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Depresión en niños y adolescentes

Por Josephine Elia, MD, Professor of Psychiatry and Human Behavior, Professor of Pediatrics;Attending Physician, Sidney Kimmel Medical College of Thomas Jefferson University;Nemours/A.I. duPont Hospital for Children

La depresión es un sentimiento de tristeza o irritabilidad lo bastante intenso para alterar la vida cotidiana o para causar una intensa aflicción. Puede aparecer después de una pérdida reciente u otro suceso triste, pero es una reacción desproporcionada respecto a la magnitud del suceso y persiste más allá de un periodo justificado (Ver también Depresión).

  • Las enfermedades orgánicas, los acontecimientos vitales y la herencia genética contribuyen a la depresión.

  • Los niños y adolescentes afectados se ven tristes, sin interés e indolentes o hiperactivos, agresivos e irritables.

  • Los médicos basan el diagnóstico en los síntomas que refieren el niño, los padres o los profesores y realizan pruebas para descartar otros trastornos causantes de los síntomas que presenta el niño.

  • La combinación de psicoterapia y antidepresivos parece ser generalmente la terapia más efectiva en los adolescentes. En los niños, sin embargo, la psicoterapia es la primera opción.

La tristeza y la desdicha son emociones humanas corrientes, especialmente en respuesta a situaciones problemáticas. Para los niños y los adolescentes, tales situaciones pueden incluir la muerte de uno de sus progenitores, el divorcio, la pérdida o el alejamiento de un amigo, la dificultad de adaptación a la escuela y la dificultad para hacer amigos. Sin embargo, los sentimientos de tristeza son, a veces, desproporcionados con respecto a lo sucedido o persisten durante mucho más tiempo de lo normal. En estos casos, particularmente si los sentimientos causan dificultades en el funcionamiento del día a día, los niños pueden tener depresión. Al igual que los adultos, algunos niños se deprimen incluso cuando no existen acontecimientos dolorosos. Estos niños presentan una mayor probabilidad de tener parientes con trastornos del estado de ánimo (antecedentes familiares).

La depresión ocurre hasta en el 2% de los niños y el 5% de los adolescentes.

No se conocen con exactitud las causas de la depresión, pero probablemente está asociada de algún modo a la alteración química del cerebro. Algunas tendencias a desarrollar depresión son hereditarias. Parece contribuir a ella una combinación de factores que incluye las experiencias vividas y la propensión genética (vulnerabilidad). A veces, parte de la causa puede ser otro trastorno, como una glándula tiroidea hipoactiva o el abuso de drogas.

La depresión incluye varios trastornos:

  • Trastorno depresivo mayor

  • Trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo

  • Trastorno depresivo persistente (distimia)

¿Sabías que...?

  • Algunos niños con depresión parecen más hiperactivos e irritables que tristes.

Síntomas

Como en los adultos, la gravedad de la depresión varía considerablemente.

Trastorno depresivo mayor

Los niños afectados presentan, de modo característico, sentimientos abrumadores de tristeza o de irritabilidad, de inutilidad y de culpa. Pierden interés en las actividades que normalmente les producen placer, como practicar algún deporte, ver la televisión, los videojuegos o jugar con amigos. Manifiestan un intenso aburrimiento. Muchos de estos niños también se quejan de problemas físicos, como dolor de estómago o de cabeza.

El apetito puede aumentar o disminuir y, a menudo, esto da lugar a cambios importantes de peso.

El sueño suele estar alterado. Los niños pueden padecer insomnio o dormir demasiado, o tener pesadillas frecuentes.

Con frecuencia, los niños deprimidos presentan falta de energía y no son físicamente activos. Sin embargo, algunos (en particular los niños más pequeños) presentan síntomas aparentemente contradictorios, como la hiperactividad y un comportamiento agresivo y muy irritable. Algunos niños parecen más enojados que tristes.

Los síntomas afectan de forma característica la habilidad para pensar y concentrarse y, por lo general, repercuten en las tareas escolares. Pueden perder amigos. Los niños pueden tener pensamientos, fantasías e intentos suicidas.

Incluso sin tratamiento, los niños con trastorno depresivo mayor pueden mejorar en 6 a 12 meses. Sin embargo, el trastorno a menudo se repite, sobre todo si el primer episodio fue grave o se produjo cuando los niños eran pequeños.

Trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo

Los niños están irritables la mayor parte del tiempo durante mucho tiempo, y su comportamiento con frecuencia está fuera de control. Con frecuencia pierden los nervios, a menudo mediante expresiones de rabia, destrucción de las cosas, o lesionando a otras personas. Este trastorno suele comenzar cuando los niños tienen entre 6 y 10 años de edad.

Muchos de estos niños también tienen otros trastornos, tales como:

Cuando estos niños alcanzan la edad adulta pueden desarrollar depresión.

Trastorno de depresión persistente

Este trastorno se asemeja a un trastorno depresivo mayor, pero los síntomas no suelen ser tan intensos y se mantienen un año o más.

Diagnóstico

  • Entrevistas o cuestionarios estructurados

  • Pruebas para detectar otras causas de los síntomas

Para diagnosticar la depresión, los médicos se basan en varias fuentes de información, incluidas una entrevista con el niño o adolescente y la información procedente de los padres y maestros. A veces se utilizan cuestionarios estructurados (ver Diagnóstico de la depresión) para ayudar a distinguir la depresión de una reacción normal a una situación infeliz. Los médicos tratan de averiguar si las tensiones familiares o sociales pueden haber precipitado la depresión. También preguntan específicamente sobre comportamientos suicidas, incluyendo pensamientos y conversaciones sobre el suicidio.

Se realizan pruebas para determinar si la causa es un problema orgánico, como una actividad anómala de la glándula tiroidea o el consumo de drogas.

Tratamiento

  • En la mayoría de los adolescentes, psicoterapia y antidepresivos

  • En los niños más pequeños, psicoterapia seguida, si es necesario, por antidepresivos

  • Orientación para los miembros de la familia y el personal escolar

El tratamiento depende de la gravedad de los síntomas. Un niño que manifiesta pensamientos suicidas debe ser cuidadosamente supervisado por profesionales de la salud mental expertos en este tipo de trastorno. Si el riesgo de suicidio es alto, requiere una hospitalización breve para mantenerlo a salvo.

Para la mayoría de los adolescentes, suele ser más eficaz la combinación de psicoterapia y fármacos. Pero en niños más pequeños, el tratamiento no está tan claro. Puede intentarse la psicoterapia como primera opción, usándose la farmacoterapia solo en caso necesario. La psicoterapia individual, la terapia de grupo o la terapia familiar son beneficiosas. Los médicos también aconsejan a los miembros de la familia y del la escuela cómo pueden ayudar a estos niños a que sigan realizando sus actividades y a aprender.

Los fármacos antidepresivos contribuyen a corregir el desequilibrio químico en el cerebro. Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), como la fluoxetina, la sertralina y la paroxetina (ver Fármacos utilizados para tratar la depresión), son los fármacos que se prescriben de forma mayoritaria a los niños y adolescentes deprimidos. Los antidepresivos tricíclicos, como la imipramina, son mucho menos eficaces en los niños que en los adultos y presentan más efectos secundarios; por ello, raramente se prescriben a los niños.

En los niños, al igual que en los adultos, la depresión a menudo recidiva. Los niños y los adolescentes deben ser tratados durante al menos 1 año después de que los síntomas hayan desaparecido.

Fármacos antidepresivos y suicidio

Recientemente ha surgido preocupación por el hecho de que los antidepresivos aumentan ligeramente el riesgo de pensamientos y comportamientos suicidas en niños y adolescentes (Ver también Comportamiento suicida en niños y adolescentes). Esta inquietud ha llevado a una disminución global en el uso de antidepresivos en niños. No obstante, el descenso de la prescripción se ha asociado a un aumento de la tasa de muerte por suicidio, quizás porque la depresión no se trata entonces adecuadamente en algunos niños.

Se han llevado a cabo estudios para tratar de resolver esta cuestión. Se ha visto que las ideas suicidas y los intentos de suicidio pueden aumentar ligeramente en los niños en tratamiento con antidepresivos. Sin embargo, la mayoría de los médicos opinan que los beneficios son mayores que los riesgos, y que los niños que padecen depresión suelen beneficiarse del tratamiento farmacológico siempre y cuando tanto los médicos como la familia estén atentos al empeoramiento de los síntomas depresivos o al incremento de los pensamientos suicidas.

Independientemente de si se utilizan fármacos, el suicidio es siempre una preocupación en un niño o adolescente con depresión. Las siguientes estrategias pueden contribuir a reducir el riesgo:

  • Los padres y los profesionales de la salud mental deben hablar sobre estos temas en profundidad.

  • El niño o el adolescente deben estar adecuadamente supervisados.

  • En el plan de tratamiento se deben incluir sesiones regulares de psicoterapia.

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