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Leucemia Mielocítica Crónica (LMC)

Por Michael E. Rytting, MD, Professor;Professor, Department of Leukemia, University of Texas MD Anderson Cancer Center;Department of Pediatrics, University of Texas MD Anderson Cancer

La leucemia mielocítica (mieloide, mielogénica, granulocítica) crónica es una enfermedad en la cual las células que normalmente evolucionarían a neutrófilos, basófilos, eosinófilos o monocitos se vuelven cancerosas.

  • Las personas afectadas pasan por una fase en la que tienen síntomas inespecíficos, como cansancio, pérdida del apetito y pérdida de peso.

  • A medida que la enfermedad progresa, los nódulos linfáticos y el bazo aumentan de tamaño y aparecen también palidez, fácil formación de hematomas y sangrados.

  • Para el diagnóstico se realizan análisis de sangre, de médula ósea, moleculares y cromosómicos.

  • El tratamiento se hace con imatinib u otros nuevos fármacos relacionados.

La leucemia mielocítica crónica (LMC) puede afectar a personas de cualquier edad y sexo, aunque es poco frecuente antes de los 10 años de edad. La enfermedad aparece con mayor frecuencia en adultos de 40 a 60 años de edad. La causa suele ser un reordenamiento de dos cromosomas particulares en uno que se denomina cromosoma Philadelphia. El cromosoma Philadelphia produce una enzima anormal (tirosina cinasa) que está implicada en el patrón de crecimiento anormal de los glóbulos blancos (leucocitos) en la LMC.

La enfermedad tiene tres fases:

  • Fase crónica: un periodo inicial que puede durar meses o años, durante el cual la enfermedad progresa muy lentamente.

  • Fase acelerada: la enfermedad comienza a progresar más rápidamente, los tratamientos son menos eficaces y los síntomas empeoran.

  • Fase blástica: aparecen células leucémicas inmaduras (blastos) y la enfermedad empeora, con complicaciones tales como infecciones graves y sangrado excesivo.

En la LMC, la mayoría de las células leucémicas provienen de la médula ósea, pero algunas se producen en el bazo y en el hígado. A diferencia de las leucemias agudas, en las cuales existe un gran número de blastos, la fase crónica se caracteriza por un fuerte incremento en el número de glóbulos blancos (leucocitos) de apariencia normal y, a veces, en el número de plaquetas. En el curso de la enfermedad, más y más células leucémicas llenan la médula ósea y otras entran en el torrente sanguíneo.

Con el tiempo, las células leucémicas sufren más cambios y la enfermedad progresa hacia una fase acelerada, y luego, inevitablemente, hacia la fase blástica. En esta última solo se producen células leucémicas inmaduras, una señal del empeoramiento de la enfermedad. El agrandamiento masivo del bazo, la fiebre y la pérdida de peso son frecuentes en la fase blástica.

Síntomas y diagnóstico

Al inicio, en su fase crónica, la LMC es asintomática. Sin embargo, algunas personas se sienten cansadas y débiles, pierden el apetito, bajan de peso, tienen fiebre o sudoración nocturna, y sensación de plenitud abdominal, generalmente como consecuencia del aumento de tamaño del bazo. A medida que la enfermedad evoluciona hacia la fase blástica, las personas empeoran porque el número de glóbulos rojos y de plaquetas disminuye, lo que provoca infecciones, palidez, hematomas y sangrados.

Se sospecha el diagnóstico de LMC cuando los resultados de un simple hemograma muestran un número anormalmente alto de glóbulos blancos (leucocitos). En las muestras de sangre examinadas al microscopio a menudo se aprecian glóbulos blancos inmaduros, que en situación normal solo se hallan en la médula ósea.

El diagnóstico se confirma al detectar mediante análisis cromosómicos (citogenéticos o genéticos moleculares) la presencia del cromosoma Philadelphia.

Pronóstico y tratamiento

Antes los tratamientos no curaban la LMC, pero hacían más lento su progreso. El fármaco imatinib y otros medicamentos nuevos similares bloquean la proteína anormal producida por el cromosoma Philadelphia, y han modificado el tratamiento y el pronóstico de la enfermedad.

Estos fármacos son eficaces y por lo general sus efectos secundarios son leves. Más del 90% de las personas con LMC en fase crónica que reciben imatinib están bien 5 años después del tratamiento, y la mayoría siguen bien a los 10 años del tratamiento. El trasplante de células progenitoras (células madre, ver Trasplante de células madre) combinado con altas dosis de quimioterapia puede ser curativo. Existen otros fármacos eficaces para el tratamiento de las personas cuya enfermedad es resistente al imatinib, que también pueden utilizarse si la LMC no responden bien a este.

Estos fármacos, combinados con quimioterápicos más antiguos, están mostrando éxito en el tratamiento durante la fase blástica, que antes provocaba la muerte en pocos meses.

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