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Fobia social

(Trastorno de ansiedad social)

Por John H. Greist, MD, Clinical Professor of Psychiatry;Distinguished Senior Scientist, University of Wisconsin School of Medicine and Public Health;Madison Institute of Medicine

La fobia social se caracteriza por miedo y ansiedad ante la posibilidad de exponerse a determinadas situaciones sociales o actuaciones en público. La persona afectada a menudo evita estas situaciones, o bien las vive con mucha angustia.

El ser humano es un animal social, y su capacidad para relacionarse sin problemas en diferentes situaciones sociales influye en aspectos importantes de su vida como la familia, la educación, el trabajo, el ocio y las relaciones sociales y de pareja.

La fobia social es un tipo de trastorno de ansiedad. Aunque es normal sentir cierta ansiedad en las situaciones sociales, las personas que tienen fobia social experimentan ansiedad en tal grado que tratan de evitar dichas situaciones o las enfrentan con gran malestar. Aproximadamente el 13% de las personas presentan fobia social en algún momento de su vida. El trastorno afecta con una prevalencia anual cercana al 9% de las mujeres y al 7% de los varones. Estos últimos presentan más riesgo que las mujeres de padecer la forma más grave de ansiedad social, el trastorno de la personalidad por evitación.

Algunas personas son tímidas por naturaleza y ya en la edad temprana manifiestan esta característica que más adelante se convierte en una fobia social. Otras personas experimentan por primera vez ansiedad ante situaciones sociales cerca de la pubertad (ver Trastorno de ansiedad social en niños y adolescentes).

Las personas con fobia social experimentan preocupación por la posibilidad de que sus comportamientos o actuaciones en público puedan ser considerados inapropiados. A menudo les preocupa que su ansiedad resulte evidente (que lleguen a sudar, ruborizarse, vomitar, temblar o se les quiebre la voz). También les preocupa poder perder el hilo de su pensamiento o no ser capaces de encontrar las palabras adecuadas para expresarse.

Algunas fobias sociales están ligadas a situaciones públicas específicas, por lo que la ansiedad aparece únicamente cuando la persona debe realizar un tipo concreto de actividad en público. La misma actividad desarrollada de forma solitaria no provoca ansiedad. Entre las situaciones que habitualmente desencadenan ansiedad se incluyen:

  • Hablar en público

  • Realizar una actividad en público, como leer un texto en la iglesia o tocar un instrumento musical

  • Comer en público

  • Conocer nuevas personas

  • Mantener una conversación

  • Firmar un documento ante testigos

  • Usar un lavabo o baño públicos

Una variedad más general de fobia social se caracteriza por la aparición de ansiedad en numerosas situaciones sociales.

En ambos tipos de fobia social, la ansiedad de la persona proviene del temor a que, si su actuación no está a la altura de las expectativas, esto le provoque vergüenza, humillación, o rechazo por parte de otras personas, o incluso que pueda ofender a alguien.

Las personas afectadas pueden ser conscientes o no de que sus miedos son irracionales y excesivos.

Diagnóstico

  • Evaluación de un médico, en base a criterios específicos

Los médicos llegan al diagnóstico de fobia social cuando la persona afectada presenta miedo o ansiedad y se cumplen todos los factores siguientes:

  • Se trata de miedo o ansiedad de un grado intenso y ha estado presente durante 6 meses o más

  • Se refiere a una o más situaciones sociales

  • Casi siempre se presenta ante la misma situación o situaciones

  • Implica miedo a una evaluación negativa por parte de otras personas

  • Determina que la persona afectada altere su comportamiento para evitar la situación

  • Se trata de miedo o ansiedad desproporcionados respecto al peligro real

  • Provocan un malestar significativo a la persona afectada o perjudican notablemente su funcionamiento

Además, los médicos deben descartar otros trastornos mentales que pueden causar síntomas similares, tales como agorafobia, trastorno de angustia, o trastorno dismórfico corporal.

Tratamiento

  • Terapia de exposición

  • Terapia cognitivo-conductual

  • Antidepresivos, por lo general inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina

La fobia social tiende a persistir si no se trata, provocando conductas de evitación de actividades que, de no padecer dicho trastorno, la persona desearía realizar.

La terapia de exposición (ver ¿Qué es la terapia de exposición?) es efectiva. No obstante, puede ser difícil conseguir que la exposición dure lo suficiente para permitir que el paciente se habitúe y llegue a estar cómodo en esa situación. Por ejemplo, en el caso de una persona que tiene miedo a hablar delante de su jefe, es probable que sea difícil organizar una serie de sesiones con la presencia de este. Pueden ser de utilidad las situaciones sustitutivas que se realizan, por ejemplo, dentro de ciertas asociaciones de personas que presentan ansiedad fóbica a hablar ante una audiencia, o efectuar una lectura pública en una residencia geriátrica.

También puede ser útil la terapia cognitivo-conductual. Con esta terapia, las personas afectadas aprenden a hacer lo siguiente:

  • Reconocer cuándo su forma de pensar está distorsionada

  • Controlar el pensamiento distorsionado

  • Modificar su comportamiento en consecuencia

A menudo es eficaz la administración de antidepresivos, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y de benzodiazepinas (ansiolíticos). Suele preferirse el uso de ISRS, ya que, a diferencia de las benzodiazepinas, es improbable que interfieran con la terapia cognitivo-conductual. Las benzodiazepinas afectan el sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) y pueden causar somnolencia y problemas de memoria.

Los betabloqueantes pueden utilizarse para reducir la frecuencia cardíaca, la sudoración y el temblor experimentados en las situaciones públicas que generan ansiedad, pero estos fármacos no la reducen.