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Artritis infecciosa

(Artritis séptica)

Por Steven Schmitt, MD, Associate Professor of Medicine; Head, Section of Bone and Joint Infections, Department of Infectious Disease, Cleveland Clinic Lerner College of Medicine at Case Western Reserve University; Cleveland Clinic

La artritis infecciosa es una infección en el líquido y en los tejidos de una articulación causada generalmente por bacterias aunque en algunos casos puede estar causada por virus u hongos.

  • Las bacterias, los virus o los hongos se propagan a través del torrente sanguíneo o penetran en la articulación desde una zona infectada cercana, causando infección.

  • En cuestión de horas o de un par de días, aparecen dolor, hinchazón y fiebre.

  • El líquido sinovial se extrae con una aguja y se analiza.

  • La administración de antibióticos se inicia inmediatamente.

Hay dos tipos de artritis infecciosa:

  • Aguda

  • Crónica

Artritis infecciosa aguda

La artritis infecciosa aguda que está causada por bacterias comienza de forma rápida. Representa el 95% de la artritis infecciosa. Puede afectar tanto a personas sanas como a personas en alto riesgo. El cartílago dentro de la articulación, fundamental para el funcionamiento normal de las articulaciones, puede ser destruido o dañado en cuestión de horas o días.

A veces, la artritis se desarrolla en personas que padecen infecciones que no afectan los huesos o las articulaciones, como las infecciones de los órganos genitales o de los órganos digestivos. Este tipo de artritis es una reacción a dichas infecciones y por eso se la conoce como artritis reactiva. En la artritis reactiva, la articulación se inflama, pero no está infectada.

Artritis infecciosa crónica

La artritis infecciosa crónica comienza gradualmente a lo largo de varias semanas. Representa el 5% de la artritis infecciosa y en la mayoría de los casos afecta a personas en alto riesgo.

Las articulaciones que se infectan con mayor frecuencia son las de la rodilla, el hombro, la muñeca, la cadera, el codo y las de los dedos. La mayor parte de las infecciones por bacterias, hongos y micobacterias solo afectan a una articulación o, de manera ocasional, a varias. Por ejemplo, la bacteria que causa la enfermedad de Lyme infecta con mayor frecuencia las rodillas. Las bacterias gonocócicas (gonococos), que causan la gonorrea, los virus (como el de la hepatitis), y ocasionalmente algunas otras bacterias pueden infectar a unas pocas articulaciones al mismo tiempo o a muchas.

Causas

Los organismos infecciosos, principalmente bacterias, por lo general se extienden a la articulación desde una infección cercana (como la osteomielitis o una herida infectada) o a través del torrente sanguíneo. Una articulación se puede infectar directamente si se contamina durante la cirugía, por causa de una inyección o por causa de una lesión (como una herida por mordedura de una persona, perro, gato o rata).

Una articulación se puede infectar por diferentes tipos de bacterias, aunque la bacteria que tiene más probabilidades de causar la infección depende de la edad de la persona:

  • Lactantes y niños pequeños: mayoritariamente estafilococos, estreptococos y bacterias conocidas como bacilos gramnegativos

  • Niños mayores y adultos: mayoritariamente estafilococos, estreptococos y gonococos

Las espiroquetas (una variedad de bacterias), como las que causan la enfermedad de Lyme y la sífilis, pueden infectar las articulaciones.

Los virus (como el VIH, los parvovirus y los que causan la rubéola, las paperas y la hepatitis B y C) pueden infectar articulaciones en personas de cualquier edad.

Existen diversos factores de riesgo de artritis infecciosa. La mayoría de los niños que desarrollan artritis infecciosa no presentan factores de riesgo identificados.

Artritis infecciosa aguda

La artritis infecciosa aguda está causada generalmente por bacterias y virus.

Los factores de riesgo para la artritis infecciosa aguda son:

  • Antecedentes de infección articular

  • Una prótesis articular o una cirugía articular

  • Uso de jeringuillas para inyectarse fármacos o drogas

  • Las enfermedades crónicas (como la diabetes, el lupus y trastornos pulmonares o hepáticos crónicos)

  • Edad avanzada

  • Alcoholismo

  • Comportamientos que aumentan el riesgo de enfermedades de transmisión sexual (como el sexo con múltiples parejas y sin uso de preservativos)

  • Trastornos que provocan daño articular en curso (incluyendo artritis reumatoide, osteoartritis y artritis causada por una lesión)

  • infección que alcanza el torrente sanguíneo

  • Hemofilia

  • Personas que reciben tratamiento con diálisis

  • Infecciones cutáneas

  • Anemia de células falciformes (anemia drepanocítica o drepanocitosis)

Por ejemplo, una persona mayor con neumonía y septicemia (infección en el torrente sanguíneo) puede caerse y lesionarse una muñeca. La hemorragia en el interior de la muñeca herida tiene a veces como consecuencia una artritis infecciosa.

La artritis infecciosa aguda puede ocurrir en niños sin factores de riesgo. Alrededor del 50% de los niños con infección en las articulaciones son menores de 3 años. Sin embargo, la vacunación rutinaria infantil contra Haemophilus influenzae y Streptococcus pneumoniae está reduciendo la incidencia en este grupo de edad.

Artritis infecciosa crónica

La artritis infecciosa crónica suele ser causada por Mycobacterium tuberculosis (la causa principal de la tuberculosis), por hongos o por bacterias.

Los factores de riesgo para la artritis infecciosa crónica son:

  • Infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH)

  • Un sistema inmunitario debilitado (debido al cáncer o al tratamiento con fármacos que deprimen el sistema inmunológico)

¿Sabías que...?

  • Las personas con artritis crónica, como la artritis reumatoide, que repentinamente desarrollan dolor e hinchazón en una sola articulación deben contactar con su médico lo antes posible porque pueden tener una infección, incluso aunque no tengan fiebre.

Síntomas

En la artritis infecciosa aguda, los síntomas suelen comenzar en un periodo comprendido entre algunas horas y unos cuantos días. La articulación infectada por lo general causa mucho dolor, y en ocasiones se enrojece y se calienta. Moverla o tocarla produce un gran dolor. Se acumula líquido en la articulación infectada, lo que provoca hinchazón y rigidez. Entre los síntomas también se incluyen a veces fiebre y escalofríos.

La artritis gonocócica generalmente causa síntomas más leves. Pueden aparecer ampollas en la piel, bultos, úlceras, erupciones o llagas en la boca o en los genitales y en el tronco, las manos y las piernas. El dolor puede pasar de una articulación a otra antes de que una articulación se hinche y se vuelva dolorosa a la palpación. Los tendones pueden inflamarse.

Los bebés y niños que todavía no hablan tienden a no mover la articulación infectada, se vuelven irritables, pueden negarse a comer, y pueden tener fiebre alta, febrícula o incluso no tener fiebre. Los niños pequeños con infecciones de la rodilla o de la cadera en ocasiones se niegan a caminar.

En la artritis infecciosa crónica, los síntomas suelen ser hinchazón gradual, calor leve, enrojecimiento mínimo o inexistente en la zona de la articulación y un dolor sordo que puede ser leve y menos grave que en la artritis infecciosa aguda. Por lo general, resulta afectada una sola articulación. Una infección que dura mucho tiempo y que no desaparece después del uso de antibióticos convencionales puede ser causada por micobacterias u hongos.

Las personas pueden presentar otros síntomas dependiendo de la causa de la artritis infecciosa, tales como síntomas de la enfermedad de Lyme o nódulos linfáticos inflamado, si la causa es una herida de mordedura infectada.

Diagnóstico

  • Análisis y cultivo del líquido sinovial

  • Análisis de sangre

  • A veces, análisis de esputo, líquido cefalorraquídeo y orina

  • En ocasiones, resonancia magnética nuclear (RMN) o ecografía.

Por lo general, los médicos sospechan el diagnóstico de artritis infecciosa en personas que sufren artritis grave o sin causa aparente y en aquellas que presentan otras combinaciones de síntomas que se relacionan con la artritis infecciosa.

Normalmente, tan pronto como sea posible, se extrae, con ayuda de una jeringuilla, una muestra de líquido sinovial (un procedimiento conocido como aspiración articular o artrocentesis). Se analiza la muestra buscando un posible aumento del número de glóbulos blancos (leucocitos) y la presencia de bacterias y otros microorganismos. A menos que la persona haya tomado antibióticos recientemente, el laboratorio puede generalmente cultivar e identificar en el líquido sinovial (lo que se conoce como realizar un cultivo) la bacteria causante de la infección. Sin embargo, las bacterias que causan gonorrea, enfermedad de Lyme y sífilis son difíciles de aislar en el líquido sinovial. Si las bacterias crecen en el cultivo, el laboratorio prueba entonces qué antibióticos podrían ser eficaces.

El médico suele realizar análisis de sangre porque las bacterias responsables de las infecciones articulares aparecen frecuentemente en el torrente sanguíneo. Se pueden buscar bacterias también en el esputo, el líquido cefalorraquídeo y la orina con el fin de ayudar a conocer la fuente de la infección y determinar si hay infección en algún otro lugar.

Si los médicos sospechan que la artritis infecciosa es causada por gonococos, también se toman muestras de la uretra, el cuello del útero, el recto y la garganta. También se realizan pruebas para la infección por clamidia de los genitales (otra enfermedad de transmisión sexual) porque muchas personas que sufren gonorrea también sufren una infección por clamidia.

Los médicos pueden hacer una resonancia magnética nuclear (RMN), si resulta difícil examinar o aspirar la articulación. También se lleva a cabo una RMN o una ecografía para identificar acumulaciones de líquido o de pus (abscesos).

Pronóstico

La artritis infecciosa causada por bacterias no gonocócicas puede destruir de modo permanente el cartílago de la articulación en cuestión de horas o de días. La artritis infecciosa causada por gonococos no suele dañar las articulaciones de forma permanente.

Las personas con artritis reumatoide no suelen recuperar el uso total de la articulación infectada, y el riesgo de muerte aumenta.

Tratamiento

  • Antibióticos o antifúngicos

  • Extracción de la pus

  • Inmovilización de la articulación mediante una férula, seguido de fisioterapia

Es importante comenzar con los antibióticos tan pronto como se sospeche una infección, incluso antes de que el laboratorio haya identificado el microorganismo infeccioso. Inicialmente se administran antibióticos que matan las bacterias que tienen mayor probabilidad de ser las causantes de la infección, hasta que se identifica el microorganismo responsable, generalmente en el plazo de 48 horas después del análisis del líquido sinovial. Al principio los antibióticos se administran por vía intravenosa para asegurar que una cantidad suficiente del fármaco alcanza la articulación infectada.

Si los antibióticos son eficaces contra las bacterias infectantes, la mejoría se suele producir en 48 horas. Tan pronto como el médico recibe los resultados del laboratorio, puede cambiarse el antibiótico dependiendo de la sensibilidad de la bacteria infectante a antibióticos específicos. Se mantiene la administración de antibióticos por vía intravenosa entre 2 y 4 semanas. A partir de este momento, los antibióticos se administran por vía oral a dosis altas durante otras 2 a 6 semanas.

Frecuentemente, el médico extrae pus con una aguja (aspiración) para evitar que se acumule, ya que la acumulación de pus puede dañar la articulación y puede resultar más difícil la cura con antibióticos. Si el drenaje con una aguja es dificultoso (como ocurre en el caso de la articulación de la cadera) o no tiene éxito, puede ser necesaria una artroscopia (procedimiento en el que se utiliza un pequeño visor que permite la observación directa del interior de la articulación) o una intervención quirúrgica para drenar la articulación. La aspiración suele llevarse a cabo más de una vez. A veces se deja puesto un tubo que facilite el drenaje de pus. La inmovilización de la articulación mediante una férula contribuye a aliviar el dolor durante los primeros días, pero después se comenzará fisioterapia para fortalecer los músculos y evitar la rigidez y la pérdida permanente de función.

Las infecciones causadas por hongos se tratan con fármacos antimicóticos. Las infecciones causadas por micobacterias se tratan con una combinación de antibióticos. Las infecciones causadas por hongos y micobacterias requieren tratamiento a largo plazo. Las infecciones causadas por virus generalmente mejoran sin tratamiento antibiótico. Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) ayudan a aliviar el dolor, la inflamación y la fiebre.

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