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Anemia debida a hemorragia abundante

Por Alan E. Lichtin, MD, Associate Professor;Staff Hematologist-Oncologist, Cleveland Clinic Lerner College of Medicine;Cleveland Clinic

La anemia asociada a hemorragia abundante se produce cuando la pérdida de glóbulos rojos (eritrocitos) es superior a su producción.

  • Cuando la pérdida de sangre es rápida, la presión arterial disminuye y las personas pueden sentirse mareadas.

  • Si es gradual, las personas afectadas sienten cansancio y ahogo, y palidecen.

  • Para determinar el origen de una hemorragia a veces es necesario un análisis de heces y de orina, y pruebas de diagnóstico por la imagen.

  • Debe corregirse la causa de la hemorragia y, si es necesario, hay que realizar una transfusión y administrar suplementos de hierro.

La hemorragia abundante es la causa más frecuente de anemia. Cuando se pierde sangre, el cuerpo absorbe agua rápidamente de los tejidos hacia el torrente sanguíneo con el fin de mantener los vasos llenos. Como resultado, la sangre se diluye y el hematócrito (el porcentaje de glóbulos rojos en el volumen total de sangre) se reduce. Con el tiempo, una sobreproducción de glóbulos rojos por la médula ósea llega a corregir la anemia. Sin embargo, con el paso del tiempo, la hemorragia reduce la cantidad de hierro en el organismo, lo que impide que la médula ósea aumente la producción de nuevos glóbulos rojos para reemplazar los que se han perdido.

Pérdida sanguínea rápida

Al principio, los síntomas de la anemia pueden ser graves, en especial si esta se desarrolla rápidamente por una pérdida repentina de sangre, como en el caso de lesión, intervención quirúrgica, parto o ruptura de un vaso sanguíneo. La pérdida súbita de grandes cantidades de sangre puede ocasionar dos problemas:

  • La presión arterial desciende, ya que la cantidad de fluidos en los vasos sanguíneos se hace insuficiente.

  • El suministro de oxígeno se reduce drásticamente debido a la rápida reducción del número de células encargadas de su transporte.

Cualquiera de estos dos problemas puede causar un accidente cerebrovascular, un infarto de miocardio e incluso la muerte.

Pérdida crónica de sangre (o de larga duración)

Es mucho más frecuente que la pérdida aguda de sangre y puede provenir de diferentes partes del cuerpo. A diferencia de las grandes cantidades de sangre perdida, como en las hemorragias nasales o en las hemorroides, cantidades de sangre más pequeñas pasan fácilmente inadvertidas. Por ejemplo, una pequeña cantidad de sangre puede no ser visible en las heces. Este tipo de pérdida hemorrágica se conoce como sangre oculta. Si una pequeña hemorragia perdura durante mucho tiempo, puede perderse una cantidad significativa de sangre. Esta hemorragia gradual se produce en trastornos frecuentes, como úlceras de estómago o intestino delgado, diverticulosis, pólipos o cáncer del intestino grueso. Otras causas de hemorragia crónica son los tumores de riñón o de vejiga, que causan pérdidas de sangre al orinar, y las pérdidas menstruales abundantes.

Síntomas y diagnóstico

Los síntomas son similares a los que aparecen con otros tipos de anemia y varían de leves a graves según la cantidad de sangre perdida y la rapidez de la hemorragia. Cuando la pérdida de sangre es rápida (de varias horas o incluso menos) con solo perder un tercio del volumen sanguíneo del organismo el desenlace puede ser mortal. Si se pierde sangre rápidamente, es frecuente sentir mareo al sentarse o al incorporarse después de estar acostado (hipotensión ortostática). Cuando la pérdida de sangre es más lenta (durante varias semanas o más tiempo), la pérdida de hasta dos tercios del volumen sanguíneo puede causar solo cansancio y debilidad, o incluso puede no causar ningún síntoma si la persona se hidrata apropiadamente.

Suelen producirse también otros síntomas asociados a la hemorragia o a los trastornos que la causan. Las personas con hemorragia de estómago o del intestino delgado observan que sus heces son de color negro alquitranado. La hemorragia renal o vesical da a la orina una coloración rojiza o marrón. Las mujeres pueden notar que sus menstruaciones son largas y abundantes. Algunos trastornos que causan hemorragias crónicas, como las úlceras de estómago, producen malestar. Otros trastornos, como la diverticulosis, el cáncer intestinal y los pólipos en una fase temprana pueden ser asintomáticos.

Cuando la persona describe síntomas de anemia, ha notado pérdida de sangre, o ambas cosas, el médico solicita análisis de sangre. Las heces y la orina se analizan en algunos casos para detectar la presencia de sangre e identificar el punto de procedencia de la hemorragia. En algunos casos es necesario realizar una endoscopia o pruebas de diagnóstico por la imagen para localizar el origen de una hemorragia.

Tratamiento

En los casos de hemorragias abundantes o muy rápidas, se debe encontrar y detener la causa de la pérdida de sangre. Además puede ser necesaria la transfusión de glóbulos rojos (eritrocitos).

En caso de pérdidas de pequeñas cantidades de sangre o de pérdidas lentas, el organismo puede producir suficientes glóbulos rojos para corregir la anemia, sin necesidad de llevar a cabo transfusiones de sangre. Dado que durante la hemorragia se pierde hierro, que es necesario para producir glóbulos rojos, la mayoría de las personas que presentan anemia por hemorragia excesiva requieren tomar suplementos de hierro, habitualmente en comprimidos, durante varios meses.