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Artrosis

(Artritis degenerativa; artrosis; osteoartrosis)

Por Roy D. Altman, MD, Professor of Medicine, Division of Rheumatology and Immunology, University of California, Los Angeles

La artrosis es un trastorno crónico asociado a alteraciones en el cartílago y los tejidos circundantes, y se caracteriza por dolor, rigidez y pérdida de la función.

  • La artritis causada por la afectación del cartílago articular y los tejidos circundantes se vuelve muy frecuente con el envejecimiento.

  • Son habituales el dolor, la hinchazón y el excesivo crecimiento óseo, así como rigidez al despertarse o tras un periodo de inactividad, que desaparece al cabo de 30 minutos, sobre todo si se mueve la articulación.

  • El diagnóstico se basa en los síntomas y en los resultados de las radiografías.

  • El tratamiento incluye ejercicios y otras medidas físicas, fármacos que alivian el dolor y mejoran la función y, para alteraciones muy graves de la articulación, sustitución articular u otro tipo de intervención quirúrgica.

La artrosis, el trastorno articular más frecuente, suele comenzar a edades comprendidas entre los 40 y los 50 años y afecta en algún grado a casi todas las personas a partir de los 80 años de edad. Antes de los 40 años, los varones presentan artrosis con más frecuencia que las mujeres, a menudo a consecuencia de traumatismos. Muchas personas presentan algún signo de artrosis en las radiografías (con frecuencia ya a la edad de 40 años), aunque solo la mitad de ellas tienen síntomas. Entre los 40 y los 70 años de edad, las mujeres presentan este trastorno con una frecuencia superior a la de los varones. Después de los 70 años, el trastorno se desarrolla en ambos sexos por igual.

La artrosis se clasifica como:

  • Primaria

  • Secundaria

La artrosis se clasifica como primaria (o idiopática) cuando la causa es desconocida (como sucede en la gran mayoría de los casos). La artrosis primaria puede afectar solo a ciertas articulaciones, como la rodilla, o a muchas de ellas.

En la artrosis secundaria la causa es otra enfermedad o patología, como:

  • Una infección

  • Una anomalía articular congénita

  • Un traumatismo

  • Un trastorno metabólico, por ejemplo, el exceso de hierro en el organismo (hemocromatosis) o el exceso de cobre en el hígado (enfermedad de Wilson)

  • Un trastorno que ha lesionado el cartílago articular, por ejemplo, la artritis reumatoide o la gota

Presentan un riesgo especial de artrosis algunas personas que fuerzan repetidamente una articulación o un grupo de articulaciones, como los obreros de fundición, los granjeros, los mineros del carbón y los conductores de autobús. El principal factor de riesgo para la artrosis de rodilla es dedicarse a una ocupación que implique flexionar con frecuencia la articulación. Curiosamente, los corredores de larga distancia no tienen un riesgo mayor de desarrollar este trastorno, sin embargo, cuando la artrosis ya se ha desarrollado, este tipo de ejercicio la empeora con frecuencia. La obesidad puede ser uno de los principales factores en el desarrollo de la artrosis, en particular en la rodilla y especialmente en las mujeres.

Causas de la artrosis

Normalmente, las articulaciones tienen un grado de fricción tan bajo que están protegidas del desgaste incluso después de años de uso habitual, de sobreutilización o de traumatismo. La artrosis se produce con mayor frecuencia por un daño tisular. En un intento del organismo por reparar una articulación dañada, se acumulan sustancias químicas en la articulación y aumenta la producción de los componentes del cartílago, como el colágeno (una proteína resistente y fibrosa del tejido conjuntivo) y los proteoglicanos (sustancias que proporcionan elasticidad). A continuación, el cartílago se hincha debido a la retención de líquido, con lo que se ablanda y se producen grietas en su superficie. Se forman pequeñas cavidades en el hueso situado debajo del cartílago, debilitándolo.

El intento de los tejidos de reparar el daño conduce a un nuevo crecimiento de cartílago, hueso y otros tejidos. El hueso crece excesivamente en los bordes de la articulación, produciendo excrecencias óseas (osteofitos) que se pueden ver y palpar. Por último, la superficie lisa y regular del cartílago se vuelve áspera y porosa, con lo que la articulación ya no puede moverse suavemente y absorber impactos por más tiempo. Todos los componentes de la articulación, es decir, el hueso, la cápsula articular (tejidos que envuelven la mayoría de las articulaciones), la membrana sinovial (tejido que reviste la cavidad articular), los tendones, los ligamentos y el cartílago, presentan varios fallos, con lo que se altera la función articular.

Síntomas de la artrosis

Por lo general, los síntomas de artrosis se desarrollan gradualmente y al principio afectan solo a una o pocas articulaciones. Las articulaciones de los dedos, la base de los pulgares, el cuello, la zona lumbar, el dedo gordo del pie, la cadera y las rodillas se ven afectados habitualmente.

El dolor, con frecuencia descrito como intenso y profundo, es el primer síntoma y, cuando se presenta en las articulaciones de carga, suele empeorar con las actividades que implican soportar el peso corporal (como permanecer de pie). En algunas personas, la articulación puede estar rígida después de dormir o de cualquier otro periodo de inactividad, aunque la rigidez suele desaparecer pasados 30 minutos, especialmente si la articulación se moviliza.

A medida que el trastorno va causando más síntomas, la articulación pierde movilidad y finalmente pierde la capacidad de estirarse y doblarse por completo. El nuevo crecimiento de cartílago, hueso u otros tejidos puede agrandar las articulaciones. Las superficies irregulares de los cartílagos hacen que las articulaciones rechinen, chirríen y crujan al movilizarlas, y se vuelven dolorosas a la palpación.

Las excrecencias óseas habitualmente se desarrollan en las articulaciones próximas a las puntas de los dedos (los denominados nódulos de Heberden) o en las articulaciones de la parte media de los dedos (los denominados nódulos de Bouchard).

En algunas articulaciones (como la de la rodilla), los ligamentos, que rodean y sostienen la articulación, se estiran de tal modo que esta se vuelve inestable. De forma alternativa, la cadera o la rodilla se vuelven rígidas y pierden amplitud de movimiento. Puede resultar muy doloroso tocar o mover la articulación (sobre todo al estar de pie, al subir escaleras o al caminar).

La artrosis afecta con frecuencia la columna vertebral. El dolor de espalda es el síntoma más frecuente. Los discos o articulaciones dañados en la columna vertebral suelen causar únicamente dolor leve y rigidez. Sin embargo, la artrosis en el cuello o en la zona lumbar pueden provocar entumecimiento, dolor y debilidad en un brazo o una pierna si el excesivo crecimiento óseo comprime algunos nervios. El crecimiento excesivo de hueso también puede producirse dentro del conducto raquídeo en la zona lumbar de la columna (estenosis raquídea lumbar), produciendo compresión sobre los nervios antes de su salida del conducto raquídeo para ir hacia las piernas. Esto provoca dolor en las piernas después de caminar, lo que sugiere erróneamente que la persona presenta una reducción del aporte de sangre en las piernas (claudicación intermitente). En raras ocasiones, el crecimiento del hueso comprime el esófago y dificulta la deglución.

La artrosis puede permanecer estable durante muchos años o bien evolucionar muy rápidamente, aunque lo más frecuente es que progrese de forma lenta después de la aparición de los síntomas. Muchas personas presentan algún grado de invalidez.

Los sujetos que tienen episodios de enrojecimiento, calor e inflamación articular deben ser evaluados por un médico debido a que estos episodios no pueden estar producidos por la artrosis y podrían ser el resultado de una infección o de gota.

Diagnóstico de la artrosis

  • Evaluación por un médico

  • Radiografía

El médico establece el diagnóstico de artrosis basándose en los síntomas característicos, la exploración física, determinados análisis de sangre y las alteraciones de las articulaciones en las radiografías (como el agrandamiento óseo y el estrechamiento del espacio articular). Sin embargo, las radiografías no son muy útiles para la detección precoz de la artrosis ya que no muestran los cambios en los cartílagos, que es donde se producen las alteraciones más iniciales. Además, a menudo, los cambios observados en las radiografías no muestran una correlación estrecha con los síntomas sufridos por la persona afectada. Por ejemplo, una radiografía puede mostrar solo cambios mínimos en una persona con síntomas graves, o una radiografía con numerosas alteraciones puede pertenecer a una persona que tiene muy pocos síntomas, si es que tiene alguno.

La resonancia magnética nuclear (RMN) puede revelar cambios precoces en los cartílagos, pero rara vez es necesaria para establecer el diagnóstico.

No existen análisis de sangre específicos para el diagnóstico de la artrosis, aunque determinados análisis de sangre pueden ser útiles para descartar otros trastornos (como la artritis reumatoide).

Si una articulación está inflamada, los médicos pueden adormecer el área inyectando un anestésico y luego insertar una aguja en la articulación para extraer una muestra de líquido sinovial. El líquido articular se analiza para determinar si se trata de artrosis o de otros trastornos articulares, como infecciones o gota.

Tratamiento de la artrosis

  • Fisioterapia y terapia ocupacional

  • Fármacos o sustancias

  • Cirugía

  • Terapias suplementarias

Los principales objetivos del tratamiento son:

  • Aliviar el dolor

  • Mantener la flexibilidad articular

  • Optimizar la función articular general

Estos objetivos se logran principalmente mediante actividades físicas que implican ejercicios de fuerza, flexibilidad, resistencia y rehabilitación (fisioterapia y terapia ocupacional). Se enseña a las personas afectadas de qué modo la modificación de sus actividades diarias puede ayudarles a convivir con la artrosis. El tratamiento adicional incluye medicamentos, cirugía (para algunas personas), y nuevas terapias.

Medidas físicas

Ejercicios apropiados, entre los que se incluyen los de estiramiento, los de fortalecimiento y los posturales, ayudan a mantener los cartílagos en buen estado, a aumentar la amplitud de movilidad de la articulación y a fortalecer los músculos circundantes para que puedan absorber mejor las cargas sobre la articulación. El ejercicio, a veces, consigue detener o revertir la artrosis de la cadera y la rodilla. Los médicos recomiendan la realización de los ejercicios en el agua (como en una piscina) porque el agua evita la carga sobre las articulaciones.

Los ejercicios de estiramiento deben hacerse a diario.

El ejercicio debe equilibrarse con el reposo de las articulaciones doloridas durante unos minutos (cada 4 a 6 horas a lo largo del día), aunque la inmovilización de una articulación es probable que empeore la artrosis en vez de mejorarla.

Los síntomas empeoran con el uso de sillas, tumbonas, colchones y asientos de automóvil demasiado blandos.

Debe evitarse también poner almohadas debajo de las rodillas al reclinarse, ya que hacerlo puede provocar tirantez en los músculos de la cadera y de la rodilla. (Esta recomendación contrasta con la recomendación de que las personas con dolor lumbar y ciática se pongan una almohada entre las rodillas. En estas personas, el uso de la almohada alivia la tensión localizada en la zona lumbar y en la cadera ver ¿En qué consiste la ciática?).

Con frecuencia se recomienda a las personas afectadas adelantar el asiento del automóvil, utilizar sillas de respaldo recto con asientos relativamente altos (como las de cocina o las de comedor), dormir en colchones firmes y con tableros en la cama (disponibles en muchas tiendas de antigüedades) y calzar zapatos con buen apoyo o zapatillas deportivas.

Los elevadores del asiento del inodoro pueden facilitar ponerse de pie y hacer que sea menos incómodo en personas que tienen artrosis dolorosa de las rodillas o las caderas, sobre todo si tienen los músculos débiles.

Los ejercicios específicos para la artrosis de la columna vertebral son útiles y, cuando el dolor es intenso, pueden requerirse corsés ortopédicos para la espalda. Entre los ejercicios hay que incluir tanto ejercicios para el fortalecimiento muscular como ejercicios aeróbicos de bajo impacto (como caminar, nadar y montar en bicicleta). En la medida de lo posible, las personas afectadas han de mantener su vida cotidiana y realizar sus actividades habituales, tanto de ocio como laborales. Sin embargo, hay que adaptar la actividad física, evitando tener que agacharse, lo que agravaría el dolor artrósico.

  • La fisioterapia y la terapia ocupacional pueden ser útiles, con frecuencia asociadas a terapia con calor.

  • La realización de ejercicios de amplitud de movimiento en agua caliente es beneficiosa porque el calor mejora la función de los músculos al reducir la rigidez y el espasmo muscular.

  • Para disminuir el dolor debido al empeoramiento temporal de la artrosis en una articulación se aplica frío.

  • Las plantillas para el calzado (ortopédicas) reducen el dolor al caminar.

  • Son útiles los masajes realizados por fisioterapeutas cualificados y la aplicación de calor intenso con diatermia o ultrasonidos.

Fármacos

Los fármacos se utilizan como complemento del ejercicio y de la fisioterapia. Pueden emplearse individualmente o en combinación y no alteran directamente el curso de la artrosis. Se utilizan para reducir los síntomas y permitir una actividad diaria más normal.

Un simple fármaco para aliviar el dolor (analgésico), como el paracetamol (acetaminofeno), tomado antes de realizar actividades que causan malestar, o bien tomado de forma regular para aliviar un malestar articular más constante, puede ser suficiente para el dolor leve o moderado. Aunque los efectos secundarios no son frecuentes, los enfermos no deben tomar paracetamol en dosis superiores a las recomendadas. Si se está en tratamiento con paracetamol es necesario asegurarse de que no se toma al mismo tiempo alguno de los numerosos medicamentos de venta libre que contienen paracetamol.

A veces, sin embargo, puede requerirse un analgésico más potente, como el tramadol o, en raras ocasiones, opiáceos.

De forma alternativa, puede administrarse un antiinflamatorio no esteroideo (AINE) para disminuir el dolor y la hinchazón. Los AINE reducen el dolor y la inflamación en las articulaciones y pueden utilizarse en combinación con otros analgésicos. Los AINE también vienen como formulación en gel y en crema, pueden aplicarse sobre la piel mediante un ligero masaje (como el gel de diclofenaco 1%) en las articulaciones de las manos y las rodillas, lo cual puede ayudar a aliviar los síntomas. Sin embargo, cuando se utilizan los AINE durante largo tiempo, el riesgo de efectos secundarios graves es mayor que con el paracetamol (acetaminofeno).

A veces son necesarios otros analgésicos. Por ejemplo, puede aplicarse directamente en la piel sobre la articulación una crema hecha a partir de pimienta roja (o pimienta de cayena), cuyo principio activo es la capsaicina. La duloxetina, un tipo de antidepresivo tomado por vía oral, reduce el dolor causado por la artrosis.

Los relajantes musculares (normalmente a dosis bajas) alivian en algunos casos el dolor debido a la distensión muscular que se produce al intentar sostener las articulaciones afectadas por la artrosis. En las personas mayores, sin embargo, suelen causar más efectos secundarios que alivio.

Si una articulación se inflama, se hincha y duele de repente, puede ser necesario extraer la mayoría del líquido del interior de la articulación e inyectar una formulación especial de cortisona directamente en el espacio articular. Este tratamiento proporciona a algunas personas un alivio temporal del dolor y un aumento de la flexibilidad de la articulación; pero no deben realizarse inyecciones de cortisona demasiado a menudo, ya que la articulación podría dañarse.

En algunas personas, el dolor se alivia de forma moderada durante periodos prolongados de tiempo mediante una serie de 1 a 5 inyecciones semanales de ácido hialurónico (una sustancia similar al líquido sinovial normal) en el interior de la articulación de la rodilla. Estas inyecciones no deben administrarse con una frecuencia superior a 6 meses. Las infiltraciones articulares con ácido hialurónico son menos eficaces en personas con artrosis grave.

Varios suplementos nutricionales (como el sulfato de glucosamina y el condroitinsulfato) se están analizando para valorar su potencial en el tratamiento de la artrosis. Hasta ahora, los resultados son desiguales y el potencial beneficio del sulfato de glucosamina y del condroitinsulfato no está claro. No hay indicios claros de que otros suplementos nutricionales funcionen.

¿Sabías que...?

  • El paracetamol (acetaminofeno) casi siempre se prefiere a los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) para el tratamiento inicial de la artrosis, ya que suele ser igual de eficaz y más seguro.

Cirugía

Cuando todos los demás tratamientos no han sido eficaces para aliviar el dolor o mejorar la función articular, puede recurrirse al tratamiento quirúrgico. Algunas articulaciones, sobre todo la cadera (ver figura Reparación de una cadera fracturada) y la rodilla (ver figura Sustitución de rodilla), pueden ser sustituidas por una prótesis articular. La sustitución suele dar buenos resultados, mejorando casi siempre la movilidad y la función y disminuyendo el dolor de forma espectacular. Por ello, debe plantearse la sustitución de la articulación por una prótesis cuando el dolor es intratable y la función articular queda limitada. Como la prótesis articular no dura para siempre, en las personas jóvenes la sustitución articular se pospone con frecuencia el mayor tiempo posible para minimizar el riesgo de tener que repetir las sustituciones. Si ningún otro tratamiento ha resultado eficaz, pueden llevarse a cabo procedimientos quirúrgicos para ayudar a aliviar los síntomas de la artrosis en la espalda o en el cuello, sobre todo la compresión del nervio.

Se han utilizado una gran variedad de métodos en personas jóvenes con artrosis (con frecuencia debida a un traumatismo) para restablecer las células dentro del cartílago y ayudar así a curar pequeños defectos del mismo. Sin embargo, todavía no se ha comprobado la eficacia de estos métodos cuando los defectos del cartílago son extensos, como suele ocurrir en las personas mayores.

Sustitución de rodilla

La articulación de una rodilla dañada por artrosis puede ser sustituida por una prótesis articular. Después de administrar anestesia general, el cirujano hace una incisión sobre la rodilla dañada. La rótula puede ser retirada, y los extremos del fémur y de la tibia se suavizan para que las partes de la articulación artificial (prótesis) se puedan unir más fácilmente. Una parte de la prótesis articular se introduce en el fémur y otra en la tibia, y luego se cimentan en su sitio.

Terapias suplementarias

También pueden aplicarse medidas adicionales para aliviar el dolor. Entre estos factores se incluyen los siguientes:

Recursos en este artículo