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Lesiones durante el parto

Por Arthur E. Kopelman, MD, The Brody School of Medicine at East Carolina University

Las lesiones durante el parte se producen durante el proceso de alumbramiento y suelen ocurrir durante el paso por el canal del parto.

  • Muchos recién nacidos sufren heridas leves durante el parto.

  • En raras ocasiones, se lesionan nervios o se fractura algún hueso.

  • La mayoría de las lesiones se curan sin tratamiento.

Cuando el canal del parto es demasiado pequeño o el feto es demasiado grande (como ocurre algunas veces cuando la madre sufre diabetes), puede tener lugar un parto difícil, con riesgo de lesiones en el feto. También es más probable la lesión cuando el feto se sitúa en una posición incorrecta en el útero antes del nacimiento. En conjunto, la frecuencia de lesiones durante el parto es mucho más baja ahora que en décadas pasadas, dado que existe una mejor evaluación prenatal con ecografía y que puede recurrirse a la cesárea en ciertas circunstancias.

¿Sabías que...?

  • Las lesiones congénitas graves son bastante infrecuentes hoy en día en comparación con lo que sucedía hace unas décadas.

Lesiones craneales y cerebrales

En la mayoría de los nacimientos, la cabeza es la primera parte del cuerpo que se introduce en el canal del parto, y sufre gran parte de la presión durante el parto. La hinchazón del cuero cabelludo y los hematomas son frecuentes pero no son graves y remiten en pocos días.

A veces se acumula sangre debajo de la espesa cubierta fibrosa (periostio) de los huesos del cráneo. Esta acumulación de sangre se denomina cefalohematoma. Los cefalohematomas son blandos al tacto y aumentan de tamaño después del nacimiento. No necesitan tratamiento y desaparecen en unas semanas o meses.

Puede ocurrir la fractura de uno de los huesos del cráneo, aunque es muy poco frecuente. A menos que la fractura forme una indentación (fractura deprimida), se cura rápidamente sin tratamiento.

La hemorragia cerebral puede producirse por la ruptura de un vaso sanguíneo dentro del cráneo (hemorragia intracraneal). La hemorragia en los espacios alrededor del cerebro aparece como resultado de la deformación de los huesos del cráneo durante el parto o por falta de oxígeno. La hemorragia cerebral es mucho más frecuente en niños muy prematuros; es el resultado de la irrigación sanguínea insuficiente del cerebro (isquemia) o de la disminución de oxígeno en la sangre (hipoxia).

La mayoría de los recién nacidos con hemorragia no tienen síntomas. Pero la hemorragia puede causar apatía (letargo), mala alimentación o convulsiones.

La hemorragia puede ocurrir en varias zonas en el interior del cráneo.

  • Las hemorragias subaracnoideas se producen por debajo de la más profunda de las dos membranas que cubren el encéfalo. Es el tipo más común de hemorragia intracraneal, y suele ocurrir en los recién nacidos a término. Los recién nacidos con hemorragia subaracnoidea, a veces tienen convulsiones en los primeros días de vida, pero finalmente salen adelante sin complicaciones.

  • Las hemorragias subdurales, que se producen entre las capas externa e interna que recubren el encéfalo, son actualmente mucho menos frecuentes debido a las mejorías técnicas en el parto. Una hemorragia subdural aumenta la presión en la superficie del cerebro. Los recién nacidos con hemorragias subdurales suelen tener problemas, tales como convulsiones o niveles elevados de bilirrubina en la sangre.

  • Las hemorragias intraventriculares se producen en unos espacios llenos de líquido (ventrículos) en el cerebro. Las hemorragias intraparenquimatosas ocurren en el propio tejido cerebral. Estos dos tipos de hemorragia suelen producirse en recién nacidos muy prematuros y se producen típicamente como resultado de un cerebro subdesarrollado (ver Falta de desarrollo del cerebro) más que como consecuencia de una lesión del parto.

Todos los recién nacidos con hemorragia reciben medidas de apoyo, como calor, administración de líquidos por vía intravenosa y otros tratamientos para mantener las funciones corporales hasta que se recuperen. Las hemorragias subdurales deben ser tratadas por un cirujano.

Lesiones neurales

Rara vez ocurren lesiones en los nervios. La presión en los nervios faciales causada por los fórceps utilizados para asistir el parto o porque la cabeza del feto ha estado apoyada contra la pelvis de la madre puede provocar debilidad en los músculos de un lado de la cara. Esta lesión es evidente cuando el recién nacido llora y la cara parece asimétrica. No es necesario ningún tratamiento y la debilidad, por lo general, se resuelve a la edad de 2 o 3 meses.

Durante el parto difícil de un bebé grande, es posible que alguno de los grandes nervios que van hacia uno de los brazos del bebé se distienda y se lesione. El resultado es debilidad o parálisis en un brazo o una mano del recién nacido. Deben evitarse los movimientos extremos del hombro para permitir que los nervios se curen. Muy raramente, el brazo sigue débil al cabo de varias semanas. En este caso, puede necesitarse la cirugía para reparar los nervios desgarrados.

A veces, el nervio que va al diafragma (la vaina muscular que separa los órganos del tórax de los del abdomen) resulta dañado, dando como resultado la parálisis del diafragma en el mismo lado. En este caso, el recién nacido puede tener dificultades respiratorias. La lesión de los nervios del brazo y del diafragma en el recién nacido suele resolverse por completo en pocas semanas.

Las lesiones de la médula espinal causadas por una distensión exagerada durante el parto son muy infrecuentes. Estas lesiones pueden provocar una parálisis por debajo de la zona donde ocurrió la lesión. Una lesión medular suele ser permanente.

Asfixia perinatal

La asfixia perinatal significa que durante el nacimiento se ha producido algún daño en el feto o en el recién nacido. Ocurre cuando fluye muy poca sangre hacia los tejidos del feto o del recién nacido, o cuando hay muy poco oxígeno en la sangre. Puede haber muchas causas, y algunas veces la causa exacta no se llega a identificar. Entre las causas más frecuentes se incluyen las siguientes:

  • Desarrollo anómalo del feto (por ejemplo, cuando hay anomalías genéticas)

  • Infecciones fetales

  • Exposición a ciertos fármacos antes del nacimiento

  • Presión sobre el cordón umbilical o un coágulo en uno de los vasos sanguíneos del cordón umbilical

  • Pérdida súbita de sangre

También se produce asfixia si la placenta no funciona adecuadamente y no es capaz de proporcionar suficiente oxígeno al feto durante el parto.

Sea cual sea la causa, los recién nacidos afectados presentan un aspecto pálido y sin vida, respiran débilmente o nada en absoluto y tienen un ritmo cardíaco muy lento. Si la asfixia resulta de una rápida pérdida de sangre, el recién nacido estará en choque (shock). Se le administran inmediatamente líquidos intravenosos y, posteriormente, una transfusión de sangre. En caso necesario, los recién nacidos reciben ayuda respiratoria y circulatoria. Se les mantiene calientes y se controlan sus niveles de azúcar en sangre.

En los recién nacidos que han sufrido asfixia pueden observarse signos de daño en uno o más sistemas orgánicos. La función cerebral puede verse afectada, dando lugar a letargo, convulsiones e incluso coma. La función renal y la salida de la orina pueden verse afectadas por la falta de oxígeno, pero se recuperan. También son probables problemas pulmonares y de respiración.

Muchos de los supervivientes estarán completamente sanos, pero otros conservan signos de lesión neurológica permanente, desde leves trastornos del aprendizaje y retrasos del desarrollo a parálisis cerebral. Algunos niños con asfixia grave no sobreviven. Las causas específicas de la asfixia perinatal se deben identificar siempre que sea posible, para tratarlas de la manera adecuada. Por ejemplo, administrar antibióticos para tratar infecciones de la sangre y realizar transfusiones sanguíneas cuando se ha perdido demasiada sangre. Recientemente, se ha demostrado que enfriar la cabeza del recién nacido a término durante varias horas, comenzando poco después del nacimiento, ofrece cierta protección al cerebro y, por lo tanto, reduce el daño neurológico.

Lesiones óseas

En raras ocasiones, durante un parto difícil se puede fracturar algún hueso. La fractura de la clavícula es muy frecuente; en un parto difícil pueden romperse el hueso de la zona superior del brazo (húmero) o el hueso de la parte superior de la pierna (fémur). Sin embargo, las fracturas de brazo o de pierna son muy poco frecuentes. Un hueso fracturado en un recién nacido se inmoviliza todo lo posible mediante cabestrillos o escayolas. Las fracturas en los recién nacidos casi siempre se curan completa y rápidamente.

Lesiones de la piel y los tejidos blandos

La piel del recién nacido muestra a veces signos de lesiones leves después del parto, especialmente en las zonas que sufren presión durante las contracciones o en las que emergen en primer lugar del canal del parto. En los partos de cara, a veces se produce hinchazón y hematomas alrededor de las órbitas de los ojos y en la cara, y en los partos de nalgas, las lesiones se producirán en el escroto o en los labios de la vulva. Por lo general, no es necesario ningún tratamiento.

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