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Huesos

Por Alexandra Villa-Forte, MD, MPH, Cleveland Clinic

El hueso, aunque fuerte, es un tejido en constante cambio que desempeña varias funciones. Los huesos proporcionan al cuerpo una estructura rígida y actúan como escudo para proteger los delicados órganos internos. Contienen en su interior la médula ósea, donde se forman las células sanguíneas. Los huesos también mantienen las reservas de calcio del organismo. En niños, algunos huesos presentan zonas denominadas placas de crecimiento. Los huesos se alargan en estas zonas hasta que el niño llega a su altura máxima, momento en el que las placas de crecimiento se cierran. A partir de entonces, los huesos crecen más en grosor que en longitud, por las necesidades del organismo de mayor fuerza o resistencia ósea en ciertas áreas.

Los huesos tienen dos formas:

  • Plana (como los huesos del cráneo y las vértebras)

  • Tubular (como el fémur y los huesos del brazo, denominados huesos largos).

Todos los huesos tienen, esencialmente, la misma estructura. La parte dura externa (hueso cortical) está compuesta, en su mayoría, por proteínas como el colágeno, y una sustancia denominada hidroxiapatita, constituida principalmente por calcio y otros minerales. La hidroxiapatita es en gran parte responsable de la resistencia y la densidad óseas. La parte interna de los huesos (hueso trabecular) es más blanda y menos densa que la parte dura externa, pero aun así contribuye de forma significativa a la fortaleza ósea. Una reducción en la cantidad o calidad del hueso trabecular aumenta el riesgo de fractura. La médula ósea es el tejido que rellena los espacios en el hueso trabecular, y contiene células especializadas (y también células madre o progenitoras) que producen células sanguíneas. Los vasos sanguíneos aportan sangre al hueso y los nervios que lo rodean.

¿Sabías que...?

  • La estructura ósea se va adaptando a lo largo de la vida en respuesta a la actividad y al esfuerzo físico mecánico (por ejemplo, ejercicios de carga de peso).

Los huesos están sometidos a un proceso continuo conocido como remodelación (ver Osteoporosis). En este proceso, se reemplaza gradualmente el tejido óseo viejo por tejido óseo nuevo. Cada hueso del cuerpo se renueva por completo aproximadamente cada 10 años. Para mantener la densidad y la resistencia de los huesos, el organismo precisa de un suministro adecuado de calcio, otros minerales y vitamina D, y debe producir las cantidades apropiadas de varias hormonas, como hormona paratiroidea, hormona del crecimiento, calcitonina, estrógenos y testosterona. La actividad física (por ejemplo, para las piernas, ejercicios de sobrecarga, en los que la persona debe aguantar el peso del propio cuerpo) ayuda al fortalecimiento de los huesos mediante la remodelación. Con actividad física y cantidades óptimas de hormonas, vitaminas y minerales, el hueso trabecular se constituye en una compleja estructura reticular que es ligera a la vez que fuerte.

Los huesos están cubiertos por una fina membrana denominada periostio. Las lesiones óseas duelen debido a los nervios sensibles al dolor localizados mayoritariamente en el periostio. La sangre entra en los huesos a través de los vasos sanguíneos que atraviesan el periostio.

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