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Biología de la boca

Por Linda P. Nelson, DMD, MScD, Assistant Professor of Pediatric Dentistry;Associate Pediatric Dentist, Harvard School of Dental Medicine;Children's Hospital

La boca es la entrada a dos sistemas: el digestivo y el respiratorio. El interior de la boca está recubierto por membranas mucosas. Cuando está sano, el revestimiento de la boca (mucosa oral) es de color rosa rojizo. Las encías son de color rosa más pálido y se ajustan perfectamente alrededor de los dientes.

El paladar se divide en dos partes bien diferenciadas. La parte frontal la forma el paladar duro y es donde se alojan las crestas alveolares. La parte posterior, mucho más suave, es lo que llamamos el paladar blando. Las membranas mucosas que tapizan el interior de la boca continúan por fuera, formando la zona rosada y brillante de los labios, y son las encargadas de proporcionar la humedad necesaria. Estas membranas se unen con la piel de la cara en el borde exterior de los labios. La mucosa de los labios es propensa a la sequedad a pesar de estar humedecida por la saliva.

Al final de la boca se encuentra una estructura muscular estrecha llamada úvula, visible cuando decimos «ahhh». La úvula cuelga de la zona posterior del paladar blando, que separa la parte posterior de la nariz de la parte posterior de la boca. Por lo general, la úvula cuelga verticalmente.

En el suelo de la boca se encuentra la lengua, que se utiliza para saborear y mezclar los alimentos. Normalmente, la lengua no es lisa, pues está cubierta de diminutas proyecciones donde se albergan las papilas gustativas encargadas de percibir el sabor de los alimentos. El sentido del gusto es relativamente simple; distingue los sabores dulce, agrio, salado, amargo y «sabroso» (también llamado umami, el sabor del agente saborizante glutamato monosódico). Estos sabores pueden ser detectados en toda la lengua, pero existen algunas zonas más sensibles para cada sabor: los detectores de los sabores dulces se encuentran en la punta de la lengua; los de los sabores salados se encuentran en los lados frontales de la lengua; los detectores de los sabores agrios se encuentran a lo largo de los lados de la lengua, y los de los sabores amargos están situados en el tercio posterior de la lengua. Los olores se detectan mediante receptores olfatorios situados en la parte superior de la nariz. El sentido del olfato es mucho más complejo que el del gusto, y distingue muchas variaciones sutiles. Ambos sentidos, el del gusto y el del olfato, trabajan juntos para permitir que los sabores sean fácilmente reconocidos y apreciados (ver Introducción al olfato y al gusto).

Exploración de la boca

Las glándulas salivales producen saliva. Hay tres pares principales de glándulas salivales: parótidas, submaxilares y sublinguales. Además de las principales glándulas salivales, otras muchas glándulas salivales minúsculas están distribuidas por toda la boca. La saliva pasa de las glándulas a la boca a través de pequeños tubos (conductos).

La saliva sirve para diversos propósitos: ayuda a la masticación y a la deglución de los alimentos con la formación de bolos alimenticios capaces de deslizarse desde la boca al esófago; también ayuda a disolver los alimentos para que puedan ser saboreados con mayor facilidad. La digestión comienza cuando las enzimas digestivas de la saliva envuelven las partículas de alimento. Una vez ingeridos los alimentos, el flujo de saliva arrastra las bacterias causantes de la caries dental y otros trastornos. También ayuda a mantener sano el revestimiento bucal y previene la pérdida de minerales de la dentadura. No solo neutraliza los ácidos producidos por las bacterias sino que además contiene sustancias (como anticuerpos y enzimas) que destruyen bacterias, levaduras y virus.

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