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Introducción a las infecciones de las vías respiratorias en niños

Por Mary T. Caserta, MD, Professor of Pediatrics, Division of Infectious Diseases;Attending Physician, University of Rochester School of Medicine and Dentistry;Golisano Children’s Hospital at Strong, University of Rochester Medical Center

Las infecciones respiratorias víricas afectan a la nariz, la garganta y las vías respiratorias y pueden estar causadas por diferentes virus.

  • Entre las infecciones respiratorias habituales se incluyen el resfriado común y la gripe.

  • Los síntomas característicos son goteo nasal (rinorrea), picor de garganta, tos e irritabilidad.

  • El diagnóstico se basa en los síntomas.

  • La mejor manera de evitar estas infecciones es una buena higiene y, para evitar la gripe en particular, la vacunación sistemática.

  • El objetivo del tratamiento es aliviar los síntomas.

Los niños desarrollan cada año un promedio de seis infecciones respiratorias de origen vírico.

Las infecciones víricas de las vías respiratorias suelen dividirse en:

  • Infecciones de las vías respiratorias superiores: Los síntomas ocurren principalmente en la nariz y la garganta. Las infecciones víricas más frecuentes de las vías respiratorias altas son el resfriado común y la gripe.

  • Infecciones de las vías respiratorias bajas: Los síntomas ocurren en la tráquea, las vías respiratorias y los pulmones. Las infecciones de las vías respiratorias bajas son más frecuentes entre los niños e incluyen crup, bronquiolitis y neumonía.

A veces los niños contraen infecciones que afectan tanto las vías respiratorias altas como las bajas.

Causas

En niños, las causas principales de infecciones respiratorias víricas son los rinovirus, los virus de la gripe (durante las epidemias anuales en la época invernal), los virus paragripales, el virus respiratorio sincitial, los enterovirus, los coronavirus y ciertas cepas de adenovirus.

Muy a menudo, las infecciones respiratorias víricas se propagan cuando las manos del niño entran en contacto con secreciones nasales de una persona infectada. Estas secreciones contienen virus. Cuando el niño se toca la nariz o los ojos, los virus entran y producen una nueva infección. Con menor frecuencia, la proliferación de las infecciones se da cuando un niño respira aire que contiene gotitas expulsadas por la tos o el estornudo de una persona infectada.

Por varias razones, las secreciones nasales o respiratorias de los niños con infecciones respiratorias víricas suelen contener más virus que las de los adultos infectados. Este aumento de producción de virus, junto con una higiene característicamente descuidada, hace que los niños sean más propensos a propagar la infección. La posibilidad de transmisión aumenta allí donde coinciden muchos niños a la vez, como en los centros de cuidado infantil y en las escuelas. Contrariamente a lo que se pueda pensar, otros factores, como enfriarse, mojarse o estar cansado, no causan resfriados ni aumentan la vulnerabilidad de un niño a las infecciones.

Síntomas

Cuando los virus invaden las células de las vías respiratorias, desencadenan inflamación y producción de mucosidad. Esta situación deriva en congestión nasal, moqueo nasal, irritación de la garganta y tos, que puede durar hasta 14 días. Algunos niños pueden continuar con tos durante semanas después de que la infección de las vías respiratorias altas haya remitido. Es frecuente que se presente fiebre, con una temperatura de hasta 38,3 o 38,9 °C, en niños pequeños o en quienes tengan la gripe. La temperatura del niño puede incluso elevarse a 40 °C.

Otros síntomas característicos en los niños consisten en inapetencia, letargo y malestar general. Se siente dolor de cabeza y dolor corporal, especialmente con la gripe. Los lactantes y los niños pequeños generalmente no son capaces de comunicar los síntomas específicos y se muestran irritables y molestos.

Complicaciones de las infecciones respiratorias de origen vírico

Dado que los recién nacidos y los lactantes prefieren respirar por la nariz, incluso una moderada congestión nasal provoca dificultad respiratoria. La congestión nasal conduce a problemas de alimentación, porque los lactantes no pueden respirar durante la succión de la mama o del biberón. Dado que son incapaces de escupir el moco que les viene con la tos, a veces se atragantan y se ahogan.

Las vías respiratorias de pequeño calibre de los niños pequeños se estrechan a veces de modo significativo por la inflamación y el moco, provocando la consiguiente dificultad respiratoria. Los niños respiran rápidamente y producen un sonido de tono alto con la espiración (sibilancias) o un sonido similar con la inspiración (estridor). El estrechamiento grave de las vías respiratorias provoca en los niños un jadeo al respirar y su piel adquiere una coloración azulada (cianosis). Estos problemas de las vías respiratorias son más frecuentes con una infección causada por el virus paragripal, el virus respiratorio sincicial (VRS) y la infección por metapneumovirus humano. Los niños afectados necesitan ser examinados urgentemente por el médico.

Algunos niños con una infección vírica de las vías respiratorias altas también desarrollan infección del oído medio (otitis media) o del tejido pulmonar (neumonía). La otitis media y la neumonía pueden estar causadas por el mismo virus o por una infección bacteriana que aparece porque la inflamación causada por el virus aumenta la vulnerabilidad a la invasión por otros gérmenes. En los niños con asma, las infecciones del sistema respiratorio provocan a menudo una crisis asmática (ver Asma infantil).

Diagnóstico

  • Evaluación por un médico

Tanto los médicos como los padres reconocen las infecciones respiratorias por sus síntomas característicos. Generalmente, los niños con leves síntomas de las vías respiratorias altas y por lo demás sanos no necesitan acudir al médico, a no ser que tengan dificultades respiratorias, no beban o tengan fiebre durante más de 1 o 2 días. Se realizan radiografías del cuello y del tórax en los niños que tienen dificultad para respirar, estridor o sibilancias, o si el médico detecta congestión pulmonar en la auscultación. Los análisis de sangre y de secreciones respiratorias no suelen tener utilidad en este caso.

Prevención

La mejor medida preventiva es la práctica de una buena higiene. El niño enfermo y las personas que convivan con él deben lavarse las manos con frecuencia. En general, cuanto más íntimo sea el contacto físico con un niño enfermo (como abrazarse y arrimarse a él o compartir la cama) mayor será el riesgo de propagación de la infección a otros miembros de la familia. Los padres deben sopesar este riesgo con la necesidad de confortar al niño enfermo. Los niños deben quedarse en casa y no asistir a la escuela o a la guardería hasta la desaparición de la fiebre y hasta que se encuentren lo suficientemente bien para poder asistir.

La gripe es la única infección respiratoria vírica que se puede evitar por medio de la vacunación. Todos los niños de 6 meses o más han de ser vacunados anualmente, y también deben vacunarse los adultos (véase también vacuna contra la gripe). La vacunación es especialmente importante en niños y adultos con ciertos trastornos, como las enfermedades del corazón o de los pulmones (incluidas la fibrosis quística y el asma), la diabetes, la insuficiencia renal y la anemia de células falciformes (anemia drepanocítica o drepanocitosis). Además, debe vacunarse a los niños cuyo sistema inmunitario esté debilitado, incluyendo a los niños que sufren infección por el virus de la inmunodeficiencia humana [VIH] y los sometidos a quimioterapia.

Tratamiento

  • Reposo y líquidos

  • Medicamentos para la fiebre y el dolor

Los antibióticos no son necesarios para tratar infecciones respiratorias de origen vírico. Los niños con infecciones respiratorias necesitan reposo adicional y una mayor ingesta de líquidos. El paracetamol (acetaminofeno) o los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), tales como el ibuprofeno, se administran para la fiebre y los dolores. Los niños en edad escolar pueden tomar sin receta médica un descongestionante para la congestión nasal, aunque esta medicación no suele ser de utilidad. Los lactantes y los niños pequeños son particularmente sensibles a los efectos secundarios de los descongestionantes y pueden experimentar agitación, confusión, alucinaciones, letargo y taquicardia. En lactantes y niños pequeños, la congestión se alivia bastante usando un vaporizador de vapor frío para humedecer el aire y succionando la mucosidad de la nariz con una perilla de goma.