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Bullying (acoso escolar)

Por Steven D. Blatt, MD, Professor of Pediatrics, Director, Division of Pediatrics;Director, ENHANCE Services for Children in Foster Care, State University of New York, Upstate Medical University;State University of New York, Upstate Medical University

La intimidación o acoso escolar (para el que a veces se utiliza el término inglés bullying) es una forma de violencia juvenil que consiste en llevar a cabo ataques verbales, emocionales, físicos o psicológicos repetidos con la intención de dominar o humillar.

El acoso puede ocurrir en todas las edades, desde preescolar hasta la edad adulta. Un estudio realizado por los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades en 2013 encontró que el 33% de los estudiantes de primaria y el 20% de los estudiantes de secundaria manifestaron haber sido sometidos a acoso en la escuela, y el 15% de los estudiantes de secundaria manifestaron haber sido acosados por vía electrónica (lo que se denomina cyberacoso). Casi todos los niños en algún momento tienen la experiencia del acoso escolar, bien como acosador, como víctima del acoso o como observador del acoso a otras personas. Tanto los niños como las niñas pueden ser acosadores. Aunque los adultos a menudo han visto el acoso como una parte normal de la infancia, no es normal. Muchas de las víctimas se ven física y/o emocionalmente lesionadas por el acoso. Por otra parte, los propios agresores aprenden comportamientos negativos que, si no se corrigen, puede conducir a más violencia.

La intimidación puede tomar varias formas, incluyendo:

  • Burlas frecuentes

  • Destrozar cosas pertenecientes a la víctima

  • Amenazas

  • Exclusión

  • Intimidación

  • Acoso

  • Asalto con violencia

  • Cyberbullying

El acoso cibernético es la utilización de medios digitales (como el correo electrónico, textos, tweets, y páginas web) para avergonzar de forma intencionada o exponer información falsa u hostil sobre otro niño. El "sexting", acto de compartir mensajes o fotografías con contenidos sexuales (por lo general por medio de teléfonos móviles), puede ser una forma de ciberacoso si los mensajes o fotografías son compartidos de forma intencionada con otras personas para avergonzar o hacer daño al niño objeto del mensaje o fotografía.

Acosadores

Casi 4 millones de niños acosan a otros niños. Los acosadores tienen riesgo de no tener una evolución adecuada. Los acosadores son más propensos a ser encarcelados en el transcurso de sus vidas y tienen menos probabilidad de permanecer en la escuela, obtener trabajo o tener relaciones estables en la vida adulta.

Víctimas

Las víctimas pueden contar a sus familiares o amigos que son víctimas de acoso escolar, pero suelen estar demasiado avergonzadas y asustadas para contárselo a un adulto. Los profesores frecuentemente no se dan cuenta de que se está cometiendo acoso. Las víctimas pueden negarse a ir al colegio, estar tristes o retraídas o volverse malhumoradas. Las víctimas también están en riesgo de sufrir lesiones físicas, baja autoestima y ansiedad. Muchas de las víctimas de acoso escolar se convierten en acosadores.

Las víctimas necesitan la reafirmación de que el acoso es siempre inaceptable. Las víctimas de acoso pueden responder a los acosadores de varias formas:

  • Contándoselo a un adulto

  • Alejándose

  • Cambiando su rutina para evitar al acosador

  • Acudiendo a un consejero

Por razones de seguridad, las víctimas no deben enfrentarse directamente al acosador. Debe enseñarse a la víctima a ignorar al acosador, lo cual reduce la satisfacción de este y eventualmente reduce la intimidación. Elogiar el valor de la víctima al notificar la intimidación puede contribuir a la reconstrucción de su autoestima.

Si el acoso tiene lugar en la escuela, se debe informar al equipo directivo. Los padres de la víctima deben también informar a los padres del acosador, pero deben evitar la confrontación, que puede ser contraproducente al poner a los padres del acosador a la defensiva. Las víctimas temen que el hecho de contárselo a los padres del acosador pueda empeorar la intimidación, pero con frecuencia la interrumpe, en particular si la discusión es positiva y no acusatoria y si se centra en la conducta peligrosa.

Los padres del acosador deben dejar claro a su hijo que la intimidación no es aceptable. Deben insistir también en que el acosador rectifique y pida excusas a la víctima. Hacerlo de esta forma ayuda al acosador a distinguir el bien del mal, lo hace más sensible a la víctima y puede hacer que los demás lo miren con mayor compasión. Los padres del acosador deben vigilar de cerca a su hijo para asegurarse de que el acoso ha cesado.

Es recomendable la orientación psicológica para la víctima y para el acosador. A veces los acosadores están expresando sus propias necesidades insatisfechas o están copiando el comportamiento agresivo de un padre o de un hermano mayor.

El acoso no debe ser ignorado. Lo más importante es que cuando los padres, maestros o cualquier otro adulto se percaten de que existe un acoso, éste se aborde de inmediato. La mejor manera de intervenir depende de la edad de los niños, del tipo de acoso, así como de la relación de los adultos con los niños. Independientemente de esto, si se trata de niños pequeños o de estudiantes de secundaria es necesaria la intervención de un adulto independientemente del tipo de acoso.

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