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Deficiencia auditiva (hipoacusia) en niños

Por Udayan K. Shah, MD, Pediatric Otolaryngologist ;Pediatric Otolaryngologist , Nemours/Alfred I duPont Hospital for Children;Thomas Jefferson University

  • La pérdida auditiva suele ser resultado de defectos genéticos en los recién nacidos y de infecciones del oído o tapones de cerumen en los niños mayores.

  • Si los niños no responden a los sonidos, tienen dificultad para hablar o se retrasa el momento de decir las primeras palabras es posible que su capacidad auditiva esté alterada.

  • Para evaluar la audición en los recién nacidos se utiliza un dispositivo manual o una prueba que mide las respuestas del cerebro a los sonidos; para los niños mayores existen varias técnicas disponibles.

  • Si es posible, se trata la causa, pero suele ser necesario el uso de un audífono.

  • Si los audífonos no son eficaces, a veces puede ser útil un implante coclear.

La deficiencia auditiva es relativamente frecuente en niños: Cerca del 1,9% de los niños tienen problemas de audición, y la pérdida permanente de la audición se encuentra en más de 1 de cada 1000 niños examinados por una pérdida de audición, tengan o no síntomas.

La deficiencia auditiva es ligeramente más frecuente en varones. El hecho de no reconocer ni tratar una deficiencia auditiva afecta gravemente al niño en su habilidad para hablar y para comprender el lenguaje. La deficiencia provoca un bajo rendimiento escolar, marginación por parte de sus compañeros, aislamiento social y problemas emocionales.

Causas

Los defectos genéticos son la causa más frecuentes de deficiencia auditiva en los recién nacidos. Las infecciones del oído, incluida la otitis media secretora (ver Otitis media secretora en niños), y el acúmulo de cerumen son las causas más frecuentes de déficit de la audición en lactantes y niños mayores. En los niños mayores, se consideran otras causas como: traumatismo craneal, ruidos intensos (incluida la música ruidosa), uso de antibióticos aminoglucósidos (como la gentamicina) o diuréticos tiacídicos, ciertas infecciones víricas (como las paperas), tumores o lesiones que afectan el nervio auditivo, traumatismos por lápices u otros objetos extraños introducidos profundamente en el oído y, en casos muy poco frecuentes, una enfermedad autoinmunitaria.

¿Sabías que...?

  • Si los niños ignoran a las personas que les dirigen la palabra de forma ocasional, es probable que tengan alguna pérdida o afectación auditiva.

Síntomas

Los padres sospechan un déficit auditivo grave si el niño no responde a los sonidos o si tiene dificultad para hablar o lo hace con lentitud.

Un déficit auditivo de poca gravedad es menos evidente y ocasiona comportamientos que frecuentemente son mal interpretados por los padres y el médico:

  • Los niños afectados ignoran a la persona que les está hablando, pero solo ocasionalmente.

  • Los niños pueden hablar y oír bien en casa, pero no en la escuela (un déficit auditivo leve o moderado solo causa problemas en el contexto con ruido de fondo de una clase).

En general, si los niños se están desarrollando bien en un determinado contexto pero tienen dificultades sociales, de comportamiento, de lenguaje y de aprendizaje notables en un contexto diferente, deben ser examinados para detectar un déficit auditivo.

Detección y diagnóstico

Dado que la audición desempeña un papel importante en el desarrollo del niño, muchos médicos recomiendan que todos los recién nacidos sean examinados alrededor de los 3 meses de edad con el fin de identificar tempranamente una deficiencia auditiva. Esta prueba es requerida por ley en muchos estados.

Los neonatos son evaluados habitualmente en dos fases. Primero se comprueba si en los oídos del recién nacido, como ocurre en los oídos sanos, se producen ecos en respuesta a chasquidos suaves generados por un dispositivo manual (prueba de emisiones otoacústicas evocadas). Si esta prueba plantea dudas sobre la audición del recién nacido, se realiza un segundo examen para medir las señales eléctricas del cerebro en respuesta a sonidos (prueba de respuesta auditiva del tronco del encéfalo o ABR, por sus siglas en inglés). El ABR es indoloro y suele realizarse mientras los recién nacidos duermen. Se puede realizar en niños de cualquier edad. Si los resultados son anómalos, la prueba se repite al cabo de un mes. Si se detecta nuevamente la pérdida de audición, hay que ayudar al niño con un audífono y considerar la conveniencia de que asista a un centro educativo preparado para ayudar a niños con déficit auditivo.

En niños mayores, se utilizan varias herramientas para diagnosticar el déficit auditivo:

  • Preguntar a los padres si detectan demora en el desarrollo normal del niño o valorar la preocupación de los padres sobre el desarrollo del lenguaje y del habla

  • Examinar los oídos para detectar posibles anomalías

  • Examinar la respuesta a varios sonidos en los niños de edad comprendida entre los 6 meses y los 2 años

  • Examinar la respuesta del tímpano a una gama de frecuencias de sonido (timpanometría) que permite detectar si hay líquido en el oído medio

  • Después de los 2 años de edad, pedir a los niños que ejecuten órdenes sencillas, lo cual suele indicar hasta qué punto oyen y entienden el habla; también se pueden evaluar sus respuestas a los sonidos utilizando auriculares

A menudo se realizan pruebas de diagnóstico por la imagen para identificar la causa de la pérdida de audición y establecer el pronóstico. Se realiza una resonancia magnética nuclear (RMN, ver Resonancia magnética nuclear (RMN)) en la mayoría de niños. Si se sospechan anomalías óseas, se realiza una tomografía computarizada (TC, ver Tomografía computarizada (TC)).

Tratamiento

El tratamiento de algunas de las causas de pérdida auditiva consigue recuperar la audición. Por ejemplo, las infecciones del oído pueden tratarse con antibióticos o mediante cirugía, el cerumen se puede extraer manualmente o disolviéndolo con gotas óticas (gotas para los oídos) y los colesteatomas se pueden extirpar quirúrgicamente.

Con más frecuencia, la causa de la pérdida de audición en el niño es irreversible y el tratamiento contempla el uso de un audífono para compensar el deterioro lo mejor posible.

Hay audífonos (ver Gestión de la pérdida de audición : Audífonos (prótesis auditivas)) tanto para lactantes como para niños mayores. Si la pérdida auditiva es leve o moderada o afecta a un solo oído, se pueden utilizar audífonos o auriculares. Los niños con un déficit auditivo en un único oído pueden beneficiarse de un sistema de entrenamiento auditivo por frecuencia modulada que transmite la voz del maestro directamente a un audífono situado en el oído sano. En los niños cuya pérdida auditiva es tan grave como para que no se puedan utilizar audífonos, se pueden emplear implantes cocleares (un sistema implantado quirúrgicamente que envía señales eléctricas directamente al nervio auditivo en respuesta a los sonidos) (ver Gestión de la pérdida de audición : Implante coclear). También puede ser necesaria una terapia para apoyar el desarrollo del lenguaje, como por ejemplo enseñar el lenguaje de signos (ver Tratamiento en los niños).

Las personas integradas en comunidades de sordos se sienten satisfechas de la riqueza de su cultura y de sus formas alternativas de comunicación. Muchas personas sordas se oponen al tratamiento quirúrgico del déficit auditivo basándose en que puede impedir a los niños la pertenencia a la comunidad sorda. Las familias que desean considerar este enfoque deben comentarlo con el médico.

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