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Trastornos de los monocitos

Por Mary Territo, MD, University of California, Los Angeles

Los monocitos ayudan a otros leucocitos a eliminar tejidos muertos o dañados, destruir células cancerosas y regular la inmunidad contra sustancias extrañas. Se producen en la médula ósea y luego entran en el torrente sanguíneo, donde representan entre el 1 y el 10% de los leucocitos circulantes (de 200 a 600 monocitos por microlitro de sangre). Después de pasar unas pocas horas en el torrente sanguíneo migran a los tejidos (el bazo, el hígado, el pulmón y la médula ósea), donde se convierten en macrófagos, las principales células «limpiadoras» del sistema inmunitario. Las alteraciones genéticas que afectan la función de los monocitos y de los macrófagos, y que por tanto producen una acumulación de detritos en las células, son causa de enfermedades por almacenamiento de lípidos (como la enfermedad de Gaucher, ver Enfermedad de Gaucher, y la enfermedad de Niemann-Pick, Enfermedad de Niemann-Pick).

Se produce un aumento del número de monocitos en la sangre (monocitosis) como respuesta a infecciones crónicas, enfermedades autoinmunitarias, trastornos de la sangre y determinados cánceres. La proliferación de macrófagos en los tejidos se produce en respuesta a infecciones, sarcoidosis (ver Sarcoidosis) e histiocitosis de células de Langerhans (ver Histiocitosis pulmonar de células de Langerhans).

La disminución del número de monocitos en la sangre (monocitopenia) se produce como respuesta a la liberación de toxinas en la sangre por ciertos tipos de bacterias (endotoxemia), así como también en las personas que reciben quimioterapia o corticoesteroides.