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Amígdalas y vegetaciones hipertrofiadas

Por Udayan K. Shah, MD, Pediatric Otolaryngologist ;Pediatric Otolaryngologist , Nemours/Alfred I duPont Hospital for Children;Thomas Jefferson University

  • El aumento de tamaño (hipertrofia) de las amígdalas y las vegetaciones en niños es a veces consecuencia de infecciones, pero puede ser normal.

  • El aumento de tamaño no suele causar síntomas pero produce dificultad para respirar o tragar, dolor de garganta y, a veces, infecciones recidivantes de oído o de senos paranasales o apnea obstructiva del sueño.

  • Se utilizan antibióticos si se sospecha una infección bacteriana y, en algunos casos, se extirpan quirúrgicamente las amígdalas y las vegetaciones.

Localización de las amígdalas y las vegetaciones

Las amígdalas son dos zonas de tejido linfático localizadas a ambos lados de la garganta. Las vegetaciones (adenoides), también de tejido linfático, están localizadas más arriba y más hacia atrás, detrás del paladar, en la conexión de las fosas nasales con la garganta. Las vegetaciones no son visibles por la boca.

Las amígdalas y las vegetaciones son acumulaciones de tejido linfático que pueden desempeñar cierto papel ayudando al organismo a combatir las infecciones. Atrapan las bacterias y los virus que entran por la garganta y producen anticuerpos. Las amígdalas están localizadas a ambos lados de la parte posterior de la garganta. Las vegetaciones están localizadas más arriba y más atrás, donde se conectan las fosas nasales y la garganta. Las amígdalas son visibles por la boca, pero las vegetaciones no.

Causas

Algunos niños en la etapa preescolar y en la adolescencia tienen amígdalas y vegetaciones relativamente grandes (hipertóficas) sin que ello sea indicador de ningún tipo de problema. Sin embargo, las amígdalas y las vegetaciones pueden agrandarse (hipertrofiarse) si se infectan con virus o bacterias causantes de infecciones de garganta (dolor de garganta, ver Dolor de garganta). Además, las alergias, los irritantes, y, posiblemente, el reflujo gastroesofágico (ver Reflujo gastroesofágico en niños) también puede causar que las amígdalas y las adenoides aumenten su tamaño.

A veces, cuando aumentan de tamaño, las amígdalas dificultan la respiración o la deglución y las vegetaciones pueden obstruir la nariz o las trompas de Eustaquio que conectan la parte posterior de la garganta con los oídos. Por lo general, las amígdalas y las vegetaciones vuelven a su tamaño normal una vez curada la infección. En algunos casos permanecen agrandadas, especialmente en los niños que han sufrido infecciones frecuentes o crónicas. Aunque solo en casos muy poco frecuentes, la causa del aumento de tamaño de las amígdalas o de las vegetaciones en los niños puede ser un cáncer.

Síntomas

La mayoría de las amígdalas y las vegetaciones agrandadas no causan síntomas. Sin embargo, las amígdalas o adenoides agrandadas pueden dar a la voz un tono de congestión nasal (la voz del niño suena como si estuviese resfriado). Los niños con amígdalas o vegetaciones agrandadas pueden presentar anomalías en la forma del paladar y en la posición de los dientes. Los niños también pueden tender a respirar por la boca.

Complicaciones

Las amígdalas y las vegetaciones agrandadas se consideran un problema cuando causan trastornos más graves como los siguientes:

  • Infecciones crónicas del oído y pérdida de audición: estos problemas son consecuencia de la obstrucción de la trompa de Eustaquio y la acumulación de líquidos en el oído medio.

  • Infecciones recidivantes de los senos paranasales: ver Sinusitis.

  • Apnea obstructiva del sueño (ver Apnea del Sueño): algunos niños con amígdalas y vegetaciones agrandadas roncan y dejan de respirar durante breves periodos de tiempo durante el sueño. El resultado es que los niveles de oxígeno en sangre descienden y los niños se despiertan frecuentemente y están soñolientos durante el día. La apnea obstructiva del sueño causada por amígdalas y vegetaciones agrandadas raramente presenta complicaciones graves, como aumento de la presión arterial pulmonar (hipertensión pulmonar, ver Hipertensión pulmonar) y alteraciones cardíacas que derivan de la hipertensión pulmonar (corazón pulmonar o cardiopatía pulmonar, ver Cor pulmonale: un tipo de insuficiencia cardíaca causado por trastornos pulmonares).

  • Pérdida o falta de ganancia de peso: en ocasiones, los niños no comen lo suficiente debido al dolor al tragar o porque respirar les exige un esfuerzo físico constante.

Diagnóstico

Para establecer el diagnóstico de infección, el médico considera cuántos episodios de inflamación de garganta ha sufrido el niño durante el pasado año o los 2 o 3 años anteriores. Esta información es más útil que el tamaño de las amígdalas en sí mismo. Unas amígdalas muy grandes pueden ser normales y unas amígdalas con infecciones crónicas tienen a veces un tamaño normal.

Por lo general, para acceder a la parte posterior de la nariz y la garganta, los médicos introducen un tubo flexible de visualización a través de la nariz (llamado nasofaringoscopio). El médico también comprueba si hay enrojecimiento de las amígdalas o aumento de tamaño de los ganglios linfáticos localizados en la mandíbula y el cuello; además, también comprueba el efecto de las amígdalas en la respiración.

Se sospecha apnea obstructiva del sueño cuando los padres refieren que la respiración del niño se interrumpe durante el sueño. En estos casos, puede recomendarse una polisomnografía. Para esta prueba, se vigila al niño mientras duerme durante la noche en un laboratorio y se registran ciertas mediciones, incluyendo los niveles de oxígeno en la sangre.

Tratamiento

Si se considera que la causa es alérgica, se puede prescribir un aerosol nasal de corticosteroides u otros medicamentos, como los antihistamínicos, por vía oral. Si la causa puede ser una infección bacteriana, pueden administrarse antibióticos. Si dichos fármacos no son eficaces o si el médico cree que no serán útiles, puede recomendar la extirpación quirúrgica de las vegetaciones (denominada adenoidectomía) y posiblemente de las amígdalas (denominada amigdalectomía) en la misma operación.

La amigdalectomía y la adenoidectomía son intervenciones muy frecuentes en niños en los Estados Unidos. Entre los niños a quienes benefician dichas intervenciones quirúrgicas se incluyen los que sufren los trastornos siguientes:

  • Apnea obstructiva del sueño

  • Molestia extrema con el habla y la respiración

  • Infecciones múltiples de garganta (el límite establecido por algunos médicos es de 6 infecciones en 1 año, más de 4 infecciones al año durante 2 años, o más de dos infecciones al año durante 3 años).

  • Cáncer (es una causa muy infrecuente)

El médico recomienda realizar solo la adenoidectomía en niños con las características siguientes:

  • Infecciones de oído frecuentes y colecciones persistentes de líquido en el oído medio

  • Obstrucción nasal recurrente que causa cambios en la voz o trastornos del sueño

  • Infecciones de los senos paranasales

¿Sabías que...?

  • Extirpar las amígdalas agrandadas y las vegetaciones solo está indicado cuando el aumento de tamaño produce malestar extremo, problemas respiratorios o infecciones recidivantes.

No parece que la amigdalectomía y la adenoidectomía disminuyan la frecuencia de los resfriados o la tos ni su gravedad.

La amigdalectomía y la adenoidectomía suelen ser intervenciones ambulatorias. Deben llevarse a cabo al menos 2 semanas después de la desaparición de cualquier infección. La tasa de complicaciones quirúrgicas es bastante baja, pero el dolor postoperatorio y la dificultad en la deglución causada por la amigdalectomía puede durar hasta 2 semanas. Los niños se recuperan de la adenoidectomía en 2 o 3 días. La hemorragia causada por la adenoidectomía es una complicación menos frecuente, pero puede ocurrir dentro de las 24 horas posteriores a la intervención, o 7 días después de la intervención. El sangrado después de la cirugía puede ser grave o incluso mortal en los niños. Si se produce un sangrado es necesario acudir al hospital o a la consulta del médico.

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