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Articulaciones

Por Alexandra Villa-Forte, MD, MPH, Staff Physician, Center for Vasculitis Care and Research, Department of Rheumatic and Immunologic Diseases, Cleveland Clinic

Las articulaciones son la unión entre dos o más huesos. Algunas articulaciones normalmente no se mueven, como las localizadas entre los huesos del cráneo. Otras permiten una amplitud de movimiento compleja. La configuración de una articulación determina el grado y dirección de movimiento posible. Por ejemplo, las articulaciones del hombro, de forma esférica encajada en una concavidad, permiten rotación interna y externa así como movimientos hacia delante, hacia atrás, y laterales de los brazos. Las articulaciones en bisagra de las rodillas, los dedos de la mano, y los dedos del pie permiten solo doblar (flexión) y estirar (extensión).

Los componentes de las articulaciones proporcionan estabilidad y disminuyen el riesgo de lesiones que puedan resultar de su uso constante. En una articulación, los extremos de los huesos están cubiertos por cartílago, un tejido protector, liso, resistente y elástico compuesto de colágeno, agua y proteoglicanos, que reduce la fricción por el movimiento de las articulaciones. (El colágeno es un tejido resistente y fibroso; los proteoglicanos son sustancias que contribuyen a proporcionar resistencia al cartílago). Las articulaciones también están provistas de un revestimiento (membrana sinovial) que, a su vez, forma la cápsula articular. Las células del tejido sinovial producen una pequeña cantidad de líquido claro (líquido sinovial) que proporciona alimento al cartílago y reduce más la fricción facilitando el movimiento.

La rodilla por dentro

El diseño de la rodilla le permite protegerse a sí misma. Está completamente rodeada de una cápsula articular lo bastante elástica para permitir el movimiento aunque lo bastante fuerte para mantener las articulaciones íntegras. La cápsula está tapizada por tejido sinovial, que secreta líquido sinovial para lubricar la articulación. Un cartílago resistente cubre los extremos del fémur y de la tibia ayudando a reducir la fricción durante el movimiento. Unas almohadillas de cartílago (meniscos) actúan como amortiguadores entre ambos huesos y ayudan a distribuir el peso corporal en la articulación. Unos sacos llenos de líquido (bolsas sinoviales) reducen la fricción proporcionando amortiguación entre estructuras como la tibia y el tendón insertado en la rótula (tendón rotuliano). Cinco ligamentos dispuestos a lo largo de los laterales y la cara posterior de la rodilla refuerzan la cápsula articular, añadiendo estabilidad. La rótula (patela) protege la parte frontal de la articulación.

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