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Infecciones urinarias en la infancia (UTI, por sus siglas en inglés)

Por Geoffrey A. Weinberg, MD, Professor of Pediatrics;Director, Pediatric HIV Program, University of Rochester School of Medicine and Dentistry;Golisano Children’s Hospital, University of Rochester Medical Center

Una infección urinaria es una infección bacteriana de la vejiga (cistitis) o de los riñones (pielonefritis).

  • Las infecciones urinarias tienen su origen en una infección bacteriana.

  • Es posible que los recién nacidos y los lactantes no presenten otro síntoma que la fiebre, mientras que los niños mayores sienten dolor o escozor al orinar, dolor en la zona vesical y necesidad frecuente de orinar.

  • El diagnóstico se basa en un análisis de orina.

  • Una buena higiene ayuda a evitar las infecciones urinarias.

  • Para eliminar la infección se administra tratamiento antibiótico.

Las infecciones urinarias son frecuentes en la infancia. Casi todas estas infecciones tienen su origen en bacterias que penetran por la abertura de la uretra y avanzan hacia la vejiga y a veces hacia los riñones. En muy pocos casos, en infecciones graves, las bacterias penetran en el torrente circulatorio desde los riñones y causan infección del torrente circulatorio (septicemia) o de otros órganos.

Durante el periodo de lactancia (primera infancia), los niños varones tienen más probabilidades de desarrollar infecciones urinarias. Después de dicho periodo, las niñas tienen más probabilidades de desarrollar este tipo de infecciones. Son más frecuentes entre las niñas porque, al tener la uretra más corta, es más fácil el ascenso de las bacterias por el conducto urinario. Los niños no circuncidados (porque las bacterias tienden a acumularse bajo el prepucio) y los niños con estreñimiento grave también son más propensos a las infecciones urinarias.

¿Sabías que...?

  • Los antibióticos curan algunas infecciones bacterianas.

Las infecciones urinarias en niños en edad escolar y en adolescentes difieren poco de las de los adultos (ver Introducción a las infecciones urinarias). Sin embargo, los bebés y los niños que tienen infecciones urinarias suelen presentar, en el desarrollo de su aparato urinario, diversas anomalías que los vuelven más susceptibles a las infecciones urinarias. Estas anomalías incluyen reflujo vesicoureteral, una anomalía de los uréteres (los conductos que conectan los riñones a la vejiga) que permite que la orina pase de manera retrógrada de la vejiga hasta el riñón, y un cierto número de afecciones que obstruyen el flujo de la orina. Hasta el 50% de los recién nacidos y de los lactantes y entre el 20 y el 30% de los niños en edad escolar con una infección de las vías urinarias tienen dichas anomalías.

Hasta el 50% de los lactantes y niños de edad preescolar con una infección de las vías urinarias, sobre todo los que tienen fiebre, tienen a la vez infección de la vejiga y de los riñones. Si el riñón está infectado y el reflujo es grave, del 5 al 20% de los niños desarrollan nefroesclerosis. Si el reflujo es escaso o inexistente, serán pocos los niños que tengan nefroesclerosis. La nefroesclerosis requiere atención médica, porque provoca hipertensión y empeoramiento de la función renal en la edad adulta.

Síntomas y diagnóstico

A veces, los recién nacidos y los lactantes con infección urinaria no presentan otro síntoma que la fiebre. A veces no comen bien y tienen decaimiento (sopor), vómitos o diarrea. Los niños mayores con infecciones en la vejiga suelen tener dolor o quemazón al orinar, necesidad frecuente y urgente de orinar y dolor en la zona vesical. Tienen también dificultad al orinar o al retener la orina (incontinencia). La orina huele mal. Los niños con infecciones renales suelen sentir dolor en el costado o en la parte dorsal por encima del riñón afectado, fiebre, escalofríos y un estado de malestar general.

El médico diagnostica la infección urinaria basándose en un análisis de orina. En el caso de los niños mayores, se recoge una muestra de orina en un recipiente después de haber limpiado a fondo la abertura uretral. En los niños más pequeños y los lactantes, el médico obtiene la orina mediante la inserción de un tubo estéril fino y flexible (catéter) en la uretra hasta el interior de la vejiga. En algunos casos el médico extrae la orina de la vejiga de los lactantes con una aguja que introduce a través de la piel, justo por encima del pubis. La orina de los niños que se recoge en bolsas plásticas atadas con una cinta a la región genital no suele ser útil porque suele estar contaminada con bacterias y otro material de la piel.

El laboratorio examina la orina al microscopio y realiza varios análisis químicos para detectar glóbulos blancos (leucocitos) y bacterias presentes en la orina, lo que ocurre en la infección de las vías urinarias. El laboratorio también realiza un cultivo de la orina para que proliferen las probables bacterias y puedan ser identificadas. El cultivo es la prueba más significativa.

En general, los niños de todas las edades y las niñas de menos de 2 años que desarrollan infecciones de las vías urinarias, aunque solo sea una, han de ser sometidos a otras pruebas para detectar anomalías estructurales del sistema urinario. Las niñas de más edad que han tenido infecciones recurrentes también necesitan estas pruebas. Los análisis incluyen ecografías, que identifican anomalías y obstrucciones renales, y la cistouretrografía miccional, que identifica más anomalías en los riñones, los uréteres y la vejiga y permite identificar la reversión parcial del flujo urinario (reflujo). En la cistouretrografía miccional, se pasa un catéter por la uretra hasta el interior de la vejiga, se instila un medio de contraste por el catéter y se toman radiografías antes y después de que el niño orine. Otra prueba, la cistografía radioisotópica, es similar a la cistouretrografía miccional, con la diferencia de que se instila un agente radiactivo en la vejiga y las imágenes se obtienen mediante gammagrafía. Este procedimiento expone los ovarios de las niñas y los testículos de los niños a menos radiación que la cistouretrografía miccional. Sin embargo, la cistografía radioisotópica es mucho más útil para seguir la evolución del reflujo que para su diagnóstico, ya que no delimita tan bien las estructuras urinarias como la cistografía miccional. Se utiliza también otro tipo de gammagrafía para confirmar el diagnóstico de pielonefritis e identificar la nefroesclerosis.

Prevención y tratamiento

La prevención de las infecciones urinarias es difícil, pero es beneficioso observar una higiene adecuada. A las niñas se les debe enseñar a limpiarse, después de la defecación, de adelante hacia atrás (y no de atrás hacia delante) para reducir la posibilidad de trasladar bacterias hacia la abertura uretral. Evitar los baños de burbujas frecuentes, que, tanto en los niños como en las niñas, irritan la piel alrededor del orificio uretral, ayuda a reducir el riesgo de infecciones urinarias. La circuncisión en los niños disminuye hasta 10 veces el riesgo de infección durante la infancia, aunque no está claro que esta ventaja por sí sola sea razón suficiente para la circuncisión. La micción y la defecación regulares reducen el riesgo de infección de las vías urinarias.

Las infecciones de las vías urinarias se tratan con antibióticos. Los niños que parecen muy enfermos o cuyas pruebas iniciales sugieren una infección de este tipo, reciben antibióticos antes de disponer del resultado de los urocultivos. Si no es así, los médicos esperan a disponer del resultado de los mismos para confirmar el diagnóstico. Los niños que están muy enfermos y todos los recién nacidos reciben tratamiento antibiótico por inyección intramuscular o por vía intravenosa. A los otros niños se les administran antibióticos por vía oral. El tratamiento dura por lo general de 7 a 14 días. Los niños que requieren pruebas para diagnosticar anomalías estructurales continúan a menudo con el tratamiento con antibióticos en dosis inferiores hasta haberse completado los análisis.

Algunos niños con anomalías estructurales de las vías urinarias necesitan cirugía para corregir el problema. Otros necesitan tomar a diario antibióticos para evitar la infección. Ciertas anomalías leves se resuelven sin tratamiento.

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