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Bacteriemia oculta

Por Geoffrey A. Weinberg, MD, Professor of Pediatrics;Director, Clinical Pediatric Infectious Diseases and Pediatric HIV Program, University of Rochester School of Medicine and Dentistry;Golisano Children’s Hospital

La bacteriemia oculta es la presencia de una bacteria en el torrente sanguíneo de un niño que tiene fiebre pero buen aspecto y que no presenta una fuente evidente de infección.

  • La causa más frecuente de bacteriemia oculta es la bacteria Streptococcus pneumoniae.

  • Por lo general, los niños no tienen otro síntoma que la fiebre.

  • El diagnóstico se basa en análisis de sangre.

  • La vacunación sistemática infantil contribuye a evitar la infección.

  • El tratamiento antibiótico puede eliminar la infección.

(Véase también Bacteriemia.)

Los niños menores de 3 años tienen fiebre frecuentemente. En la mayoría de los casos, la fiebre se acompaña de otros síntomas, como tos y moqueo nasal, que ayudan al médico a diagnosticar la causa de la fiebre. A veces, sin embargo, los niños no presentan otro síntoma que la fiebre. Es decir, que tienen fiebre sin causa u origen aparentes. En la mayoría de estos casos, la fiebre tiene su origen en una infección vírica que desaparece sin tratamiento. Algunos de estos niños sufren una infección de las vías urinarias. En algunos pocos casos de niños con fiebre sin causa evidente, la fiebre tiene su origen en bacterias que circulan por su torrente sanguíneo (bacteriemia). Las bacterias circulantes casi nunca aparecen en niños mayores o en adultos que tienen fiebre y no presentan otros síntomas.

En el pasado, los niños de 3 a 36 meses de edad cuya temperatura era igual o superior a 39 °C y no presentaban otros síntomas eran valorados por el médico para descartar bacteriemia oculta. La mayoría de las bacteriemias ocultas estaban ocasionadas por Streptococcus pneumoniae. Un porcentaje menor tenía su origen en Haemophilus influenzae serotipo b y un porcentaje aún menor tenía su origen en Neisseria meningitidis. En lactantes y niños pequeños, estas bacterias que circulan por el torrente sanguíneo podrían atacar varios órganos, dando como resultado una enfermedad grave, como neumonía, meningitis o septicemia. Dado que cerca del 5 al 10% de los niños con bacteriemia oculta desarrollaban estos graves trastornos, los médicos realizaban análisis y cultivos (crecimiento de bacterias en un laboratorio) para identificar las bacterias antes de que se presentaran dichos trastornos. Si los niños presentaban un recuento elevado de glóbulos blancos, lo que indicaba un mayor riesgo de infección bacteriana, los médicos les administraban antibióticos antes de disponer de los resultados del cultivo sanguíneo.

Actualmente, la vacunación rutinaria administrada a los lactantes con la vacuna conjugada serotipo b contra Haemophilus influenzae y la vacuna conjugada contra Streptococcus pneumoniae casi ha eliminado la bacteriemia oculta causada por estas bacterias. La bacteriemia oculta todavía se puede producir en niños que no han sido vacunados o no han recibido dosis suficientes de vacuna y en niños cuyo sistema inmunológico deficiente. Se están probando nuevas vacunas tipo conjugadas frente a Neisseria meningitidis para su uso en niños pequeños. Con estas vacunas se espera erradiacar prácticamente la bacteriemia oculta en niños.

Síntomas

El síntoma principal de la bacteriemia oculta es:

  • Fiebre con temperatura igual o superior a 39 °C

Los niños que presentan otros síntomas, como tos, falta de aliento, poco o ningún interés en nada (apatía) o coloración anormalmente rojiza o azulada de la piel, no se considera que sufran bacteriemia oculta. Lo más probable es que sufran una infección bacteriana específica.

Diagnóstico

  • Cultivo de muestras de sangre

  • Cultivo y análisis de orina

  • A veces, otros análisis de sangre y de heces y una punción lumbar

Dado que los médicos no pueden afirmar que los niños con fiebre sufren bacteriemia oculta, necesitan identificar la presencia de cualquier bacteria mediante un hemocultivo (cultivo de muestras de sangre). Como el número de bacterias es demasiado escaso o su tamaño es demasiado pequeño para poderlas ver, se envían muestras de sangre al laboratorio para su análisis y cultivo, de forma que las bacterias se puedan identificar.

A los lactantes o niños de cualquier edad que presentan fiebre y se ven gravemente enfermos se les toman muestras de sangre, orina y líquido cefalorraquídeo para su análisis, con independencia de que hayan sido vacunados. El líquido cefalorraquídeo se obtiene mediante una punción lumbar, que consiste en la extracción de una muestra de líquido cefalorraquídeo con una pequeña aguja. Todas las muestras se envían al laboratorio para comprobar la presencia de signos de infección bacteriana. En la mayoría de los casos se ingresa al lactante o al niño en el hospital y se le administran antibióticos. A los niños que presentan dificultad respiratoria probablemente también se les hace una radiografía de tórax.

También se pueden realizar otros análisis de sangre y de heces dependiendo de la edad del niño.

También se pueden realizar pruebas de detección rápida de virus en algunos niños. Para estas pruebas se utiliza un hisopo para tomar una muestra de la nariz o de la garganta. Los resultados por lo general están disponibles al cabo de unas pocas horas.

Lactantes de menos de 3 meses de edad

Cuando los lactantes son menores de 3 meses de edad y tienen fiebre, los médicos no siempre pueden saber si tienen bacteriemia con sólo mirarles. En estos casos los médicos suelen indicar pruebas de laboratorio (hemograma completo, análisis de orina y cultivos de muestras de sangre). Si los resultados de los análisis de sangre y orina parecen normales, algunos médicos indican a los progenitores o a los cuidadores que vigilen al bebé en casa y vuelvan a la consulta dentro de las 24 horas siguientes para volver a examinar al bebé y revisar los cultivos de muestras de sangre. Los médicos no prescriben antibióticos durante este período. Otros médicos prefieren ingresar al bebé en el hospital y hacer más análisis de sangre, orina y líquido cefalorraquídeo. La mayoría de los médicos consideran que los bebés de menos de 30 días de edad presentan un riesgo elevado de bacteriemia. Los lactantes de este grupo de edad se suelen hospitalizar y se les realizan análisis de sangre, orina y líquido cefalorraquídeo.

Lactantes y niños entre 3 meses y 3 años de edad

Los lactantes y los niños de este grupo de edad que tienen fiebre pero han recibido todas las vacunas sistemáticas y tienen buen aspecto, presentan un riesgo muy bajo de sufrir bacteriemia. Debido a este bajo riesgo, los médicos pueden decidir controlar a estos niños sin realizar análisis de sangre. Sin embargo, se suele realizar un análisis de orina y un cultivo de orina para descartar que la causa de la fiebre sea una infección de las vías urinarias. Se les pide a los progenitores o a los cuidadores que controlen los síntomas del niño y los reporten al médico (en persona o por teléfono) en las 24 a 48 horas siguientes. A los niños que empeoran o cuya fiebre no desaparece se les hace un análisis de sangre y, posiblemente, una radiografía de tórax o una punción lumbar.

Tratamiento

  • Antibióticos

A veces, antes de conocer los resultados del cultivo, el médico administra un antibiótico al niño con fiebre, con aspecto gravemente enfermo y que corre un riesgo elevado de sufrir bacteriemia. Por lo general, se administra un antibiótico inyectable como ceftriaxona.

A los niños cuyo resultado del cultivo es positivo pero no parecen muy enfermos se les administra un antibiótico inyectable o antibióticos por vía oral en el hogar. A los niños cuyo resultado del cultivo es positivo y que muestran signos de enfermedad grave se les hospitaliza y se les administran antibióticos por vía intravenosa.

Todos los niños que han sido observados en su propia casa vuelven a ser examinados entra las 24 y las 48 horas siguientes. A los niños que aún presentan fiebre o que tienen cultivos de sangre o de orina positivos y no han recibido antibióticos se les hacen más cultivos y se les ingresa en el hospital. Se les valora para descartar una enfermedad grave y se les administran antibióticos por vía intravenosa.

A los niños de 3 meses a 3 años de edad se les pueden administrar fármacos antipiréticos (como el paracetamol o acetaminofén) para el malestar. Estos fármacos bajan la temperatura, con lo que el niño puede encontrarse mejor.