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Introducción al maltrato y abandono de menores

Por Ann S. Botash, MD, State University of New York, Upstate Medical University

  • Algunos de los factores que contribuyen al maltrato y abandono de un menor son la pobreza, la drogadicción, el alcoholismo, los trastornos mentales y la monoparentalidad.

  • Los menores abandonados o maltratados se ven cansados o sucios y pueden presentar lesiones físicas o problemas emocionales o mentales.

  • El maltrato se sospecha cuando los hematomas sugieren que una lesión no fue accidental, cuando las lesiones no concuerdan con la explicación del cuidador o, en algunos casos, cuando son manifiestas tanto las lesiones curadas como las nuevas.

  • El tratamiento del abandono y el maltrato consiste en proteger al menor de sufrir más daño, asesorar a los padres y a los menores, en ocasiones la hospitalización del menor y, a menudo, ayudar a la familia a proporcionar un cuidado seguro y apropiado.

Los malos tratos a un menor pueden consistir en no suministrarle las necesidades básicas (abandono) o en hacerle daño (maltrato propiamente dicho). El abandono implica la no satisfacción de las necesidades principales del niño: físicas, médicas, educativas y emocionales. El abandono emocional es una parte del maltrato emocional. El maltrato puede ser físico, sexual o emocional. A veces, las diferentes formas de maltrato se producen a la vez. El abandono y el maltrato de menores a menudo se producen al mismo tiempo y junto con otras formas de violencia familiar, como maltrato del cónyuge. Además del daño inmediato, el abandono y el maltrato causan problemas duraderos, incluidos trastornos de salud mental y abuso de sustancias tóxicas. Además, los adultos que sufrieron maltrato físico o abuso sexual cuando eran niños son más propensos a maltratar a sus propios hijos o a abusar de ellos.

El abandono y el maltrato son problemas considerables. Por ejemplo, en Estados Unidos cada año se producen 896 000 casos de maltrato o abandono de menores, con cerca de 1400 víctimas mortales. El abandono es tres veces más frecuente que el maltrato físico.

El abandono y el maltrato son resultado de una compleja combinación de factores individuales, familiares y sociales. Ser madre o padre soltero, ser pobre, tener problemas con las drogas o el abuso de alcohol o trastornos de la salud mental (como un trastorno de la personalidad o baja autoestima) puede hacer que el progenitor sea más propenso a abandonar al niño o a maltratarlo. El abandono es 12 veces más frecuente entre los niños que viven en la pobreza.

Los médicos y el personal de enfermería están obligados por ley a denunciar de inmediato ante un servicio de protección de menores aquellos casos en los que se sospeche abandono o maltrato infantil. Los profesionales de la salud deben comunicar a los padres, aunque no están obligados a hacerlo, que se ha realizado una denuncia de acuerdo con la legislación y que una persona autorizada se pondrá en contacto con ellos, les entrevistará y posiblemente les visitará en su domicilio. Dependiendo de las circunstancias y la normativa, también se debe informar a las autoridades legales municipales. Aquellas personas que, en razón de su trabajo, tienen a su cargo a niños y adolescentes menores de 18 años de edad, también deben informar de inmediato cuando tengan sospecha o constancia de que se está produciendo un caso de abandono o maltrato de menores. Entre estas personas se encuentran maestros, profesionales del cuidado infantil, personal de los servicios de acogida, policía y personal de servicios legales. También se insta a cualquier otra persona que conozca o sospeche de un caso de abandono o maltrato a informar de este, aunque no está obligada a hacerlo.

Todas las denuncias de casos de maltrato y abandono de menores son investigadas por representantes del organismo municipal de los servicios de protección de menores, que determinan los hechos y emiten recomendaciones. Los representantes de este organismo pueden recomendar la intervención de los servicios sociales (para el menor y sus familiares), la hospitalización temporal, un hogar de acogida temporal o el cese permanente de la patria potestad. Los médicos y los trabajadores sociales ayudan a los representantes de los organismos municipales de los servicios de protección de menores a decidir lo que se debe hacer basándose en las necesidades médicas inmediatas del menor, la gravedad del daño y la probabilidad de que siga produciéndose abandono y maltrato.

Tipos

Existen distintos tipos de abandono y maltrato de menores.

Abandono físico

La forma más elemental de abandono consiste en la no satisfacción de las necesidades básicas del menor en cuanto a alimentos, vestido y cobijo. Pero existen muchas otras formas. Puede ocurrir que los padres no atiendan a los cuidados preventivos dentales o médicos del menor, como las vacunas y las revisiones médicas regulares. Puede ocurrir que retrasen la obtención de asistencia médica cuando el menor está enfermo, exponiéndole a enfermedades graves e incluso a la muerte. Puede ocurrir que no se ocupen de que el menor acuda a la escuela o de que reciba educación al margen del sistema escolar. Puede ser que dejen al menor al cuidado de una persona pese a saber que puede maltratarlo o que lo dejen solo, sin supervisión.

¿Sabías que...?

  • El abandono es tres veces más frecuente que el maltrato físico.

Maltrato físico

El maltrato físico consiste en maltratar o lesionar al menor, infligiéndole un castigo físico excesivo. Los niños de cualquier edad pueden sufrir maltrato físico, pero los lactantes y los niños muy pequeños (entre 1 y 3 años de edad) son particularmente vulnerables. El maltrato físico es la causa más frecuente de traumatismos craneales graves en menores. En los niños entre 1 y 3 años, es más probable que el maltrato físico tenga como resultado lesiones abdominales, que pueden ser mortales. Los malos tratos físicos (incluido el homicidio) se encuentran entre las diez causas principales de muerte en los menores. Generalmente, el riesgo de maltrato físico disminuye durante los primeros años de escolarización y aumenta durante la adolescencia.

Más del 75% de los casos de maltrato son perpetrados por los padres. Los niños que nacen en un entorno de pobreza y/o de una madre joven y soltera son muy vulnerables a sufrir maltrato. El estrés familiar contribuye al maltrato físico. El estrés puede provenir del desempleo, de los frecuentes traslados de domicilio, del aislamiento social de amigos o familiares o de la violencia familiar continua. Los niños difíciles (irritables, exigentes o hiperactivos) o con necesidades especiales (discapacidades intelectuales o físicas) son más propensos a recibir maltrato físico. El maltrato físico se desencadena frecuentemente por una crisis que estalla en un ambiente de estrés. Esta crisis puede tener su origen en la pérdida de un trabajo, una muerte en la familia o un problema de disciplina.

Abuso Sexual

Se considera abuso sexual cualquier acto con un menor que implique la gratificación sexual de un adulto o de un joven significativamente mayor. Incluye penetración en la vagina, el ano o la boca del niño; tocar al niño con intención sexual, pero sin penetración (abuso sexual); exponer los genitales o mostrar pornografía a un niño; y la utilización de niños en la producción de pornografía. El abuso sexual no incluye el juego sexual. En este, niños que se llevan entre sí menos de 4 años ven o tocan los genitales del otro sin que exista coerción.

Hacia la edad de 18 años, entre el 12 y el 25% de las niñas y entre el 8 y el 10% de los niños han sido objeto de abuso sexual. En la mayoría de los casos, los responsables de abuso sexual son personas conocidas por los menores, frecuentemente del propio entorno familiar: un padrastro, un tío o la pareja de la madre. El abuso sexual cometido por mujeres es menos frecuente.

Ciertas condiciones aumentan el riesgo de abuso sexual. Por ejemplo, los menores que reciben cuidados de varias personas o de un solo cuidador con varios compañeros sexuales están muy expuestos. La vulnerabilidad también aumenta con la marginación social, con el hecho de tener una baja autoestima, tener familiares próximos que también han sido víctimas de abuso sexual o pertenecer a una pandilla.

Maltrato emocional

Utilizar palabras o actos para maltratar psicológicamente al menor es un maltrato emocional. El maltrato emocional hace sentir a los menores que son despreciables, que tienen defectos, que no son amados, que son rechazados, que están en peligro o que solo son válidos cuando satisfacen las necesidades de otra persona.

El maltrato emocional consiste en desdeñar, explotar, aterrorizar, aislar y descuidar. Desdeñar significa minimizar las capacidades y los logros del menor. Explotar significa alentar una conducta desviada o delictiva, como cometer delitos o abusar del alcohol o de las drogas. Aterrorizar quiere decir intimidar, amenazar o asustar al menor. Aislar significa no permitirle interaccionar con otros adultos o niños. Descuidar emocionalmente al menor significa ignorarle, no interaccionar con él y no brindarle cariño y atención. El maltrato emocional tiende a darse durante un periodo prolongado.

Síndrome de Münchhausen por poderes

En este tipo de maltrato infantil muy poco frecuente, la persona que se ocupa del menor, por lo general la madre, exagera, finge o causa una enfermedad al menor (ver Trastorno facticio impuesto a otro).

Síntomas

Los síntomas de abandono y maltrato varían en parte según la naturaleza y la duración del abandono o del maltrato del menor y las circunstancias particulares. Además de lesiones corporales manifiestas, los síntomas incluyen problemas emocionales y de salud mental. Tales problemas aparecen inmediatamente o más tarde y pueden persistir.

Abandono físico

Los menores que son objeto de abandono físico pueden tener aspecto de estar mal alimentados, cansados, sucios o carecer de ropa apropiada. Faltan a la escuela con frecuencia. En casos extremos, pueden encontrarse viviendo solos o con hermanos, sin la supervisión de un adulto. El desarrollo físico y emocional puede ser lento. En ciertos casos, los menores abandonados mueren de hambre o de frío.

Maltrato físico

Los hematomas, quemaduras, lesiones o rasguños son signos frecuentes de maltrato físico. Estas marcas suelen tener la forma del objeto usado para golpear, como un cinturón o un cable eléctrico. Las quemaduras con cigarrillos o agua caliente son visibles en brazos y piernas. Pueden producirse también lesiones graves no visibles en la boca, los ojos, el cerebro u otros órganos internos. Los menores presentan a veces signos de lesiones antiguas, como fracturas, que ya se han curado. A veces las lesiones causan desfiguración.

Los bebés que han sido echados en una bañera caliente de forma intencionada presentan escaldaduras. Estas quemaduras pueden localizarse en las nalgas y tienen forma de círculo. La salpicadura de agua caliente puede causar pequeñas quemaduras en otras partes del cuerpo.

Los lactantes que son zarandeados pueden presentar el síndrome del bebé zarandeado. Este síndrome está provocado por sacudidas violentas, a menudo seguidas del lanzamiento del lactante. Los lactantes zarandeados pueden no presentar signos visibles de lesión y dar la impresión de que están durmiendo con un sueño profundo. Esta somnolencia se debe al daño cerebral y a la hinchazón, que puede ser el resultado de una hemorragia entre el cerebro y el cráneo (hemorragia subdural). Los lactantes pueden sufrir también hemorragia retiniana, en la parte posterior del ojo. También pueden tener rotas las costillas u otros huesos.

Los niños que han sufrido maltrato durante mucho tiempo a menudo aparecen temerosos e irritables. Con frecuencia duermen mal. Están deprimidos y ansiosos. Son mucho más propensos a actuar de forma violenta, delictiva o suicida.

Abuso Sexual

Son frecuentes los cambios en el comportamiento. Estos cambios pueden producirse bruscamente y ser extremos. Los menores se vuelven agresivos, se fugan o desarrollan fobias o trastornos del sueño. Los menores que sufren abusos sexuales se comportan sexualmente de forma inadecuada de acuerdo con su edad. Los que sufren abusos sexuales por parte de un progenitor u otro miembro de la familia tienen sentimientos conflictivos. Se sienten emocionalmente unidos al agresor, aunque traicionados.

El abuso sexual también provoca lesiones corporales. Los menores presentan en ocasiones hematomas, desgarros o hemorragias en las zonas que rodean los genitales, el recto o la boca. Las lesiones en las zonas de los genitales y el recto hacen difícil caminar y sentarse. Las niñas pueden tener secreción vaginal. Pueden también presentarse enfermedades de transmisión sexual, como la gonorrea, las infecciones por clamidia o, a veces, infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).

Maltrato emocional

En general, los menores que sufren malos tratos emocionales tienden a ser inseguros y ansiosos acerca de su relación con los demás porque sus necesidades no han sido satisfechas de forma consistente o previsible. Los lactantes que han sido privados de cariño familiar parecen impasibles o indiferentes ante lo que les rodea. Su comportamiento puede confundirse con un retraso mental/discapacidad intelectual o un trastorno orgánico. A los menores abandonados emocionalmente les faltan habilidades sociales o son lentos en el desarrollo de habilidades del habla y del lenguaje. Los menores desdeñados pueden tener una baja autoestima. Los que son objeto de explotación pueden cometer delitos o abusar del alcohol o de las drogas. Los menores aterrorizados parecen temerosos y retraídos. Son desconfiados, tímidos y están extremadamente ansiosos por complacer a los adultos. Pueden acercarse inapropiadamente a personas extrañas. Los menores marginados o aislados son torpes en ciertas situaciones sociales y tienen dificultades para establecer relaciones normales. Los niños mayores pueden dejar de asistir a la escuela regularmente o tener un mal rendimiento escolar.

¿Sabías que...?

  • La mayoría de las víctimas de abuso sexual conocen a su agresor.

Diagnóstico

El abandono y el maltrato suelen ser difíciles de reconocer, a menos que los menores tengan aspecto de estar gravemente desnutridos o presenten lesiones evidentes, o que otras personas sean testigos del abandono y el maltrato. El abandono y el maltrato pueden no ser reconocidos durante años. Hay muchas razones para esta dificultad. Los menores que sufren malos tratos pueden sentir que el maltrato es parte normal de la vida y no hablan de ello. Los menores que sufren abusos físicos y sexuales a menudo son reacios a proporcionar voluntariamente esta información por sentir vergüenza, por miedo a las represalias o, incluso, por la sensación de haber merecido el maltrato. A menudo, los menores que sufren maltrato físico describen lo que ocurrió si se les pregunta directamente, pero los que sufren abusos sexuales pueden haber jurado mantener el secreto o estar demasiado traumatizados para hablar de ello.

Cuando los médicos sospechan abandono o cualquier tipo de maltrato, buscan signos de otros tipos de maltrato. También realizan una evalución completa de las necesidades físicas, ambientales, emocionales y sociales del menor.

Abandono físico

Los profesionales de la salud o los trabajadores sociales suelen identificar los casos de abandono físico durante la valoración de un problema no relacionado, como una lesión, una enfermedad o un problema de comportamiento. Los médicos pueden notar que un menor no se desarrolla física o emocionalmente con normalidad o que ha faltado a muchas citas médicas o sesiones de vacunación. Los maestros pueden darse cuenta de la negligencia hacia el menor por las ausencias frecuentes e injustificadas de la escuela. Si se sospecha abandono, los médicos suelen valorar la presencia de anemia, infecciones e intoxicación, frecuentes entre los niños que son objeto de negligencia.

Maltrato físico

Se sospecha de maltrato físico si el bebé que aún no camina presenta hematomas o lesiones importantes. Puede sospecharse de maltrato en bebés o niños pequeños cuando presentan ciertos tipos de hematomas, como en la parte posterior de las piernas, las nalgas y el torso. Cuando los niños están aprendiendo a caminar, los hematomas o magulladuras son frecuentes, pero se suelen encontrar en zonas óseas prominentes de la parte delantera del cuerpo, como las rodillas, las espinillas, la frente, el mentón y los codos.

También se sospecha de maltrato cuando los padres parecen saber muy poco sobre la salud del niño o cuando no parecen preocuparse por lesiones manifiestas. Los padres maltratadores son reacios a describir al médico o a los amigos cómo ocurrió la lesión. La descripción no es adecuada a la edad y la naturaleza de la lesión o se proporcionan distintas versiones cada vez que se cuenta la historia.

Si los médicos sospechan de maltrato físico, obtienen dibujos y fotografías precisos de las lesiones. A veces se toman radiografías para detectar signos de lesiones anteriores. A menudo, si el niño es menor de 2 años, se toman radiografías de todos los huesos para comprobar la presencia de fracturas.

Abuso sexual

A menudo, el abuso sexual se diagnostica sobre la base del relato del incidente por parte del menor o de un testigo. Sin embargo, dado que muchos menores son reacios a hablar del abuso sexual, nace la sospecha solo cuando el menor comienza a comportarse de una forma anormal. Si el menor ha sido objeto de abusos sexuales dentro de las 72 horas previas, el médico lo examina para recoger una evidencia legal de contacto sexual, por ejemplo tomando un frotis de líquidos corporales y muestras de pelo de la zona genital. Se toman fotografías de cualquier lesión visible. En algunas comunidades, este examen lo llevan a cabo profesionales de la salud especialmente entrenados para valorar el abuso sexual en menores.

Maltrato emocional

Generalmente el abuso emocional se identifica al evaluar otro problema, como un escaso rendimiento en la escuela o un problema de comportamiento. Los menores que sufren abusos emocionales son examinados en busca de signos de maltrato físico y abuso sexual.

Tratamiento

Un equipo formado por médicos, otros profesionales de la salud y trabajadores sociales trata las causas y los efectos del abandono y el maltrato. El equipo ayuda a los familiares a comprender las necesidades del niño y a acceder a recursos locales. Por ejemplo, se puede solicitar asistencia médica pública y gratuita para un menor cuyos padres no pueden pagar determinados servicios de atención sanitaria. Otros programas municipales y gubernamentales pueden proporcionar asistencia con alimentos y vivienda. Los padres que abusan de sustancias tóxicas o que sufren trastornos mentales pueden incorporarse a programas específicos de tratamiento. A veces existen programas de orientación sobre la crianza de los hijos.

Todas las lesiones físicas y los trastornos deben recibir tratamiento. Algunos menores son hospitalizados para tratar las lesiones, la desnutrición grave u otros trastornos. Algunas lesiones graves necesitan cirugía. Los lactantes con síndrome del bebé zarandeado suelen requerir el ingreso en una unidad pediátrica de cuidados intensivos. A veces, menores con buena salud son hospitalizados para protegerlos de potenciales malos tratos hasta haber logrado encontrarles un hogar adecuado.

A algunos menores que han sufrido abusos sexuales se les administran fármacos para prevenir las enfermedades de transmisión sexual (ETS), incluso, a veces, la infección por VIH. Un menor que parece estar muy alterado necesita asesoramiento y medidas de apoyo urgentes. Los menores que sufren abusos sexuales, incluso los que parecen inicialmente no estar afectados, son remitidos a un profesional de la salud mental, ya que son muy frecuentes los problemas a largo plazo. A menudo es necesario el asesoramiento psicológico a largo plazo. En caso de presentarse problemas emocionales o de comportamiento, los médicos remiten a los menores con otros tipos de maltrato a un asesoramiento psicológico.

El objetivo del tratamiento es devolver a los menores a un ambiente familiar seguro y saludable. Dependiendo de la naturaleza del maltrato y del culpable del mismo, los menores pueden volver a su hogar con sus familiares o ser alejados de su hogar y ubicados en casa de familiares o ingresados en un hogar de acogida temporal. Esta situación suele ser temporal, por ejemplo hasta que los padres consigan albergue o un trabajo o hasta que puedan establecerse las visitas domiciliarias regulares de un trabajador social para el seguimiento. En casos graves de abandono o de maltrato o abuso, la patria potestad puede interrumpirse de forma permanente. En tales casos, el menor permanece en un hogar de acogida temporal (ver Hogares de acogida temporal) hasta que sea adoptado o llegue a la mayoría de edad.

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