aumenta la cantidad de tejido graso, y el tejido anómalo es más fácil de distinguir del tejido graso que de otros tipos de tejido mamario.

La mamografía se recomienda por lo general cada año para todas las mujeres de 50 años o más y cada 1 o 2 años para todas las mujeres de 40 a 49 años, para verificar si hay anomalías en las mamas. Sin embargo, los expertos debaten sobre si esta recomendación es apropiada para todas las mujeres entre 40 y 49 años debido a que el beneficio del cribado no está claro (ver Cáncer de mama: ¿Cuándo comenzar el cribado?). Por ejemplo, un estudio exhaustivo realizado con mujeres de 40 a 59 años de edad demostró que hacerse una mamografía anual no era más eficaz para reducir el riesgo de morir de cáncer de mama que la atención habitual por parte un profesional de la salud.

La mamografía también se puede hacer si la mujer o el médico encuentran un bulto mientras exploran las mamas o si la mujer tiene dolor en la mama o una secreción del pezón. La mamografía proporciona imágenes de cualquier anomalía (como un tumor o un absceso) y de los tejidos circundantes. También proporciona imágenes de los ganglios linfáticos para detectar anomalías.

La ecografía puede proporcionar más información acerca de las anomalías detectadas por la mamografía. Por ejemplo, la ecografía puede mostrar si un bulto es sólido o está lleno de líquido (quiste). Los quistes rara vez son cancerosos. La ecografía puede también utilizarse para ayudar al médico a insertar una aguja de biopsia en el tejido anómalo.

La resonancia magnética nuclear (RMN) se hace al mismo tiempo que la mamografía para examinar a las mujeres que presentan un riesgo aumentado de desarrollar cáncer de mama, por ejemplo si tienen una mutación en el gen para el cáncer de mama (gen BRCA ). Después del diagnóstico del cáncer de mama se utiliza la RMN para identificar ganglios linfáticos anómalos y para determinar el tamaño de los tumores y su número. Esta información puede contribuir a planificar la cirugía u otros tratamientos.

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