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Leucemia mieolocítica aguda (LMA)

Por Michael E. Rytting, MD, Professor;Professor, Department of Leukemia, University of Texas MD Anderson Cancer Center;Department of Pediatrics, University of Texas MD Anderson Cancer

La leucemia mielocítica (mieloide, mielógena, mieloblástica, mielomonocítica) aguda es una enfermedad potencialmente mortal, en la cual las células que se convierten en neutrófilos, basófilos, eosinófilos y monocitos se transforman en cancerosas y reemplazan rápidamente a las células normales de la médula ósea.

  • Las personas afectadas están cansadas o pálidas, son propensas a desarrollar infecciones y fiebre, y sufren fácilmente hematomas y hemorragias.

  • Para el diagnóstico son necesarios análisis de sangre y un examen de médula ósea.

  • El tratamiento incluye quimioterapia para lograr la remisión, y quimioterapia adicional para evitar las recaídas.

La leucemia mielocítica aguda (LMA) es el tipo más frecuente de leucemia en los adultos, aunque puede aparecer a cualquier edad. A veces la causan la quimioterapia o la radioterapia administradas para tratar otro tipo de cáncer.

En la LMA, las células leucémicas inmaduras se acumulan rápidamente en la médula ósea, destruyendo y reemplazando a las que producen glóbulos sanguíneos normales. Las células leucémicas son liberadas al torrente sanguíneo y transportadas a otros órganos, donde continúan creciendo y dividiéndose. Pueden formar pequeñas masas (cloromas) dentro o debajo de la piel, en las encías y en los ojos.

Existen varios subtipos de LMA, que se identifican según las características de las células leucémicas. La leucemia promielocítica aguda es un importante subtipo de LMA. En esta variante, las anomalías cromosómicas de los promielocitos (que son células en una etapa temprana del proceso de maduración que las transformará en neutrófilos) provocan una acumulación de estas células inmaduras. La anomalía subyacente se halla en el metabolismo del ácido retinoico.

Síntomas y diagnóstico

Los primeros síntomas de la LMA son muy similares a los de la leucemia linfocítica aguda (ver Leucemia linfocítica aguda (LLA)). Las encías pueden estar inflamadas e hinchadas. Aunque la meningitis es menos frecuente que en la leucemia linfocítica aguda, las células cancerosas de la LMA pueden causar inflamación de las membranas que cubren el cerebro y la médula espinal (meninges).

El diagnóstico de LMA también es similar al de la leucemia linfocítica aguda. Para confirmar el diagnóstico, y para diferenciar la LMA de otros tipos de leucemia, casi siempre es necesario realizar un examen de la médula ósea (ver Examen de la médula ósea).

Pronóstico

Sin tratamiento, la mayoría de las personas con LMA mueren en pocas semanas o algunos meses después del diagnóstico. Con tratamiento, entre un 20 y un 40% sobreviven al menos 5 años, sin sufrir recaídas. Dado que las recaídas casi siempre se producen dentro de los primeros 5 años que siguen al tratamiento inicial, la mayoría de las personas que después de 5 años permanecen libres de leucemia se consideran curadas. Las personas con peor pronóstico son las mayores de 60 años, las que tienen algún subtipo de LMA, las que la desarrollan después de haber sido sometidas a quimioterapia y radioterapia como tratamiento para otros cánceres, y aquellas cuya leucemia evoluciona lentamente tras haber tenido periodos de meses o años con hemogramas anormales.

La leucemia promielocítica aguda fue considerada en el pasado la forma más maligna de leucemia, pero actualmente es una de las formas más curables de LMA. Más del 70% de los casos de leucemia promielocítica aguda pueden curarse. Es esencial realizar un diagnóstico rápido.

Tratamiento

El tratamiento se dirige a conseguir una pronta remisión, con destrucción de la gran mayoría de las células leucémicas. La LMA responde a un número menor de fármacos que la leucemia linfocítica aguda. Además, a menudo el tratamiento hace que las personas se sientan peor antes de comenzar a mejorar. El tratamiento inhibe la actividad de la médula ósea, reduciendo de forma drástica el número de glóbulos blancos (leucocitos), en particular de neutrófilos. Cuando hay muy pocos neutrófilos, aumenta la probabilidad de contraer infecciones. El tratamiento también altera las mucosas (como el revestimiento de la boca), lo que facilita que las bacterias entren en el cuerpo. Hay que ser muy meticuloso para prevenir las infecciones, y si se produjera alguna, deberá tratarse desde el primer momento. Suele ser necesario realizar transfusiones de glóbulos rojos y de plaquetas.

La quimioterapia de inducción es la primera fase del tratamiento. Los quimioterápicos generalmente incluyen citarabina durante 7 días, administrada en infusión continua intravenosa o como dosis única más alta, y daunorubicina (o idarubicina o mitoxantrona) por vía intravenosa durante 3 días. Otros fármacos que pueden administrarse son 6-tioguanina y etopósido.

La quimioterapia de consolidación se administra cuando la LMA está en remisión. Las personas suelen recibir varios ciclos adicionales de quimioterapia a las pocas semanas del tratamiento inicial para asegurar la destrucción de la mayor cantidad posible de células leucémicas. A diferencia de la leucemia linfocítica aguda, por lo general no se requiere un tratamiento preventivo para proteger el cerebro en los adultos, y tampoco se ha demostrado una mejoría en la tasa de supervivencia con el uso de quimioterapia en dosis bajas a largo plazo (terapia de mantenimiento).

Las personas con leucemia promielocítica aguda pueden ser tratadas con un tipo de vitamina A denominada ácido holo-trans-retinoico (tretinoína). La quimioterapia se combina frecuentemente con el ácido holo-trans-retinoico, sobre todo si al inicio la persona tiene un elevado número de glóbulos blancos (leucocitos). Los fármacos arsenicales resultan en especial efectivos contra este subtipo de LMA.

Recidiva

Las personas que no responden al tratamiento, así como las personas jóvenes que están en remisión pero con alto riesgo de recaída (lo que generalmente se identifica por ciertas anomalías cromosómicas), reciben altas dosis de quimioterapia y a continuación un trasplante de células madre (ver Trasplante de células madre).

Cuando se produce una recaída, en especial en una persona que no es candidata a trasplante de células madre, la quimioterapia adicional es menos eficaz y a menudo mal tolerada. Iniciar otro ciclo de quimioterapia resulta más eficaz en las personas jóvenes y en aquellas cuya remisión inicial tuvo una duración superior a 1 año. Los médicos suelen tener en cuenta muchos factores para recomendar un tratamiento de quimioterapia intensivo adicional para las personas que presentan una recaída de LMA. El tratamiento con un medicamento más nuevo (ozogamicina gemtuzumab), que combina un anticuerpo con un antineoplásico, tiene como «diana» específica las células leucémicas y resulta eficaz en algunos casos de recaída. Se están llevando a cabo más pruebas con este fármaco.

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