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Dermatitis atópica

Por Karen McKoy, MD, MPH, Assistant Clinical Professor, Dermatology;Senior Staff, Harvard Medical School;Lahey Clinic Dermatology

La dermatitis atópica es una inflamación crónica, pruriginosa, de las capas superficiales de la piel, que suele afectar a personas con rinitis alérgica (fiebre del heno) o asma, o que tienen familiares con estas enfermedades.

  • La dermatitis atópica es muy frecuente, en especial en los países desarrollados y en las personas con tendencia a desarrollar alergias.

  • En algunos lactantes aparecen erupciones rojas, exudativas y costrosas en la cara, el cuero cabelludo, la zona de los pañales, las manos, los brazos, los pies o las piernas.

  • Los niños mayores y los adultos tienden a presentar una o pocas lesiones, por lo general en las manos, la parte superior de los brazos, la parte anterior de los codos o detrás de las rodillas.

  • El diagnóstico se basa en el aspecto de la erupción y los antecedentes familiares.

  • El tratamiento incluye mantener la piel húmeda, aplicar corticoesteroides en la piel, y a veces otras medidas.

La dermatitis atópica es una de las enfermedades cutáneas más frecuentes, sobre todo en zonas urbanas y en países desarrollados, y afecta aproximadamente a un 15 a 30% de los niños y adolescentes y a un 2 a 10% de los adultos en todo el mundo. Casi el 66% de los afectados por este trastorno lo manifiestan antes del primer año de vida, y el 90% antes de los 5 años de edad. La dermatitis atópica desarrollada durante la infancia con frecuencia desaparece o disminuye en gran medida en la edad adulta.

No se sabe cuál es la causa de la dermatitis atópica, pero quienes la padecen suelen tener muchos trastornos alérgicos, en particular asma, rinitis alérgica y alergias alimentarias. No está clara la relación entre la dermatitis y estos trastornos, porque la dermatitis atópica no es una reacción alérgica a una sustancia en particular. La dermatitis atópica no es contagiosa.

Algunos trastornos, como el estrés emocional, los cambios de temperatura o de humedad, las infecciones bacterianas de la piel, determinadas partículas en el aire (como ácaros del polvo, hongos y caspa de animales), algunos cosméticos y el contacto con prendas de vestir irritantes (en especial las de lana), pueden empeorar la dermatitis atópica. En algunos lactantes, las alergias a ciertos alimentos pueden provocarles dermatitis atópica.

Síntomas

En algunos lactantes se producen erupciones rojas, exudativas y costrosas en la cara, que se extienden al cuero cabelludo, la zona de los pañales, las manos, los brazos, los pies o las piernas. Pueden verse afectadas grandes superficies del cuerpo. En los niños mayores y en los adultos, las lesiones suelen presentarse (y de forma repetida) en una sola zona o en varias, especialmente en las manos, la parte superior de los brazos, la parte anterior de los codos o detrás de las rodillas.

Si bien el color, la intensidad y la localización de la erupción pueden variar, siempre produce prurito, que puede llevar a un rascado incontrolable, el cual activa un ciclo de prurito-rascado-prurito que empeora el problema. El rascado y el frotamiento de la piel pueden erosionarla, y permitir así la penetración de bacterias que causan infecciones.

En algunas personas afectadas por dermatitis atópica, la infección por el virus del herpes simple, que en la mayor parte de los casos normalmente afecta a una pequeña zona con diminutas ampollas (vesículas) ligeramente dolorosas (ver Infecciones por el virus herpes simple), puede provocar una enfermedad grave con dermatitis extensa, formación de ampollas y fiebre alta (eccema herpético). Las personas con dermatitis atópica también pueden desarrollar infecciones cutáneas víricas (como verrugas comunes y molusco contagioso) y fúngicas.

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico se basa en el aspecto típico de la erupción y a menudo en si existen alergias en la familia. En ocasiones se aplican sustancias en la piel o se realizan análisis de sangre para determinar qué sustancias desencadenan los ataques.

No existe cura, pero el prurito se alivia con fármacos tópicos o con medicamentos por vía oral (ver Prurito : Tratamiento). Es útil adoptar ciertas medidas adicionales. Puede prevenirse la erupción evitando el contacto con sustancias que se sabe que irritan la piel, o alimentos a los cuales se es sensible. La piel debe mantenerse húmeda, ya sea con cremas hidratantes comerciales o con vaselina o aceite vegetal. Es preferible aplicar las cremas hidratantes inmediatamente después del baño, mientras la piel está húmeda. Los padres tienen que cortar bien las uñas de los niños para minimizar el rascado y reducir así el riesgo de infección.

Medidas para reducir la exposición a los desencadenantes domésticos más habituales:

  • Uso de almohadas de fibra sintética y fundas de colchón impermeables

  • Lavado de la ropa de cama en agua caliente

  • Retirada de muebles tapizados, peluches, alfombras y animales domésticos (para reducir los ácaros del polvo y la caspa de animales)

  • Uso de bombas de circulación de aire equipadas con filtros de aire de alto rendimiento (HEPA) en el dormitorio y las zonas de la casa ocupadas con más frecuencia

  • Uso de deshumidificadores en sótanos y otros espacios húmedos y mal aireados (para reducir el moho)

El tratamiento específico consiste en la aplicación de una pomada o crema con corticoesteroides. En ocasiones, para limitar el uso de corticoesteroides en las personas tratadas durante largos periodos, los corticoesteroides se reemplazan por vaselina durante una semana o más. Las pomadas o cremas que contienen un fármaco modulador del sistema inmunitario, como tacrolimús o pimecrolimús, también son eficaces y limitan la necesidad del uso de corticoesteroides a largo plazo. A veces se prescriben primero estos fármacos. Los comprimidos de corticoesteroides son el último recurso y se prescriben en casos difíciles.

La fototerapia (exposición a los rayos ultravioleta) puede ser beneficiosa en los adultos (ver Fototerapia: uso de rayos ultravioleta para tratar los trastornos cutáneos). Este tratamiento rara vez se recomienda en los niños, debido a sus posibles efectos secundarios a largo plazo, como cáncer de piel y cataratas.

En los casos graves, puede inhibirse el sistema inmunitario con ciclosporina, azatioprina o micofenolato de mofetilo administrados por vía oral, o con inyecciones de interferón gamma.

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