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Micosis fungoide

Por Carol S. Portlock, MD, Professor of Clinical Medicine;Attending Physician, Lymphoma Service, Weill Cornell University Medical College;Memorial Sloan-Kettering Cancer Center

La micosis fungoide constituye un tipo de linfoma no hodgkiniano infrecuente, persistente y de crecimiento muy lento. La mayoría de las personas que lo desarrollan son mayores de 50 años. Se origina a partir de los linfocitos T maduros y afecta inicialmente la piel. La micosis fungoide se inicia de una forma tan sutil y crece tan lentamente que al principio puede pasar inadvertida. Produce una erupción cutánea, en ocasiones una pequeña área de piel engrosada pruriginosa de larga evolución, que más adelante da lugar a la aparición de nódulos y se extiende lentamente. En algunas personas evoluciona hacia una forma de leucemia (síndrome de Sézary). En otras, la progresión afecta a los ganglios linfáticos y a los órganos internos. Aun realizando una biopsia, el diagnóstico de esta enfermedad en sus fases iniciales es difícil. Sin embargo, cuando la enfermedad ha avanzado, la biopsia pone de manifiesto la presencia de células de linfoma en la piel.

Las áreas de piel engrosada se tratan con una forma de radioterapia llamada terapia de haz de electrones, o bien con luz solar y corticoesteroides aplicados en la piel. La aplicación directa de mecloretamina en la piel ayuda a reducir el prurito y el tamaño de las áreas afectadas. El interferón también alivia los síntomas. Si la enfermedad se extiende a los ganglios linfáticos y a otros órganos, es necesaria la quimioterapia. Por término medio, las personas viven entre 7 y 10 años después del diagnóstico, pero la supervivencia varía ampliamente según cuánto se ha diseminado el cáncer. El tratamiento no cura la enfermedad, pero retrasa su evolución.

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