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Problemas del sueño en niños

Por Stephen Brian Sulkes, MD, Professor of Pediatrics, Division of Neurodevelopmental and Behavioral Pediatrics, Golisano Children’s Hospital at Strong, University of Rochester School of Medicine and Dentistry

La mayoría de los niños de 3 meses de edad ya suelen dormir tramos de por lo menos 5 horas de un tirón, pero luego experimentan periodos de despertares nocturnos en los primeros años de vida, a menudo cuando están enfermos. A medida que crecen, aumenta el número de fases de sueño con movimiento ocular rápido (REM, por sus siglas en inglés), y es durante esta fase del ciclo de sueño cuando se tienen los sueños, incluidas las pesadillas. Cada familia varía en sus actitudes acerca de dormir con los padres y otros hábitos de sueño. Es importante que los progenitores se manifiesten francamente y hablen entre sí sobre sus preferencias, lo que permite evitar el estrés y evitar transmitir mensajes contradictorios a sus hijos.

En la mayoría de los niños, los problemas del sueño son intermitentes o temporales y con frecuencia no necesitan tratamiento.

Pesadillas

Las pesadillas son sueños terroríficos que se producen durante las fases de sueño con movimiento ocular rápido (REM, por sus siglas en inglés). El niño que tiene una pesadilla suele despertarse por completo y es capaz de describir vívidamente los detalles de su sueño. A menos que sean muy frecuentes, las pesadillas no son una causa de alarma. Se producen con mayor frecuencia durante los periodos de estrés o incluso después de que el niño haya visto una película o un programa de televisión de contenido violento o de terror. Si las pesadillas se producen a menudo, los padres pueden llevar un diario con el propósito de identificar la causa.

Terrores nocturnos y sonambulismo

Los terrores nocturnos son episodios de despertar incompleto con extrema ansiedad poco después de haberse dormido. Ocurren en la fase de sueño con movimiento ocular lento (no-REM, por sus siglas en inglés) y son más frecuentes entre los 3 y los 8 años de edad. El niño grita y se muestra asustado, con sudores y respiración y frecuencia cardíaca aceleradas. No parece ser consciente de la presencia de sus padres, puede tener sacudidas violentas, no responde a los intentos de consuelo y no contesta a las preguntas que se le formulan aun pudiendo hablar. Tras algunos minutos, suele volver a dormirse por completo. A diferencia de lo que sucede en las pesadillas, el niño no recuerda estos episodios. Los terrores nocturnos son alarmantes porque el niño grita y se muestra inconsolable durante el episodio. Cerca de un tercio de los niños con terrores nocturnos también suelen sufrir de sonambulismo (levantarse de la cama y caminar por la casa aun estando dormidos). Alrededor del 15% de los niños de edades comprendidas entre los 5 y los 12 años tienen al menos un episodio de sonambulismo.

Los terrores nocturnos y el sonambulismo (ver Parasomnias) suelen desaparecer espontáneamente, pero pueden producirse episodios ocasionales durante años. Por lo general, no se requiere ningún tratamiento específico, pero puede hacerse necesario si tales trastornos persisten en la adolescencia o en la edad adulta y son graves. Los niños que necesitan tratamiento para los terrores nocturnos a veces responden a un sedante o a ciertos antidepresivos. Sin embargo, estas medicaciones son fuertes y provocan a veces reacciones adversas.

Resistencia a acostarse

Los niños, especialmente entre el primer y segundo año de vida, suelen resistirse a ir a la cama debido a la ansiedad que les produce separarse de sus padres (ver Lactantes), mientras que en los niños mayores la causa puede estribar en su interés en controlar otros aspectos de su entorno. Los niños pequeños a menudo lloran cuando se quedan solos en su cuna o se escapan de la cuna para buscar a sus padres. Otra causa frecuente de resistencia a acostarse es el retraso en quedarse dormidos. Estas situaciones surgen cuando se permite a los niños permanecer hasta más tarde de lo habitual durante un número de noches suficiente para adaptar su reloj interno a un horario de sueño que comience más tarde. Resulta difícil volver a adelantar la hora de acostarse, pero un corto tratamiento con antihistamínicos o melatonina ayuda a restablecer el horario.

La resistencia a acostarse no se soluciona si los padres permanecen en la habitación durante un largo periodo para proporcionarle bienestar o si permiten que el niño se levante. De hecho, estas conductas refuerzan los despertares nocturnos, en los cuales los niños intentan reproducir las condiciones en las que se quedan dormidos. Para controlar completamente el problema, el padre o la madre puede sentarse en el pasillo sin hablar, frente al cuarto y a la vista del niño, para cerciorarse de que sigue en la cama. Así el niño establece una rutina en la que se duerme solo y aprende que no está permitido levantarse de la cama. El niño también comprende que los padres están a su disposición si los necesita, pero no para contarle más cuentos o jugar. Finalmente, el niño se rinde y se queda dormido. A menudo es útil regalarle al niño un objeto (como un osito de peluche). Una pequeña luz nocturna, un aparato que emite un sonido de fondo relajante o ambos también pueden reconfortarle.

Despertar nocturno

Todo el mundo se despierta varias veces cada noche. La mayoría de las personas, no obstante, suelen volver a dormirse espontáneamente. Frecuentemente, los niños, después de una mudanza, una enfermedad u otras experiencias o acontecimientos estresantes, sufren episodios repetidos de despertares nocturnos. Los problemas de sueño empeoran cuando duermen largas siestas por la tarde o se sobreestimulan al jugar antes de acostarse. El sueño se interrumpe a veces por el síndrome de las piernas inquietas (ver Trastorno de movimiento periódico de las extremidades (TMPE) y síndrome de piernas inquietas (SPI)) y algunos niños, en particular los que se agitan y roncan, pueden tener apnea obstructiva del sueño (ver Apnea del Sueño). El médico puede recomendar suplementos de hierro para los niños con síndrome de piernas inquietas, incluso si no tienen anemia por deficiencia de hierro, y puede sugerir una evaluación para la apnea del sueño para los niños que se agitan y roncan.

Permitir que el niño duerma con los padres a causa de los despertares nocturnos refuerza el comportamiento. Jugar con el niño o alimentarlo durante la noche, así como darle un azote o regañarlo son también medidas contraproducentes. Suele ser más efectivo llevar al niño de nuevo a su cama con simples frases tranquilizadoras. A menudo resulta eficaz promover una rutina a la hora de acostarse que incluya la lectura de un cuento breve, ofrecerle su muñeco o su manta favorita y dejar una pequeña lámpara de noche encendida (en el caso de niños de más de 3 años). Para disminuir la posibilidad de los despertares nocturnos, es importante que las condiciones y el lugar en que el niño se despierta durante la noche sean las mismas que aquellas en las que se duerme. Así, aunque a un niño se le puede permitir ponerse a dormir en otro lugar (por ejemplo, en otra habitación con los padres), no debe estar completamente dormido cuando se le coloca en la cuna o en la cama. Los padres y las otras personas que lo cuidan deben tratar de mantener la misma rutina cada noche, para que el niño se dé cuenta de lo que se espera de él. Si el niño está físicamente sano, dejar que llore algunos minutos le permite calmarse por sí mismo, lo que disminuye los despertares nocturnos.