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Cirugía

Por Paul K. Mohabir, MD, Critical Care Pulmonologist, Stanford University School of Medicine ; Jennifer Gurney, MD, Adjunct Assistant Professor, Uniformed Services, University of Health Sciences, Bethesda

La cirugía es el término utilizado tradicionalmente para describir los procedimientos (llamados procedimientos quirúrgicos) que implican realizar incisiones o suturar tejidos para tratar enfermedades, lesiones o deformidades. Sin embargo, los avances en las técnicas quirúrgicas han complicado su definición. A veces se utiliza el láser, la radiación u otras técnicas (en lugar del bisturí) para cortar tejidos, y las heridas pueden cerrarse sin sutura.

En la actualidad diferenciar entre un procedimiento quirúrgico y un procedimiento médico (generalmente considerado como un procedimiento en el que no se realiza ninguna incisión ni sutura sobre los tejidos) no siempre es fácil. Sin embargo, hacer esta distinción no es tan importante como el hecho de que el médico que realice el procedimiento tenga experiencia y una buena formación.

La cirugía es un área de cuidados extensa que incluye muchas técnicas diferentes: En algunos procedimientos quirúrgicos se extirpa tejido, como por ejemplo un absceso o un tumor; en otros procedimientos, se abren o desbloquean las obstrucciones. Aún existen otros procedimientos en los que se conectan arterias y venas a nuevas posiciones para proporcionar un aporte de sangre adicional a zonas que no recibían suficiente. En otro procedimiento quirúrgico llamado trasplante, pueden retirarse del cuerpo órganos tales como la piel, los riñones o el hígado que luego se transfieren de nuevo a otra parte del mismo cuerpo (por ejemplo, la piel) o a otro organismo diferente. Para reemplazar vasos sanguíneos o tejido conjuntivo se realizan injertos, a veces con materiales artificiales, y para estabilizar o sustituir las partes rotas de un hueso se introducen barras metálicas dentro del mismo.

En ocasiones la cirugía se utiliza para ayudar a establecer un diagnóstico. La forma más frecuente de cirugía diagnóstica es la biopsia, en la que se extrae una porción de tejido para su examen al microscopio. En algunas urgencias, en las que no hay tiempo para pruebas diagnósticas, la cirugía se utiliza tanto para el diagnóstico como para el tratamiento. Por ejemplo, la cirugía puede ser necesaria para identificar y reparar rápidamente órganos con hemorragias debidas a heridas causadas por armas de fuego o por un accidente de tráfico.

Existen tres categorías de cirugía en función de su urgencia:

  • Emergencia

  • Urgente

  • Electiva

La cirugía de emergencia, como la que se requiere para detener una abundante hemorragia interna, es la que se realiza en cuanto sea posible, porque unos minutos pueden marcar la diferencia.

La cirugía urgente, como la extirpación de un apéndice inflamado, debe realizarse en unas horas.

La cirugía electiva o programada, como en caso de la sustitución de una articulación de rodilla, puede retrasarse durante un tiempo, hasta que se haya llevado a cabo todo lo necesario para optimizar las posibilidades de éxito durante y después del procedimiento quirúrgico.

Cirugía estética

La cirugía estética es un tipo de cirugía electiva que se centra en la mejora de la apariencia.

La cirugía estética incluye una amplia variedad de operaciones, como por ejemplo:

  • Ritidectomía: eliminar las arrugas de la cara y el cuello

  • Abdominoplastia: extirpar la grasa y el exceso de piel de la zona abdominal

  • Mamoplastia: ampliar o reducir el tamaño de los senos

  • Cirugía de reemplazo del cabello: restaurar el pelo del cuero cabelludo

  • Mandibuloplastia: modificar la apariencia de la mandíbula

  • Blefaroplastia: cambios en el aspecto de los ojos

  • Rinoplastia: cambios en el aspecto de la nariz

  • Liposucción: extraer la grasa corporal

  • Escleroterapia: eliminar las varices

Se debe elegir un médico que haya cumplido la normativa de una especialidad médica para la práctica clínica (certificado de especialidad para el ejercicio de la profesión médica en los Estados Unidos) y que tenga una amplia experiencia en la operación.

Debido a que la obtención de los mejores resultados requiere un estrecho cumplimiento de las instrucciones después de la intervención quirúrgica, solo se recomienda la cirugía estética para personas muy motivadas.

Por muy popular y tentadora que pueda ser la cirugía estética, es cara y puede entrañar riesgos, incluidos riesgos graves de salud, así como la posibilidad de que el aspecto de la persona sea menos agradable de lo que era originalmente.

Anestesia

Dado que la cirugía suele producir dolor, casi siempre se administra previamente algún tipo de anestesia, analgésico o ambos fármacos. Los anestésicos bloquean la percepción del dolor al producir pérdida de sensibilidad (adormecimiento) o pérdida del conocimiento; son fármacos que se administran para reducir el dolor. Los profesionales encargados de administrarlos son personal sanitario cualificado. Se trata, por lo general, de médicos (anestesiólogos) aunque la legislación de algunos países contempla la competencia en este menester el profesional de enfermería o técnicos sanitarios especializados (enfermeras anestesistas), en cuyo caso actúan bajo la supervisión de un médico anestesiólogo.

Existen tres tipos de anestesia:

  • Local

  • Regional

  • General

Anestesia local y anestesia regional

Estos tipos de anestesia consisten en la inyección de fármacos (como lidocaína o bupivacaína) que insensibilizan solo partes específicas del cuerpo.

En la anestesia local, el fármaco se inyecta bajo la piel en el punto donde se va a realizar la incisión para insensibilizar solo dicha zona.

En la anestesia regional, que insensibiliza un área mayor, el fármaco se inyecta en uno o más nervios y se insensibiliza la zona del cuerpo inervada por los mismos. Por ejemplo, inyectando un fármaco en ciertos nervios se pueden insensibilizar los dedos de la mano, del pie o grandes zonas de las extremidades. Un tipo de anestesia regional implica la inyección de un fármaco en una vena (anestesia regional intravenosa). Mediante un dispositivo, como un vendaje elástico o un manguito de presión, se comprime la zona donde el miembro se une al cuerpo, reteniendo el fármaco en las venas de esa extremidad. La anestesia regional intravenosa puede insensibilizar una extremidad completa.

Durante la anestesia local y la anestesia regional, la persona permanece consciente. Sin embargo, a veces se administran fármacos ansiolíticos (con un efecto sedante leve) por vía intravenosa para relajar al individuo. En raras ocasiones, la pérdida de sensibilidad, el hormigueo o el dolor pueden persistir en la zona insensibilizada durante días o incluso semanas.

La anestesia raquídea y la anestesia epidural son tipos específicos de anestesia regional, en los que el fármaco se administra alrededor de la médula espinal, en la parte inferior de la espalda. En función del punto de inyección y de la posición del cuerpo, puede insensibilizarse un área extensa (como, por ejemplo, desde la cintura a los dedos de los pies). La anestesia raquídea y la epidural son útiles para operaciones de la parte inferior del cuerpo, como las que se emplean en la cirugía de reparación de hernias, en intervenciones de próstata, recto, vejiga y piernas, y en algunas intervenciones ginecológicas, así como durante el parto. A veces aparece cefalea en los días siguientes a la anestesia raquídea aunque, por lo general, puede tratarse de forma eficaz.

Anestesia general

En la anestesia general se administra un fármaco que circula por el torrente sanguíneo y que deja inconsciente a la persona. El fármaco puede administrarse por vía intravenosa o por inhalación. Dado que el ritmo de la respiración disminuye con la anestesia general, es posible que el anestesiólogo deba introducir un tubo respiratorio en la tráquea. Sin embargo, para intervenciones cortas, dicho tubo no suele ser necesario; en su lugar, el anestesiólogo puede facilitar la respiración utilizando una mascarilla respiratoria manual. Si la operación es larga, un ventilador mecánico permite que el paciente pueda respirar (ver Ventilación mecánica). Los anestésicos generales afectan los órganos vitales, por lo que el anestesiólogo supervisa estrechamente la frecuencia y el ritmo cardíacos, la respiración, la temperatura corporal y la presión arterial hasta que los fármacos se hayan eliminado. Afortunadamente, los efectos secundarios graves son muy poco frecuentes.

¿Sabías que...?

  • Los efectos secundarios graves de la anestesia general son muy infrecuentes.

Cirugía mayor y cirugía menor

Suele distinguirse entre cirugía mayor y cirugía menor, pero muchos procedimientos quirúrgicos presentan características de ambos tipos de cirugía.

Cirugía mayor

La cirugía mayor conlleva casi siempre la apertura de una de las principales cavidades del cuerpo: abdomen, tórax o cráneo. La apertura del abdomen se denomina laparotomía, la apertura del tórax se denomina toracotomía, y la apertura del cráneo se denomina craneotomía. La cirugía mayor puede comprometer órganos vitales. Generalmente, la intervención se lleva a cabo con anestesia general en un quirófano y por parte de un equipo especializado de médicos. Después de una intervención de cirugía mayor suele ser necesaria una estancia en el hospital, por lo menos de una noche.

Cirugía menor

En la cirugía menor no hay apertura de las cavidades mayores del cuerpo. Se puede requerir el uso de anestesia local, regional o general, y se puede llevar a cabo en un servicio de urgencias, en centros de cirugía ambulatoria o en la propia consulta del médico. No suele afectar a órganos vitales, por lo que este tipo de cirugía puede ser llevada a cabo por un solo médico, que puede ser cirujano o no. En general, la persona puede volver a su domicilio el mismo día de la intervención quirúrgica menor.

Riesgo quirúrgico

Los riesgos de la cirugía (es decir, la probabilidad de que la cirugía cause la muerte o un problema grave) dependen del tipo de cirugía y de las características de la persona.

Los tipos de cirugía que tienen mayor riesgo son:

  • Cirugía cardíaca o pulmonar

  • Cirugía hepática

  • Las cirugías abdominales que necesitan mucho tiempo para poder completarse o tienen mayor riesgo de que se produzca una hemorragia importante

  • Extirpación de la glándula de la próstata

  • Intervenciones mayores en los huesos y las articulaciones (por ejemplo, reemplazo de cadera)

Por lo general, cuanto peor es el estado de salud de una persona, mayor es el riesgo de la cirugía. Algunos problemas de salud que aumentan el riesgo quirúrgico son:

Los riesgos suelen ser más elevados en personas de edad avanzada (ver Edad y salud: riesgo quirúrgico y edad). Sin embargo, dependen más del estado de salud general que de la edad. Las enfermedades crónicas que aumentan el riesgo de la cirugía, así como otras alteraciones que pueden solucionarse con tratamiento (como la deshidratación, las infecciones, los desequilibrios en los fluidos corporales y electrólitos, y en particular la insuficiencia cardíaca y la angina) deben controlarse lo mejor posible mediante tratamiento antes de una operación.

Segunda opinión

La decisión de someterse a una intervención no siempre es directa. Puede haber opciones no quirúrgicas de tratamiento, y puede haber varios procedimientos quirúrgicos posibles. Por lo tanto, es posible que la persona busque la opinión de más de un médico (ver Obtener una segunda opinión). Algunos seguros de salud requieren una segunda opinión antes de una intervención quirúrgica electiva. Sin embargo, los expertos pueden no ponerse de acuerdo en qué médico debe dar una segunda opinión.

  • Algunos expertos recomiendan obtener una segunda opinión de un médico que no sea cirujano para eliminar cualquier sesgo hacia una intervención quirúrgica cuando una de las opciones sea un tratamiento no quirúrgico.

  • Otros expertos recomiendan que sea otro cirujano el que dé una segunda opinión, porque este conoce mejor las ventajas y desventajas de la cirugía que un médico que no sea cirujano.

  • Algunos expertos recomiendan establecer de antemano que el cirujano que da una segunda opinión no realice la operación para que no haya conflicto de intereses.

Preparación para el día de la intervención

Los días o semanas previos a la intervención se realizan diversos preparativos. A menudo, se recomienda conseguir un estado físico y nutricional óptimos, ya que un buen estado general ayuda al individuo a recuperarse del esfuerzo que supone la cirugía. Los objetos de valor deben dejarse en casa. Por lo general, se explica al paciente que no debe comer ni beber nada después de la medianoche el día previo a la cirugía.

Consumo de alcohol y drogas

Eliminar o reducir el consumo de alcohol antes de someterse a una intervención que requiera anestesia general puede aumentar la seguridad de dicha intervención. El consumo excesivo de alcohol puede lesionar el hígado y producir una hemorragia grave durante la intervención, además de aumentar o disminuir, de forma impredecible, el efecto de los fármacos utilizados en la anestesia general.

Los sujetos con dependencia del alcohol o de las drogas pueden desarrollar síntomas de abstinencia (ver los síntomas de abstinencia de alcohol y los síntomas de abstinencia de las drogas) al interrumpir repentinamente o disminuir el consumo de estas sustancias antes de la cirugía. Por lo tanto, los médicos pueden administrar sedantes (benzodiacepinas) a los alcohólicos el día de la cirugía. Asimismo pueden administrar analgésicos opioides (potentes analgésicos) a los adictos a opiáceos para ayudar a prevenir la abstinencia. Para evitar el síndrome de abstinencia antes de la cirugía, en ocasiones se administra a los adictos a opiáceos metadona, que también alivia el dolor severo.

Consumo de tabaco

Se aconseja a los fumadores que dejen de fumar lo antes posible antes de cualquier cirugía torácica o abdominal. El consumo reciente de tabaco hace más probable la aparición de arritmias cardíacas durante la anestesia general y altera la función pulmonar. Es necesario dejar de fumar varias semanas antes de la cirugía para que se puedan recuperar los mecanismos de defensa del aparato respiratorio.

Examen médico

El cirujano hace una exploración y elabora la historia clínica, que incluye:

  • Síntomas recientes

  • Antecedentes médicos

  • Reacciones anteriores a los anestésicos (si las hay)

  • Consumo de tabaco y/o alcohol

  • Infecciones

  • Factores de riesgo de trombosis

  • Problemas relacionados con el corazón y los pulmones (como tos o dolor torácico)

  • Alergias

También se solicita a la persona que haga una lista de todos los fármacos que esté tomando en ese momento; Debe informar de todos los fármacos que toma, ya sean de prescripción médica o no, para evitar problemas graves de salud. Por ejemplo, el consumo de aspirina, que podría considerarse demasiado trivial para mencionarlo, puede aumentar la hemorragia durante la intervención. Además, también debe mencionar el uso de complementos nutricionales o de plantas medicinales (por ejemplo, Ginkgo biloba o la hierba de San Juan), pues pueden tener efectos durante o tras la operación.

Puede indicarse a la persona que va a someterse a la cirugía que deje de tomar algunos fármacos, como por ejemplo la warfarina y la aspirina (ácido acetilsalicílico), entre 5 y 7 días antes de la intervención. La persona puede seguir tomando otros medicamentos que controlan los trastornos crónicos, como los fármacos utilizados para reducir la tensión arterial. La mayoría de los fármacos que se toman por vía oral pueden tragarse con un pequeño sorbo de agua el mismo día de la cirugía. Puede ser necesario administrar otros fármacos por vía intravenosa, o bien deben ser retrasados hasta después de la cirugía.

El anestesiólogo puede entrevistarse con la persona antes de la operación para revisar los resultados de las pruebas e identificar cualquier circunstancia médica que pueda afectar a la elección del anestésico. También pueden discutirse los tipos más seguros y eficaces de anestesia. En cirugías en las que podría ser necesaria una anestesia general (en la que se utiliza un tubo endotraqueal) es necesario que el anestesista de forma previa evalúe a los pacientes que tienen una desviación del tabique u otra anomalía de las vías respiratorias.

Pruebas

Las pruebas que se realizan antes de la intervención (pruebas preoperatorias) son análisis de sangre y orina, electrocardiograma, radiografías y pruebas de la capacidad pulmonar (pruebas de la función respiratoria). Estas pruebas ayudan a determinar si los órganos vitales funcionan adecuadamente. Si los órganos no funcionan bien, el estrés de la cirugía o de la anestesia puede causar problemas. Las pruebas preoperatorias también pueden revelar una enfermedad transitoria desapercibida, como una infección, lo que requiere posponer la intervención quirúrgica.

Reserva de sangre para la transfusión

En el caso de que se necesite una transfusión de sangre durante la intervención, se puede reservar sangre de la propia persona. Usar sangre propia (transfusión de sangre autóloga) elimina el riesgo de infección y de la mayoría de las reacciones transfusionales. Pueden extraerse 0,5 L de sangre y reservarla hasta la intervención. No se debe extraer sangre más de una vez por semana, y la última extracción debe llevarse a cabo por lo menos 2 semanas antes de la intervención. El organismo reemplaza la sangre perdida en las semanas posteriores a la extracción.

Toma de decisiones

En algún momento previo a la intervención quirúrgica, el cirujano solicita a la persona la autorización para realizar la operación, un proceso denominado consentimiento informado. El médico o el cirujano exponen los riesgos y los beneficios de la operación, así como tratamientos alternativos, y responden a las preguntas que surgen. La persona lee y firma un formulario de consentimiento informado. En casos de cirugía de emergencia, en los que la persona no puede dar su consentimiento informado, los médicos deben intentar ponerse en contacto con la familia. Excepcionalmente, la intervención quirúrgica de emergencia debe realizarse antes de que se haya conseguido el contacto con la familia.

Debe prepararse un poder legal permanente para asuntos médicos y un testamento vital antes de la cirugía, por si la persona queda incapacitada o no se puede comunicar después de la cirugía.

Preparación del sistema digestivo

Puesto que algunos de los fármacos administrados durante la intervención pueden causar vómitos, por lo general no se debe comer ni beber nada durante al menos 8 horas antes. Para la cirugía ambulatoria no se debe comer ni beber nada después de medianoche. Dependiendo del tipo de cirugía, se recomiendan ciertas pautas específicas. La persona debe preguntar al médico qué fármacos de los prescritos habitualmente debe tomar antes de la intervención. Las personas que van a someterse a cirugía del intestino reciben laxantes o enemas 1 o 2 días antes de la operación.

Uñas de los dedos

Dado que el dispositivo que controla la concentración de oxígeno en sangre se coloca en un dedo de la mano, deben retirarse el esmalte de uñas y las uñas artificiales antes de acudir al hospital. De este modo, dicho dispositivo funciona con más precisión.

El día de la intervención

Antes de la mayoría de las intervenciones, la persona se quita la ropa, joyas, audífonos, dentadura postiza y lentes de contacto o gafas, y se pone una bata. Entonces se la traslada a la estancia designada (denominada zona de espera) o al mismo quirófano para realizar los preparativos finales antes de la intervención. La piel donde se va a realizar la incisión (zona operatoria) se frota con un antiséptico para eliminar las bacterias, lo que ayuda a prevenir la infección, Un auxiliar puede eliminar el vello de la zona quirúrgica con una maquinilla o con líquidos de depilar o cremas.

A veces se inserta un tubo de plástico (catéter) en la vejiga para recoger la orina durante la intervención. Se inserta un catéter en una de las venas del brazo o de la mano, a través del que se administrarán líquidos y fármacos. Para la sedación se puede administrar un fármaco por vía intravenosa.

Si la operación se realiza en la zona de la boca, el tubo digestivo, los pulmones o las vías respiratorias o el sistema genitourinario se administran uno o más antibióticos durante la hora previa a la incisión quirúrgica para prevenir infecciones (profilaxis). Dependiendo de la operación se administran antibióticos por vía oral o intravenosa. Esta terapia también se aplica a quienes se someten a operaciones en las que las infecciones son un problema especialmente importante (por ejemplo, el reemplazo de una articulación o de una válvula cardíaca).

Diabetes

El día de la cirugía, se administra a los pacientes diabéticos que utilizan insulina un tercio de su dosis habitual de insulina por la mañana. A los que toman antidiabéticos por vía oral se les administra la mitad de su dosis habitual. Si es posible, la cirugía se realiza a primera hora. El anestesista controla el nivel de azúcar en sangre (glucosa) durante la cirugía y administra insulina o dextrosa adicional según sea necesario. Los pacientes no reanudan su régimen de insulina ambulatorio habitual hasta que reanudan su dieta regular.

Dentadura postiza

Antes de introducir en la tráquea un tubo de respiración, se debe retirar la dentadura postiza. Lo ideal es que previamente, al abandonar la zona de espera sea el mismo paciente el que se quite la dentadura y se la de a un miembro de la familia.

Corticoesteroides

Los paciente que han tomado prednisona u otro corticosteroide durante más de 3 semanas el año previo a la cirugía, pueden necesitar corticosteroides durante la cirugía. No se les administran corticosteroides en procedimientos quirúrgicos menores.

El quirófano

Si las últimas preparaciones se realizan en la zona de espera, se conduce después la persona hasta el quirófano. En este punto, la persona quizás esté aún despierta, aunque puede sentirse aturdida o haberse dormido ya. Después se la traslada a la mesa de operaciones sobre la cual existen unas lámparas quirúrgicas especialmente diseñadas. Médicos, enfermeras y todos los que estén cerca del campo quirúrgico, o tocándolo, deben lavarse cuidadosamente las manos con jabón antiséptico, lo que minimiza el número de bacterias y de virus en el quirófano. Para la intervención también se emplea ropa quirúrgica, gorros, mascarillas, calzas, batas estériles y guantes estériles. Antes de que comience la cirugía, el equipo quirúrgico se toma un tiempo, en el que se confirma lo siguiente:

  • La identidad de la persona

  • El procedimiento correcto y el lugar correcto del procedimiento (si procede)

  • Disponibilidad de todo el equipamiento necesario

  • Completar la profilaxis para prevenir infección o trombosis (si es necesario)

Se administra anestesia local, regional o general.

En el quirófano

El quirófano proporciona un entorno estéril en el que un equipo quirúrgico puede llevar a cabo la intervención. El equipo quirúrgico está compuesto por los siguientes profesionales:

  • Cirujano/a principal: dirige la intervención

  • Uno/a o más cirujanos/as ayudantes: colaboran con el/la cirujano/a jefe

  • El/La anestesista: controla el suministro de anestésicos y supervisa estrechamente a la persona sometida a la intervención

  • El/La enfermero/a instrumentista: pasa los instrumentos a los cirujanos

  • El/La enfermero/a circulante: proporciona el material adicional al equipo quirúrgico

Por lo general, el quirófano está dotado de un monitor que muestra en todo momento los valores de las constantes vitales, una mesa de instrumentos y una lámpara de quirófano. Los gases anestésicos se introducen en el equipo de anestesia. Mediante un catéter unido a un dispositivo de aspiración se elimina el exceso de sangre y de otros líquidos que pueden dificultar la adecuada visión de los tejidos. Se continúa con la infusión de fluidos intravenosos, cuya administración se inicia antes de que la persona entre en el quirófano.

Después de la intervención quirúrgica

Después de finalizar la operación se traslada a la persona a una sala de reanimación para que sea vigilada estrechamente durante 1 o 2 horas mientras va desapareciendo el efecto de la anestesia. Se vigila que la persona sea capaz de respirar, no esté en riesgo de asfixia y tenga tratamiento analgésico. También se controla que el paciente sea capaz de pensar con claridad. La mayoría de las personas experimentan cierto grado de aturdimiento al despertar, sobre todo si se ha realizado una intervención de cirugía mayor. Algunos individuos presentan náuseas durante un periodo corto de tiempo y Otros sienten frío.

Dependiendo de la naturaleza de la cirugía y del tipo de anestesia, la persona puede volver a su casa directamente desde la sala de reanimación o quedarse ingresada en el hospital, a veces en una unidad de cuidados intensivos (UCI).

Alta directa al domicilio

Para que la persona pueda ser remitida a su domicilio, esta debe:

  • Pensar con claridad

  • Respirar con normalidad

  • Ser capaz de beber líquidos

  • Ser capaz de orinar

  • Ser capaz de caminar

  • No tener dolor intenso

Quienes hayan recibido anestesia o sedantes y posteriormente sean dados de alta deben irse a casa acompañados y no se les permite conducir. La zona operatoria no debe presentar hemorragia ni una inflamación no esperada.

Hospitalización

Cuando se ingresa a una persona en el hospital tras la cirugía puede encontrarse al despertar muchos tubos y dispositivos en el cuerpo. Por ejemplo, un tubo respiratorio en la garganta, apósitos adhesivos en el pecho para controlar el latido cardíaco, un tubo en la vejiga, un dispositivo en el dedo para medir la concentración de oxígeno en sangre, un vendaje en la zona operada, un tubo en la nariz o en la boca y uno o más catéteres en las venas.

Lo normal es sufrir dolor después de la mayoría de las intervenciones, pero casi siempre puede aliviarse. Los medicamentos que alivian el dolor (analgésicos) pueden administrarse por vía intravenosa, por vía oral, inyectarse en el músculo o aplicarse sobre la piel en forma de parche. Si se ha realizado una anestesia epidural, el anestesiólogo puede dejar en la espalda el tubo de plástico empleado para administrar analgésicos. Los analgésicos opiáceos, como la morfina, se pueden inyectar a través de dicho tubo. A veces, si la persona ingresada sufre un dolor intenso, dispone de un dispositivo que inyecta continuamente analgésicos opiáceos en vena, y que también puede administrar una pequeña cantidad adicional de analgésico cuando la persona aprieta un botón (analgesia controlada por el paciente). Si el dolor persiste, pueden solicitarse tratamientos adicionales. El uso constante de analgésicos opiáceos suele producir estreñimiento. Para prevenirlo, se administra un laxante estimulante o un reblandecedor de heces.

Una buena nutrición es fundamental para la curación y para reducir al mínimo la probabilidad de infección. Los requerimientos nutricionales aumentan después de una cirugía mayor. Si la cirugía hace que comer sea imposible durante más de una semana, puede ser necesaria una fuente alternativa de nutrición. En las personas cuyo sistema digestivo funciona pero son incapaces de comer, se pueden administrar nutrientes a través de una sonda colocada en el estómago. Esta sonda puede pasar a través de la nariz, la boca o una incisión en la pared abdominal. En contadas ocasiones, a las personas que han sido sometidas a cirugía del aparato digestivo y no pueden comer durante periodos prolongados, se les pueden administrar los nutrientes a través de un catéter insertado en una de las grandes venas del cuerpo (nutrición parenteral, ver Alimentación intravenosa).

Complicaciones después de la cirugía

Durante los días posteriores a la operación pueden aparecer complicaciones como fiebre, formación de coágulos de sangre, problemas con la herida quirúrgica, confusión, dificultad para orinar o defecar, pérdida de masa muscular y deterioro de la condición física (lo que se denomina desacondicionamiento).

La fiebre que aparece durante los días o semanas posteriores a la intervención puede ser debida a varias causas habituales, entre las que se incluyen:

Los fármacos a veces pueden causar fiebre. Otra posible causa es la inflamación como respuesta al trauma de una operación. El riesgo de infecciones en la zona quirúrgica, las TVP, y las infecciones del tracto urinario puede reducirse mediante un cuidado meticuloso después de la cirugía. El riesgo de neumonía y atelectasia puede reducirse forzando la respiración periódicamente con un dispositivo manual (espirometría incentivada) y tosiendo siempre que sea necesario.

Se pueden formar coágulos de sangre en las venas de las piernas o la pelvis (TVP), sobre todo si la persona yace inmóvil durante y tras la cirugía, o se ha sometido a cirugía de las piernas, de la pelvis o de ambas. Los coágulos pueden desprenderse y viajar por el torrente sanguíneo hasta los pulmones, donde pueden bloquear el flujo de sangre a través de los mismos (originando una embolia pulmonar). Como resultado, es posible que disminuya el aporte de oxígeno hacia el resto del organismo y que descienda la presión arterial.

En ciertas intervenciones en las que es especialmente probable que se formen coágulos, y en quienes seguramente deberán permanecer en reposo, se administran fármacos para prevenir la formación de coágulos (anticoagulantes), como la heparina de bajo peso molecular, o bien se les recomienda llevar medias elásticas para mejorar la circulación de la sangre. Sin embargo, no se deben recomendar anticoagulantes en las operaciones en las que estos fármacos supongan un aumento importante del riesgo de hemorragia. La persona debe comenzar a mover sus extremidades y a caminar tan pronto como sea posible.

Las complicaciones de la herida quirúrgica son la infección y la separación de los bordes de la herida (dehiscencia). Para disminuir el riesgo de infección se coloca una protección en la incisión quirúrgica después de la intervención. Los apósitos colocados en el quirófano se dejan típicamente durante 24 a 48 horas, a menos que aparezcan signos de infección (por ejemplo, aumento del dolor, hinchazón y secreción).

Dicha protección consiste en un apósito estéril y, normalmente, una pomada con antibiótico. El apósito mantiene las bacterias alejadas de la herida y absorbe los líquidos que exudan desde la incisión. Dado que esos fluidos pueden propiciar el crecimiento de las bacterias y la infección de la incisión, el vendaje se cambia con frecuencia, por lo general dos veces al día. La herida y cualquier tubo de drenaje, suturas o grapas quirúrgicas en la piel se examinan cada vez que se cambia el apósito, a veces más a menudo. Ocasionalmente, se desarrolla una infección a pesar de que la herida haya recibido los mejores cuidados posibles. La zona infectada puede volverse cada vez más dolorosa uno o más días después de la operación, notarse caliente y enrojecida o drenar pus o líquidos. En este caso es posible que aparezca fiebre. Si aparece cualquiera de estos síntomas, se debe consultar al médico lo antes posible.

Puede aparecer delirio (confusión y agitación), sobre todo en personas de edad avanzada (ver Edad y salud: riesgo quirúrgico y edad). Los fármacos con efectos anticolinérgicos (como confusión, visión borrosa y pérdida de control de la vejiga, ver Anticolinérgicos: ¿Qué son los efectos anticolinérgicos?), opiáceos, sedantes, o antihistamínicos (H2), pueden contribuir al delirio, así como puede hacerlo una concentración de oxígeno en sangre demasiado baja. En personas de edad avanzada, deben evitarse los medicamentos que causan confusión siempre que sea posible.

Tras la cirugía suelen aparecer dificultad para orinar y dificultad para defecar (estreñimiento). Los factores que contribuyen a dicha dificultad pueden ser el uso de fármacos con efectos anticolinérgicos u opiáceos, la cirugía intestinal, la inactividad y el hecho de no comer o beber. El flujo de orina puede llegar bloquearse por completo, estirando la vejiga. La obstrucción puede conducir a infecciones de las vías urinarias. A veces, presionar la parte inferior del abdomen cuando se intenta orinar alivia la obstrucción, pero a menudo se necesita insertar una sonda en la vejiga, que puede dejarse en la vejiga o retirarse en cuanto esta se vacíe. Con frecuencia, incorporarse ayuda a evitar la obstrucción. Si no existe una obstrucción de la vejiga se puede administrar betanecol por vía oral para estimular la contracción de la vejiga. Si se produce estreñimiento se reduce la dosis de opioides (analgésicos) y de otros fármacos que causan estreñimiento y se indica al paciente que comience a caminar tan pronto como sea posible. A menos que la operación estuviera relacionada con el sistema digestivo, a las personas que presenten estreñimiento pueden administrárseles laxantes que estimulen los intestinos, como el bisacodilo, el sen o la cáscara sagrada. Los ablandadores de las heces, como el docusato, no suelen funcionar.

La pérdida de músculo (sarcopenia) y fuerza se produce en todas las personas que necesitan reposo en cama durante un tiempo prolongado. Con el reposo absoluto en cama, un adulto joven pierde alrededor del 1% de masa muscular al día, pero las personas mayores pierden hasta un 5% al día, ya que sus niveles de hormona del crecimiento, que es la responsable de mantener el tejido muscular, son inferiores. Es muy importante para la recuperación tener una cantidad de músculo adecuada. Por lo tanto, la persona debe sentarse en la cama, moverse, ponerse de pie y realizar ejercicio tan pronto y tanto como su estado de salud lo permita. Los pacientes que no están recibiendo una adecuada nutrición tienen mayor riesgo de sarcopenia. Se recomienda al paciente que coma y beba. Si no son capaces de comer y beber por sí mismos, puede ser necesaria la alimentación por sonda o, raramente, la alimentación parenteral (ver ver Hospitalización).

Alta domiciliaria después de la hospitalización (ver también Alta del hospital )

Antes de abandonar el hospital, la persona debe asegurarse de lo siguiente:

  • Programar la visita de seguimiento con el médico

  • Conocer qué fármacos debe tomar

  • Saber qué actividades debe evitar o limitar

Ejemplos de actividades que puede ser necesario evitar temporalmente son subir escaleras, conducir, levantar objetos pesados y mantener relaciones sexuales. La persona debe saber qué síntomas requieren la valoración de un médico antes de acudir a la primera visita programada después de la operación.

La reanudación de la actividad habitual durante la recuperación de la intervención quirúrgica debe llevarse a cabo de manera gradual. Algunas personas necesitan rehabilitación, que consiste en la realización de ejercicios y actividades especiales para mejorar la fuerza y la flexibilidad. Por ejemplo, la rehabilitación después de una operación de reposición de cadera consiste en el aprendizaje de la manera de caminar y la realización de estiramientos y ejercicios.

Recursos en este artículo