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Alcohol

Por Patrick G. O’Connor, MD, MPH, Professor of Medicine; Chief, Section of General Internal Medicine, Yale University School of Medicine

  • La genética y las características personales son importantes en el desarrollo de los trastornos asociados al uso de alcohol.

  • Beber demasiado alcohol puede causar somnolencia o agresividad, afectar la coordinación y las funciones mentales e interferir en el trabajo, en la familia y en otras actividades.

  • Beber demasiado alcohol durante un largo periodo de tiempo puede dar lugar al desarrollo de dependencia al alcohol y causar lesiones en el hígado, el cerebro y el corazón.

  • Los médicos pueden emplear cuestionarios o medir el nivel de alcohol en sangre para identificar a las personas con trastornos asociados a su consumo.

  • El tratamiento inmediato puede consistir en asistencia con ventilación, sueros, tiamina, otras vitaminas y, para los síntomas de abstinencia, benzodiazepinas.

  • Los programas de desintoxicación y rehabilitación pueden ayudar a las personas que padecen trastornos graves asociados al consumo de alcohol.

Entre un 45 y un 50% de los adultos son bebedores habituales, un 20% son ex bebedores y de un 30 a un 35% nunca han bebido alcohol. Beber cantidades elevadas de alcohol (más de 2 a 6 bebidas al día) durante periodos prolongados de tiempo puede provocar lesiones en varios órganos, especialmente el hígado, el corazón y el cerebro. No obstante, beber una cantidad moderada de alcohol puede reducir el riesgo de muerte asociada a trastornos cardíacos y vasculares (cardiovasculares). Sin embargo, no se recomienda consumir alcohol con este propósito, sobre todo cuando existen otras medidas más seguras y efectivas disponibles.

Abuso de alcohol

La mayoría de las personas no consume suficiente alcohol o con la frecuencia suficiente para que su salud y sus actividades cotidianas se vean afectadas. Sin embargo, en Estados Unidos entre un 7% y un 10% de los adultos tienen este tipo de problemas. El trastorno se debe a un consumo de riesgo (definido exclusivamente por la cantidad consumida), el abuso de alcohol y la dependencia del alcohol (el trastorno más grave del consumo de alcohol). El término «alcoholismo» es impreciso. Hace referencia al hecho de beber excesivamente, a los intentos infructuosos de dejar la bebida y a continuar bebiendo a pesar de las consecuencias sociales y laborales adversas. Los varones son de dos a cuatro veces más propensos que las mujeres a volverse alcohólicos.

Clasificación de los trastornos del consumo de alcohol

Trastorno

Descripción

Consumo de riesgo

Definido por la cantidad y la frecuencia de ingesta:

  • Más de 14 copas* por semana o 4 copas por ocasión, para los hombres

  • Más de 7 copas por semana o 3 copas por ocasión, para las mujeres

Abuso de alcohol

Ingesta que obedece a uno de los siguientes patrones pero sin evidencia de dependencia:

  • Impide a las personas el cumplimiento de sus obligaciones

  • Se realiza en situaciones físicamente peligrosas (como conducir)

  • Provoca problemas legales, sociales o interpersonales

Dependencia del alcohol

Consumo frecuente de grandes cantidades de alcohol que producen más de 3 de los siguientes problemas:

  • Tiene que beber más y más alcohol para producir el mismo efecto (tolerancia).

  • La interrupción del consumo de la droga tiene como consecuencia síntomas desagradables, en ocasiones síntomas físicos dolorosos (abstinencia).

  • Beben más de lo que esperaban.

  • Quieren reducir el consumo pero no pueden.

  • Han destinado mucho tiempo a conseguir o consumir alcohol o a recuperarse de sus efectos.

  • Han dejado de acudir a eventos especiales o han dejado de realizar actividades (como el trabajo, una boda o una graduación) importantes a causa de la bebida.

  • La persona continúa bebiendo a pesar de que la bebida le está causando problemas físicos o psicológicos.

*Una copa equivale a 350 mL de cerveza, 150 mL de vino o 45 mL de licor, como el whisky.

Por lo general, quienes se vuelven alcohólicos han consumido alcohol en cantidades excesivas durante un periodo de tiempo prolongado y son dependientes del alcohol. La cantidad de alcohol que por término medio consume una persona al día antes de desarrollar trastornos relacionados con el alcohol varía ampliamente. Puede ser tan poco como 2 bebidas al día para las mujeres y 3 bebidas para los hombres (una bebida equivale a 350 mL de cerveza, 150 mL de vino o 45 mL de un licor, como el whisky). Muchas personas con problemas relacionados con el alcohol también son bebedores por atracones, es decir hombres que consumen 5 o más bebidas y mujeres que consumen 4 o más bebidas por ocasión. El atracón puede durar varios días e ir seguido de consumo escaso o nulo de alcohol durante unos días. Los atracones de alcohol constituyen un problema entre la gente joven.

¿Sabías que...?

  • Beber grandes cantidades de alcohol puede causar la muerte rápidamente.

El alcoholismo ocasiona muchos comportamientos destructivos: la embriaguez puede alterar las relaciones familiares y sociales. Las parejas casadas a menudo se divorcian, El absentismo extremo del trabajo puede conducir al desempleo. Con frecuencia, los alcohólicos no logran controlar su comportamiento, tienden a conducir vehículos en estado de embriaguez y sufren lesiones físicas por caídas, peleas o accidentes automovilísticos. Algunos alcohólicos se vuelven violentos. El alcoholismo en los varones está frecuentemente asociado con la violencia doméstica contra las mujeres (ver Violencia contra las mujeres).

Poblaciones especiales

Los niños pequeños que beben alcohol (generalmente de modo accidental) tienen un riesgo significativo de presentar hipoglucemia y coma. Las mujeres pueden ser más sensibles que los hombres a los efectos del alcohol, independientemente de su peso. Los ancianos pueden ser más sensibles que los adultos jóvenes. Consumir alcohol durante el embarazo incrementa el riesgo de síndrome alcohólico fetal (ver Alcohol).

Aunque la sensibilidad a los efectos del alcohol puede variar, todos los grupos de edad pueden padecer los trastornos relacionados con su consumo. Los adolescentes presentan problemas relacionados con el alcohol cada vez con más frecuencia, con consecuencias especialmente desastrosas (ver Uso y abuso de sustancias en adolescentes). Los que empiezan a beber a una edad temprana (sobre todo en la edad preadolescente) tienen más predisposición a ser dependientes del alcohol en la edad adulta.

Causas

Los trastornos relacionados con el consumo de alcohol se relacionan hasta cierto punto con aspectos hereditarios. Los familiares directos de los alcohólicos son más propensos a padecer trastornos relacionados con el consumo de alcohol que la población general, y los trastornos relacionados con el alcohol se desarrollan con mayor probabilidad en los hijos biológicos de los alcohólicos que en los adoptados. Algunas investigaciones sugieren que las personas con riesgo de alcoholismo se intoxican con menos facilidad que las no alcohólicas. Es decir, su cerebro es menos sensible a los efectos del alcohol. Los familiares directos de los alcohólicos pueden tener esta característica.

Ciertos entornos y rasgos de la personalidad pueden predisponer a una persona a padecer un trastorno por consumo de alcohol. Los alcohólicos suelen provenir de familias desestructuradas, y con frecuencia las relaciones con sus progenitores están alteradas. Los alcohólicos tienden a sentirse aislados, solos, tímidos, depresivos u hostiles. Pueden exhibir comportamientos autodestructivos y ser sexualmente inmaduros. No se sabe si tales rasgos son la causa del alcoholismo o su resultado.

Síntomas

El alcohol origina tres tipos básicos de problemas:

  • Los que se presentan de manera inmediata cuando las personas beben demasiado en un momento determinado (intoxicación y sobredosis)

  • Los que se presentan a lo largo de un periodo prolongado de tiempo cuando se consumen cantidades excesivas de manera regular

  • Los que aparecen al interrumpir bruscamente un consumo intenso y prolongado (abstinencia)

Efectos inmediatos

El alcohol tiene efectos casi inmediatos, ya que se absorbe a mayor velocidad de lo que se procesa (metaboliza) y se elimina del cuerpo. Como resultado, los valores de alcohol en la sangre aumentan rápidamente. Los efectos pueden aparecer al cabo de minutos de haber bebido.

Los efectos varían ampliamente en función de cada persona. Por ejemplo, los que beben de manera regular (2 o más bebidas al día) se ven afectados en menor medida por una determinada cantidad de alcohol, que los que normalmente no beben o que lo hacen solo de manera social, un fenómeno denominado tolerancia. Quienes han desarrollado tolerancia al alcohol pueden tener también tolerancia a otras drogas que enlentecen la función neurológica, como los barbitúricos o las benzodiazepinas.

Los efectos varían en función del nivel de alcohol en sangre, que suele expresarse en miligramos por decilitro (1/10 L) de sangre, abreviado mg/dL. Los niveles reales en sangre necesarios para originar síntomas varían en gran medida según la tolerancia, pero en los consumidores típicos que no han desarrollado tolerancia, los siguientes síntomas son comunes:

  • De 20 a 50 mg/dL: calma, ligera somnolencia, cierta disminución en la coordinación motora fina y alteración de la capacidad para conducir

  • De 50 a 100 mg/dL: deterioro del juicio y disminución mayor de la coordinación

  • De 100 a 150 mg/dL: marcha inestable, dificultad para hablar, pérdida de las inhibiciones conductuales y deterioro de la memoria

  • De 150 a 300 mg/dL: delirio y letargo (probable)

  • De 300 a 400 mg/dL: a menudo, pérdida del conocimiento

  • 400 mg/dL: posiblemente mortal

Los vómitos son frecuentes en las intoxicaciones moderadas a graves. Debido a que la persona puede encontrarse somnolienta, el material vomitado puede introducirse en los pulmones (aspirado), en ocasiones provocando una neumonía e incluso a la muerte. El consumo de grandes cantidades de alcohol puede también causar hipotensión e hipoglucemia.

En la mayoría de estados de Estados Unidos la definición legal de intoxicación es un contenido de alcohol en sangre (CAS) de 80 mg/dL o mayor.

Los efectos de un determinado nivel de alcohol en sangre son distintos en bebedores habituales. Muchos parecen no estar afectados y funcionar con normalidad con niveles relativamente elevados (como 300 o 400 mg/dL).

Efectos a largo plazo

El consumo prolongado de cantidades excesivas de alcohol lesiona muchos órganos del cuerpo, sobre todo el hígado (hepatopatía alcohólica). Dado que es probable que no se siga una dieta adecuada, también es posible que desarrollen déficits vitamínicos y otras deficiencias nutricionales.

Efectos del abuso o consumo prolongado de alcohol

Tipo de problema

Efectos

Nutricional

Bajas concentraciones de folato (ácido fólico)

Anemia (cansancio, debilidad, aturdimiento)

Anomalías congénitas

Niveles bajos de hierro

Anemia

Niveles bajos de niacina

Pelagra (lesión cutánea, diarrea, depresión)

Gastrointestinal

Esófago

Cáncer

Inflamación (esofagitis)

Estómago

Cáncer

Inflamación (gastritis)

Úlceras

Hígado

Fibrosis severa (cirrosis)

Cáncer

Hígado graso

Inflamación (hepatitis)

Propensión hemorrágica (coagulopatía)

Páncreas

Inflamación (pancreatitis)

Valores bajos de azúcar en sangre (hipoglucemia)

Aparato cardiovascular

Corazón

Alteraciones de la velocidad cardíaca (arritmia)

Insuficiencia cardíaca

Vasos sanguíneos

Ateroesclerosis

Hipertensión arterial

Accidente cerebrovascular

Neurológicos

Encéfalo

Confusión

Pérdida de memoria a corto plazo (pérdida de memoria para acontecimientos recientes)

Psicosis (pérdida de contacto con la realidad)

Coordinación reducida

Nervios

Deterioro de los nervios de los brazos y piernas que controlan los movimientos (capacidad reducida para andar)

Genitourinario

Órganos reproductores

Disminución del deseo sexual

En varones, aumento de las mamas y encogimiento o retracción de los testículos

La hepatopatía alcohólica incluye la inflamación del hígado (hepatitis), el hígado graso y la cirrosis (ver Fibrosis y cirrosis del hígado). Un hígado dañado por el alcohol tiene menos capacidad para eliminar los productos tóxicos residuales que pueden originar disfunción neurológica (encefalopatía hepática) del organismo. Las personas que desarrollan encefalopatía hepática pueden manifestar embotamiento, somnolencia, estupor y confusión, y terminar por entrar en estado comatoso. Por lo general, también tienen aleteo hepático (asterixis): cuando se extienden los brazos y las manos, estas caen bruscamente, para a continuación volver a su posición original. El aleteo hepático se asemeja a un temblor pero no es lo mismo. El coma hepático amenaza la vida de la persona y debe ser tratado de forma inmediata. Con la cirrosis del hígado aumenta la presión en los vasos sanguíneos próximos al hígado (hipertensión portal, ver Hipertensión portal). Estos vasos pueden sangrar de manera intensa, provocando vómitos de sangre. La hemorragia representa un problema especial, ya que el hígado lesionado no sintetiza de manera suficiente las sustancias necesarias para la coagulación de la sangre.

El abuso o consumo excesivo de alcohol puede originar inflamación en el páncreas (pancreatitis). La persona puede desarrollar dolor abdominal intenso con vómitos.

El consumo excesivo de alcohol puede lesionar nervios y partes del cerebro; puede desarrollarse temblor crónico. La lesión en la parte del cerebro que coordina el movimiento (cerebelo) puede conducir al movimiento mal controlado de brazos y piernas. También puede lesionar el revestimiento (vaina de mielina) de los nervios en el cerebro, lo que origina un trastorno denominado enfermedad Marchiafava-Bignami. Las personas con este trastorno sufren agitación, confusión y demencia. Algunas presentan convulsiones y caen en coma antes de morir.

El alcoholismo grave puede causar deficiencia de tiamina, una vitamina del grupo B. Este déficit puede conducir a la encefalopatía de Wernicke (ver Encefalopatía de Wernicke), la cual, si no se trata rápidamente, puede provocar el síndrome de Korsakoff (ver Síndrome de Korsakoff), coma o incluso la muerte.

Beber alcohol puede empeorar una depresión existente, y los alcohólicos tienen una probabilidad más alta de sufrir depresión que los no alcohólicos. Dado que el alcoholismo, especialmente el consumo en forma de atracón, provoca a menudo intensos sentimientos de remordimiento durante los periodos en los que no se toma alcohol, los alcohólicos son propensos al suicidio incluso en periodos de abstinencia.

En una mujer embarazada, el consumo de alcohol puede causar graves problemas en el feto en desarrollo, incluidos bajo peso al nacer, talla pequeña, cabeza pequeña, lesiones cardíacas y musculares, y coeficiente intelectual bajo o discapacidad intelectual (retraso mental). Estos efectos se denominan síndrome alcohólico fetal (ver Alcohol). Por lo tanto, se recomienda evitar el alcohol durante el embarazo.

Síntomas de abstinencia

Si la persona que bebe de manera continua durante un periodo de tiempo interrumpe bruscamente el consumo, es probable que aparezcan síntomas de abstinencia. Por ejemplo, la abstinencia puede manifestarse durante la hospitalización (por ejemplo, en cirugías programadas), dado que los bebedores no pueden obtener alcohol.

Los síntomas de abstinencia varían de leves a graves. La abstinencia grave del alcohol no tratada puede resultar mortal.

La abstinencia leve por lo general comienza entre las 12 y las 24 horas después de dejar de beber. Los síntomas leves son temblor, dolor de cabeza, debilidad, sudoración y náuseas. Algunos sufren convulsiones (llamadas epilepsia alcohólica o convulsiones por alcohol).

La alucinosis alcohólica puede aparecer en los bebedores de alto consumo que dejan la bebida. Oyen voces que parecen acusadoras y amenazantes, lo que les causa aprensión y terror. La alucinosis alcohólica puede durar días, y se puede controlar con fármacos antipsicóticos, como la clorpromazina o la tioridazina.

El delirium tremens (DT) es el conjunto de síntomas de abstinencia más grave. Habitualmente, el delirium tremens no comienza de manera inmediata; más bien se manifiesta cerca de las 48-72 horas posteriores a la interrupción del consumo de alcohol. Al principio, la persona está ansiosa. Después, está cada vez más confusa, no duerme bien, tiene pesadillas aterradoras, sudoración excesiva y depresión. El pulso tiende a acelerarse, y suele aparecer fiebre. El episodio puede ir en aumento hasta incluir alucinaciones efímeras, ilusiones que originan miedo y agitación, y desorientación con alucinaciones visuales que pueden llegar a ser terroríficas. Los objetos visualizados en la penumbra pueden parecer particularmente aterradores, y aparece una confusión extrema. Su sentido del equilibrio se encuentra afectado, en ocasiones haciéndole pensar que el suelo se mueve, que las paredes se caen o que la habitación está rotando. A medida que progresa el delirio, aparece un temblor persistente en las manos, que a veces se extiende a la cabeza y el resto del cuerpo. La mayoría de las personas sufren una grave falta de coordinación. El delirium tremens puede ser mortal, particularmente si no se trata.

Diagnóstico

La intoxicación aguda por alcohol por lo general es evidente en función de lo que la persona o sus amigos le cuentan al médico y de los resultados de la exploración física. Si no está claro por qué la persona actúa de manera anómala, el médico puede hacer pruebas para descartar otras posibles causas de los síntomas, como hipoglucemia o traumatismos craneales. Las pruebas pueden incluir análisis para determinar la cantidad de alcohol y el nivel de azúcar en sangre, análisis de orina para determinadas sustancias tóxicas, y una tomografía computarizada (TC) craneal. El médico no puede dar por hecho la intoxicación solo porque el aliento huela a alcohol.

A efectos legales (por ejemplo, cuando la persona está involucrada en colisiones de vehículos o actúa de manera anómala en su ámbito laboral), se pueden medir los niveles de alcohol en sangre o bien estimarlos a través de una muestra de aire espirado.

En las personas que padecen un trastorno por consumo de alcohol de largo plazo se pueden realizar análisis de sangre para detectar deficiencias en la función hepática y poner de manifiesto el posible daño producido en otros órganos. Si los síntomas son muy graves, se puede realizar una prueba de diagnóstico por la imagen, como una TC, para descartar una lesión neurológica o una infección.

Detección del abuso de alcohol

Algunas personas ignoran que su ingesta de alcohol puede ser un problema. Otras lo saben, pero no quieren admitir que tienen un problema con el alcohol. Por ello, los profesionales de la salud no esperan a que las personas les pidan ayuda. Pueden sospechar un trastorno relacionado con el consumo de alcohol en aquellas personas cuyo comportamiento cambia de manera inexplicable o se vuelve autodestructivo. También pueden sospecharlo cuando ciertos problemas médicos, como la hipertensión o la inflamación de la mucosa gástrica (gastritis) no responden al tratamiento habitual.

Algunos médicos investigan y preguntan periódicamente a sus pacientes acerca del consumo de alcohol para detectar posibles problemas relacionados con el mismo. Las preguntas pueden incluir:

  • Como media, ¿cuántos días por semana bebe usted alcohol?

  • Cuando bebe usted en un día cualquiera, ¿cuántas bebidas alcohólicas toma?

  • ¿Cuál es el número máximo de bebidas consumidas por usted en alguna ocasión durante el mes pasado?

Si el médico sospecha alcoholismo, puede hacer preguntas más específicas sobre las consecuencias del consumo de alcohol, como las siguientes:

  • ¿Ha sentido usted alguna vez que debe disminuir su consumo de bebidas alcohólicas?

  • ¿Le molesta que critiquen que está bebiendo?

  • ¿En algún momento se ha sentido culpable por beber?

  • ¿Alguna vez se ha tomado una copa al despertar (la primera bebida por la mañana) para estabilizar sus nervios o para deshacerse de una resaca?

Dos o más respuestas afirmativas a estas preguntas indican un diagnóstico probable de alcoholismo.

Tratamiento

Se pauta un tratamiento en las siguientes situaciones:

  • Personas que acuden porque no desean continuar bebiendo.

  • Personas a quienes se les lleva a consulta porque sufren síntomas relacionados con los niveles de alcohol en sangre.

  • Personas que acuden porque padecen síntomas de abstinencia intolerables. No obstante, los alcohólicos que desarrollan síntomas de abstinencia generalmente se tratan a sí mismos bebiendo.

Tratamiento de emergencia

Se requiere tratamiento de emergencia cuando aparecen síntomas graves debidos al consumo de cantidades muy elevadas de alcohol o a síntomas relacionados con la abstinencia.

No existe un antídoto específico para la intoxicación aguda. El café y otros remedios caseros no revierten los efectos del alcohol. Sin embargo, si la persona se encuentra en estado de coma, puede requerir intubación de la vía aérea para prevenir la asfixia por vómitos u otras secreciones. Si no respira, requiere ventilación asistida.

Si es necesario prevenir o tratar la deshidratación o la hipotensión, se administran sueros por vía intravenosa y tiamina para prevenir la encefalopatía de Wernicke. A menudo, el médico también añade magnesio a los sueros (que ayuda al organismo a la utilización de la tiamina) y multivitaminas (para las posibles deficiencias de vitaminas).

El médico a menudo prescribe benzodiazepinas (sedantes leves) durante unos días para tratar los síntomas de abstinencia, ya que disminuyen la agitación y ayudan a evitar algunos síntomas de abstinencia, las convulsiones y el delirium tremens. Dado que se puede desarrollar dependencia a las benzodiazepinas, estos medicamentos se utilizan solo durante un periodo corto de tiempo. En ocasiones se administran medicamentos antipsicóticos a las personas con alucinosis alcohólicas.

El delirium tremens puede poner en peligro la vida, y se trata enérgicamente para controlar la fiebre alta y la agitación intensa. Si es posible, se trata en una unidad de cuidados intensivos. El tratamiento suele consistir en lo siguiente:

  • Dosis altas de benzodiazepinas administradas por vía intravenosa

  • Dosis altas de vitaminas (sobre todo de tiamina)

  • Sueros por vía intravenosa

  • Fármacos para bajar la fiebre (como paracetamol [acetaminofeno])

  • Medicamentos para controlar la frecuencia cardíaca y la presión arterial

  • Tratamiento de las complicaciones (como pancreatitis, neumonía y convulsiones)

Con este tratamiento, el delirium tremens generalmente comienza a resolverse entre las 12 y las 24 horas desde su comienzo, pero los casos graves pueden durar de 5 a 7 días. La mayor parte de las personas no recuerdan lo sucedido durante la abstinencia grave una vez esta se ha resuelto.

Tras haber resuelto todos los problemas médicos urgentes, el tratamiento ulterior depende de la gravedad del trastorno relacionado con el consumo de alcohol. Si no se ha desarrollado dependencia al alcohol, el médico puede hablar de las consecuencias graves del alcoholismo, recomendando modos de reducir o interrumpir su consumo, y programando citas de seguimiento para ver cómo va evolucionando.

Las personas con trastornos graves deben iniciar un programa de desintoxicación y rehabilitación.

Desintoxicación y rehabilitación

En la primera fase, se retira completamente el alcohol, y se trata cualquier síntoma de abstinencia. A continuación, el alcohólico tiene que aprender la manera de modificar su conducta. Sin ayuda, la mayoría de los alcohólicos recaen en pocos días o semanas; los programas de rehabilitación, que combinan psicoterapia con supervisión médica, pueden resultar útiles. Se advierte de la dificultad que supone la interrupción del consumo y también se enseñan alternativas para aumentar la motivación para dejar de beber y evitar las situaciones que puedan desencadenar el consumo. El tratamiento se adapta a cada individuo. Estos programas también incluyen el apoyo de la familia y de los amigos. Los grupos de autoayuda, como el de Alcohólicos Anónimos, también pueden ayudar.

En ocasiones, determinados medicamentos (disulfiram, naltrexona y acamprosato) pueden ayudar a los alcohólicos a evitar el consumo de alcohol. No obstante, los medicamentos por lo general solo ayudan a las personas motivadas y que cooperan, y los fármacos se utilizan como parte de un régimen de asesoramiento psicoterapéutico intensivo y permanente. Los resultados son variables.

El disulfiram disuade de consumir alcohol porque interfiere con el metabolismo del alcohol, haciendo que se produzca acetaldehído (una sustancia que resulta de la degradación del alcohol) en la sangre. El acetaldehído hace que la persona se sienta enferma. Causa rubor facial, dolor pulsátil de cabeza, frecuencia cardíaca acelerada, respiración rápida y sudoración entre 5 y 15 minutos después de que se haya tomado alcohol. Pueden aparecer náuseas y vómitos entre 30 y 60 minutos más tarde. Estas reacciones incómodas y potencialmente peligrosas duran entre 1 y 3 horas. El malestar que se produce al consumir alcohol después de tomar disulfiram es tan intenso que pocas personas se arriesgan a tomar ni siquiera la pequeña cantidad que llevan algunos preparados de venta sin receta médica contra la tos y el catarro o algunos alimentos. Hay que tomar disulfiram todos los días, pues si se interrumpe su consumo, disminuye su efectividad para tratar la dependencia del alcohol. No deben tomar disulfiram las mujeres embarazadas, quienes padezcan una enfermedad grave ni las personas de edad avanzada.

La naltrexona altera los efectos del alcohol sobre ciertos productos químicos sintetizados por el cerebro (endorfinas) que pueden estar asociados con el ansia de alcohol y su consumo. Este fármaco es efectivo en la mayoría de los que lo consumen de manera continuada. Se puede administrar en una inyección mensual, de acción prolongada. La naltrexona, a diferencia del disulfiram, no hace que la gente se sienta enferma. Por lo tanto, una persona que toma naltrexona puede continuar bebiendo. Las personas que tienen hepatitis o determinadas enfermedades del hígado no deben tomar naltrexona.

Más información

Encefalopatía de Wernicke

La encefalopatía de Wernicke origina confusión, alteraciones oculares y pérdida del equilibrio, y se debe a la deficiencia de tiamina.

La encefalopatía de Wernicke está originada por una deficiencia grave de tiamina, una vitamina del grupo B (ver Encefalopatía de Wernicke). En personas que solo dispongan de una pequeña cantidad de tiamina almacenada en su organismo, puede desencadenarse por la ingesta de carbohidratos.

La encefalopatía de Wernicke se desarrolla a menudo en personas con alcoholismo grave debido a que el consumo de cantidades excesivas de alcohol durante un tiempo prolongado interfiere en la absorción de la tiamina. Además, los alcohólicos no suelen seguir una dieta adecuada, y por lo tanto en general no consumen suficiente tiamina. La encefalopatía de Wernicke puede ser debida a otras circunstancias que causan desnutrición prolongada o deficiencias vitamínicas. Tales circunstancias incluyen la diálisis, los vómitos intensos, la inanición, el cáncer y el sida.

Síntomas

La encefalopatía de Wernicke provoca confusión, somnolencia, movimientos involuntarios de los ojos (nistagmo), parálisis parcial oculomotora (oftalmoplejía) y pérdida del sentido del equilibrio. Para mantener el equilibrio, la persona camina con los pies separados y da pasos lentos y cortos.

Los procesos internos del organismo pueden funcionar inadecuadamente, lo que causa temblores, agitación, hipotermia, descenso brusco e intenso de la presión arterial cuando la persona se incorpora (hipotensión ortostática) y desvanecimientos. Si no se trata, la encefalopatía de Wernicke puede conducir al síndrome de Korsakoff (ver Síndrome de Korsakoff), al coma o a la muerte. La combinación se denomina síndrome de Wernicke-Korsakoff.

Diagnóstico

El médico sospecha este diagnóstico en quienes presentan los síntomas característicos y desnutrición o déficit de tiamina, sobre todo si son alcohólicos.

Se realizan de manera habitual otras pruebas, como análisis de sangre para determinar los niveles de glucemia y el número de células sanguíneas, pruebas de función hepática y pruebas de diagnóstico por la imagen, para descartar otras causas. Los niveles de tiamina no se miden de manera rutinaria.

Pronóstico

El pronóstico depende de la rapidez con que se diagnostica y se trata la enfermedad. El tratamiento precoz puede corregir todas las alteraciones. Sin embargo, la pérdida del equilibrio y la confusión pueden persistir durante días o meses. Sin tratamiento, del 10 al 20% de las personas fallecen.

Tratamiento

La tiamina se administra de inmediato mediante inyección intravenosa o intramuscular. Se administra diariamente, por lo menos de 3 a 5 días. El magnesio, que ayuda al organismo a procesar la tiamina, se administra también a través de una inyección o por vía oral. Se aportan sueros y complejos multivitamínicos, y si los niveles de electrólitos (como el potasio) están alterados, también se corrigen. Algunas personas requieren hospitalización.

Las personas con síndrome de Wernicke deben dejar de beber alcohol. Puede ser necesario continuar el tratamiento con complejos de tiamina, tomados por vía oral, después del tratamiento inicial.

Síndrome de Korsakoff

El síndrome de Korsakoff (síndrome amnésico de Korsakoff) origina pérdida de memoria de sucesos recientes, confusión y apatía.

El síndrome de Korsakoff aparece en el 80% de las personas con encefalopatía de Wernicke no tratada. El síndrome de Korsakoff a veces se desencadena por un ataque grave de delirium tremens con o sin encefalopatía de Wernicke. Otras causas son los traumatismos craneales, los accidentes cerebrovasculares, las hemorragias intracerebrales y, en raras ocasiones, ciertos tumores cerebrales.

Las personas con síndrome de Korsakoff pierden la memoria de los acontecimientos recientes. Su memoria es tan pobre que con frecuencia inventan historias, algunas veces muy convincentes, para intentar encubrir su incapacidad para recordar (lo que se denomina confabulación). Pierden la noción del tiempo; se vuelven apáticas y confusas, y pueden no reaccionar a los acontecimientos, incluso frente a los aterradores. Aproximadamente 1 de cada 5 personas que padecen el síndrome no se recupera completamente. Algunas requieren atención en una institución.

El diagnóstico se establece según los síntomas, particularmente por la confabulación, en las personas que se encuentran en las condiciones que pueden provocar el síndrome de Korsakoff.

El tratamiento consiste en administrar tiamina y líquidos por vía intravenosa. Puede ser necesario continuar el tratamiento con complejos de tiamina, tomados por vía oral, después del tratamiento inicial.

La recuperación depende de la causa. Si la causa es un traumatismo craneal o bien una hemorragia cerebral, las personas que reciben tratamiento suelen mejorar. Si la causa es la encefalopatía de Wernicke, las posibilidades de recuperación son menores: solo cerca del 20% se recuperan completamente y aproximadamente un 25% requiere cuidados institucionales. La mejoría puede tardar meses en llegar, y puede seguir progresando durante 2 años o más.

Recursos en este artículo