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Anorexia nerviosa

Por Evelyn Attia, MD, Professor of Clinical Psychiatry;Professor of Psychiatry, New York Presbyterian Hospital, Weill Cornell Medical College;New York State Psychiatric Institute, Columbia University Medical Center ; B. Timothy Walsh, MD, Ruane Professor of Psychiatry;Director, Division of Clinical Therapeutics, College of Physicians and Surgeons, Columbia University;New York State Psychiatric Institute

La anorexia nerviosa es un trastorno caracterizado por un incesante esfuerzo por adelgazar, una percepción distorsionada de la imagen corporal, un miedo intenso a volverse obeso y la restricción del consumo de alimentos, lo que conlleva un peso corporal considerablemente bajo.

  • La anorexia nerviosa se inicia generalmente en la adolescencia y es más frecuente en mujeres que en hombres.

  • Las personas con anorexia nerviosa restringen la cantidad de alimentos que ingieren a pesar de la pérdida continuada de peso, se preocupan mucho por todos los aspectos relacionados con la comida y pueden negar tener algún tipo de problema.

  • Si la pérdida de peso es cuantitativamente muy significativa o se produce en un corto intervalo de tiempo, las consecuencias pueden suponer una amenaza para la vida de la persona.

  • Los médicos basan el diagnóstico en los síntomas; además realizan una exploración física y diversas pruebas con el objetivo de detectar los posibles efectos negativos que la pérdida excesiva de peso tiene sobre la salud de la persona.

  • Los tratamientos que hacen hincapié en recuperar un peso y una alimentación normales (como la terapia psicológica individual o familiar) pueden ser beneficiosos.

En el desarrollo de la anorexia nerviosa se encuentran implicados factores hereditarios y sociales. El deseo de estar delgado está muy extendido en las sociedades occidentales, y la obesidad no se considera atractiva, saludable ni deseable. Incluso antes de la adolescencia se es consciente de este tipo de actitudes, por lo que más del 50% de las niñas preadolescentes siguen una dieta o emplean algún otro tipo de medidas para controlar su peso corporal. Sin embargo, solo un reducido porcentaje de estas niñas desarrollan anorexia nerviosa. Otros factores, como la susceptibilidad psicológica y la herencia genética, probablemente predisponen a determinadas personas a desarrollar anorexia nerviosa. En las regiones en las que existe una auténtica escasez de alimentos, la anorexia nerviosa es muy infrecuente.

La enfermedad suele comenzar durante la adolescencia o en los primeros años de la edad adulta; es muy poco frecuente que empiece antes de la pubertad o después de los 40 años. La anorexia nerviosa afecta principalmente a personas de clase socioeconómica media y alta. En la sociedad occidental, el número de personas que desarrolla este trastorno parece ir en aumento. Anualmente, cerca de 1 de cada 200 mujeres jóvenes sufren anorexia nerviosa. Este trastorno es mucho menos frecuente en hombres. Sin embargo, los casos leves pueden ser más difíciles de identificar.

Hay dos tipos:

  • Tipo restrictivo: la persona limita la cantidad de alimento que ingiere pero no se da un atracón o se purga regularmente (por ejemplo, mediante la inducción del vómito o tomando laxantes). Algunas personas realizan ejercicio en exceso.

  • Tipo atracón/purga: la persona regularmente come en exceso y/o se purga.

¿Sabías que...?

  • Entre un tercio y la mitad de las personas con anorexia nerviosa come en exceso y/o se purga.

Síntomas

La anorexia nerviosa puede presentarse como un cuadro de carácter leve y transitorio o, por el contrario, grave y persistente.

Un primer indicador de la inminencia del trastorno puede ser la aparición de una mayor preocupación por la dieta y el peso corporal. Tales preocupaciones parecen fuera de lugar ya que la mayoría de las personas que acaban desarrollando anorexia nerviosa no tienen sobrepeso. La preocupación y la ansiedad referentes al peso corporal se intensifican a medida que la persona va adelgazando. Incluso cuando se encuentra demacrada, la persona afirma sentirse gorda, no lamenta la pérdida de peso, niega padecer algún tipo de alteración y, en general, se opone al tratamiento. Sigue tratando de bajar de peso, incluso cuando los amigos y miembros de la familia le aseguran que está delgada o le advierten de que está adelgazando demasiado. Las personas con anorexia nerviosa ven cualquier aumento de peso como un fracaso inaceptable de su autocontrol.

El término anorexia significa literalmente ausencia de apetito; no obstante, las personas que presentan anorexia nerviosa en realidad tienen hambre y se preocupan por las cuestiones que conciernen a la comida. Pero en lugar de comer, estudian dietas y calculan calorías. Pueden acumular alimentos, esconderlos o tirarlos. Pueden recopilar recetas de cocina y preparar elaborados platos para los demás.

Entre el 30 y el 50% de las personas con anorexia nerviosa comen en exceso y/o emplean métodos de purga, como la provocación de vómitos o el uso de laxantes. El porcentaje restante simplemente restringe la cantidad de comida que ingiere. Es frecuente que mientan acerca de la cantidad de comida ingerida y que oculten sus hábitos dietéticos extravagantes, incluidos los vómitos. Algunas personas además toman diuréticos (fármacos que incrementan la cantidad de agua excretada por los riñones) para reducir lo que perciben como hinchazón, con el objetivo de perder peso.

Muchas de las mujeres con anorexia nerviosa dejan de tener ciclos menstruales, a veces incluso antes de perder mucho peso. Puede aparecer pérdida de interés por el sexo tanto en hombres como en mujeres.

Normalmente las personas con anorexia nerviosa presentan una baja frecuencia cardíaca, hipotensión arterial, baja temperatura corporal y pueden desarrollar un vello corporal fino o exceso de vello facial y corporal. Los tejidos se hinchan debido a la acumulación de líquido (edemas). Las personas afectadas refieren con frecuencia distensión y malestar abdominal y estreñimiento.

Los vómitos autoinducidos pueden erosionar el esmalte dental, originar el aumento de tamaño de las glándulas salivales situadas en las mejillas (glándulas parótidas), y provocar inflamación del esófago. La depresión es frecuente.

Pese la extrema delgadez, las personas con anorexia nerviosa se mantienen activas y con frecuencia realizan un ejercicio físico excesivo con el fin de controlar su peso. Antes de aparecer demacradas, los síntomas de deficiencias nutricionales suelen ser escasos.

Los cambios hormonales que aparecen en la anorexia nerviosa consisten en una marcada disminución de los niveles de estrógenos (en las mujeres), testosterona (en los hombres) y de las hormonas tiroideas, y, en un incremento de los niveles de cortisol.

Si la desnutrición es grave, probablemente aparecerán alteraciones en los principales sistemas y aparatos del organismo. La densidad ósea puede disminuir, lo que incrementa el riesgo de osteoporosis.

Si la pérdida de peso es cuantitativamente significativa o se produce en un corto intervalo de tiempo, las consecuencias pueden suponer una amenaza para la vida de la persona. Los problemas cardíacos y los relacionados con la alteración de líquidos y electrólitos (como el sodio, el potasio y el cloro) son los más peligrosos:

  • El corazón se debilita y bombea menos volumen de sangre

  • Se altera el ritmo cardíaco.

  • Las personas afectadas se deshidratan y son propensas a los desmayos.

  • La sangre se vuelve más alcalina, situación denominada alcalosis metabólica (ver Alcalosis).

  • La concentración de potasio en sangre disminuye.

Los vómitos y la ingestión de laxantes y diuréticos empeoran la situación. Puede acontecer muerte súbita, probablemente debido a alteraciones del ritmo cardíaco.

Diagnóstico

  • Evaluación por un médico

  • Pruebas para detectar los problemas secundarios a la anorexia nerviosa

Las personas afectadas piensan que no sufren ningún problema y por este motivo se muestran resistentes a la valoración y el tratamiento médicos. Por lo general, son los familiares los que les llevan a la consulta del médico, o bien acuden por otros motivos.

Se mide la altura y el peso a fin de calcular el índice de masa corporal (IMC, ver Introducción a la nutrición). Se pregunta a estas personas cómo se sienten con relación a su cuerpo y a su peso, además de interrogarles sobre la existencia de otros síntomas. Los médicos emplean cuestionarios desarrollados para detectar la existencia de trastornos de la conducta alimentaria.

Si alguno de los siguientes síntomas está presente, es probable que exista un cuadro de anorexia:

  • Restricción de la alimentación que se traduce en un bajo peso corporal, por lo general con un IMC inferior a 17 (o para los niños, IMC inferior al percentil 5 para su edad o menos de lo que se espera basándose en el crecimiento anterior)

  • Miedo a la obesidad

  • Una imagen distorsionada de su cuerpo y/o negación de que sufren un trastorno grave

Los médicos también realizan una exploración física y valoran los resultados de los análisis de sangre y de orina, para detectar los posibles efectos derivados de la pérdida de peso y de la desnutrición. En ocasiones también efectúan una medición de la densidad ósea para verificar si existe pérdida de densidad ósea (ver Pruebas para el diagnóstico de trastornos musculoesqueléticos : Densitometría ósea (DMO)). La electrocardiografía (ECG) permite detectar las alteraciones del ritmo cardíaco (ver Electrocardiografía).

¿Sabías que...?

  • Sin tratamiento, casi el 10% de las personas con anorexia nerviosa grave fallecen.

Pronóstico

Sin tratamiento, cerca del 10% de las personas con anorexia nerviosa de carácter grave fallece. Cuando los síntomas son leves y pasan inadvertidos, es muy raro que se produzca el fallecimiento de la persona.

Con tratamiento, aproximadamente la mitad de las personas afectadas recupera la mayor parte o la totalidad del peso perdido, y se resuelven las alteraciones de la función hormonal debidas a la anorexia nerviosa, así como otros problemas orgánicos asociados a esta. Cerca de una cuarta parte mejora levemente y gana algo de peso, pero es posible que de manera periódica regresen a sus anteriores hábitos alimentarios (recaída). La otra cuarta parte suele tener frecuentes recaídas y continúa presentando problemas físicos y mentales relacionados con la enfermedad.

En el tratamiento de la anorexia nerviosa en el caso de niños y adolescentes se obtienen mejores resultados que en el caso de adultos.

Tratamiento

  • Medidas para garantizar el consumo de nutrientes y calorías en cantidades adecuadas

  • Terapia psicológica

  • Para los adolescentes, terapia familiar

  • Controles médicos regulares

Cuando la pérdida de peso se ha producido en un breve periodo de tiempo o bien ha sido muy significativa (por ejemplo, cuando se llega a estar más del 25% por debajo del peso corporal ideal) es esencial recuperar rápidamente el peso. Las personas con anorexia nerviosa en ocasiones requieren ser hospitalizadas con el fin de poder garantizar que consumen los nutrientes y calorías en cantidades adecuadas. Aunque la alimentación oral es el tratamiento óptimo, a veces hay que recurrir a la alimentación mediante una sonda que se introduce a través de la nariz y se hace descender por el esófago hasta el estómago (sonda nasogástrica).

Los médicos también valoran y tratan los problemas secundarios a la anorexia nerviosa. Por ejemplo, si se ha perdido densidad ósea, se administran suplementos de calcio y de vitamina D. Durante la hospitalización se proporciona asesoramiento psiquiátrico y nutricional. La hospitalización también permite alejar a las personas afectadas de sus circunstancias cotidianas e interrumpir sus conductas y hábitos alimentarios disfuncionales. Gracias a ello, se puede revertir el curso de la enfermedad. Sin embargo, la mayor parte de las personas reciben tratamiento ambulatorio.

Se suele utilizar una terapia psicológica que hace hincapié en el establecimiento de unos hábitos alimentarios normales y en alcanzar un peso normal. Dicha terapia consiste en terapia psicológica individual y familiar, como la terapia cognitivo-conductual. Por lo general, la terapia continúa durante 1 año entero después de que la persona haya recuperado el peso perdido. Puede durar hasta 2 años.

En el tratamiento de adolescentes es importante la terapia familiar. Esta terapia puede mejorar las interacciones entre los miembros de la familia y enseñar a los padres a colaborar para que sus hijos recuperen el peso perdido. La terapia es más eficaz en adolescentes que no hayan sufrido la enfermedad durante más de 6 meses.

La terapia es especialmente importante porque muchas de las personas con anorexia nerviosa son reacias al tratamiento y a recuperar el peso perdido.

El tratamiento implica también el seguimiento médico regular. Suele contarse con un equipo de profesionales de la salud, que incluye un nutricionista, que planificará el régimen alimentario e informará sobre las calorías requeridas para el restablecimiento del peso adecuado.

No hay medicación específica para tratar la anorexia nerviosa. Sin embargo, los nuevos antipsicóticos como la olanzapina ayudan a ganar peso y a aliviar la ansiedad.

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