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Espondilitis anquilosante

Por Roy D. Altman, MD, Professor of Medicine, Division of Rheumatology and Immunology, University of California, Los Angeles

La espondilitis anquilosante es una espondiloartritis caracterizada por la inflamación de la columna vertebral, de las grandes articulaciones y de los dedos de manos y pies, dando lugar a rigidez y dolor.

  • Son frecuentes el dolor articular, la rigidez de la espalda y la inflamación ocular.

  • El diagnóstico se basa en los síntomas y en los resultados de las radiografías.

  • Los antiinflamatorios no esteroideos y a veces la sulfasalazina o el metotrexato pueden ser útiles para aliviar la artritis en las extremidades.

  • Los fármacos que inhiben el factor de necrosis tumoral son muy efectivos para la artritis de la columna vertebral y de las extremidades.

La espondilitis anquilosante es un tipo de espondiloartritis.

La espondilitis anquilosante es 3 veces más frecuente en los varones que en las mujeres, y aparece con mayor frecuencia entre los 20 y los 40 años de edad. No se conoce su causa, pero tiende a afectar a varias personas de una misma familia, lo que indica que la genética interviene en el proceso. La espondilitis anquilosante es de 10 a 20 veces más frecuente en personas cuyos padres o hermanos la padecen. Sin embargo, solo en el 50% de los casos de gemelos idénticos sufren ambos el trastorno, lo que sugiere que también pueden estar implicados factores ambientales desconocidos.

Síntomas

Los brotes leves o moderados de inflamación suelen alternar con periodos casi sin síntomas.

El síntoma más frecuente es:

  • Dolor de espalda

La intensidad del dolor de espalda varía de un episodio a otro y de una persona a otra. El dolor con frecuencia empeora por la noche y en la mañana. También es muy frecuente la rigidez matutina, la cual se alivia con la actividad. El dolor en la zona lumbar y el espasmo muscular asociado se alivian con frecuencia cuando la persona flexiona el tronco hacia delante. Por ello, es habitual que las personas adopten una postura encorvada, que puede hacerse permanente. En otras personas, la columna vertebral se vuelve notablemente erguida y rígida.

Junto al dolor de espalda, pueden darse pérdida de apetito, febrícula, pérdida de peso, fatiga excesiva y anemia. Si se inflaman las articulaciones de las costillas con la columna vertebral, el dolor limita la capacidad de expandir el tórax para respirar profundamente. La anquilosis (fusión) de la columna vertebral puede también restringir la capacidad de expandir el tórax.

En ocasiones, el dolor se inicia en las grandes articulaciones, como las caderas, las rodillas y los hombros.

Un tercio de las personas sufren crisis recurrentes de inflamación ocular leve (uveítis), los cuales no suelen afectar a la visión si se tratan con prontitud.

En algunas personas se produce raramente la inflamación de una válvula cardíaca, que puede tener como consecuencia una lesión permanente, u otros problemas que afecten al corazón o a la aorta.

Si las vértebras dañadas comprimen nervios o comprimen la médula espinal, es posible que se produzca entumecimiento, debilidad o dolor en el área inervada por los nervios afectados. El síndrome de cauda equina (cola de caballo) es una complicación que se presenta en ocasiones (ver ¿En qué consiste el síndrome de la cola de caballo?).

En escasas ocasiones pueden aparecer trastornos pulmonares como la tos, tos con sangre (hemoptisis), y dificultad respiratoria (disnea).

Pueden aparecer también tendinitis del tendón de Aquiles, fasciosis plantar y tendinitis rotuliana.

Diagnóstico

  • Evaluación por un médico

  • Radiografía

  • Análisis de sangre

El diagnóstico de la espondilitis anquilosante se basa en el patrón de los síntomas, el historial familiar de la enfermedad, y las radiografías de la columna vertebral y de las articulaciones afectadas. Las radiografías suelen mostrar (aunque no siempre) un desgaste (erosión) de la articulación entre la columna vertebral y el hueso de la cadera (la articulación sacroilíaca) y la formación de puentes óseos entre las vértebras, lo cual provoca rigidez en la columna vertebral (sacroilitis).

Se realizan análisis de sangre para determinar la velocidad de sedimentación globular (VSG), un análisis que mide la velocidad a la que los glóbulos rojos se posan en el fondo de un tubo de ensayo que contiene sangre, y el nivel de proteína C-reactiva. Niveles elevados de ambos indican inflamación, pero es posible que no indiquen la gravedad del trastorno.

Los médicos también pueden basar el diagnóstico en un conjunto de criterios establecidos, pero se están realizando cambios en dichos criterios. Los sujetos que tienen sacroileítis y alguno de los siguientes síntomas pueden tener espondilitis anquilosante, sobre todo si tienen otros síntomas asociados con el trastorno (como uveítis):

  • Movimiento restringido de la parte inferior (lumbar) de la columna vertebral

  • Expansión del tórax restringida

  • Antecedentes de dolor de espalda inflamatorio

El dolor de espalda provocado por la inflamación suele comenzar poco a poco, cuando la persona tiene 40 años o menos. La persona sufre rigidez por la mañana, que se alivia con el movimiento.

La persona suele tener síntomas durante unos 3 meses antes de acudir a un médico.

Pronóstico

La mayor parte de los pacientes desarrollan algunas incapacidades, pero pueden, no obstante, llevar una vida normal y productiva. En algunas personas, la enfermedad es más progresiva, causando graves deformaciones. El pronóstico es sombrío en personas que desarrollan una rigidez extrema de la columna vertebral.

Tratamiento

  • Fármacos o sustancias

  • Colirios (gotas oftálmicas)

  • Ejercicio

El tratamiento de la espondilitis anquilosante se centra en

  • Aliviar el dolor de espalda y de las articulaciones

  • Mantener la amplitud de movimiento en las articulaciones

  • Prevenir lesiones en otros órganos

  • Prevenir o corregir deformidades de la columna

Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) reducen el dolor y la inflamación, con lo que capacitan a los pacientes para realizar importantes ejercicios que les ayuden a conservar la postura, entre los que se incluyen los estiramientos y la respiración profunda.

En algunas personas, la sulfasalazina o el metotrexato alivian el dolor en todas las articulaciones menos en las de la espalda. Los inhibidores del factor de necrosis tumoral etanercept, adalimumab, infliximab, golimumab y certolizumab pegol alivian eficazmente el dolor y la inflamación de la espalda.

Es beneficioso un tratamiento de corta duración con un colirio de corticoesteroides y un colirio dilatador para la inflamación de los ojos, y, para el tratamiento de 1 o 2 articulaciones que no sean las de la columna vertebral, una inyección ocasional de corticoesteroides. Los relajadores musculares y los analgésicos opiáceos se utilizan en algunos casos, pero solo durante periodos breves de tiempo para aliviar el dolor intenso y los espasmos musculares.

Si las caderas o las rodillas se erosionan o quedan fijas en una posición en flexión, el tratamiento quirúrgico de sustitución de la articulación alivia el dolor y restaura la función.

Los objetivos del tratamiento a largo plazo de la espondilitis anquilosante son mantener la postura adecuada y fortalecer los músculos de la espalda. Los ejercicios diarios sirven para fortalecer los músculos que se oponen a la tendencia a doblarse y encorvarse. Se ha aconsejado que las personas empleen algún tiempo cada día (con frecuencia mientras leen) en tumbarse sobre el estómago apoyándose en los codos, ya que esta postura extiende la espalda y ayuda a mantener su flexibilidad.

Debido a que se puede restringir la movilidad de la pared torácica, empeorándose la función pulmonar, se desaconseja terminantemente el fumar cigarrillos, ya que esto también empeora la función pulmonar.

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