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Anticoncepción y embarazo en adolescentes

Por Sharon Levy, MD, MPH, Harvard Medical School;Children's Hospital, Boston

Muchos adolescentes mantienen relaciones sexuales, pero eso no significa que estén totalmente informados sobre la anticoncepción, el embarazo y las enfermedades de transmisión sexual (ETS), incluida la infección por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH). La impulsividad, la falta de planificación y el uso concomitante de drogas y alcohol disminuyen la probabilidad de que los adolescentes empleen un método de control de la natalidad y un método de protección de barrera (como por ejemplo los preservativos).

Anticoncepción

Los adolescentes pueden emplear cualquiera de los métodos anticonceptivos para adultos (ver Introducción a la anticoncepción), pero el problema más frecuente es la adherencia a éste. Por ejemplo, muchas adolescentes olvidan tomar el anticonceptivo oral diariamente o lo suprimen en su totalidad, a menudo sin sustituirlo por otro método anticonceptivo. Aunque los preservativos masculinos o condones son el método de contracepción más frecuente, todavía hay prejuicios que reducen su uso constante (por ejemplo, que el preservativo disminuye el placer y no se corresponde con un «amor romántico»). A algunas chicas les da vergüenza pedir a su compañero que lo use durante las relaciones sexuales.

Embarazo

El embarazo es una fuente de tensión emocional muy importante para los adolescentes.

Las adolescentes embarazadas y sus parejas tienden a abandonar los estudios o su capacitación profesional, lo que empeora sus problemas económicos, disminuye su autoestima y perjudica las relaciones personales. En los embarazos adolescentes (que suponen el 13% de los embarazos en Estados Unidos) las jóvenes son más reacias que las mujeres adultas a recibir atención prenatal, lo que resulta en un mayor número de complicaciones del embarazo y tasas más altas de partos prematuros. Las adolescentes embarazadas, en particular las más jóvenes y las que no reciben atención prenatal, tienen más probabilidades que las mujeres de alrededor de 20 años de presentar problemas médicos, como anemia (el cuerpo no tiene suficientes glóbulos rojos sanos, ver Anemia durante el embarazo) y preeclampsia (presión arterial elevada y presencia de proteínas en la orina que pueden provocar estrés fetal, ver Preeclampsia y eclampsia).

Los niños de madres jóvenes (sobre todo de menos de 15 años de edad) tienen más probabilidades de nacer prematuros y con bajo peso. Sin embargo, con una buena atención prenatal, las adolescentes mayores no están más expuestas al riesgo de problemas del embarazo que las mujeres adultas en condiciones similares.

La adolescente puede decidir interrumpir el embarazo. El aborto voluntario (ver Aborto) no elimina los problemas psicológicos de un embarazo no deseado, ni para la adolescente ni para su pareja. Se pueden producir crisis emocionales:

  • Cuando se diagnostica el embarazo

  • Cuando se toma la decisión de abortar

  • Inmediatamente después de abortar

  • Cuando habría nacido el bebé

  • En los aniversarios de dicha fecha

Una adolescente embarazada puede optar por renunciar a criar al bebé voluntariamente (adopción, ver Adopción) o criarlo ella sola o junto al padre del niño, a menudo con el apoyo de los miembros de la familia.

Todas las opciones causan estrés emocional. La orientación familiar y la información sobre métodos anticonceptivos son beneficiosas tanto para la adolescente como para su pareja.

Los padres reaccionan de maneras diversas ante la noticia de que su hija está embarazada o de que su hijo ha dejado embarazada a su pareja. Las emociones van de la apatía a la decepción y el enojo. Es importante que los padres expresen su apoyo y su voluntad de ayudar a los adolescentes a afrontar las decisiones que tomen. Es necesario que los padres y los adolescentes se comuniquen abiertamente sobre temas como el aborto, la adopción y la paternidad, pues todas estas opciones son difíciles para que el adolescente las afronte solo.