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Introducción al bazo

Por Harry S. Jacob, MD, University of Minnesota Medical School;Hematology/Oncology Today

El bazo es un órgano liso y esponjoso, casi tan grande como el puño de una persona, situado en la parte superior izquierda del abdomen, justo por debajo de la caja torácica. La arteria esplénica le aporta la sangre procedente del corazón. Esta sale del bazo por la vena esplénica, que evacua su contenido en una vena de mayor calibre (la vena porta), que transporta la sangre al hígado. El bazo tiene una cubierta de tejido fibroso (cápsula esplénica) que da soporte a los vasos sanguíneos y linfáticos.

Está formado por dos tipos esenciales de tejido, cada cual con un cometido diferente:

  • Pulpa blanca

  • Pulpa roja

La pulpa blanca forma parte del sistema que combate las infecciones (inmunitario); produce glóbulos blancos, llamados linfocitos, que a su vez generan anticuerpos (proteínas especializadas que protegen de la invasión de sustancias extrañas).

La pulpa roja filtra la sangre y elimina el material de desecho. Esta contiene otro tipo de glóbulos blancos, los llamados fagocitos, que ingieren microorganismos tales como bacterias, hongos y virus. También controla los glóbulos rojos (eritrocitos) y destruye los que tienen alguna anomalía, los que son demasiado viejos o los que presentan algún daño que les impida funcionar de forma apropiada. Además, la pulpa roja sirve como depósito para los diferentes elementos de la sangre, en especial para los glóbulos blancos y las plaquetas (partículas parecidas a los glóbulos que participan en la coagulación). Sin embargo, la liberación de estos elementos se considera una funcionalidad secundaria de la pulpa roja.

Se puede vivir sin el bazo. A veces, es necesario extirpar el bazo quirúrgicamente (esplenectomía), si por ejemplo se ha dañado gravemente a causa de un traumatismo (ver Traumatismos del bazo), o si se ha agrandado en exceso a causa de ciertos trastornos (ver Hipertrofia del bazo). Al extirparlo, el organismo pierde parte de la capacidad de producir anticuerpos y de eliminar de la sangre los microorganismos no deseados, por lo que no dispone de todos los recursos habituales para combatir las infecciones.

En ausencia de bazo existe un riesgo particularmente alto de contraer infecciones, debido a que este órgano desempeña un papel importante en la protección contra determinadas clases de bacterias, como Streptococcus pneumoniae, Neisseria meningitidis y Haemophilus influenzae. En estos casos, se administran vacunas para evitar las infecciones por estos microorganismos. También es necesario asegurarse de que se recibe la vacuna contra la gripe todos los años, ya que ahora se le recomienda a todas las personas. En ocasiones, se administran antibióticos para prevenir infecciones, sobre todo, si se padece otro trastorno (como la anemia de células falciformes o el cáncer) que aumenta el riesgo de contraer infecciones potencialmente mortales.

El bazo

Sin embargo, a pesar de estos problemas, el bazo no es un órgano crítico para la supervivencia: otros órganos (en especial, el hígado) compensan esta pérdida aumentando su capacidad para combatir infecciones y controlando y eliminando los glóbulos rojos (eritrocitos) anómalos, demasiado viejos o dañados.

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