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Trastorno facticio impuesto a uno mismo

Por Joel E. Dimsdale, MD, Professor Emeritus, Department of Psychiatry, University of California, San Diego

El trastorno facticio consiste en pretender tener o producir síntomas físicos o psicológicos sin que haya una razón externa aparente.

  • La causa es desconocida, pero el estrés y un trastorno grave de la personalidad pueden contribuir a su desarrollo.

  • Los síntomas pueden ser espectaculares y convincentes.

  • La persona puede ir de médico en médico o de hospital en hospital en busca de tratamiento.

  • El médico diagnostica el trastorno una vez ha descartado otros trastornos posibles y ha encontrado pruebas concluyentes de que los síntomas han sido simulados.

  • No existen tratamientos claramente efectivos, pero la psicoterapia puede ayudar.

El trastorno facticio impuesto a uno mismo se denominaba anteriormente síndrome de Münchausen. El trastorno facticio también se puede imponer a otra persona (ver Trastorno facticio impuesto a otro).

Las personas con trastorno facticio impuesto a uno mismo simulan repetidamente sufrir un trastono. Si realmente sufren un trastorno, exageran o mienten acerca de los síntomas, pretendiendo que están más enfermos o afectados de lo que lo están en realidad. Sin embargo, este trastorno es más complejo que la simple falta de honradez. Se trata de un problema de salud mental asociado a graves dificultades emocionales.

La causa se desconoce, pero puede estar relacionada con el estrés y con un trastorno de la personalidad grave, normalmente un trastorno límite de la personalidad (ver Trastorno límite de la personalidad). La persona puede tener una historia temprana de abusos emocionales y físicos, puede haber sufrido una grave enfermedad durante la infancia o haber tenido un familiar gravemente enfermo. Las personas afectadas parecen tener problemas de identidad y/o autoestima, así como relaciones inestables. Fingir una enfermedad puede ser una manera de aumentar o proteger la autoestima atribuyendo la culpa de la enfermedad a problemas sociales o de trabajo, relacionándose con médicos y centros médicos prestigiosos o apareciendo ante los demás como alguien único, heroico o médicamente bien informado y sofisticado. Las personas con este trastorno pueden parecer simuladores porque sus acciones son conscientes e intencionadas. Sin embargo, a diferencia de los simuladores, las personas con trastorno facticio no están motivadas por recompensas externas (como conseguir beneficios de la compañía de seguros u obtener una baja laboral).

Síntomas

La persona puede referir síntomas físicos que sugieren un trastorno concreto, como por ejemplo dolor torácico que puede parecer un infarto de miocardio. O puede presentar síntomas que podrían provenir de diversos trastornos, como sangre en la orina, diarrea o fiebre. A menudo saben mucho acerca del trastorno que pretenden sufrir, por ejemplo, que el dolor de un infarto de miocardio se puede propagar desde el tórax hasta el brazo o la mandíbula izquierdos. Pueden alterar registros médicos para proporcionar pruebas de que sufren un trastorno. A veces se provocan el síntoma. Por ejemplo, se pueden pinchar un dedo y poner la sangre en una muestra de orina. O se pueden inyectar bacterias bajo la piel para producir fiebre y llagas.

Las personas con este trastorno son por lo general bastante inteligentes y emprendedoras. No solo saben cómo simular enfermedades de forma convincente, sino que también disponen de sofisticados conocimientos sobre las ciencias médicas. Pueden manipular su atención médica de forma que sean hospitalizadas y sometidas a numerosas pruebas y tratamientos, incluidas las intervenciones de cirugía mayor. Sus mentiras son conscientes, pero no lo son ni sus motivaciones ni la búsqueda de atención que procuran, ambas llevadas a cabo de manera inconsciente. A menudo van de médico en médico y de hospital en hospital para obtener un tratamiento.

Este trastorno puede persistir durante toda la vida.

Diagnóstico

En primer lugar el médico descarta la existencia de trastornos físicos y mentales mediante la elaboración de la historia clínica, una exploración física completa y la realización de pruebas diagnósticas. La mayor parte del tiempo, la descripción que hace la persona de los síntomas es convincente y a veces engaña a los médicos. No obstante, los médicos pueden sospechar la presencia del trastorno basándose en lo siguiente:

  • La historia clínica es espectacular pero inconsistente.

  • El tratamiento empeora los síntomas en lugar de aliviarlos.

  • Cuando los resultados de las pruebas resultan ser negativos o después del tratamiento de un grupo de síntomas, la persona desarrolla síntomas distintos o bien acude a otro hospital para recibir atención.

  • La persona posee un amplio conocimiento de la práctica médica.

  • Y se muestra deseosa y ansiosa porque le realicen pruebas diagnósticas y procedimientos quirúrgicos.

  • Tiene un historial de visitas frecuentes a muchos médicos y hospitales diferentes.

  • Se resiste a dejar que los médicos hablen con miembros de la familia y con médicos que le hayan tratado anteriormente.

El diagnóstico se establece una vez se han descartado otros trastornos y cuando los médicos observan o descubren pruebas de exageración, simulación, falsificación, producción autoinducida de síntomas y alteración de la historia clínica.

Los médicos pueden derivar a la persona a un psiquiatra u otro profesional de la salud mental.

Si el trastorno se diagnostica de forma temprana, se pueden evitar pruebas de riesgo, procedimientos quirúrgicos y tratamientos innecesarios.

Tratamiento

No existen tratamientos claramente eficaces. Si la persona recibe tratamiento por el trastorno que está fingiendo, puede sentir alivio temporal pero luego normalmente refiere síntomas adicionales y exige más tratamientos. Una parte importante del tratamiento consiste en evitar tratamientos innecesarios.

La psicoterapia, en particular la terapia cognitivo-conductual, puede ser beneficiosa. Se centra en cambiar el pensamiento y la conducta de la persona. También le puede ayudar a identificar y trabajar temas subyacentes que están causando el trastorno.

Trastorno facticio impuesto a otro

El trastorno facticio impuesto a otro consiste en falsificar o producir síntomas de un trastorno físico o psicológico en otra persona. Por lo general, lo llevan a cabo los cuidadores (generalmente los progenitores) sobre alguien que está a su cuidado.

Este trastorno solía llamarse síndrome ficticio por poderes o síndrome de Münchausen por poderes.

El trastorno facticio impuesto a otro es similar al trastorno facticio impuesto a uno mismo, salvo que las personas que lo sufren (por lo general los cuidadores, normalmente uno de los progenitores) falsifican o producen intencionadamente síntomas físicos o psicológicos en una persona a su cargo (normalmente un niño).

El cuidador falsifica la historia médica del niño, y puede dañarlo administrándole ciertos fármacos u otras sustancias, o bien agregar sangre o contaminantes bacterianos a sus muestras de orina para fingir una enfermedad. El cuidador busca atención médica para el niño, parece estar muy preocupado y se muestra protector. El niño presenta normalmente un historial de hospitalizaciones frecuentes, por lo general con una variedad de síntomas no específicos, pero sin establecimiento firme de un diagnóstico. Estos niños pueden estar gravemente enfermos y a veces mueren debido a los intentos del cuidador de simular una enfermedad.